En mayo de 1987, Swainson grabó su único disco como líder, y para ello jugó bien sus cartas: además del desconocido Gary Williamson al piano y del excelso batería canadiense Jerry Fuller, emplazó para la grabación nada menos que a Woody Shaw (con quien había trabajado ya en numerosas ocasiones) y a Joe Henderson.

El resultado, un gran disco de hard bop, con momentos sensacionales protagonizadas por Shaw y Henderson, que se mueven por las composiciones del líder con toda naturalidad.
Una de esas joyas escondidas detrás de nombres que conocemos poco, o casi nada.