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lunes, 13 de septiembre de 2010

Diego A. Manrique - Guia del rock para idiotas (13 de septiembre de 2010)

Esta no es la primera ni la segunda vez que cito a Diego A. Manrique, pero podría hacerlo mucho más a menudo sin problema.

Pocos periodistas musicales (éste sí lo es, y con mayusculas) consiguen decir tanto con tan poco. El artículo que transcribo a continuación, publicado hoy en el diario El País, es una buena muestra de ello. No puedo estar más de acuerdo con cada palabra contenida en el texto.


GUÍA DEL ROCK PARA IDIOTAS

Diego A. Manrique 13/09/2010

Un pequeño catálogo de clisés que circulan por el universo musical. El uso reiterado de tres o más avisa que se acerca peligrosamente la calcificación mental. Cuidadín.

- Yo solo escucho música en vinilo. O en MP3 o en cartuchos de ocho pistas (sí, hay gente para todo). No entremos a discutir las ventajas sónicas de uno u otro; mejor, dejemos esas cuestiones a los audiófilos. Lo que realmente importa es el contenido; derivar el énfasis hacia el soporte revela inclinaciones fetichistas.


- Ya no se hace música como en los ochenta. O los sesenta o los cuarenta. Ahora, prácticamente todos los estilos del siglo XX están siendo revividos, con olor a naftalina o con visión actualizada, en analógico o digital. Solo la ignorancia o el conformismo pueden justificar tan audaces afirmaciones.


- A mí, X me gustaba en los primeros tiempos. Traduciendo: "X me valía cuando los conocíamos unos pocos, no ahora que los escucha hasta el frutero". Sin negar que la omnipresencia desgasta el encanto inicial de muchas propuestas, esa frase destapa un secreto del rock: a pesar de su vocación democrática, alienta el implacable elitismo de quienes tienen como principal objetivo vital estar a la última.


- 'Indie' significa "independiente". Eso sirvió en otros tiempos. Hoy, es una estética que se manifiesta en sellos pequeños... y grandes. La financiación de la música -sea por una corporación o por un supuesto mecenas- no determina su naturaleza: hay multinacionales que dejan en paz a determinados artistas y compañías diminutas que insisten en manipular a los creadores.


- Los nuevos modelos de negocio permiten la autonomía del artista. Encomiable en teoría, la práctica obliga al artista a plantearse días de 48 horas. El sistema de la industria musical puede ser detestable pero se ha mantenido durante cien años. Hay razones sólidas para que existan las discográficas, los representantes, los productores y, sí, los encargados de crear contenidos para la Red. Entre otros motivos, para que el gorrión pueda centrarse en lo suyo.


- Las críticas no importan: los artistas no leen.
Efectivamente, algunos artistas leen poco (¡ni siquiera sus propios contratos!). Pero incluso el más analfabeto tiene un prodigioso escáner que detecta su nombre en un mar de letras. Por no hablar de una memoria de paquidermo, que le permite recordar, muchos años después de su publicación, palabra por palabra, cualquier ofensa escrita.


- Los festivales son buenas ocasiones para descubrir música. Aunque el espectador venga predispuesto a las epifanías, lo cierto es que los carteles festivaleros tienden a lo genérico. Los grupos desfilan como aspirantes en una audición, repiten sets reducidos y se marchan ignorando si visitaron Bélgica o Croacia.


- La radio musical no tiene sentido en la era de Internet. La promesa -que no realidad- de la fonoteca universal resulta embriagadora. Lo mismo que la infinita oferta de programaciones de todo el planeta. Sin embargo, ocurre una desconexión de la realidad circundante cuando el oyente abandona las emisoras locales o nacionales. En vez de hacerle parte de una comunidad mayor, su vagabundeo por el mundo digital le convierte en un freak, obsesionado por bandas desconocidas y esclavo de criterios distantes.


- La música debe ser gratis; los artistas ya ganan bastante con el directo. Aún aparcando a aquellos que no pueden o no quieren actuar, pocos artistas aceptan ese trueque. Un efecto de ese desplazamiento del dinero podría ser el bajón en la calidad media de las grabaciones, frecuentemente hechas sin aportación externa en estudios caseros. Menos discutible es la subida atmosférica de las entradas para conciertos, si pueden llamarse así esos espectáculos audiovisuales controlados por un ordenador.



Artículo original publicado en El País

domingo, 21 de marzo de 2010

Jazz en Chile: un mundo por descubrir

Si algo tiene el jazz es su interminable capacidad para sorprender. No importa lo que creas saber, siempre hay algo o alguien que te deslumbra y te sorprende. Nuevos músicos, nuevos estilos, enfoques...

Hace semanas que sigo con atención varios posts del blog de Fernando Ortiz de Urbina en los que cuenta cosas muy interesantes sobre la escena jazzística en Chile, un país del que se está hablando mucho recientemente por motivos trágicos.

Reconozco que no tenía ni idea de lo que se cocía en ese país y me he llevado unas cuantas sorpresas, y todas buenas.

Os invito a pinchar AQUÍ o en la imagen para disfrutar de los comentarios de Ortiz de Urbina y, sobre todo, de los magníficos videos que los acompañan.

Todavía hay tanto por descubrir...

miércoles, 26 de agosto de 2009

"Francesco Martinelli y la enseñanza en el jazz" - Desvío a Easy Does It, blog de Fernando Ortiz de Urbina

Hay días en los que lo más reseñable no entra por los oídos, al igual que hay días que uno lee algo tan interesante y crítico que se vuelve imposible escribir algo con sentido. Hoy es uno de esos días.

Después de leer el post "Francesco Martinelli y la enseñanza en el jazz", publicado por Fernando Ortiz de Urbina en su blog, sólo me queda rogar a todos los lectores de Un Día Más, Un Disco Más que se dirijan inmediatamente a Easy Does It para leerlo, exprimiendo hasta el último de los links que contiene.

Podéis acceder al mencionado post pinchando aquí o en la imagen.


Francesco Martinelli, director del archivo de Siena Jazz y protagonista del post de Urbina

martes, 2 de junio de 2009

El Rángo Dinámico (artículo)

Me tomo la libertad de copiar este estupendo post del compañero Sr. Mondongo. Nunca he sido un talibán del sonido ni un audiófilo, pero hace ya unos años percibo como los discos suenan cada vez peor.

Leed el texto, es muy interesante.

Reino de Mondongo Servicio Público Informa:
Este artículo ha aparecido en infinidad de medios, pero no por ello deja de ser interesante y sigue incitando a la reflexión.
El autor es el ingeniero de sonido (masterización, en concreto) Bob Speer, y la traducción corre a cargo de Xavier Blanco.

¿QUÉ HA PASADO CON EL RANGO DINÁMICO?

Hay que hacerse esta pregunta, porque somos los responsables de lo que está sucediendo a la música. La música que escuchamos hoy en día no es nada más que ruido con ritmo. Y esto no es así porque la música sea mala. Es así porque carece de rango dinámico.

Cuando la música no tiene rango dinámico, pierde la pegada, la emoción y la claridad. La industria discográfica insiste en culpar a los P2P, los MP3s, las grabadoras de CD y muchos otros por la caída de las ventas de CDs. Y aunque hay algo de verdad en sus constantes gimoteos, sólo deben culparse a ellos mismos por el robo que están cometiendo contra los consumidores. No soy un abogado de ese robo. Sin embargo, la industria musical necesita reevaluar lo que considera como buena música. La moderna música de consumo no es musical en absoluto. Se puede describir mejor como anti-musical.

Es anti-musical porque la están dejando sin vida a través de la sobrecompresión durante las etapas de tracking, mezcla y masterización. Es, simplemente, no-musical. No es nada extraordinario que los consumidores no quieran pagar por la música que se produce hoy. Cuesta demasiado y suena mal. Nuestra herencia musical está siendo amenazada por esta anti-música. ¡Ya es hora de que despertemos todos en la industria musical!

Pero, ¿qué es el rango dinámico? Rango dinámico es la diferencia entre los sonidos más suaves y los más fuertes que podemos oir. O, por decirlo de otro modo, es la diferencia entre los sonidos más leves y más potentes en una grabación. El rango dinámico se mide en decibelios (dB). El rango dinámico típico para una grabación de cassette está alrededor de los 60 dB, mientras que en las grabaciones digitales actuales (CDs) puede alcanzarse un rango dinámico de 96 dB. Comparad esto con los 120 dB o más que se dan en las actuaciones en vivo.

Durante años, hemos intentado recrear las emociones de una actuación en vivo, intentando mantener un rango dinámico lo más amplio posible. Esto siempre ha sido difícil con la grabación analógica. Teníamos que situar las señales más débiles por encima del umbral de ruido, mientras manteníamos las señales fuertes por debajo del nivel de distorsión. Para evitar que las señales débiles quedasen enterradas en el ruido de cinta, había que grabarlas al mayor nivel posible. Y para evitar la distorsión de las señales fuertes, teníamos que comprimirlas, resultando en un rango dinámico reducido.

A medida que pasaron los años, se hicieron muchas mejoras en la tecnología de grabación de cinta. Esto, junto con los sistemas de reducción de ruido, ayudó a mejorar el rango dinámico de las grabaciones, pero todavía existían limitaciones. Un buen día, asistimos al nacimiento de una nueva tecnología, llamada grabación digital. ¡Guau! Ahora, con un rango dinámico superior a 90 dB, nuestras grabaciones podían rivalizar con las actuaciones en directo. Bueno, en teoría. La industria musical tenía otros planes.

En vez de usar esta nueva tecnología para tomar ventaja de su rango dinámico, la industria musical fue en la dirección opuesta. Decidieron que "más alto es mejor". De repente, nos encontramos en una carrera para ver qué CD sonaba más alto. Y la única manera de hacer que los CDs sonasen más alto era comprimir la señal más y más. Y aquí es donde estamos hoy. Todo el mundo intenta hacer que su CD suene más alto que ningún otro. La palabra que se utiliza para este proceso es "hot" (caliente). Sí, la música de hoy se graba "hot". El resultado neto: ruido con ritmo.

En diciembre de 2001, diversas personalidades de la industria discográfica participaron en un jurado de los Grammys para elegir el CD con mejor sonido. Después de escuchar más de 200 CDs, no pudieron encontrar ni uno solo que mereciese un Grammy, partiendo de los criterios que les fueron dados. Todo lo que escucharon estaba aplastado hasta el extremo, con grandes cantidades de compresión. El apaño que hicieron fue elegir el CD que presentaba menos signos de producción. Realmente, el ganador no lo fue por su gran trabajo de ingeniería de sonido; ganó simplemente porque fue el que menos había ensuciado la señal. Pensándolo bien, quizá eso ya fuese un gran trabajo de ingeniería. De todas formas, vaya manera de ganar un Grammy.

He aquí una cita de Roger Nichols, uno de los integrantes de aquel jurado: "el mes pasado, escuché todos los CDs enviados a NARAS en la categoría 'Mejor grabación no clásica'. Escuchamos 3 o 4 cortes de los 267 álbumes enviados. Cada uno de los CDs estaba comprimido al máximo, sin rango dinámico. Los finalizers y plugins estaban configurados a tope para conseguir que cada CD sonase más alto que los demás. Nadie intentó tomar partido del rango dinámico y la limpieza de la grabación digital" (EQ Magazine, enero de 2002). Roger Nichols es ganador de un Grammy e ingeniero de sonido de Steely Dan o los Beach Boys.

El mito de los CDs Radio-ready o "preparados para la radio"
"Radio ready" es un término ambiguo creado por profesionales del márketing, cuyo único objetivo es vender productos. Pero a tí te conviene ser un artista o productor informado. La radio es la gran "niveladora"; coge las canciones suaves y sin pegada, y las nivela para competir así con los temas de volúmenes más altos. En el proceso, la dinámica natural de las canciones es totalmente destruida. Pero eso no es todo. La radio también coge canciones extremadamente comprimidas, y las aplasta todavía más.

Masterizar para radio crea una situación que puede hacer que las canciones suenen peor. Aún así, muchos argumentarán que quieren un CD masterizado a niveles altos "para que suene bien en la radio". Lo que quieren realmente es que, al escucharlo en un equipo doméstico o en el coche, suene tan comprimido como se escucha en la radio.

Pero las grabaciones no necesitan un procesamiento especial para sonar bien en la radio. La radio ya se encargará de los picos de limitación y elevará el nivel ella misma. Masterizar específicamente para la radio sólo puede servir para empeorar las cosas.

Nuestra música hoy en día no tiene vida. No hay emoción ni textura, y sin duda no hay razones para comprarla. Los jóvenes aceptan este sonido "hot" porque es todo lo que conocen. No se les ha mostrado la música que suena realmente "musical". No puedo creer lo que hemos hecho a nuestra música; de algún modo hemos permitido que la radio, con su respuesta en frecuencia y rango dinámico limitados, se haya convertido en el modelo de cómo deben sonar las cosas. Queremos que los CDs que compramos suenen como en la radio. ¿Qué ha pasado con la recreación de las emociones de un concierto en vivo? ¿Es posible que hayamos avanzado en tecnología, yendo hacia atrás en nuestra forma de pensar? No necesitamos tecnología digital para crear el sonido "hot"; podríamos haberlo hecho con las grabaciones analógicas, igual de fácil.

No caigas en la trampa de los 'CDs cañeros'
Aquí tenéis un diagrama que muestra el incremento en los niveles de los CDs. Se ve claramente cómo el nivel medio ha subido a lo largo de los años, debido a las "guerras de nivel" (Level Wars) promovidas por la industria musical.

Los CDs producidos en 1985 tenían un nivel medio de -18 dB. Esto dejaba amplio margen para picos musicales, o por decirlo de otro modo, para la pegada. Es el nivel medio, y no el nivel de pico, el que da a la música su fuerza.

A medida que entramos en los 90, podemos ver el cambio gradual que tiene lugar a medida que la industria musical entra en las Level Wars y comienza a destruir la música. El nivel medio de los CDs en 1990 era de -12 dB. Luego, como muestra la gráfica, el nivel se elevó a -6 dB en 1995. En el año 2000, los CDs alcanzaron un nivel medio de -3 dB. Es importante entender que a medida que el nivel de los CDs aumentaba, el rango dinámico se reducía.

En 2002, este aumento en los niveles medios era tan pronunciado, que causó una gran pérdida en la claridad y calidad general de los CDs comerciales. En 2005, la situación era aún peor.

Necesitamos un compromiso en cuanto a lo que debiera ser el nivel medio de los CDs. Creo que deberíamos volver al nivel de 1990 (sería preferible alrededor de -14 dB). Esto nos daría un nivel saludable, ¡así como margen para generar los picos musicales que restablecerían lo que se ha perdido en la música actual! Y hay [ otros en la industria ] que comparten mis creencias.

Espero que algún día nos despertemos de esta pesadilla. Así todos podremos grabar y masterizar música del modo en que debiera ser. Debemos tomar ventaja de lo que ofrece la tecnología digital: la capacidad de hacer grabaciones sin ruido o distorsión, ¡preservando al mismo tiempo las dinámicas naturales de nuestra música!

Gritad conmigo, muy alto: ¡QUE VUELVA EL RANGO DINÁMICO!

Por [ Bob Speer ]
Traducido por Xabier Blanco, con autorización del autor


El artículo traducido está sacado de aquí.
El original en inglés está aquí: What Happened To Dynamic Range?
Otro artículo muy interesante del mismo autor sobre el mismo tema: La muerte del rango dinámico (en inglés).
Otro más sobre la relación musica-radio: What Happens to My Recording When it's Played on the Radio?



Nota: Todo esto está sacado del fantástico blog Reino de Mondongo. No dejeis de visitarlo.

lunes, 30 de marzo de 2009

Improvisación "low cost" (Iker Seisdedos, 29 de marzo de 2009)

Ayer apareció en el diario El País un artículo sorprendente, firmado por un viejo conocido. En él se habla de Ken Vandermark, Peter Brötzmann, Atomic, el sello Clean Feed, la conexión nórdica con Chigago y muchos otros temas que, según creo, no se han tratado prácticamente nunca en un medio nacional destinado al público general.

Eso se merece mucho más que un post en este humilde blog, pero es lo único que está en mi mano.


IMPROVISACIÓN LOW COST
Una nueva hornada de músicos dinamita los cimientos del jazz de Oslo a Chicago
Iker Seisdedos 29/03/2009

Los aviones que cubren el trayecto entre el aeropuerto de O'Hare (Chicago) y Gardemoen (Oslo) cargan a menudo en su panza saxofones golpeados, clarinetes bajos sin brillo y baterías parcheadas. Un creciente número de seguidores de medio mundo lo sabe. También, que las enciclopedias de jazz del futuro estudiarán la relación entre la nueva era de la aviación de bajo coste y el florecimiento de una escena global de bandas más o menos estables y escoradas hacia la libre improvisación.

Los vientos de esta revolución jazzística soplan fríos, cortantes como el acero y procedentes del lago Michigan, en la ciudad estadounidense, y del mar del Norte, en Escandinavia. Entre sus máximos representantes están Ken Vandermark, H
amid Drake, Mats Gustafsson o la banda (mitad sueca, mitad noruega) Atomic, nombre imprescindible en el circuito de festivales europeos.

Paal Nilsen-Love, de 35 años, es batería de estos últimos. Su discurso y su actividad (mantiene en funcionamiento "unos 23 proyectos
") contradicen la tan rockera imagen del tipo callado que se limita a chupar cervezas y aporrear tambores. "Por desgracia, aún existen las fronteras", se lamenta desde su casa en Oslo. "Lo que sucede es que hay tantos músicos tan buenos por todas partes que sería absurdo no ponernos en contacto si la técnica lo permite". Nilssen-Love es, en sus muchas encarnaciones, un habitual de los escenarios españoles. Con el saxofonista Ken Vandermark, en La Casa Encendida de Madrid. Con el grupo Free Music Ensemble, en el San Juan Evangelista. O con Atomic, su prioridad, en el Apolo de Barcelona.


El hombre tras tanta contratación es Sergio Merino, infatigable promotor barcelonés. "Los miembros de esta escena están haciendo su propio camino. Redefinen su profesión cada día. Tocan en infinidad de contextos", opina Merino. "Derrochan energía y prefieren una situación musical interesante mucho más que un buen hotel o una gran comida".


El patrón es común. Estos músicos adquieren técnicas de guerrilla, tocan cada noche como si no existiese el mañana y, al término del concierto, vende
n con humildad sus discos.

Estos días coinciden varios de sus lanzamientos. No es noticia. El abaratamiento de las técnicas de producción ha permitido editar sin contemplaciones, a menudo en sellos que participan del gran fenómeno de la deslocalización del jazz de sus centros habituales. La importante marca
Clean Feed se gestiona, por ejemplo, desde una tienda de discos en Lisboa. Y Nueva York se contempla como esa ciudad con demasiada pose y poco fuste. Jazzland, que fue famoso a principios de siglo como el estandarte de la explosión de pólvora mojada del jazz electrónico, destaca entre esos sellos como el más exitoso. Bajo ese logotipo ha publicado Atomic Retrograde, un triple disco (dos álbumes de material nuevo y un directo) en caja de lujo que suena a airada provocación por su arrogancia. No es sólo que el quinteto, que factura lo que podría definirse como free jazz clásico, apto para casi todos los estómagos, esté en su insultante mejor momento, sino que cuenta con aficionados suficientes como para que el envite no fracase. "Un disco triple. Pues sí, ¿por qué no?", se defiende Nilssen-Love. "Odiamos pensar que un buen día no existirán los álbumes. Ni las tiendas, que son instituciones, lugares de encuentro. Entiendo la comodidad de las descargas. Pero me resisto a dejar de salir a la calle, relacionarme, echar unos tragos, todo eso de lo que la música se compone. Por más que la mayoría ni siquiera se pregunte de dónde sale".


Hay algo de romántico y anacrónico en las ideas de estos músicos. Y también en su profundo respeto por los mayores. Joe McPhee o Bill Dixon, supervivientes del free jazz estadounidense de los sesenta y setenta, o, sobre todo, el alemán Peter Brötzmann, padre de la música improvisada en Europa y líder de un tenteto que reúne al mejor talento de una y otra generación. "Lo ves salir al escenario y soplar con esa energía. ¿Cómo demonios no va a ser un ejemplo de vida para nosotros?", se pregunta Vandermark, miembro de la banda, desde Chicago. Obviamente, sin esperar respuesta.



Artículo original publicado en El País

martes, 10 de febrero de 2009

Diego A. Manrique parte II - El 'waterloo' de la industria musical (28 de enero de 2009)

Hace unos días reproduje en este blog un artículo de Diego Manrique en el que se relataba la caída de numerosas tiendas de música. Dos días después, el propio Manrique publicó otro artículo del mismo interés que se me había pasado por completo.

Creo que sirve como excelente complemento al texto que colgué en el blog el 26 de enero, así que lo adjunto aquí:


EL "WATERLOO" DE LA INDUSTRIA MUSICAL
Un libro detalla una década de errores cometidos por las discográficas
Diego A. Manrique 28/01/2009

Nos hemos acostumbrado a leer impávidos las crónicas del desastre de la industria musical, derrotada por las descargas ilegales. Asombra saber que pudo ser de otro modo. El 15 de julio de 2000, hubo una reunión en Sun Valley (Idaho) entre accionistas de Napster, promotores del intercambio de archivos MP3, y los jefes de Universal, Sony y otros disqueros.

Con un año de existencia, Napster se acercaba a los 22 millones de usuarios, todo un fenómeno en Internet; hasta Madonna quería invertir en la empresa. Sin embargo, había sido demandada por la industria de la música grabada. Entre bambalinas, se intentaba llegar a un acuerdo extrajudicial. Tenía sentido: las encuestas revelaban que los adeptos a Napster aceptarían pagar una modesta suscripción mensual. Pero la cumbre en Idaho resultó un fracaso: Napster ofrecía ir a medias con las disqueras, pero éstas exigían más del 90% del pastel.

Las editoras sabían que, con la ley en la mano, eran propietarias de la mayor parte del material que fluía por la Red. Acertaron: pocas semanas después, una juez de San Francisco dictaminaba que no se podía permitir el intercambio de canciones con copyright. Napster se hundió, aunque hubo un intento posterior de relanzarlo como servicio legal. Las discográficas desecharon la oportunidad de subirse a un fabuloso modelo de negocio (y un extraordinario instrumento de mercadotecnia). Pasarían años antes de que la industria musical asumiera las nuevas pautas de consumo y fuera capaz de vender descargas; lo hicieron tan mal que un intruso como Apple se impuso con iTunes y el iPod. Para entonces, se habían multiplicado las redes P2P, habituando a centenares de millones de personas a bajarse música -y películas- gratis.

Es una de las historias ejemplares que cuenta Steve Knopper en el libro Appetite for self-destruction, recién publicado en EE UU. El subtítulo resume su argumento: "El espectacular fracaso de la industria del disco en la era digital". Knopper, redactor de Rolling Stone, no es un fundamentalista que quiera abolir el derecho de propiedad intelectual. Hasta manifiesta nostalgia por los tiempos locos de las disqueras.

Knopper recuerda que la industria vivió años de vacas increíblemente gordas entre 1984 y 2000, gracias a una afirmación discutible y una clara mentira: convencieron al público de que el CD era un soporte superior al elepé y que su fabricación era más cara. Se multiplicó por dos el precio de un lanzamiento y se persuadió al público a pagar el doble por música que ya poseía en vinilo. Además, se desatendió conscientemente el mercado del single (es decir, la canción suelta) para potenciar el disco largo, abundante en rellenos pero más rentable.

La consiguiente lluvia de millones, unida a la euforia desatada por megaéxitos como Thriller, logró que se perdiera todo sentido de la proporción. Se firmaron contratos tan generosos -Prince, REM, Springsteen, el propio Michael Jackson- que resultaban ruinosos si el artista vendía menos de 10 millones de copias de cada nuevo título. La estética dominante fue la de grupos prefabricados de chavales guapitos, muñecas, tenores volcados al pop, raperos de diseño.

En ese proceso, la industria fue enemistándose con los consumidores más exigentes. Hasta los mismos creadores se olvidaron de quién les había colocado allí. Knopper personifica en Metallica la pérdida de contacto con la realidad: contagiado por la histeria desatada por Napster, el grupo fue persuadido para que demandara a los fans que se intercambiaban su música. Desde entonces, el negocio discográfico ha ido encadenando errores que degradan aún más su imagen: saber que en las cárceles españolas están docenas de manteros hace difícil simpatizar con las desdichas de una industria llena de simpáticos pícaros que, por decirlo suavemente, nunca se preocuparon por la moralidad de sus actos.


Artículo original publicado en El País

lunes, 26 de enero de 2009

Diego A. Manrique - Tan listos, tan rencorosos (26 de enero de 2009)

Voy a tomar prestada la voz de Diego A. Manrique (su pluma para ser exactos) y dejar aquí este texto publicado en El País de hoy.

TAN LISTOS, TAN RENCOROSOS
Diego A. Manrique 26/01/2009

El ciberespacio está triturando las tiendas de discos: en pocos días, me entero del colapso de varios establecimientos de los que conservaba gratos recuerdos. En Londres, desaparece Sister Ray, que tenía el stock más ecléctico del Soho. Ninguna broma: en cinco años, las 1.500 tiendas independientes británicas han quedado reducidas a la cuarta parte. Resultado: hundimiento de distribuidoras indies como Pinnacle y asfixia para las disqueras modestas, que se plantean dejar de editar singles físicos, su gran baza en un país donde las listas de éxitos son una pasión nacional. Otros desastres. En Nueva York, anuncian para abril la clausura de la megatienda Virgin en Times Square, tan cómoda por sus horas y su situación. Y un amigo de Barcelona me avisa que la cadena Castelló ha presentado suspensión de pagos.

Intentando confirmar esa última noticia, entro en Internet. Efectivamente, estaba cantado: en un año, Castelló ha perdido el 25% de ventas. El futuro de sus 10 tiendas en Cataluña queda en manos de los acreedores, que pueden aceptar una fórmula de continuidad u optar por liquidar las existencias. Pero la búsqueda me lleva a foros donde se comenta la mala nueva y me quedo boquiabierto.

Se supone que Castelló es una institución barcelonesa: en activo desde 1933, hasta tiene la Medalla de Oro de la Ciudad. Dicen que marcó tendencia en la rehabilitación del Raval al reinventar Tallers como la calle de los discos. Sin embargo, en los foros ni siquiera hallas comprensión por la situación de sus 53 trabajadores; más bien, un deleite no disimulado. Existe una guerra abierta entre la industria discográfica y la gran masa que ha decidido que la música debe ser gratuita. Aunque entienda sus motivaciones, me asombran esos pirómanos que celebran todo lo que signifique dificultades para el negocio musical. Aparentemente, piensan que el cierre de Castelló supone noches de insomnio para Teddy Bautista y Alejandro Sanz.

Se declaran melómanos pero parecen creer que la música brota como las setas, sin necesidad de abono monetario. Para ellos, la industria es un dinosaurio que no supo adaptarse a las nuevas tecnologías y se merece todas sus desdichas: que sufra antes de evaporarse. Pueden ir de ácratas pero ejercen de justicieros del mercado libre, corifeos de la Escuela de Chicago.

Así que los foros se llenan de argumentos demagógicos, de gente harta de "artistas que llevan sus fortunas a paraísos fiscales". Algún listo sugiere que vendan discos de "grupos menos conocidos, de esos que no tienen 20 managers robando". También aparecen los sarcasmos: "Que pidan ayuda a la SGAE, que no sabe qué hacer con los millones del canon". En honor a la verdad, hay atisbos de mala conciencia: los que se escudan en que los dependientes de Castelló eran antipáticos y que tenían precios caros.

Para muchos, me temo que caro y antipático es todo lo que cueste por encima de un CD virgen y obligue a desplazarse: puede que nunca hayan entrado en una tienda de discos ni tengan intención de hacerlo. Se han acostumbrado a disfrutar de la música subvencionada.

Sí, sub-ven-cio-na-da por esa minoría que todavía adquiere discos y así mantiene el tembloroso tinglado de empresas que continúan produciendo música, importando, recopilando y promocionando música.

[Quién necesita a esos musiqueros, oigo teclear: no saben que, zas, todo llega mágicamente a la Red]


Artículo original publicado en El País

jueves, 11 de diciembre de 2008

Un poco de verdad de mano de Miguel Ángel Martín

Miguel Ángel Martín ha editado recientemente la colección de historias Bitch (la cupula) y la novela gráfica Playlove (rey lear). Sin llegar a las cotas de calidad de obras como Psycopathia Sexualis o Rubber Flesh, su regreso a las estanterías de las librerías es una gran noticia.

En una entrevista concedida a guiadelcomic.com, Martín ha declarado: "He perdido temporalmente el interés en la ficción en general, incluido el cine o la novela porque no encuentro cosas que me impresionen o me motiven. Los comics autobiográficos tan en boga no los soporto. Son siempre gente pringando el moco y tristona y además no me lo creo, es como falso, memos tirándose el rollo para hacerse los sensibles, cuando detrás no hay más que una ridícula actitud de niño mimado. ¿No hay nadie en el mundo del cómic que cuente una vida interesante e intensa como lo han hecho en la literatura Burroughs, Bukowski, Cèline o Miller, por citar algunos? Tengo la impresión de que en el mundo del cómic faltan lecturas, información y vida. No me interesa nada la mediocre exhibición de narcisismo tan propia de estos tiempos, lo mismo se puede decir de esa mierda que llaman cine indie o de la música con esa etiqueta. Estoy bastante harto del rollito "retro" en todo. Lo que de verdad me interesa es la época que vivimos por sí misma, que es asombrosa, pero no sus mediocres subproductos artísticos, caracterizados por el miedo al futuro, la nostalgia, el sentimentalismo, la baja autoestima, la falta de sentido del humor, características propias de la cultura del narcisismo que define esta época de transición que estamos viviendo".

Hay grandes cómics autobiográficos en el mercado, pero es cierto que hay una desagradable epidemia de ombliguismo banal y patético. En cuanto a lo indie (término que ya ha quedado diluido), lo retro y los subproductos artísticos, más de acuerdo no puedo estar.

otros días, otros discos

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