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jueves, 3 de noviembre de 2011

Wovenhand: la llamada de la tierra (2 de diciembre de 2010)



Artículo publicado originalmente en Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com, el 2 de diciembre de 2010

Quienes vieron a Wovenhand (también escrito Woven Hand) en alguna pequeña sala durante su gira de presentación del álbum Ten Stones (2008), hablan de una experiencia única, de un concierto imposible de describir. Dos años después, con su flamante nuevo disco bajo el brazo, Wovenhand regresan a los escenarios españoles para mantener esa leyenda, y lo harán en cuatro fechas repartidas a primeros de diciembre: sábado 4 en Bilbao (Kafe Antzokia), miercoles 8 en Valladolid (Asklepios), jueves 9 en Madrid(Caracol) y viernes 10 en Barcelona (La [2] de Apolo).
The Threshing Floor, aparecido hace unos meses, bien podría ser el mejor disco de Wovenhand. En él se conjugan todas las constantes de la música de su líder y frontman David Eugene Edwards, auténtico motor de la banda y ex cantante de otra que merece la pena reescuchar: 16 Horsepower.
No es extraño, por tanto, que haya un poderoso nexo estilístico entre Wovenhand y 16 Horsepower, ya que los primeros nacieron en 2001 a raíz de una pausa en la actividad de los segundos. Cuando los Horsepower se disolvieron en 2005, Wovenhand quedó como único receptor de las creaciones de Edwards y, poco después, lo que era un proyecto personal se convirtió en el heredero de 16 Horsepower, con la entrada en Wovenhand de uno de sus miembros fundadores, Pascal Humbert.

Wovenhand
 suenan diferente a casi todo. La suya es una música indomésticable, primaria, terriblemente oscura y difícilmente asociable a un momento o un lugar. Parece surgida de las montañas de Colorado, su lugar de origen, nacida entre la inhospita aridezdel suelo rocoso, como una hierba mil veces extinguida y mil veces renacida. Sobre uno o dos acordes tocados de forma obsesiva construyen miles de detalles, una maraña de sonidos que envuelve la chamánica voz de Edwards en un alarde de intensidad contenidae hipnótica.
Es música muy personal que se resiste a la clasificación, creada a partir de la unión del country alternativo, el post punk, el folk o los cantos tradicionales nativos americanos. Se le pueden sacar referentes, aunque ninguno determinante. En el lado más evidente estaría el aspecto más rural de Mark Lanegan o el más tenebroso de Nick Cave, pero también se perciben retazos de la Velvet Underground, las bandas británicas más oscuras de los 80 y una especie de neofolk industrial (por llamarlo de alguna forma delirante) que parece maldecir a todos las bandas adscritas a la absurda etiqueta de “americana”.
The Threshing Floor es un disco en el que sumergirse, dejándose arrastrar por su espiritualidad y por los arrebatos casi hímnicos de Edwards y los suyos. Debido a su condición independiente, que no Indie (lo publica el sello Sounds Familyre), no es muy probable que lo veamos en muchas listas de lo mejor del año, aunque virtudes no le faltan.
Por otro lado, esta es una de esas bandas que pierden fuerza en grandes escenarios o festivales, con lo que merece la pena verles en situaciones reducidas, al calor de una pequeña sala que les permita alcanzar esa conexión mística con el público. Si en estudio le dejan a uno sin aliento, imagináoslo en directo.

martes, 27 de septiembre de 2011

Cure - Wish (1992)

Recuerdo escuchar de forma obsesiva este disco cuando salió, hace casi 20 años, convirtiéndose inmediatamente en uno de los discos claves de mi adolescencia.

Volver sobre este tipo de grabaciones tiene cierto peligro, puesto que el tiempo puede ser bastante cruel con los recuerdos de uno. Con Wish no ocurre eso. Nunca he dejado de reescucharlo cada cierto tiempo y tampoco nunca me ha decepcionado.



Es lo que tienen los grandes discos, que el paso del tiempo no les afecta o, en el caso de hacerlo, no suele ser para mal. Y este un disco enorme.

En septiembre de 2011, 19 años después de escuchar Wish por primera vez, sigue sonandome tan acojonante como el primer día y sigue teniendo un pequeño hueco en mi vida.


Nota: pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Jeremy Jay - Splash (2010)

Jeremy Jay tiene todo para no gustarme y, sin embargo, creo que tiene algo. Esa especie de mezcla de lo-fi, new wave y pop británico funciona, probablemente, porque Jay tiene mano para hacer canciones.

Splash no está tan bien como Slow Dance, su anterior disco, pero tiene algunos temas que molan. Tiene gracia que el pop de un norteamericano suene más británico que el de muchos ingleses.



Hay menos sintetizador y más guitarra que en otros discos suyos, aunque todo sigue sonando muy 80s, como le gusta a Jay.

Splash
es, en teoría, el primero de dos discos que el cantautor quería sacar en 2010, aunque se le está acabando el año para ello.

El disco es decepcionante, en cierta forma, pero Jeremy Jay sigue siendo un tipo a seguir.


Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (sólo en algunos países).

domingo, 20 de septiembre de 2009

The Durutti Column - LC (1981)

Aunque algunos sólo le conocen por ello, Vini Reilly es mucho más que el guitarrista de los primeros álbumes de Morrissey en solitario.

Reilly es el fundador y alma máter de The Durutti Column, una de las bandas británicas más influyentes de las últimas décadas. Y digo lo de "banda" por decir algo, porque en realidad Reilly es el 95% de The Durutti Column.

John Frusciante, guitarrista de Red Hot Chili Peppers dijó de Reilly que era "el mejor guitarrista del mundo" y no es el único que lo ha afirmado. Yo no comparto esa opinión, que me parece exagerada, pero es innegable que Reilly es un guitarrista diferente, misterioso y mágico en un mundo de clones impersonales.



LC , publicado en 1981 por el mítico sello Factory, es el segundo disco de The Durutti Column y primero en el que Reilly se acompaña del percusionista Bruce Mitchell. No hay mucho que decir más allá de que es un disco fascinante y, en cierta forma, muy moderno.

A destacar la hipnótica "Never Known" y el homenaje de Reilly a su amigo y admirador Ian Curtis: "The Missing Boy".

Pero, por encima de todo, LC demuestra cuánto le deben decenas de grupos británicos al guitarrista de Manchester.

otros días, otros discos

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