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lunes, 15 de junio de 2015

Norma Winstone - Edge Of Time (1972)

Norma Winstone Edge Of TimeReseña publicada originalmente en Tomajazz en abril de 2013: 

Ediciones como esta le devuelven a uno la esperanza. Un pequeño pero extraordinario sello de Barcelona ha producido la imprescindible reedición de este clásico del jazz británico, en una edición limitada a 500 copias, con un texto introductorio firmado por la propia Norma Winstone.

Años antes del primer disco de Azimuth para ECM, la vocalista ya contó con John Taylor y Kenny Wheeler en su debut como líder. También lo hizo con unas cuantas luminarias de la escena británica, haciendo de su Edge Of Time un auténtico ‘meeting of the giants‘ que incluía a Tony Levin, Kenny Wheeler, John Taylor, Alan Skidmore, Paul Rutherford, Mike Osborne y muchos más.

El disco es una obra sorprendente, un debut mayúsculo y maduro que sorprende por su riqueza, variedad y originalidad. Desde el suntuoso comienzo, con Winstone y Rutherford dialogando, hasta la explosión de “Erebus”, la calidez de “Songs Of A Child” o el solo de Wheeler en “Enjoy This Day”, el disco es un alarde de elocuencia y buen gusto, siempre conducido hábilmente por la vocalista. Aparte de Winstone, entre los compositores de las piezas figuran Neil Ardley y John Surman (aunque no tocan en el disco), lo que a una idea de hasta qué punto estamos ante un pedazo de historia del jazz británico.

Wah Wah Records se toma el sonido muy en serio, por lo que esta necesaria reedición de Edge Of Time ha sido cuidadosamente remasterizada por el prestigioso estudio belga Equus Mastering. Aunque algunos aficionados pueden encontrar cierta barrera en el vinilo, los tiempos cada vez vienen más acompañados de excelentes reediciones en este formato. Y, si son como  Edge Of Time, que vengan más, por favor.

jueves, 11 de junio de 2015

Archie Shepp Quartet (Bilbao, 23 de ocubre de 2012)

Texto publicado originalmente en Tomajazz en noviembre de 2012: 

Cuando uno va a ver a una leyenda, lo primero es tener claro lo que se quiere ver. Después, ya metidos en canción, lo que va a ver finalmente. Uno no va a un concierto de Archie Shepp en 2012 esperando ver el concierto de su vida, igual que uno no hubiese ido a ver a Coleman Hawkins en 1965 esperando que el bueno de Hawk estuviese en su mejor momento. Ver a Archie Shepp en directo es, para empezar, algo que hay que hacer si no se ha hecho ya. Y si el saxofonista está bien, mejor. Pero si no, al menos se ha compartido unos instantes con la leyenda, que no es poco. 

La primera vez que vi a Archie Shepp, iba con un cuarteto completado por tres músicos excepcionales: Amina Claudine Myers, Cameron Brown y Ronnie Burrage. Recuerdo que el concierto fue fantástico. La última vez que le vi, hace un par de años, iba con su cuarteto “de batalla”, el mismo que en su actuación en Bilbao: Tom McClung, Wayne Dockery y Steve McCraven. Esta vez el concierto rozó lo desastroso. En ambas citas, la responsabilidad del éxito o el fracaso del recital se podía repartir al 50% entre líder y acompañantes. De la misma forma que Shepp estaba en muy buena forma hace años, el cuarteto de Myers y compañía ofrecía un soporte tan edificante como sólido. No era sólo lo que Shepp tocaba, sino lo que tocaba respecto a lo que tocaba el cuarteto. 

Con su último grupo regular las reglas son las mismas: si el cuarteto ofrece un acompañamiento rutinario, es natural que el discurso del propio saxofonista vea sus cualidades mermadas, entre otras cosas, por no tener estímulos suficientes a su alrededor. Shepp tampoco es ya lo que era; está mayor y sus recitales de los últimos años tienden a apoyarse mucho en temas vocales y dejar el saxo un tanto de lado. Tampoco es que le vayamos a pedir explicaciones a estas alturas. En Bilbao, tal vez afortunadamente, Shepp estaba afónico, lo que le llevó a enfocar el concierto de forma más instrumental (la única pieza en la que cantó, “Don´t Get Around Much Anymore”, dejó claro que cantar no era una opción).

Aparte de esto, y contra todo pronóstico, no le faltaron fuerzas. Aún sentado en una silla en medio del escenario, con un aspecto relativamente frágil, Shepp dio el pistoletazo de salida con un meteórico “U-Jaama” en el que improvisó durante cerca de 20 minutos ininterrumpidamente. Su estilo, inevitablemente afectado por la edad, mantiene la angulosidad y la elasticidad en el tiempo. Su fraseo, boppero en esencia, sigue teniendo ese encanto quebrado y anárquico.

El grupo, sin embargo, no estuvo a la altura. Posiblemente Shepp tuviese que ver; al fin y al cabo, era quien daba las ordenes. Desde el clasicismo en piloto automático de McClung –que sufrió más de un sablazo del líder, cortando su solo de mala manera– a la estruendosa batería de Steve McCraven, que ensuciaba el conjunto sin ninguna empatía, el cuarteto ofreció un acompañamiento anodino que, en cierta forma, hizo que el concierto fuese un esfuerzo rutinario.

Ver a Shepp siempre es un placer; y si está en relativa buena forma, aún más. Pero unos acompañantes de altura hubiesen marcado la diferencia.

lunes, 8 de junio de 2015

Ballister: Dave Rempis / Fred Lonberg-Holm / Paal Nilssen-Love (Barcelona, 28 de febrero de 2013)

ballister_3Texto publicado originalmente en Tomajazz en marzo de 2013: 

Permítanme que roce lo escatológico al comienzo de esta reseña; en este caso, como con las secuencias de sexo para los actores, el guión lo justifica. Llegué a La Cova del Drac Jazz Room muy poco antes de que empezase el concierto y, queriendo disfrutarlo con total tranquilidad, decidí pasar por el servicio para que mi muy considerada vejiga no me pidiese atención durante el concierto. Así estaba yo, entre la urgencia, la prisa y la liberación, cuando la música se me echó encima. Les cuento esto porque la sensación fue única desde el punto de vista acústico. Los servicios suelen tener ciertas cualidades sónicas, tal y como han demostrado grabaciones míticas y alguna que otra leyenda urbana, y no es la primera vez que la recepción acústica me resulta interesante en un aseo. Pero sí, sin duda alguna, esta fue la más arrolladora e indescriptible de todas. Imaginen una masa de sonido cayendo sobre su cabeza, un aplastante y denso cuerpo informe que galopa sobre tus oídos, reclamando violentamente que te quedes donde estás, que no se te ocurra mover un músculo.

Esta fue la sensación que tuve en esos primeros segundos del concierto de Ballister, y se mantuvo más o menos hasta el final. La música de este supergrupo no da tregua. Es más fácil describirla desde un punto de vista emocional, porque es ahí a donde se dirige una vez golpea nuestra cara. Dave Rempis, Fred Lonberg-Holm y Paal Nilssen-Love, curtidos como cómplices en decenas de proyectos, manejan de sobra esa comunicación mágica que ejercen los grandes improvisadores. En su directo el espectador presiente que puede pasar cualquier cosa y que, al mismo tiempo, lo que pase nunca será fruto del azar.En Barcelona el grupo acometió un puñado de piezas largas, repartidas en dos pases, que dejaron al público exhausto y feliz. Nilssen-Love, como no podía ser de otra forma, impulsó lo que ocurría sobre el escenario de manera rotunda, mientras Lonberg-Holm esparcía brochazos sonoros y el saxo de Rempis se encaramaba como podía al enrevesado conjunto. Sin solistas, sin pausas; todo lo que tocaban ocurría de forma natural y espontánea. Esa apabullante masa de sonido que les describía al principio es, simple y llanamente, eso: tres amigos, tres músicos extraordinarios dispuestos a todo cuando tocan juntos. Y escucharlo en directo es una experiencia, repito, difícil de explicar. Pero les garantizo que merece la pena.

jueves, 4 de junio de 2015

Uri Caine’s Bedrock + Barbara Walker (Bilbao, 2 de octubre de 2012)

Texto publicado originalmente en Tomajazz en octubre de 2012: 

La nueva temporada del 365 Jazz Bilbao se inauguraba el pasado 2 de octubre con –a pesar de los seguros recortes en el presupuesto– un concierto de altura: uno de los proyectos más emblemáticos y estimulantes de uno de los grandes pianistas de nuestro tiempo, Bedrock y Uri Caine, respectivamente. El grupo, un trío hipermusculado completado por Tim Lefebvre y Zach Danziger, es el campo de juegos eléctricos (y electrónicos) del pianista, un osado mosaico de estilos e influencias.
En su concierto en Bilbao había una sustitución (el baterista era el gran Clarence Penn, colaborador asiduo de Caine) y una ineludible letra pequeña, en lo musical, escrita con letra grande en los carteles: la presencia de la cantante Barbara Walker. El grupo y la cantante llevan un tiempo girando juntos en un formato más fácil de vender a los promotores que el combativo Bedrock a pelo o la cuasi ignota Walker por su cuenta. Algún que otro testimonio en youtube anticipaba lo que se nos venía encima pero, con Uri Caine tras el teclado, las expectativas se mantenían inevitablemente altas.

Y no nos decepcionó, no. Al menos durante un rato. El trío apareció en escena acometiendo una entrada espectacular, con media hora de música intensa, repleta de destellos de genialidad, improvisación sapiente e interacción sobrenatural. El tiempo iba y venía en manos de los tres malabaristas que iban juntos o separados, pero siempre compactos y elocuentes. La ausencia de Danziger se notó, porque Penn es un instrumentista diferente, pero no en cuanto a calidad o empatía. Entre libertad y groove emergió un glorioso “Blackbird” de Paul McCartney (inmortalizado en el imprescindible White Album de los Beatles ) en una versión en la que se vio deconstruido hasta la extenuación. Y hasta ahí.

Pasada esa media hora Caine presentó a la verdadera estrella de la noche (así estaba planteado el show ), una sobreactuada Barbara Walker que hizo una OPA hostil al escenario en un abrir y cerrar de ojos. Se acabó el concierto de Bedrock , simple y llanamente. Me explico: una cosa es una colaboración, unir estilos para crear algo común, y otra pasar de un concierto a otro completamente diferente. A partir de la salida de Walker, el trío actuó como comparsa de la cantante, en un papel estrangulado por las circunstancias que sólo les dejó la posibilidad de hacer ínfimas escapadas en los pocos huecos que quedaban.

Walker canta bien, muy bien, pero no tiene absolutamente nada más que ofrecer más allá de eso. Una buena voz, como cualquier buena cantante; personalidad, cero. Verle actuar junto a Bedrock era como poner el motor de un coche de carreras a un “seiscientos”. Incapaz de mantener el tipo, el concierto se caló y ya no pudo arrancar más. Como un entertainer de bajo coste, Walker explotó todos los tópicos, a cual más vulgar y manido, del rhythm & blues de prima donna .

Dos conciertos en Bilbao, a fin de cuentas. El telón de Bedrock , excepcional. El de Barbara Walker y su banda, correcto; incluso muy bien, si hubiese estado enmarcado en una plaza pública dentro de la programación de unas fiestas populares. Pero el choque musical entre uno y otro fue demoledor. Y, aunque la gran mayoría del público disfrutó con los exabruptos bluesy de Walker, muchos fuimos incapaces de cambiar de tercio de forma tan brusca.

lunes, 1 de junio de 2015

Ravi Coltrane Quintet (Bilbao, 30 de abril de 2013)

ravi coltrane Bilbao by Yahve m de la Cavada
Texto publicado originalmente en Tomajazz en mayo de 2013

Ravi Coltrane lleva ya unos años de carrera, ganándose paso a paso su reputación con la honorable y sana costumbre de no apoyarse en su apellido. Su sonido y estilo, que nunca tuvieron gran deuda con su padre, han madurado y sublimado influencias tan nutritivas como la de Joe Henderson, Wayne Shorter o Steve Coleman, uno de sus mentores del que aún conserva trazas en su fraseo.

Además, Coltrane ha jugado la mejor baza en esto del jazz: rodearse de gente buena, y mantenerla a su lado a lo largo de los años. La química que tiene el saxofonista con los portentosos Ralph Alessi y Drew Gress no es sino el producto de años tocando hombro con hombro. Y, en directo, esa química aumenta. Las composiciones del líder suenan confiadas; armónicamente complejas pero tan bien ensambladas que uno diría que nadie podría tocarlas con el mismo aplomo que esta sagrada tríada de Coltrane, Alessi y Gress. Si a eso le añadimos la elástica batería de Eric McPherson, un tipo lleno de talento e intuición, tenemos un grupo que suena superlativo incluso en piezas que superan el cuarto de hora (la mayoría de las que sonaron en Bilbao), sin flaquear en ningún momento el aspecto solista ni el acompañamiento.

No me olvido de David Virelles, uno de los más sonados newcomers del momento, que está llamado a convertirse en uno de los grandes del piano que está por venir. A punto de cumplir los 30 ya tiene una trayectoria envidiable, y su asombrosa técnica indica que ésta sólo acaba de empezar. En el concierto de Coltrane, sin embargo, dejó más constancia de su potencial que de una verdadera entidad. Acompañó inteligentemente y supo quitarse de en medio en no pocas ocasiones, dejando al solista columpiarse con la magia de Gress y McPherson, mientras que como solista dio cuenta de su técnica, aunque recurrió demasiado al arpegio y le faltó cierta coherencia en los solos. Eso sí, el mencionado potencial no es un espejismo. Este tipo va a a ser grande.

Con todos los conciertos que –a pesar de la eterna crisis del jazz– podemos ver al cabo del año en nuestro país, no deja de ser una sorpresa que el de Ravi Coltrane fuese tan redondo. Las composiciones, la interacción, las largas y sustanciosas improvisaciones de Alessi y el líder… Todo rozó una perfección que no se ve todos los días. Y nos recuerda de nuevo que Ravi Coltrane es mucho más que el hijo.

jueves, 9 de abril de 2015

Peter Brötzmann & Peeter Uuskyla - Born Broke (2006)


[Brötzmann.jpg]
Reseña publicada originalmente en Tomajazz en abril de 2008: 
Peter Brotzmann está en un momento impresionante. A pesar de ser tradicionalmente uno de los grandes free-blowers del jazz europeo, y de la aparente dureza de su música, por todas partes aparecen grabaciones suyas que, si bien no son amables o ligeras, resultan siempre diferentes e interesantes, yendo mucho más allá de tocar fuerte y hasta el infinito.

A pesar de la desaparición de su mejor grupo pequeño (Die Like A Dog), Brotzmann ha sabido montar una serie de pequeñas unidades realmente interesantes para complementar sus grandiosas obras con su Chicago Tentet. Tanto Sonore como su cuarteto con Joe McPhee, la Wild Mans Band o el Full Blast Trio son diferentes caras de una misma personalidad, la del excelente saxofonista alemán. Su capacidad para interactuar con los miembros de estas y otras pequeñas formaciones es la llave para producir música tan diferente con unos y con otros. 

En este caso hay que partir de que el dúo con un batería es, desde su propia concepción, un terreno árido y difícil de afrontar. Además, dada la estética en la que Brotzmann tiende a moverse, esta colaboración con el batería sueco Peeter Uuskyla podría desembocar en una orgía paroxística, agresiva, ruidosa y desbocada. Pues bien, nada más lejos de la realidad; contra todo pronostico, Born Broke es un disco reflexivo, intenso pero contenido y también, aunque de forma muy personal, introspectivo.

En muchos momentos, Uuskyla despliega desarrollos rítmicos continuos y muy sincopados, juega mucho con la intensidad y mantiene en todo momento a Brotzmann paralelo a su propio discurso. Nadie arrastra a nadie, con lo que el dúo resulta muy democrático, pero sobre todo, un alarde de improvisación bicéfala que mantiene el interés del oyente en todo momento.

Born Broke, una vez más, confirma que Brotzmann es una apuesta segura. A veces dura, a veces impactante, pero siempre interesante y creativa. 

lunes, 6 de abril de 2015

Fredrik Nordström Quintet - Live In Coimbra (2005)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en febrero de 2009:
Lo que es la distribución. Siempre he pensado que, si Fredrik Nordström hubiese grabado en sellos con mejor distribución o, al menos, algo más accesibles, estaría mucho mejor considerado. Tampoco es que sea el salvador del saxo tenor europeo pero es, sin ninguna duda, una de las voces más interesantes que vienen del norte. Su estilo conjuga la tradición norteamericana con la sensibilidad europea y, como ocurre con los buenos, es difícil de encasillar. 

Esa resistencia a dejarse definir rápidamente es la que reina a lo largo de su último CD, Live In Coimbra. Con un quinteto de lujo, Nordström ofrece un concierto especial, una de esas actuaciones que se disfrutan de principio a fin y a las que prácticamente no les sobra nada. 

Fredrik Rundqvist y el genial Mattias Ståhl son habituales de Nordström y saben bien lo que se hacen, siendo el contrabajista Torbjörn Zetterberg quien menos destaca dentro del quinteto. Para ser justos, hay que decir en su defensa que, cuando se grabó este concierto, acababa de aterrizar en el grupo para sustituir ni más ni menos que a Ingebrigt Haker-Flaten.

Lo que sería la frontline, formada por Nordström y Mats Äleklint, alcanza momentos verdaderamente gloriosos, tanto como solistas como tocando al unísono. Äleklint, a quién pudimos escuchar en el estupendo Every Woman Is A Tree del grupo Angles, también está de sustitución (reemplazando a Magnus Broo, otro que tampoco es fácil de suplir…), y cubre la papeleta con algo más que oficio. Su tremenda implicación es una de las claves del éxito del concierto. Otra de esas claves es el vibráfono de Ståhl, pero, ¿en qué disco en el que participa no lo es? 

Nordström no sólo tiene una buena banda; tiene buenos temas, las ideas claras y un gran dominio del instrumento. Su estilo multirreferencial puede recordar a Rollins tanto como a Shepp o Ayler, pero tiene un carácter personal que le hace muy interesante. 

La música que estos cinco instrumentistas tocaron en Coimbra aquella tarde de noviembre suena terriblemente espontánea y fresca y, aunque utiliza códigos y lenguajes clásicos dentro del jazz, la sensación de modernidad no se resiente. Verlo en directo debió de ser una gran experiencia. Los demás nos conformamos con escuchar un gran disco, lo que, bien visto, no es precisamente poca cosa. 

jueves, 2 de abril de 2015

Fight The Big Bull - Dying Will Be Easy (2006)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2009: 
¡Madre mía, pero esto qué es! Uno cree que conoce, más o menos, a las nuevas voces de la escena y un buen día descubre una banda como Fight The Big Bull. Capitaneada por el guitarrista, compositor y arreglista Matt White, el grupo se presenta con una curiosa instrumentación (trompeta, saxo tenor, clarinete, dos trombones, guitarra, contrabajo, batería y percusión) y un pedazo de disco bajo el brazo. 

Dying Will Be Easy tiene retazos de Mingus, de Ellington, de Carla Bley, de los Lounge Lizards y de Sex Mob, entre otros. Todo ello está comentado con una lucidez pasmosa por Steven Bernstein (que parece una influencia mayor en la música de White) en las impagables liner notes del CD. Pero aquí hay mucho más que influencias. Hay una banda madura, unos arreglos fantásticos y un concepto que, si bien está repleto de tradición, resulta de lo más contemporáneo. 

Además de la pluma de White, hay que destacar la labor de unos músicos sólidos y eclécticos. A algunos de ellos se les puede escuchar en el debut del cantautor indie Josh Small, Tall by Josh Small, y otros llevan mas tiempo en la palestra, como el inquieto batería Brian Jones (un tipo lleno de proyectos) o el excelente saxofonista J.C. Kuhl, ambos miembros de la banda Agents of Good Roots. Entre el punzante contrabajo de Cameron Ralston y la sutil guitarra del líder (más sorprendente e ingeniosa que impresionante), hay un puñado de solos de altura firmados principalmente por Kuhl y Bob Miller. 

Pero Dying Will Be Easy suena colectivo hasta el extremo y es imposible entenderlo como un grupo de voces independientes. La propuesta es fresca y emocionante, y solo se le puede recriminar la corta duración de este debut (algo menos de treinta y dos minutos). Aunque si hubiese durado el doble, probablemente seguiría haciéndoseme corto. 

lunes, 30 de marzo de 2015

Sean Conly - Re: Action (2007)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2009: 
El contrabajista Sean Conley comenta en las liner notes de este CD que siempre ha preferido que le contraten por su forma de tocar y su personalidad musical, y no porque le necesiten para cubrir una parte de contrabajo ya definida a la que no va a poder aportar nada. 

Bajo esa premisa, Conley afirma haber construido su cuarteto en base a la personalidad de los cuatro músicos que lo componen, ¡y vaya músicos! Por un lado Michael Attias, saxofonista excepcional que no es desconocido para Clean Feed, puesto que su disco Credo fue publicado por el sello portugués en 2005, resultando una de las mejores grabaciones del año. Después tenemos a Tony Malaby, uno de los mejores saxofonistas del momento que muestra un talento desbordante en cualquier contexto, tal y como demuestra en sus últimos CDs,Tamarindo (clean feed) y Warblepeck (songlines). Por último, Pheroan Aklaff, uno de los grandes baterías vivos y figura mítica por sus colaboraciones con Oliver Lake y Henry Threadgill, entre otros. 

Con una banda semejante es difícil no crear música estupenda, pero es que, además, Conly hace exactamente lo que dice: escribir con la personalidad de sus músicos en la cabeza, casi específicamente para cada uno de ellos. Desde el principio el CD es dinámico y se muestra arriesgado, pero seguro de lo que ofrece; sin abandonar una óptica postfree, la música se mantiene abierta y no suelta el interés del oyente bajo ningún concepto. 

La excitante versión de Dolphy que abre el CD es el aperitivo para 10 originales muy variados que sirven como muestrario de los universos musicales de Conly. Universos que se ven enriquecidos por la enorme complicidad que manifiestan sus compañeros, que dan lo mejor de sí. Desde la empatía de la batería de Aklaff a las posibilidades que despliegan los saxofonistas (ambos doblan instrumento, Malaby tenor y soprano y Attias alto y barítono), todos los detalles sirven para realzar y mejorar uno de los mejores debuts del año. Y tratándose de Clean Feed, ya van unos cuantos. 

jueves, 26 de marzo de 2015

Sten Sandell / Mattias Ståhl - Grann Musik (Neighbour Music) + Elliott Sharp / Scott Fields - Scharfefelder (2007)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en julio de 2008: 
Hacer música en dúo siempre es una práctica dura y complicada. Exige una gran concentración, un conocimiento amplio de quien se tiene enfrente y, sobre todo, una capacidad fuera de lo normal para moldear el propio discurso sin pervertirlo, manteniendo la personalidad sin imponer ni dejarse arrastrar. 

Clean Feed, el valiente sello portugués del que podemos afirmar sin miedo que está entre los mas interesantes de los últimos años, ha editado recientemente dos dúos tan diferentes (¿o no?), que merece la pena comentarlos conjuntamente. Sus factores comunes son la espontaneidad y la falta de barreras para enfrentarse a la creación, pero el acercamiento de ambas parejas musicales a la improvisación tiene enfoques muy diferentes. 

Sten Sandell y Mattias Stahl son dos músicos de sobra conocidos en Suecia, a los que hemos podido escuchar en multitud de proyectos, desde el trío Gush de Mats Gustafsson al cuarteto de Stahl con Joakim Milder, Stahls Bla, por mencionar sólo un par de ellos. El dúo que practican ambos improvisadores tiene poco de eventual y parece que podría tener la continuidad que se merece, dada la impresionante conexión que comparten. 

Grann Musik es una orgía de ideas expuestas, compartidas y desarrolladas en un alarde de comunicación casi insultante. Los temas, aparentemente improvisados en el estudio, se suceden con una calma tensa, dejando que Sandell y Stahl los dibujen pacífica pero definitivamente. 

A pesar de que ambos músicos se sirven de un escueto abanico instrumental (el piano preparado o el glockenspiel aparecen ocasionalmente), no estamos ante un álbum de recursos o de trucos, sino de pura música improvisada. Partiendo de la reflexión y de un enfoque bicéfalo hasta el extremo, la propuesta de Sandell y Stahl es tan absorbente que uno no deja de volver a esta misteriosa música que parece imposible que haya sido creada por dos personas diferentes. 

Algo de ese mimetismo hay en Scharfefelder, el disco a dúo de Elliott Sharp y Scott Fields, dos francotiradores de la escena de Nueva York y Chicago respectivamente, que tienen a sus espaldas décadas de experiencia en frentes muy distintos. Con sólo dos guitarras acústicas, estos dos inclasificables guitarristas se enfrentan a doce temas en los que se dejan llevar el uno por el otro, y viceversa. 

La música aparece con un trabajo de composición previo mayor que en Grann Musik, lo que no quita que el volumen de improvisación sea tremendo. Con seis temas firmados por cabeza, la compatibilidad entre ambos a nivel compositivo es notable (aunque no completa) y el lenguaje de cada uno se deja condicionar sin ningún complejo por el del otro. 

Sin embargo, a pesar del altísimo nivel de compenetración que eso denota, Sharp y Fields juegan a un juego diferente al de los suecos, más peligroso y probablemente más exigente. Acción, reacción, tensión… El choque al que se someten ambos guitarristas hace saltar chispas y provoca en el oyente una desasosegante y placentera sensación de alerta. Desde luego, Scharfefelder no contiene música amable ni conformista, sino desafío en estado puro. La forma que tienen Sharp y Fields de enfocar la música puede resultar árida, pero sin duda es estimulante y un interesante revulsivo en la monotonía acústica que nos rodea. 

Dos dúos, dos propuestas iguales pero diferentes, que nos demuestran que la improvisación está mas viva que nunca, sea con más o menos éxito. Escúchenlo y decidan ustedes. Les garantizo que la experiencia, como mínimo, merecerá la pena. 

jueves, 19 de marzo de 2015

Marcus Printup - Bird Of Paradise: The music of Charlie Parker (2007)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en octubre de 2008: 
Marcus Printup es uno de los Young Lions menos conocidos de los 90; un heredero directo de Wynton Marsalis (con el que puede mimetizarse hasta el extremo) y protegido en su momento de Marcus Roberts. Después de grabar y girar con Marsalis, la Lincoln Center Jazz Orchestra, Carl Allen y el propio Roberts, Printup fue desarrollando una carrera como líder bastante anodina. El chaval tocaba bien, pero sin contar nada nuevo. Uno de tantos.

Printup volvió a captar mi atención como sideman del gran Ted Nash en sus grupos más mainstream, protagonizando momentos estelares en los discos Still Evolved (Palmetto, 2003) e In The Loop (Palmetto, 2006). Después de eso, una vez más volví sobre el trompetista gracias a su anterior CD, Peace In The Abstract (SteepleChase, 2006), que me llamó la atención por la presencia de dos de los mejores músicos del momento: Greg Tardy y Marc Cary. Está claro que Printup sabe rodearse de grandes músicos, pero además de eso, encontré un valor añadido en su carrera mas reciente. 

Aparentemente, después de desligarse de la enorme sombra de Marsalis y Roberts, y de ver como su contrato con Blue Note se perdía en el limbo tras Nocturnal Traces (Blue Note, 1998), el joven trompetista ha ido desarrollando una carrera independiente en la que, dentro de sus posibilidades, intenta expresarse libremente. 

Por supuesto, su enfoque sigue partiendo del neo-hardbop y su intención no parece ser en ningún momento evolucionar o innovar sobre un lenguaje que le gusta tal y como es. En la grabación que nos ocupa, la rítmica japonesa de Peace In The Abstract repite un año después (¿tal vez el disco está grabado en Japón? SteepleChase no da ninguna pista al respecto...) y se mantiene sólida y atenta, cubriendo perfectamente su papel. 

En esta ocasión, tenemos a los saxos al ya mencionado Ted Nash, viejo conocido de Printup y uno de los grandes saxofonistas vivos. Su presencia en Bird Of Paradise garantiza un buen puñado de grandes momentos, que se hacen realidad en cada uno de sus solos. Por si fuera poco, Nash tiene la clase necesaria para improvisar al alto en un homenaje a Parker… ¡Sin emular a Parker en absoluto!

Así que tenemos una buena banda, un repertorio incuestionable firmado en su mayoría por Charlie Parker (incluido el excelente y poco versioneado “Quasimodo”) y un líder con ganas de hacer algo diferente dentro de la tradición. Y aquí viene el elemento diferenciador o, como mínimo, peculiar. Ante la ausencia de piano, el trompetista incluye en varios temas a Riza Hequibal, interprete de arpa que sale del aprieto con toda tranquilidad. En realidad, el arpa sólo le da un color al conjunto y algún que otro solo de lo mas apañado, pero merece la pena escuchar estos temas tocados como siempre, pero diferentes. 

En cuanto al líder, su lenguaje también ha mejorado considerablemente, y da la sensación de que ha alcanzado ese punto tan bueno en el que un solista se toma el tiempo para pensar sus frases y no tocar nada innecesario. Sonando más a Clark Terry y a Fats Navarro que a un paradigma más natural en este proyecto como sería Gillespie, su estilo y sonido parecen estar rozando algo bastante cercano a la madurez. 

Sin ser un disco inolvidable, Bird Of Paradise contiene una cantidad nada despreciable de buenos momentos, y la promesa de que Marcus Printup tiene cosas que decir, aunque sea atrincherado en la tradición. Y eso ya es más de lo que ofrecen muchos.

jueves, 12 de marzo de 2015

Paul Bley - About Time (2007)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en febrero de 2009: 
Después de una obra maestra como Solo In Mondsee, sería muy arriesgado sacar otro disco en piano solo por parte de casi cualquiera; pero Paul Bley es muchas cosas, menos cualquiera.

Por otro lado, Solo In Mondsee se grabó en 2001 y el disco que hoy nos ocupa, About Time, en mayo de 2007. Entre ambos hay tiempo suficiente para justificar una nueva obra aunque, tratándose de Bley, podría grabar a piano solo cada semana y seguiría siendo enriquecedor.

About Time es muy diferente a Solo In Mondsee. No tiene la gravedad, ni la trascendencia, ni el sentido de búsqueda de éste último, pero es un disco enorme que transmite una extraña sensación de cercanía al oyente. Grabado en estudio, uno llega a sentirse junto a Bley, compartiendo un momento de absoluta distensión y comodidad, con el pianista brindando un recital que suena más a confidencia que a concierto privado.

A lo largo de una larga improvisación, Bley despliega toda su maestría con tanto talento como sentido del humor, y se reafirma como uno de los mejores pianistas del mundo y, por supuesto, uno de los grandes nombres vivos del jazz. La segunda pieza, titulada “Encore” (a pesar de que se cita recurrentemente el tema “Pent-Up House” de Sonny Rollins), no es sino la guinda de un disco que, si bien ha pasado un tanto desapercibido entre las novedades del año pasado, podemos afirmar que está muy por encima de las entregas de muchos otros pianistas. Paul Bley, no obstante, no es un pianista cualquiera. 

lunes, 9 de marzo de 2015

Tetterapadequ - And The Missing R (2007)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en febrero de 2009: 
A veces intentarlo es suficiente. El mero hecho de arriesgarse es una recompensa y la búsqueda se convierte en el fin. And The Missing R, el CD que ha sacado el grupo Tetterapadequ recientemente en Clean Feed, es un alarde de búsqueda y de riesgo y, aunque haya momentos de gran irregularidad, la recompensa es real. 

Los miembros del cuarteto están muy compenetrados y se percibe en todo momento una gran atención a lo que ocurre a su alrededor por parte de todos ellos. Los cuatro jóvenes comenzaron a tocar juntos en el club De Pater (Holanda) y su nombre proviene de un acrónimo de “De Pater Quartet” al que le falta la “R” a la que se alude en el título del disco. Desde entonces, han desarrollado una música que debe casi tanto a la composición como a la improvisación y que transita por terrenos muy variados. 

No falta cierto sentido del humor, aunque la intención del cuarteto parece ser alcanzar un horizonte musical que signifique algo, o que tenga cierta trascendencia. Aunque presumimos que no hay un cerebro único detrás de la maquina, destacan inevitablemente el saxofonista Daniele Martini y el pianista Giovanni Di Domenico. Ambos tienen voces interesantes e inquietas, aunque pueden llegar a protagonizar pasajes un tanto exasperantes. 

Con todo, And The Missing R es una grabación estimulante en la que se descubren nuevos matices con cada escucha. Uno de esos discos raros sobre los que me siento incapaz de decidir lo bien que están. Eso si, de bien para arriba, y subiendo. 

miércoles, 4 de marzo de 2015

Simon Jermyn - Simon Jermyn’s Trot A Mouse (2007)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en junio de 2009: 
Reconozco que este disco me ha conquistado desde el primer momento. No solo por contar con dos de los saxofonistas más interesantes del momento, sino porque la música de Simon Jermyn me enganchó rápidamente, sin darme cuenta. 

Creo que propuestas como esta son las que deben dibujar cierto segmento del futuro del jazz. Jermyn es un joven irlandés que parece tener multitud de referentes musicales y eso actúa en favor suyo, dotando a sus composiciones de un carácter muy apto para llamar la atención del oyente con facilidad. 

Mediante un gran sentido de la melodía, los temas de este disco parecen desarrollarse de manera completamente natural, como si los músicos tomaran un motivo muy sencillo y se dejasen llevar por él hasta el final de la pieza. El concepto no es demasiado original, pero está tocado con gracia y con mucho gusto, y eso es suficiente para engatusar al abajo firmante. 

También hay que tener en cuenta que gran parte del éxito de Trot A Mouse radica en Loren Stillman y Chris Speed, dos instrumentistas capaces de levantar un disco con su sola presencia. En un principio podría parecer que el estilo quebradizo del primero y el carácter cerebral del segundo no van a funcionar juntos, pero ambos muestran una gran compenetración, y resulta delicioso escucharles mano a mano. 

Trot A Mouse es un disco de matices y de intensidad creciente; un disco en el que sumergirse despacio para dejar que nos arrastre su envolvente marea. Es mejor no pensar mucho en él y, simplemente, escucharlo. Como con la buena música, vaya. 

lunes, 2 de marzo de 2015

Mario Pavone double tenor quintet - Ancestors (2008)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en febrero de 2009: 
Mario Pavone lleva unos cuantos discos publicados con el sello Playscape, todos muy recomendables. En ellos, la lista de colaboradores habituales del contrabajista es más que destacable: Steven Bernstein, Tony Malaby, Paul Bley, Matt Wilson, Gerald Cleaver, Peter Madsen, Michael Sarin… Nombres que garantizan que el producto que factura Pavone es de mucha categoría y, con toda seguridad, de un alto interés. 

Ancestors, firmado por el Mario Pavone’s Double Tenor Quintet, presenta ocho originales arreglados por Steven Bernstein, Dave Ballou, el guitarrista (y director del sello Playscape) Michael Musillami y el propio Pavone, a razón de dos temas por cabeza. El resultado, un disco redondo y potente que mantiene el nivel de principio a fin. 

Los saxos de Tony Malaby y Jimmy Greene, de raíz bien distinta, se complementan de manera explosiva y son una de las principales claves del éxito del proyecto. El primero, con su sonido carnoso y su estilo impredecible y el segundo, con el tono cálido y musculoso de los tenores clásicos unido al lenguaje post-bop contemporáneo que pocos instrumentistas de su generación dominan como él. Peter Madsen también está en una forma excelente y brinda unos cuantos solos magníficos y Gerald Cleaver sigue tan sólido y atento como siempre. 

Buena banda, buenos temas, el contrabajo profundo y firme de Mario Pavone y la inspiración de maestros como Andrew Hill y Dewey Redman, a quienes está dedicado el CD. Todo esto y mucho más es lo que contiene Ancestors, uno de los mejores discos del año pasado. No se lo pierdan, de verdad. 

jueves, 26 de febrero de 2015

The Larry Coryell Organ Trio - Impressions (2008)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en febrero de 2009: 
Nadie duda de la importancia de Larry Coryell. Sin entrar a valorarlos, muchos de sus discos de los setenta son clave para entender la evolución del jazz y el guitarrista ya no tiene nada que demostrar. Desde hace años, Coryell vuelve una y otra vez a su faceta másbop, que combina hábilmente con el espectro latino cuando es necesario. Probablemente verle en directo sea bastante interesante, pero su producción discográfica tiene muy poco que ofrecer, tal y como demuestra Impressions

The Larry Coryell Organ Trio es un grupo de vocación tradicionalista que ofrece una música que va de lo correcto a lo intrascendente y que, en momentos aislados, despega de la monotonía con algunos solos muy ingeniosos. El problema es que todos estos momentos interesantes vienen de mano del organista Sam Yahel, cuya labor en el disco es verdaderamente disfrutable. 

En realidad, el autentico problema es que Coryell no dice nada que no se haya dicho antes y, para colmo, lo dice con muy poco entusiasmo. Su estilo, impregnado de Wes Montgomery hasta rozar el delirio en algunos pasajes, está exento de fuerza y de convicción y disipa una y otra vez el interés del oyente. De Paul Wertico no hay mucho que decir, aparte de que acompaña con oficio, pero con poca convicción. 

En realidad, visto el proyecto ya se intuye por dónde va a ir la cosa, pero un puñado de standards y una formación clásica no condenan un disco al convencionalismo. Soy de los que creen que una versión de “Centerpiece” nunca está de más, venga de donde venga. Veo una versión del “Very Early” de Evans por un trío de guitarra-órgano-batería y se despierta en mí el interés rápidamente. Pero esto suena a música rutinaria tocada de manera rutinaria por músicos que ya no tienen mucho que decir, al menos, en un estudio. 

Para escuchar un gran disco con una formación similar, vayan a por The Wes Montgomery Trio, de 1959, con Melvin Rhyne y Paul Parker. Creo que se parece bastante más a lo que quería hacer Larry Coryell que lo que le ha salido a él. 

jueves, 19 de febrero de 2015

RIDD Quartet - Fiction Avalanche (2005)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2009: 
Recuerdo la primera vez que escuché a Jon Irabagon. Estaba en mi casa, con el disco Twelve de Jostein Gulbrandsen sonando de fondo mientras hablaba por teléfono con otro crítico. En varios momentos de la conversación, mi mente se iba con las líneas que tocaba el saxofonista e interrumpía a mi interlocutor con alocuciones del tipo, “ostras, como suena esto” y “¿pero este tío quién es?”. Comentamos el nombre de Irabagon y coincidimos en que no nos sonaba de nada, pero quedó almacenado en mi memoria. 

Algo más de un año después, hace no demasiado, Irabagon ganó la Thelonious Monk Competition de 2008. Este hecho, afortunadamente, atraerá cierta atención sobre el joven saxofonista filipino-americano, que además ha publicado uno de los mejores discos del año: Jon Irabagon’s Outright!

Pero hablemos de Fiction Avalanche

En un principio, me pareció que el RIDD Quartet no era sino una nueva versión del cuarteto de Kris Davis. La pianista lleva unos años trabajando desde la escena independiente (en muchas ocasiones junto al excepcional Tony Malaby), desarrollando una música cerebral, pero libre y distendida al mismo tiempo. Sin embargo, la presencia de Reuben Radding al contrabajo y, especialmente, la de Irabagon, eliminaban esa posibilidad. 

El grupo tiene afán democrático y en muchos momentos reina la colectividad bien entendida y la excelencia grupal. El matrimonio Davis se entiende a la perfección y Radding ha tocado en tantos frentes que le resultaría imposible no compenetrarse. Y luego está Irabagon, que es sin ninguna duda uno de los saxofonistas más interesantes e inspiradores de la escena actual. Tanto, que lo repetiré en una línea aparte. 

Jon Irabagon es uno de los mejores saxofonistas que se pueden escuchar actualmente y, si no ocurre ningún imprevisto, estoy seguro de que estamos ante uno de los grandes nombres del jazz del futuro. 

Dicho esto, y sin ánimo de repetirme en exceso, hay que remarcar que la colectividad del RIDD Quartet se ve comprometida por la enorme personalidad del saxofonista. Kris Davis está estupenda, repleta de ideas y más centrada que en algunos de sus propios discos, pero Irabagon muestra una madurez y un lenguaje arrollador. 

Dicho de otra forma: que Fiction Avalanche no pase desapercibido ante ti, porque bajo su apariencia inofensiva se encuentra un disco mayúsculo de música tan libre como contundente. Te gustarán todos los miembros del cuarteto, pero enseguida llegará el momento en que cojas rápidamente la carpetilla repitiéndote “ostras, como suena esto” y “¿pero este tío quién es?”. Eso, o algo parecido. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Memorize The Sky (Matt Bauder - Zach Wallace - Aaron Siegel) - In Former Times (2007)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2009: 
Al final, está música es para el que la disfruta. Así de claro. 

No es fácil, no es ortodoxa y se maneja todo el tiempo dentro de unos parámetros tan libres como arriesgados. Esto presenta al grupo Memorize The Sky como unos equilibristas acústicos y a In Former Times como una muestra de música catártica y subyugante, pero también monótona y necesitada de una serie de circunstancias. 

In Former Times es la grabación de una actuación en directo que el grupo ofreció en Ulrichsberg (Austria) en abril del 2007. Puede que la clave esté ahí, en el directo y en esa conexión que ofrece entre el músico y el oyente. Dicha conexión se pierde por momentos en algunos pasajes del disco, pero es que lo que se plantea es complicado. Los tres miembros de la banda suenan maduros y compactos, y es evidente que han sabido interiorizar las enseñanzas de Anthony Braxton; tanto, que han sabido ir más allá y aspiran a crear su propio universo. 

Aquí, de jazz, hay poco, lo cual no quiere decir nada. Simplemente que esto es música improvisada, que se apoya más en la acústica que en las notas y que apela, mediante la sonoridad, a las capas más profundas del cerebro del oyente. 

Notas sostenidas, patrones hipnotizantes, un sonido tan natural como artificial y una tensión que crece a medida que el tema se desarrolla. Las sensaciones obtenidas van de lo mágico a lo exasperante, pero la implicación del receptor es básica. Y, para quien disfruta de esta música, la recompensa es generosa. 

domingo, 8 de febrero de 2015

Romano – Sclavis – Texier (Santander, 7-II-2013)


Reseña del concierto publicada originalmente en Tomajazz: 

Para algunos, hacerlo bien no es una opción. No es cuestión de pertenecer a una estirpe de “elegidos”, sino a la confluencia de varios factores que resultan, casi sin excepción, en lo que podríamos denominar excelencia. No es fácil imaginar una noche en la que Coltrane tocara rematadamente mal, como no es fácil encontrarse ante una actuación floja de Keith Jarrett, Joachim Kühn, Donny McCaslin o Jason Moran, por ejemplo. Al trío de Aldo Romano, Louis Sclavis y Henri Texier le ocurre algo similar, con la particularidad de que esa excelencia es aplicable tanto al grupo como a sus miembros por separado. Con todo lo largas y variadas que son las carreras de los tres músicos, no parece probable localizar en ellas patinazos o episodios de mediocridad transitoria.Debido a esa excelencia, cualquier aficionado prevenido sabe lo que se avecina ante un concierto de este cuarteto atípico. Cuarteto menos uno, en este caso, o trío mutilado; la concepción original del grupo hace que se resienta ligeramente ante la ausencia de su “cuarto hombre”, el fotógrafo Guy LeQuerreq. La proyección de las majestuosas fotografías de LeQuerreq durante un concierto del grupo convierte el recital en una experiencia sensorial completa y extraordinaria. Afortunadamente, la enorme solidez del trío provoca que, una vez empieza la música, todo lo demás pase a un segundo plano.Su cancionero se presta: es variado y magnético, una perfecta estampa del caleidoscopio de personalidades que es el trío. Como unidad, tocan con convicción y con un altísimo grado de empatía y compromiso. Al mismo tiempo, cada uno de ellos tiene una personalidad muy marcada a la que no renuncian. Así se diseñó el proyecto y así lo transmiten en directo. Romano-Sclavis-Texier, en riguroso orden alfabético, son un alarde de triple personalidad unitaria.Para ser justos, en su actuación de Santander hubo algunos “peros”. El primero es que Romano estaba bastante desmejorado; se movía con dificultad y le costó entra en calor. Una vez despegó no hubo flaqueza, pero su aspecto y movilidad resultaron preocupantes. Por otro lado, aunque Sclavis tuvo momentos muy brillantes, también le costó entrar en canción (en el precioso “Bereber”, firmado por Texier, parecía no encarrilar el tempo durante las exposiciones del tema) y se echó en falta que le dedicase algo más de tiempo al clarinete.
Texier, por su parte, estuvo perfecto. Con su característico sonido (a veces pasado por un chorus y un octavador) ejerciendo de pasta niveladora, no hubo un solo momento en el concierto en el que no resultase infalible, y su pieza “Surreal Politik” –una especie de homenaje al “Fables Of Faubus” de Mingus– fue uno de los momentos álgidos de la noche.
Como todos los sectores de la cultura en nuestro país, el Aula de Música de la Universidad de Cantabria ha sufrido grandes recortes en su presupuesto. No sabemos si éste dará para programar más conciertos este año, pero está claro que bajar la calidad de su programación no es una opción para ellos. Dicen que si sólo puedes disparar una vez, es mejor que te asegures de dar en el blanco. Pero ya lo he dicho antes: para algunos, hacerlo bien no es una opción, sino un estado natural.

Esta humilde reseña está dedicada a la memoria de Raúl Mao, editor y buen amigo, que nos dejó 24 horas después del concierto aquí reseñado y que, casualmente, publicó mi primer texto sobre este magnífico grupo. Descanse en paz.


viernes, 6 de febrero de 2015

Paulo Curado - The Bird, The Breeze and Mr. Filiano (2006) + Jorge Lima Barreto - Zul Zelub (2005)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en septiembre de 2008: 
Portugal se mueve, eso está claro. No solo por la incesante demostración de coherencia (y excelencia) discográfica de Clean Feed, que cada poco tiempo nos sorprende con nuevas y magnificas grabaciones, sino por la cantera de músicos portugueses interesantes. En realidad, más que por los músicos, por la gran cantidad de ideas desarrolladas en el país vecino, afrontadas con sapiencia, libertad y un fuerte sentido del riesgo. 

Dos nuevas referencias del catalogo Clean Feed documentan esa inquietud; dos propuestas completamente diferentes, que ponen de manifiesto la variedad de la escena portuguesa. 

Por un lado tenemos a Paulo Curado, un saxofonista sobresaliente al que hemos podido escuchar en multitud de proyectos, que en esta ocasión forma trío con su compatriota Bruno Pedroso y con un invitado especial: Ken Filiano. 

The Bird, The Breeze and Mr. Filiano es un disco que me ha sorprendido desde el primer momento. Viendo la formación y que todas las piezas son aparentemente improvisaciones colectivas, uno espera encontrarse ante una blowing session libre y poderosa. Sin embargo, resulta difícil creer que muchos de los temas del disco (muy buenos, por otro lado), sean completamente improvisados, tanto por su forma como por la pulcra ejecución del trío. Por otra parte, la libertad esta ahí, evidentísima, así que más bien da la sensación de que, antes de la grabación, los músicos pudieron tomarse un tiempo diseñando escenarios y acordando lugares comunes. Sea como sea, tanto en los temas colectivos como en los solos y dúos que los aderezan, hay una forma específica y dúctil, que permite a los miembros del grupo expresarse con naturalidad sin deformarla. 

Curado se manifiesta como un solista interesantísimo, con un sonido clásico que a veces recuerda a Ornette, pero con una carga espiritual más fuerte. Sus fraseos, quebrados y urgentes, están empapados de un fuerte sentido melódico. Su trabajo con la flauta deja con ganas de más, gracias a su estupendo sonido y a la mencionada espiritualidad que rezuma. 

Filiano es uno de los mejores contrabajistas de la escena y aquí su papel le permite mostrar todas sus cualidades. Apoyado por un sonido sublime (cosa no tan habitual en los contrabajistas), improvisa con swing y un lirismo que no siempre aflora en sus grabaciones. Pedroso es un batería sólido, capaz de tocar en múltiples situaciones de forma convincente. Aquí se muestra implicado y comunicativo, atento a lo que sucede para obrar en consecuencia. 

En definitiva, podemos decir que este trabajo sobrepasa las expectativas y se sitúa entre lo mas interesante producido en la escena portuguesa de los últimos años. ¿Por qué? Pues simple y llanamente porque suena grande y trascendente, transmitiendo la sensación de que dentro de unos años va a sonar tan fresco como hoy. 

Jorge Lima Barreto es una figura capital en la música creativa portuguesa desde hace más de 25 años, tanto con el dúo Telectu como en solitario con su música, obras y escritos. Muy cercano a la música contemporánea y la electrónica, mezcla ambas tendencias con el espectro jazzístico en Zul Zelub, formado por dos largas piezas que no queda claro si buscan contraponerse o complementarse. En cualquier caso, esta es una obra experimental que tiene mucho de concepto y algo de solidez, aunque no la suficiente. 

La idea es desarrollar composiciones e improvisar sobre dos medios diferentes: en “Zul”, sobre ondas de radio aleatorias producidas en directo y en “Zelub”, sobre cuatro CDs pregrabados con elementos de sonido natural. La cuestión es que la idea es interesante y durante muchos momentos resulta inspiradora, pero la larga duración de ambas piezas hace que sea imposible no perder el interés con facilidad. 

Incluso afrontando Zul Zelub como un recital de piano solo, Barreto no consigue sobrevivir a las dimensiones de su propio proyecto. Tampoco hay que obviar que Barreto es un cuidado estilista del teclado, capaz de conjugar un lirismo delicioso con los pasajes más beligerantes, y que referentes clásicos como el ineludible Cecil Taylor, aportan el punto de tradición a la música. En cualquier, caso, un esfuerzo que resulta muy interesante y arriesgado, pero difícil de sostener durante los mas de 75 minutos de duración del disco.

otros días, otros discos

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