Mostrando entradas con la etiqueta rock. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rock. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de abril de 2015

Cult Of Luna (Bilbao, 27 de enero de 2013)



Reseña publicada originalmente en Mondo Sonoro en enero de 2013


Lo tenían todo en contra: lluvia torrencial, tarde de domingo y tocar en Bilbao a la misma hora del partido del sacrosanto Athletic. Afortunadamente, las nada favorables condiciones no impidieron a un buen puñado de aficionados , llenar el pequeño recinto(todo hay que decirlo) de la sala Sonora para disfrutar del aplastante directo de Cult Of Luna.


No es probable que los suecos estén acostumbrados a este tipo de escenarios, pero da gusto ver que una banda no se achica cuando tiene poco suelo bajo sus pies. Se supone que cualquiera gana en las  distancias cortas, pero, ¡cuidado! porque no siempre sucede así. Sin embargo, Cult Of Luna afrontaron su directo en Bilbao con la misma intensidad y crudeza que hubiesen tenido en un gran escenario, durante una hora y media en la que hubo pocas oportunidades para relajarse.

Presentaban “Vertikal”, su último álbum (aparecido sólo dos días antes), una nueva odisea sonora que gira en torno al "Metrópolis" de Fritz Lang y que se nutre de la enrevesada mezcla de estilos de la banda. Hace tiempo que los suecos son mucho más que los primos europeos de Neurosis. Su música es una imposible confluencia de doom, sludge, progresivo, space-rock y psicodelia que en directo se crece, gracias a la impresionante capacidad de la banda para trabajar con la intensidad y las dinámicas. Todo tiene un porqué en la música de Cult of Luna. Cada desarrollo, por largo que sea, suena natural e inevitable. Se podría hacer de otra forma, pero no mejor.

Para que esto funcione, la habilidad de la banda es imprescindible. Son siete tíos sobre el escenario: tres guitarras, teclado, bajo y dos baterías, y suenan perfectos, que ya tiene mérito. Lo normal en estos casos es encontrarse con cierto caos sonoro, pero los suecos dosifican y ensamblan cada parte de cada tema de forma milimétrica, jugando la nada fácil carta de tocar fuerte sin desmadrarse de volumen ni hacer rodar una informe bola acústica.

El repertorio se compuso de ocho temas (principalmente extraídos de “Vertikal”) cuidadosamente ordenados para que la cosa no decayese. Los desarrollos instrumentales empapados en psicodelia y post-rock se turnaban con pesados pasajes doom capaces de descoyuntar cualquier cuello que se les pusiese por delante. Predominó la desgarrada voz de Johannes Persson (parece que Klas Rydberg dejó la banda hace un par de meses), que recuerda a la de sus paisanos Meshuggah, también originales de Umea (por cierto, Fredrik Thordendal, guitarrista de Meshuggah, ha declarado más de una vez ser fan de Cult Of Luna). Parece mentira que de una localidad con poco más de 110.000 habitantes puedan haber salido bandas como estas dos o los acojonantes Refused.

Cult of Luna siguen creciendo y rompiendo fronteras estilísticas. Decir que hace post-metal es como no decir nada, pero es que es realmente difícil englobarles en un estilo. Lo que sí son es buenos. Y en directo, buenísimos.

lunes, 13 de abril de 2015

Neil Young & Crazy Horse / Jonathan Wilson / Wu-Tang Clan: Big Festival 2013 (Biarritz, 18 y 19 de julio de 2013)

Reseña publicada originalmente en Mondo Sonoro en julio de 2013 


A veces hay que simplificar. No por el tentador impulso de obviar matices para dar una idea general como definitiva, ni para flirtear con el siempre agradecido populismo. A veces hay que simplificar en favor de la síntesis y de la destilación de la esencia de un tema en cuestión, porque esa esencia lo es, básicamente, todo.

En su quinta edición, el Big Festival de Biarritz ha hecho honor a su nombre. No (sólo) por sus cuatro recintos, muy diferentes, que abarcaban desde el gran escenario a la condensación sudorosa del club. Tampoco por su cartel ecléctico y atractivo, que llevaba a los asistentes desde la clase de Rickie Lee Jones al desenfreno de The Bloody Beetroots y Two Door Cinema Club, el hip-hop deslenguado de Orelsan, el blues contemporáneo de Gary Clark Jr. o el funk histórico de George Clinton. Porque, a pesar de un cartel salpicado de grandes nombres, en cuanto se anunció la presencia de la histórica banda de Neil Young, el Big Festival de 2013 se convirtió, inmediatamente, en el festival de Young y Crazy Horse.

En honor a la síntesis y a la esencia, no podía ser de otra forma. Aunque hay que destacar otros conciertos, claro, porque la noche del viernes, los míticos Wu-Tang Clan pasaron como un torbellino por una asistencia asombrosamente plagada de hardcore fans. Tras ser calentado por el prometedor rapero francés Orelsan, el público se dejó infectar por la furia del Wu-Tang en un concierto urgente y sin respiro, con clásicos de la formación que levantaron una sincera complicidad entre un público que coreaba letras, botaba embrutecido y abrazaba la liturgia del Clan cada vez que alguno de sus miembros lo reclamaba. Nueve bestias pardas sobre el escenario (diez si contamos al fabuloso DJ Mathematics) claramente dirigidas por RZA (líder de facto de la banda) y Method Man, que se dejaron la piel interactuando con el público. El enorme Ghostface Killah, como es habitual, levantó el bolo en cada una de sus intervenciones, aunque tardó algunos temas en entrar en calor. Masta Killa, GZA, Inspectah Deck, U-God y Cappadona (que fue presentado como un miembro más en Biarritz) se mantuvieron en un lógico segundo plano, con breves despegues ocasionales, mientras que Raekwon, uno de los miembros del grupo más activos (discográficamente hablando), se quedó un poco atrás en varios aspectos, revelando sus carencias en directo. Tras una intensa hora de bolo, el Clan abandonó en el escenario sin un asomo de bis. Rápido, duro y en tu cara. Pero volvamos al gran día del festival.

Abrió la tarde del jueves Jonathan Wilson (uno de los grandes nombres del presente y futuro del rock americano, tomen nota), que tiró de su vena más folk-rock en Biarritz, haciendo sus habituales escapadas por la psicodelia y alardeando de un serio influjo Crazy Horse en temas más eléctricos (dejando clara su capacidad como guitarrista improvisando con su vieja Telecaster). Aunque Gary Clark (que salió al escenario justo después) viene precedido por su cacareada excelencia guitarrística, Wilson no se quedó atrás en cuanto a expresividad y rollo. Porque Clark es muy bueno, pero no todo va de tocar y cantar bien. Su directo se apoya tanto en sus (innegables) capacidades, como en una estructura tan medida que roza la monotonía en según qué tema, y que te lleva de un momento de escalofriante musicalidad a otro de tediosa ortodoxia festivalera. El tipo puede llegar muy lejos, siempre y cuando no se vaya por la rama AOR del blues.

Y entonces llegaron Neil Young & Crazy Horse. El uno con los otros, indivisibles y definitivos. Y yo tengo que explicar aquí lo que pasó después, lo que sonó en el concierto, y a qué sonó. Como si eso pudiese hacerse. Para escribir sobre este concierto, la hipérbole se hace común y mundana. Quienes nos dedicamos a patear salas de conciertos y festivales estamos acostumbrados a ver y escuchar mucho, y de todo, lo que no siempre es positivo. Uno acaba perdiendo la capacidad para sorprenderse, porque todos esos discos y conciertos caen en un enmarañado todo en el que la filia y la fobia juegan un papel tan importante como la perspectiva de miles de referencias. Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, un concierto emerge de forma celestial ante nuestros sentidos, fuera de toda categorización o comparación. Inesperadamente, nos sentimos ante un momento musical trascendente, colosal, histórico y volvemos a ser fans maravillados, exentos de ese poso de cinismo que nos deja la profesión. Entonces, escribir sobre ese concierto nos resulta tan ridículamente vacuo como fotografiar una tormenta, como describir el beso más memorable de tu vida o como explicar la vez en la que aquel disco cambió tu vida para siempre. No se puede. O, al menos, no bien. Puedo decir que los diez minutos de glorioso “Love And Only Love” que abrieron el concierto lanzaron al grupo –y al público– a la estratosfera, a una altura de la que nadie se movió durante dos horas. Puedo decir que hubo un momento de tensión en “Powderfinger” (cuando pareció que a Young le fallaba la voz) que quedó disipado tras “Psychedelic Pill” y el mastodóntico “Walk Like A Giant” de dieciséis minutos, en el que Neil nos cantaba que quería caminar como un gigante. Como si no lo hiciese ya.

Puedo contar que, tras diez minutos sobrecogedores de interludio ruidista, entre acoples y truenos simulados saliendo de los amplificadores, la canción inédita “Hole In The Sky” marcó el momento más intenso del concierto, con la banda en verdadero estado de gracia, justo antes de que Neil se quedase solo en el escenario con una vieja Martin D-28 para tocar su “Heart Of Gold” y el inmortal “Blowin’ In The Wind” de Dylan. Tras otro tema inédito al piano (ya con Crazy Horse), con “Ramada Inn” volvieron a poner la electricidad en órbita, cogiendo carrerilla con el adrenalínico “Sedan Delivery” y el contundente “Surfer Joe And Moe The Sleaze” para terminar en lo más alto con el inmortal “Rockin’ In The Free World”. Podría escribir todo esto, y en realidad seguiría faltando lo más importante: la conexión, dentro de la banda y con el público, y la sensación de presenciar algo irrepetible. Podría intentar explicar la emoción que se respiraba en el ambiente durante el bis, cuando tras “Mr. Soul” sonó el apabullante riff de “Hey Hey, My My (Into The Black)”, con ese característico sonido de guitarra retorcido. Pero no puedo más que contar los hechos.

Esto es lo que sonó en Biarritz; sin exageración ni misticismo de ninguna clase, un concierto para la historia. Y dentro de una gira providencialmente bautizada “Alchemy”, para más . Jonathan Wilson había dicho al final de su concierto que Crazy Horse era la “puta mejor banda del mundo”. Eso es simplificar. Pero también lo dice, básicamente, todo.

viernes, 30 de enero de 2015

Bryan Estepa - Heart vs Mind (2013)


El pasado miércoles vi a Bryan Estepa en directo en el colegio de abogados de Bilbao, uno de los sitios más peculiares en los que uno puede ver un gran concierto en esta ciudad, pero que siempre tiene una programación exquisita, diseñada con mimo y mucho saber hacer. 
Por eso, porque los responsables de dicha programación saben muy bien lo que hacen, uno puede ir a uno de sus conciertos sin saber mucho más que la hora de comienzo, y salir de él con una gran sonrisa. 
Yo no conocía la música del cantautor australiano hasta el pasado miércoles pero su concierto fue delicioso, y el disco que me llevé bajo el brazo tras él lleva en mi tocadiscos desde entonces.

Once buenas canciones de pop de primera, tocado y cantado con gusto, con serias reminiscencias a los Jayhawks y a lo mejor del power pop y rock americano, con buenas melodías, una gran voz y una producción muy cuidada. Un disco estupendo. 

lunes, 26 de enero de 2015

Cracker - From Berkeley to Bakersfield (2014)




Primer discazo de rock del año (su fecha de salida es de diciembre de 2014, pero a Europa no ha llegado hasta la semana pasada). 

Cracker lo han vuelto a hacer, publicando un disco que respira honestidad y buenas canciones de principio a fin. Dividido en dos CDs, con cierta personalidad estilística cada uno de ellos: el primero, con sonidos más crudos envolviendo sus fabulosas melodías de pop californiano y la formación original de la banda recuperada; el segundo, un homenaje a sus raíces country que va mucho más allá del country, que cierra ese mágico círculo entre Berkeley y Bakersfield. 

En total, un disco mayúsculo que a quien esto escribe le ha entrado a la primera y de la mejor manera posible. Y eso no me pasa tan a menudo. 



Comprado en Power Records (Bilbao)

sábado, 9 de noviembre de 2013

Alias - Some Kind Of Lullaby (2013)

Ayer estaba en Power Records y Joni me dice "escucha las primeras notas a ver si pillas el tema". Y suena un piano y digo "¡Ol' 55 de Tom Waits!.... Pero, ¿qué versión es esta?". Y me dice Joni que es de un disco solitario del cantante de Maggot Brain, bajo el alias Alias, valga la redundancia. Y lo miro por detrás mientras Joni pincha el "I Heard It Through The Gravepine" y me digo "coño, menuda selección de canciones". 

No es que sean mejores o peores, más emblemáticas o más rebuscadas, sino que algunas de ellas son auténticas piedras angulares en mi propia vida. Canciones que, por el motivo que sea, son particularmente especiales para mí, como las ya mencionadas, "Wild Horses" de los Stones, "Thunder Road" de Springsteen o "Thrasher" de Neil Young

Así que me lo compré, claro. Y por la noche lo escuché enterito. Tranquilamente, tras un largo día. La mejor forma de escuchar un disco que acabas de comprar. La mejor, sí. 


(Hoy Power Records cumple 23 años, y para celebrarlo han sorteado una copia de este disco, cedida por su autor. Bonito detalle.) 

miércoles, 27 de junio de 2012

Good Rats - From Rats To Riches (1978)

Nunca han sido muy populares, pero esta banda de Long Island facturaron algunos discos muy disfrutables durante los años 70. A medio camino entre el hard-rock, el blues y algunos ramalazos pop, este From Rats To Riches es una gran píldora de buen rollo rockero.



Lideraba (y creo que aún sigue en ello) el vocalista Peppi Marchello, que además escribía todas las canciones. Como tantos de la época, es uno de esos buenos discos, de buenas bandas, que no tuvieron la suficiente repercusión como para entrar en las enciclopedias. Pero mola.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Jon Lord - Before I Forget (1982)

El rock está plagado de ellos. Músicos de categoría cuya historia queda ligada para siempre a bandas más grandes que ellos. Jon Lord siempre estará a la sombra de Deep Purple o Whitesnake, grupos a los que contribuyó enormemente.



Pero también tuvo carrera en solitario. En 1981 grabó este disco junto a varios colegas de diferentes bandas: Neil Murray, Bernie Marsden, Mick Ralphs, Ian Paice, Simon Kirke, Cozy Powell o Simon Phillips, entre otros.

Mi copia en LP es la original española (1982), con el título convenientemente traducido en la portada (que, por cierto, mola). No es un ninguna obra maestra, pero sí un buen disco. Lord va de un estilo a otro y a lo largo del disco toca hammond, piano, moog y varios teclados.

Jon Lord falleció el 16 de julio de 2012. Nunca le vi en directo, y me joroba bastante. D.E.P.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Wovenhand: la llamada de la tierra (2 de diciembre de 2010)



Artículo publicado originalmente en Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com, el 2 de diciembre de 2010

Quienes vieron a Wovenhand (también escrito Woven Hand) en alguna pequeña sala durante su gira de presentación del álbum Ten Stones (2008), hablan de una experiencia única, de un concierto imposible de describir. Dos años después, con su flamante nuevo disco bajo el brazo, Wovenhand regresan a los escenarios españoles para mantener esa leyenda, y lo harán en cuatro fechas repartidas a primeros de diciembre: sábado 4 en Bilbao (Kafe Antzokia), miercoles 8 en Valladolid (Asklepios), jueves 9 en Madrid(Caracol) y viernes 10 en Barcelona (La [2] de Apolo).
The Threshing Floor, aparecido hace unos meses, bien podría ser el mejor disco de Wovenhand. En él se conjugan todas las constantes de la música de su líder y frontman David Eugene Edwards, auténtico motor de la banda y ex cantante de otra que merece la pena reescuchar: 16 Horsepower.
No es extraño, por tanto, que haya un poderoso nexo estilístico entre Wovenhand y 16 Horsepower, ya que los primeros nacieron en 2001 a raíz de una pausa en la actividad de los segundos. Cuando los Horsepower se disolvieron en 2005, Wovenhand quedó como único receptor de las creaciones de Edwards y, poco después, lo que era un proyecto personal se convirtió en el heredero de 16 Horsepower, con la entrada en Wovenhand de uno de sus miembros fundadores, Pascal Humbert.

Wovenhand
 suenan diferente a casi todo. La suya es una música indomésticable, primaria, terriblemente oscura y difícilmente asociable a un momento o un lugar. Parece surgida de las montañas de Colorado, su lugar de origen, nacida entre la inhospita aridezdel suelo rocoso, como una hierba mil veces extinguida y mil veces renacida. Sobre uno o dos acordes tocados de forma obsesiva construyen miles de detalles, una maraña de sonidos que envuelve la chamánica voz de Edwards en un alarde de intensidad contenidae hipnótica.
Es música muy personal que se resiste a la clasificación, creada a partir de la unión del country alternativo, el post punk, el folk o los cantos tradicionales nativos americanos. Se le pueden sacar referentes, aunque ninguno determinante. En el lado más evidente estaría el aspecto más rural de Mark Lanegan o el más tenebroso de Nick Cave, pero también se perciben retazos de la Velvet Underground, las bandas británicas más oscuras de los 80 y una especie de neofolk industrial (por llamarlo de alguna forma delirante) que parece maldecir a todos las bandas adscritas a la absurda etiqueta de “americana”.
The Threshing Floor es un disco en el que sumergirse, dejándose arrastrar por su espiritualidad y por los arrebatos casi hímnicos de Edwards y los suyos. Debido a su condición independiente, que no Indie (lo publica el sello Sounds Familyre), no es muy probable que lo veamos en muchas listas de lo mejor del año, aunque virtudes no le faltan.
Por otro lado, esta es una de esas bandas que pierden fuerza en grandes escenarios o festivales, con lo que merece la pena verles en situaciones reducidas, al calor de una pequeña sala que les permita alcanzar esa conexión mística con el público. Si en estudio le dejan a uno sin aliento, imagináoslo en directo.

martes, 27 de septiembre de 2011

Cure - Wish (1992)

Recuerdo escuchar de forma obsesiva este disco cuando salió, hace casi 20 años, convirtiéndose inmediatamente en uno de los discos claves de mi adolescencia.

Volver sobre este tipo de grabaciones tiene cierto peligro, puesto que el tiempo puede ser bastante cruel con los recuerdos de uno. Con Wish no ocurre eso. Nunca he dejado de reescucharlo cada cierto tiempo y tampoco nunca me ha decepcionado.



Es lo que tienen los grandes discos, que el paso del tiempo no les afecta o, en el caso de hacerlo, no suele ser para mal. Y este un disco enorme.

En septiembre de 2011, 19 años después de escuchar Wish por primera vez, sigue sonandome tan acojonante como el primer día y sigue teniendo un pequeño hueco en mi vida.


Nota: pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).

lunes, 25 de julio de 2011

Los primeros serán los primeros (27 de junio de 2011)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com, sobre los conciertos de Blue Rodeo y Band Of Horses en el Azkena Rock Festival:


"Casi siempre pasa algo parecido en los festivales, que los conciertos más asombrosos acaban estando fuera del prime time. No es un alarde de esnobismo (los snobs no escuchan música en los festivales, sólo lucen palmito y afiliación a la tribu estético-musical de turno), sino una realidad tan simple como que, a veces, uno puede comer mejor en un restaurante sencillo, de menú, que en otro de renombre, a la carta.



En el Azkena Rock Festival de este año, ha resultado que algunos de los mejores conciertos han sido a primera hora, bajo el sol abrasador y con la losa del público vespertino, tan fiel como poco numeroso. Hace un par de días hablábamos del valiente concierto de Eels, pero más sorprendente aún que aquel, fue la impresionante actuación de Blue Rodeo programada a las 17:45 del pasado viernes.

A pesar de contar con casi 30 años de carrera a sus espaldas, Blue Rodeo siguen siendo relativamente desconocidos. Pertenecen a esa gloriosa generación que recibió las siglas NRA (nuevo rock americano) gracias a bandas irrepetibles como Green On Red, Long Ryders, Blasters, Beat Farmers, Dream Syndicate, Jason & The Scorchers, Del Fuegos y unas cuantas más, pero Blue Rodeo tiene un pequeño hándicap para ser considerados como una de aquellas bandas: que son canadienses."



Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.

.

viernes, 22 de julio de 2011

Queens Of The Stone Age reescriben la leyenda (26 de junio de 2011)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Muchos recuerdan la actuación de Queens Of The Stone Age en 2005 como una de las mejores de la historia del Azkena Rock Festival, si no la mejor. Así lo han votado también los usuarios de la web del festival, y así ha quedado la leyenda. Quien esto escribe, que también estuvo en aquel concierto, afirma sin dudar que fue un evento histórico; uno de esos pocos, poquísimos conciertos que se instalan en la memoria como perfectos e insuperables.



La presencia de
Queens Of The Stone Age en el cartel del décimo aniversario del festival quedaba plenamente justificada a cuenta de ese sentimiento generalizado, tal vez más que la de ningún otro grupo. Pero, si un concierto de hace seis años es recordado con tanta intensidad, resulta virtualmente imposible estar a la altura. Porque no basta con hacerlo igual de bien, sino que hay que enfrentarse a la perfección de entonces, engordada por la siempre distorsionadora memoria, que probablemente ha redondeado algo que ya era, de por sí, bastante redondo. La decepción parecía ineludible.

El pasado viernes, tras ochenta minutos de música ininterrumpida, la leyenda quedó reescrita. El concierto del 2005 fue apoteósico, sí. El de 2011 sonó tan perfecto como entonces, ni más ni menos. No hubo competencia entre el recuerdo y el momento vivido, porque ambos se fijaron instantáneamente en el olimpo de las experiencias musicales de un público en estado de shock."


Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.

.

martes, 19 de julio de 2011

EELS: el placer de desconcertar (24 de junio de 2011)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"O más bien, el arte de desconcertar. Una práctica que fue ingrediente imprescindible del rock durante décadas y que ha quedado relegada a un segundo plano, porque, en el mundo de la masificación y globalización musical, hasta lo desconcertante está teledirigido e institucionalizado.

En realidad, hace ya mucho tiempo que desconcertar al público puede implicar un suicidio comercial y, en este mundillo, como en casi todos, lo que manda es la pasta. Así, entre músicos, discográficas, promotores y prensa musical hay una consigna callada pero ineludible: mantener las cosas en su cauce, sin sobresaltos y sin mosquear a la audiencia, que no está la cosa para arriesgar.



El concierto de EELS ayer en el Azkena Rock Festival fue un canto a ese desconcierto y al riesgo. Todo estaba en contra de la banda de Mark Oliver Everett: actuaban a primera hora de la tarde ante un público que, o no había llegado, o no les conocía. Pero jugaron fuerte y jugaron duro. Y ganaron."


Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.

.

domingo, 19 de junio de 2011

Bruce Springsteen - The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle (1973)

Este fue el principio de la E Street Band. Hoy, con la muerte de Clarence Clemmons, también es el fin de la mítica banda, en cierta forma.

Aparte de Garry Tallent, Clemmons era el único que estuvo en la banda desde el primer día hasta el último, y siempre fue uno de sus miembros más emblemáticos de la misma, llegando a ser la imagen (grande, imponente, negra y orgullosa) más representativa de la E Street Band.



The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle también es el primer disco de Bruce Springsteen que tuve. Le tengo cierto cariño y la verdad es que no lo escuchaba desde hace más de una década.

No es mi favorito, pero es un gran disco.

jueves, 16 de junio de 2011

Kristonfest: colega, ¿dónde está mi púa? (13 de junio de 2011)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Juntos, pero no revueltos. Juntos y revueltos. Revueltos, y no demasiado juntos. Todo eso es precisamente lo que ocurre con tres bandas que este sábado prometen aplastar Bilbao. Down, Corrosion Of Conformity y Eyehategod son tres formaciones íntimamente ligadas, no porque hagan la misma música, ni mucho menos, sino porque comparten algunos miembros y varios fragmentos de su historia. Pepper Keenan, guitarrista de Down, fue durante muchos años guitarrista y vocalista de Corrosion Of Conformity, pero estos últimos se han reunido con una formación antigua, y no parece que haya el mejor rollo entre ellos. Afortunadamente, sí lo hay entre Down y Eyehategod, que comparten a Jimmy Bower, batería con los primeros y guitarrista con los segundos, además de haber hecho varias giras a la batería con Corrosion Of Conformity. Casi nada.



Todos ellos coinciden en el Kristonfest, un festival indoor creado por la promotora Noise On Tour y centrado en diferentes vertientes del metal, desde el sludge al stoner, thrash o hardcore. Originalmente planeado para dos días, la caída de cartel de Buckcherry (que actúan mañana, pasado y el sábado en Barcelona, Madrid y Pamplona, respectivamente) hizo que la organización concentrase a cuatro bandas en un solo día, programando uno de los mejores carteles de metal que ha tenido una sala de nuestro país en mucho tiempo."


Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.

jueves, 9 de junio de 2011

Paul Collins, el rey sin corona (13 de diciembre de 2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Autodenominarse rey de un estilo puede ser, como mínimo, un tanto osado. Lo normal con esos “títulos” es ser nombrado por terceros, ya sea por la crítica, los medios o, mejor aún, los fans. Por otro lado, tratándose de Paul Collins resulta completamente natural la etiqueta de “King of Power Pop”, que también sirve de título a su último y fabuloso disco. Trece canciones de un nivel asombroso que rozan la perfección y que conforman uno de los mejores discos de 2010.

¿Es para tanto? La verdad es que sí. Más de 30 años después de aquel glorioso primer álbum de The Beat, Paul Collins regre
sa con más fuerza que nunca con un disco que juega en la misma liga que aquella pequeña obra maestra. Ha pasado el tiempo pero el nervio y el talento para escribir temas memorables siguen intactos. Sin embargo, a pesar de toda esa excelencia y de escribir algunas de las mejores canciones pop de las últimas décadas, Collins permanece en el underground más inexplicable. Un tipo sin suerte, dirían algunos. Una de esas injusticias de la historia del rock y de quienes, directa o indirectamente, la escriben."



"King of Power Pop es una especie de compendio de toda la carrera de Collins. Él mismo comenta en la carpeta del álbum que éste traza la línea entre sus diferentes bandas: los míticos Nerves, los Breakaways, The Beat y todo lo que vino después. Suena a retrospectiva (que no a recopilatorio) y escuchándolo es difícil creer que está grabado por alguien de 54 años. La energía que desprende en esos disparos en forma de canción de poco más de dos minutos es tremenda, con melodías vocales perfectas y guitarras tan pulidas como dinámicas.

Ya en su gira del año pasado junto al gran John Wicks (otro grande del power pop, líder de la banda The Records) y a Eric Blakely (guitarra solista, a su vez, de King of Power Pop!) se anticipaba ese renacimiento de Collins. Aparte del nombre de la gira (Power Pop Kings), la recuperación del maravilloso tema "Many Roads To Follow" (nunca grabado en estudio y cuya demo casera aparecía en la imprescindible colección de The Nerves, One Way Ticket) significaba esa vuelta a los orígenes sin dejar de mirar al futuro. Dicho tema ha sido grabado apropiadamente en King of Power Pop! y, de alguna manera, abre y cierra el círculo que se inició a mediados de los 70 y que nos lleva hasta hoy en día. Paul Collins suena más maduro que nunca, pero no ha perdido un ápice de frescura y de garra."



Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.

lunes, 23 de mayo de 2011

El anochecer de los Kings Of Leon (21 de octubre de 2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Hace un par de años salió Only By The Night, el cuarto disco de Kings Of Leon; un completo éxito que sonaba realmente bien y que alcanzaba ese equilibrio, aparentemente imposible, entre la banda americana que eran y la banda británica que parecían querer ser. Miraban a U2 y a otros referentes de conquista comercial, pero se mantenían relativamente cerca de quienes fueron.

Consiguieron su primer número uno en Inglaterra con el tema “Sex On Fire” y, de paso, un Grammy en 2009. Un año des
pués, el segundo single del disco, “Use Somebody”, les dio otros tres. Todo parecía ir bien para ellos, hasta que hace unos días salió a la venta Come Around Sundown, un disco plomizo y decepcionante que muestra a la banda de los hermanos Followill en sus horas más bajas."



"Por eso la flojera de Come Around Sundown es aún más exasperante, porque Kings Of Leon podrían encarnar una rara avis en el mundo del rock: la del grupo que puede gustar a casi todos sin ser un producto eminentemente comercial. Encontrar esa formula, la de escribir canciones que no traicionen el propio espíritu y que, al mismo tiempo, sirvan para copar las listas de ventas, es algo destinado a muy pocos."

"Pero el gran fallo de este último disco (y lo que lo distancia tanto de su predecesor) es precisamente ese: las canciones. Come Around Sundown no tiene chispa, no engancha. Los temas parecen estar escritos en piloto automático, con una fórmula concreta (y muy simple) en la cabeza. Se van sucediendo los cortes y a mitad de disco uno se pregunta cuánto tiempo ha pasado y, peor aún, cuánto falta para que termine."

"Es innegable que suena muy bien, y la producción de Angelo Petraglia y Jacquire King sigue siendo impecable, pero da la sensación de que existe la intención de sustituir las buenas canciones por un exagerado mimetismo con los aspectos más banales del sonido de U2 y sus aspirantes más directos (Coldplay, etc)."


Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.



lunes, 4 de abril de 2011

Nacho Vegas - La Zona Sucia (2011), por Álvaro Fierro

Retomo las firmas invitadas en este blog con un disco atípico, pero con un firmante muy interesante. A los que acostumbráis a leer sobre música os sonará, muy probablemente su nombre. Álvaro Fierro escribe regularmente en Ruta 66 y Mondo Sonoro, y también se le ha visto por las páginas de Efe Eme o Entzun pero donde más se le ve es a pie de escenario, disfrutando de la música.

Álvaro encarna la figura del cronista que escribe por pasión y con el mismo amor que profesa por la música, una especie que parece en extinción en estos tiempos cínicos, llenos de revistas y publicaciones parciales y redactores compromisarios. Unos cuantos más como él no nos vendrían mal.


Álvaro Fierro: Nacho Vegas - la Zona Sucia (2011)


Te diré entre tú y yo/ que me dan miedo las tormentas/ que ahora sé que una se acerca/ que en el cielo habrá un temblor
. Así comienza “Cuando Te Canses de Mí” y La Zona Sucia (Marxophone/ I´m an Artist), el último ejercicio de catarsis compartida de Nacho Vegas. Compartida porque llena salas aunando a un público dividido a priori, estereotipado, que colabora con que uno se autoarme de prejuicios –que siempre son divertidos– y que, por ello, amplifica el efecto sorpresa.

Así lo vio el abajo firmante en El Manifiesto Desastre (Limbo Starr, 2008), resorte que impulsó la investigación de su trayectoria, ya galvanizada, en la retina del que escribe estas palabras. Empieza y se desarrolla como de costumbre, a corazón abierto, confesando lo que sólo se confiesa en sordina, suscitando empatías y susurrando aguardentosamente letanías envueltas en experiencias, y viceversa, como lo plasmado en la identificable "Me decías": "lo que media entre tú y tu soledad/ es un trecho que no puedo abarcar".

La idiosincrasia de una voz de la que él mismo no se siente orgulloso pero, en boca de otro, estas invocaciones no resultarían creíbles. Una manera de cantar que en ocasiones hasta parece acongojarse, a la que se le corta la dicción de la emoción (o eso parece, o nos gustaría que pareciese), soslayando, no obstante, los límites sensibleros, sin caer en la propia conmiseración.

Un francotirador de los sentimientos bajo una personalidad frágil, un tipo callado con imán, honesto, de los que en persona, sin conocerle, parece cumplir esa máxima de André Malraux de que la verdad de un hombre reside, sobre todo, en lo que calla. Y la madurez de alguien que ya nació adulto se materializa ahora en diez canciones donde sus clichés patrios siguen presentes (las menciones en el corte inicial a La Lloca y El Musel, o la versión actualizada de la canción tradicional asturiana “Taberneros”) y el amor castrado como tema universal, omnipresente y todopoderoso.

Por que las letras salen de lo malo, de antiguas adicciones; la inspiración se recoge quemándote en los “Incendios” (Y dime, amor, si estás ardiendo/ y si es que puedo aliviarte yo), o rodeándose de coros de infantiles para inyectar carácter de cuento a las desgracias –“Perplejidad”, “Lo Que Comen Las Brujas” – aunque en la primera rime desatino con destino. Una decena de canciones, ni nueve ni once, ponderando pues la tristeza con acierto, sin dejar, por tanto, con ganas de más ni de menos.

Álvaro Fierro, 2011


Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).

miércoles, 23 de marzo de 2011

El blues de Gregg Allman


(Publicado originalmente en ELPAIS.com el 27 de enero de 2011)

Casi todas las viejas glorias de los 60 y 70 acaban haciendo un disco de blues. Parece una especie de trámite de madurez, un soplo de categoría en carreras que, en ocasiones, han quedado estancadas. Ese tipo de proyecto resulta más natural en músicos como Gregg Allman, alguien que ha nutrido su carrera de ramificaciones del blues y de un southern rock infestado de pentatónicas, estructuras sencillas y guitarristas particularmente hábiles en ese campo.

Con 63 años a la espalda y todavía liderando una de las mejores versiones de la Allman Brothers Band, el hermano que siempre estuvo a la sombra del mítico Duane Allman ha hecho su mejor jugada en décadas: contratar a T-Bone Burnett para sacarse un gran disco de la manga en la que, a estas alturas, no parecía que le quedase nada.

En las primeras escuchas, Low Country Blues se revela como un disco que suena bien, muy bien. Tiene carácter, ritmo y suficientes virtudes para destacar entre las novedades de blues y rock; suena tradicional y actual a partes iguales, y la mano de T-Bone Burnett se nota mucho. Tanto, que llega un momento en el que uno casi se olvida de Gregg Allman.

Ahí radica el mayor “pero” del álbum: es un buen disco de blues, pero podría ser de cualquiera. Allman canta realmente bien, versioneando a Skip James, Otis Rush, Muddy Waters o Sleepy John Estes con mucha solvencia y tirando de registros diferentes. Pero, al final, lo que más llama la atención es la atmósfera creada por la dirección de Burnett y algunos de los músicos implicados en el proyecto.

Entre estos destaca Mac Rebennack –más conocido como Dr. John–, haciendo brillar su piano de Nueva Orleans en la mayor parte de los temas, y el guitarrista Doyle Bramhall II que, como buen acólito de Eric Clapton, suena muy parecido a este último en muchos momentos.

La sección rítmica también es incuestionable, con el sólido contrabajo de Dennis Crouch y el gran Jay Bellerose, batería de técnica tan extraña como personal, reconocible al instante y una de las claves del éxito de las producciones de Burnett o de Joe Henry (otro gran revitalizador de leyendas). Con él de por medio, es normal desviar la atención hacia la percusión más que con cualquier otro batería de su estilo, por inimitable y por original.

Todos ellos están al servicio de Burnett, eterno productor de moda entre quienes buscan ahondar en las raíces de la música norteamericana. Desde sus inicios como guitarrista de la Rolling Thunder Revue de Bob Dylan, Burnett ha sido un tipo de gusto refinado que ha dedicado más tiempo a construir una intachable carrera como productor que a su pequeña, pero selecta, discografía como líder. Low Country Blues le debe tanto a él como al propio Allman, por no decir más.

Sea por el motivo que sea, lo último de Gregg Allman podría ser lo mejor que ha hecho desde aquel Laid Back que grabó el mismo año en que salió el primer disco de la Allman Brothers Band sin su hermano Duane. Gregg nunca tendrá el talento o el carisma de éste, ni llegará a desarrollar una gran personalidad, pero hay algo que no se le puede negar: tiene la autenticidad de quienes han estado ahí durante décadas, presenciando en primera fila el crecimiento y evolución del rock americano. No será genial, pero es historia.

sábado, 12 de marzo de 2011

Robyn Hitchcock - Propellor Time (2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Discos como Propellor Time son un auténtico soplo de aire fresco. En cierta forma, sirve para devolvernos la fe en las canciones y en la música que suena sencilla, aunque tenga cosas complicadas en su interior.

Robyn Hitchcock
ha publicado en 2010 uno de sus mejores trabajos y, de paso, una de las joyas discográficas del año.



Los invitados estelares (Johnny Marr, John Paul Jones, Chris Ballew, Nick Lowe…) son sólo un complemento a sus fieles Venus 3.

Estos, a su vez, son una especie de escisión de
R.E.M. o incluso una escisión de una escisión, ya que tanto Peter Buck como Scott McCaughey (Young Fresh Fellows) y Bill Rieflin (ex-Ministry) también coinciden en The Minus 5, otro proyecto paralelo a la mítica banda.

Esa
familiaridad se transmite completamente al oyente, que tiene la sensación de estar ante un disco grabado, sobre todo, entre amigos. Por eso es tan natural y suena tan relajado. Y además, no contiene un solo tema que no merezca la pena."


Pinchando AQUÍ puedes leer el artículo completo.


Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).

domingo, 27 de febrero de 2011

The Wave Pictures - Susan Rode The Cyclone (2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"The Wave Pictures son tan buenos que hay que impedir cuanto antes que nos los roben los trendys y los modernos (y ya están en ello). Porque suenan crudos y auténticos, porque hacen una música sin complejos y porque tienen canciones realmente buenas.

Susan Rode The Cyclone no es tan bueno como el impresionante Instant Coffee Baby, pero sí bastante mejor que su anterior álbum, If You Leave It Alone.



Después de más de diez años entre el do it yourself y el ascenso underground paso a paso, la banda suena estimulante y diferente, con destellos de influencias tan diferentes como los Smiths, Jonathan Richman, los primeros Violent Femmes, Dire Straits o Townes Van Zandt.

Que lo que leáis por ahí no os
confunda: estos tíos son de verdad. Y David Tattersall, por cierto, es uno de los mejores y más originales guitarristas que han aparecido en tiempo."


Pinchando AQUÍ puedes leer el artículo completo.

otros días, otros discos

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...