Recupero otro texto publicado con motivo del pasado festival de jazz de Vitoria-Gasteiz, aparecido originalmente en el periódico Gara:
Ayer, hoy y mañana
Michel Portal + Dr. Michel White & The Original Liberty Jazz Band + Trombone Shorty & Orleans Avenue
35 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz
12 de julio de 2011
Así podríamos resumir lo vivido ayer en el 35 Festival de Jazz de Gasteiz, en tres conciertos que fueron del neoclasicismo radical de Michael White a la perenne modernidad de Michel Portal, con parada en la onda bailonga y actual de Trombone Shorty. Portal, hijo predilecto de Baiona y uno de los grandes del jazz europeo de todos los tiempos, no necesita mucha presentación. Su compromiso con el jazz y la música libre siempre ha ido por delante y es sabido que en un concierto suyo el riesgo, el buen gusto y la música de altura están garantizados.
En esta ocasión venía acompañado de un grupo de jóvenes estrellas del jazz (aunque falló el contrabajista Scott Colley) que lucieron tanto, o quizá más, que el propio líder. A saber: Bojan Zulfikarpasic, habitual de Portal, es desde hace años uno de los grandes del piano europeo, y Nasheet Waits demostró una vez más por qué algunos creemos que es uno de los mejores bateristas de jazz del mundo.
El joven Ambrose Akinmusire, excepcional a lo largo de todo el concierto, está llamado a convertirse en el trompetista de moda y, de hecho, más de un espectador iba a verle específicamente a él. Puestos a comentar, Portal estuvo algo más atinado con el clarinete bajo que con el saxo soprano; pero es un maestro, y eso se le nota en cada gesto. Nada que ver con lo que vino después.
En Mendizorrotza nos encontramos con dos propuestas salidas de Nueva Orleans, ambas muy diferentes. Complementarias o antagónicas, eso depende del oído con el que se escuchen. Abrió la velada el grupo del clarinetista Michael White, habitual del festival en otros escenarios, normalmente gratuitos y, tal vez, menos exigentes. White es una figura importante y recurrente en lo suyo, aunque quizá más por estar que por ser. Me explico: es amigo de la familia Marsalis y su nombre se oye constantemente entre los revivalistas del dixieland y el jazz tradicional de su ciudad, pero, en realidad, ni es un gran clarinetista ni un músico sobresaliente.
Su mayor virtud radica en su origen, en que, mejor o peor, es un neorleanés de pura cepa y su música es genuina y real. Nadie puede transmitirla con más convicción que él, porque lleva siendo parte de su vida desde su infancia. Eso le convierte en embajador musical de excepción, pero no necesariamente en un tipo genial.
Su concierto en el festival fue tan ortodoxo que en seguida se volvió ligeramente plomizo. Por supuesto, es virtualmente imposible alcanzar el nivel de clásicos como Louis Armstrong, Sidney Bechet, Kid Ory o Johnny Dodds, pero esa música se puede tocar con algo más de gracia y entrega a cómo lo hace el grupo de Michael White.
El joven Trombone Shorty, afincado también en Nueva Orleans, parte de un concepto musical muy diferente. Es trombonista, trompetista y cantante, y predica una diversidad musical amplia, que luego no lo es tanto, aunque mucho más que la de su predecesor en Mendizorroza.
Su terreno natural parece el funk jazzificado, y en varios momentos de su actuación vino a la cabeza -salvando las distancias- la música de Defunkt, el fabuloso grupo que formó hace treinta años el también trombonista (y hermano de Lester Bowie, del Art Ensemble Of Chicago) Joseph Bowie. Vamos, que lo que hace Trombone Shorty no es el colmo de la originalidad, pero funciona. El joven demostró ser un gran instrumentista y dominar el escenario en un show que, si bien algo reiterativo, resultó bastante más exitoso y animado que el de Michael White.
También hubo coincidencias, porque las raíces no perdonan: ambos grupos tocaron el clásico «St. James Infirmary» (el primero desde la tradición y el segundo, con aires latinos) y también ambos citaron al gran Cab Calloway para hacer cantar al público. Y es que, el protocolo del show es inquebrantable.
Yahvé M. de la Cavada, 2011
Nota: Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes ver la publicación original del texto en la web del periódico. Al final de la misma hay un texto promocional con lo que se podía ver el mismo día de la publicación, y que no está escrito por mí, por supuesto.
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sábado, 20 de agosto de 2011
Ayer, hoy y mañana (Michel Portal + Dr. Michael White + Trombone Shorty, 35 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz, 12 de julio de 2011)
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domingo, 6 de febrero de 2011
Bojan Z Tetraband - Humus (2008; ed. 2009)
Extraído de mi reseña para Cuadernos de Jazz:
"En Humus se mezclan lo eléctrico y lo acústico de forma natural, orgánica y casi inédita; suena a muchas cosas, pero no se parece a nada que yo haya escuchado. El pianista sigue reafirmándose como uno de los mejores del viejo continente, y lo hace con ideas claras, espontaneidad y aplomo. Ha grabado discos mejores que éste, pero tanto Humus como la Tetraband parecen más un camino que un destino."
Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ.

Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).
"En Humus se mezclan lo eléctrico y lo acústico de forma natural, orgánica y casi inédita; suena a muchas cosas, pero no se parece a nada que yo haya escuchado. El pianista sigue reafirmándose como uno de los mejores del viejo continente, y lo hace con ideas claras, espontaneidad y aplomo. Ha grabado discos mejores que éste, pero tanto Humus como la Tetraband parecen más un camino que un destino."
Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ.

Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).
jueves, 13 de mayo de 2010
Bojan Z Tetraband - Concierto homenaje a Pío Lindegaard (24 de abril de 2010)
Extraído de mi reseña para Cuadernos de Jazz:
"Lo bueno de Bojan Z no es que sea muy bueno, que lo es, sino que tiene una forma de enfocar la música que todo músico de jazz debería tener. El riesgo, mirar hacia adelante, no dejar de probar cosas y perder el miedo a meter la pata son cosas habituales en la obra del pianista, y en directo más que nunca."
"En Getxo presentó su Tetraband, el último proyecto que tiene entre manos (además del grupo que comparte con Karim Ziad y Julien Lourau, BoZiLo) junto a la sección rítmica del supergrupo Acoustic Ladyland y el trombonista Gianluca Petrella."
Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ o en la imagen.
"Lo bueno de Bojan Z no es que sea muy bueno, que lo es, sino que tiene una forma de enfocar la música que todo músico de jazz debería tener. El riesgo, mirar hacia adelante, no dejar de probar cosas y perder el miedo a meter la pata son cosas habituales en la obra del pianista, y en directo más que nunca."
"En Getxo presentó su Tetraband, el último proyecto que tiene entre manos (además del grupo que comparte con Karim Ziad y Julien Lourau, BoZiLo) junto a la sección rítmica del supergrupo Acoustic Ladyland y el trombonista Gianluca Petrella."
Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ o en la imagen.
lunes, 26 de abril de 2010
Bojan Z - Xenophonia (2004-05)
El pasado sábado asistí al concierto de Bojan Z y su Tetraband en Getxo, sobre el que escribiré próximamente.
La cuestión es que dicho concierto me recordó la reseña que escribí en 2006 sobre este disco, un texto al que le tengo mucho cariño y que fue publicado por Tomajazz en diciembre de aquel año.
Aquí dejo el texto original:
"A pesar de la aparente fertilidad musical de estos últimos tiempos, siempre es una buena noticia la aparición de la nueva obra de un tipo al que podríamos definir como artista inquieto y músico excepcional.
Bojan Z ha intentado tocar varios palos como compositor e instrumentista en su relativamente corta carrera como líder. Desde aquel lejano y primerizo Bojan Z Quartet, pasando por los escarceos étnicos en Koreni, el riesgo del piano solo en Solobsession y el inevitable trío en Transpacifik, nuestro hombre ha dado un giro común en los tiempos que corren y ha decidido incorporar la electricidad a su trío.
Ya en Transpacifik había tonteado levemente con el Fender Rhodes, pero en Xenophonia el Rhodes y el denominado “Xenophono” (aparentemente un teclado eléctrico con algunos efectos de saturación y modulación) están presentes continuamente en el disco. Más que apoyarse en la diferencia acústica de estos añadidos, la música de Zulfikarpasic queda marcada por la concepción rítmica y armónica de los temas, que es donde está la verdadera evolución.

Con bases en ocasiones extremadamente sencillas, sobre las que Ari Hoenig y Ben Perowsky tejen polirritmos enrevesados cuando se tercia, los dedos de Bojan expanden improvisaciones repletas de ideas claras y concisas que eximen en muchos momentos al pianista de ese innecesario virtuosismo que no necesita demostrar desde hace tiempo. Remi Vignolo nos recuerda que es uno de los bajistas más sólidos del panorama europeo, con una pulsación firme y un sonido contundente que sostiene todo lo que construyen sus compañeros.
Con todos estos elementos, el disco nos ofrece varios enfoques: desde un trío contemporáneo inventando colectivamente (“Pendant ce temps...”) a un acercamiento al pop en forma de versión de David Bowie (“Ashes to Ashes”), pasando por samplear espirituales negros de principios de siglo para abrir un blues (“Xenos Blues”) y hacer un guiño a sus raíces con la participación de Krassen Lutzkanov tocando el kaval en un par de temas.
La formula puede recordar en algunos momentos a E.S.T., pero no veamos fantasmas donde no hay más que una aparente similitud formal. Mientras que E.S.T. corre peligro de ser devorado por su propio personaje, la propuesta de Zulfikarpasic es fresca, desprovista de la preciosista perfección del trío nórdico y con el atrevimiento de los músicos que tocan disfrutando, probando cosas sin miedo a fallar, interaccionando arrabaleramente, siendo sucios y sofisticados al mismo tiempo.
El disco puede no ser perfecto, pero no es un proyecto más que suena a los cuatro mismos referentes de siempre. Los instrumentos eléctricos no hay que añadirlos a la música esperando que la ésta evolucione a través de la sonoridad, sino que hay que asimilarlos y aplicarlos para que al final la personalidad del músico se mantenga sobre la particularidad acústica.
En este caso, Bojan Z ha dado un paso adelante en su música y su estilo (cada vez más personal, por cierto) esta detrás de cada nota de este Xenophonia."
Yahvé M. de la Cavada, 2006
Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify.
La cuestión es que dicho concierto me recordó la reseña que escribí en 2006 sobre este disco, un texto al que le tengo mucho cariño y que fue publicado por Tomajazz en diciembre de aquel año.
Aquí dejo el texto original:
"A pesar de la aparente fertilidad musical de estos últimos tiempos, siempre es una buena noticia la aparición de la nueva obra de un tipo al que podríamos definir como artista inquieto y músico excepcional.
Bojan Z ha intentado tocar varios palos como compositor e instrumentista en su relativamente corta carrera como líder. Desde aquel lejano y primerizo Bojan Z Quartet, pasando por los escarceos étnicos en Koreni, el riesgo del piano solo en Solobsession y el inevitable trío en Transpacifik, nuestro hombre ha dado un giro común en los tiempos que corren y ha decidido incorporar la electricidad a su trío.
Ya en Transpacifik había tonteado levemente con el Fender Rhodes, pero en Xenophonia el Rhodes y el denominado “Xenophono” (aparentemente un teclado eléctrico con algunos efectos de saturación y modulación) están presentes continuamente en el disco. Más que apoyarse en la diferencia acústica de estos añadidos, la música de Zulfikarpasic queda marcada por la concepción rítmica y armónica de los temas, que es donde está la verdadera evolución.

Con bases en ocasiones extremadamente sencillas, sobre las que Ari Hoenig y Ben Perowsky tejen polirritmos enrevesados cuando se tercia, los dedos de Bojan expanden improvisaciones repletas de ideas claras y concisas que eximen en muchos momentos al pianista de ese innecesario virtuosismo que no necesita demostrar desde hace tiempo. Remi Vignolo nos recuerda que es uno de los bajistas más sólidos del panorama europeo, con una pulsación firme y un sonido contundente que sostiene todo lo que construyen sus compañeros.
Con todos estos elementos, el disco nos ofrece varios enfoques: desde un trío contemporáneo inventando colectivamente (“Pendant ce temps...”) a un acercamiento al pop en forma de versión de David Bowie (“Ashes to Ashes”), pasando por samplear espirituales negros de principios de siglo para abrir un blues (“Xenos Blues”) y hacer un guiño a sus raíces con la participación de Krassen Lutzkanov tocando el kaval en un par de temas.
La formula puede recordar en algunos momentos a E.S.T., pero no veamos fantasmas donde no hay más que una aparente similitud formal. Mientras que E.S.T. corre peligro de ser devorado por su propio personaje, la propuesta de Zulfikarpasic es fresca, desprovista de la preciosista perfección del trío nórdico y con el atrevimiento de los músicos que tocan disfrutando, probando cosas sin miedo a fallar, interaccionando arrabaleramente, siendo sucios y sofisticados al mismo tiempo.
El disco puede no ser perfecto, pero no es un proyecto más que suena a los cuatro mismos referentes de siempre. Los instrumentos eléctricos no hay que añadirlos a la música esperando que la ésta evolucione a través de la sonoridad, sino que hay que asimilarlos y aplicarlos para que al final la personalidad del músico se mantenga sobre la particularidad acústica.
En este caso, Bojan Z ha dado un paso adelante en su música y su estilo (cada vez más personal, por cierto) esta detrás de cada nota de este Xenophonia."
Yahvé M. de la Cavada, 2006
Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify.
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