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jueves, 19 de julio de 2012

John Lee Hooker - Alone (1976)

John Lee Hooker lo sabe todo. Su voz es sabia, sus historias eternas. Su guitarra siempre va a tiempo, aún cuando no va a tiempo. Es el Blues.

Cuando toca él solo, se sienten los huesos bajo la carne. Su voz es hipnótica. Es difícil de describir. Como si hiciese falta.

John Lee Hooker lo sabe todo. O, al menos, suena como si así fuera.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Wovenhand: la llamada de la tierra (2 de diciembre de 2010)



Artículo publicado originalmente en Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com, el 2 de diciembre de 2010

Quienes vieron a Wovenhand (también escrito Woven Hand) en alguna pequeña sala durante su gira de presentación del álbum Ten Stones (2008), hablan de una experiencia única, de un concierto imposible de describir. Dos años después, con su flamante nuevo disco bajo el brazo, Wovenhand regresan a los escenarios españoles para mantener esa leyenda, y lo harán en cuatro fechas repartidas a primeros de diciembre: sábado 4 en Bilbao (Kafe Antzokia), miercoles 8 en Valladolid (Asklepios), jueves 9 en Madrid(Caracol) y viernes 10 en Barcelona (La [2] de Apolo).
The Threshing Floor, aparecido hace unos meses, bien podría ser el mejor disco de Wovenhand. En él se conjugan todas las constantes de la música de su líder y frontman David Eugene Edwards, auténtico motor de la banda y ex cantante de otra que merece la pena reescuchar: 16 Horsepower.
No es extraño, por tanto, que haya un poderoso nexo estilístico entre Wovenhand y 16 Horsepower, ya que los primeros nacieron en 2001 a raíz de una pausa en la actividad de los segundos. Cuando los Horsepower se disolvieron en 2005, Wovenhand quedó como único receptor de las creaciones de Edwards y, poco después, lo que era un proyecto personal se convirtió en el heredero de 16 Horsepower, con la entrada en Wovenhand de uno de sus miembros fundadores, Pascal Humbert.

Wovenhand
 suenan diferente a casi todo. La suya es una música indomésticable, primaria, terriblemente oscura y difícilmente asociable a un momento o un lugar. Parece surgida de las montañas de Colorado, su lugar de origen, nacida entre la inhospita aridezdel suelo rocoso, como una hierba mil veces extinguida y mil veces renacida. Sobre uno o dos acordes tocados de forma obsesiva construyen miles de detalles, una maraña de sonidos que envuelve la chamánica voz de Edwards en un alarde de intensidad contenidae hipnótica.
Es música muy personal que se resiste a la clasificación, creada a partir de la unión del country alternativo, el post punk, el folk o los cantos tradicionales nativos americanos. Se le pueden sacar referentes, aunque ninguno determinante. En el lado más evidente estaría el aspecto más rural de Mark Lanegan o el más tenebroso de Nick Cave, pero también se perciben retazos de la Velvet Underground, las bandas británicas más oscuras de los 80 y una especie de neofolk industrial (por llamarlo de alguna forma delirante) que parece maldecir a todos las bandas adscritas a la absurda etiqueta de “americana”.
The Threshing Floor es un disco en el que sumergirse, dejándose arrastrar por su espiritualidad y por los arrebatos casi hímnicos de Edwards y los suyos. Debido a su condición independiente, que no Indie (lo publica el sello Sounds Familyre), no es muy probable que lo veamos en muchas listas de lo mejor del año, aunque virtudes no le faltan.
Por otro lado, esta es una de esas bandas que pierden fuerza en grandes escenarios o festivales, con lo que merece la pena verles en situaciones reducidas, al calor de una pequeña sala que les permita alcanzar esa conexión mística con el público. Si en estudio le dejan a uno sin aliento, imagináoslo en directo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

El blues de Gregg Allman


(Publicado originalmente en ELPAIS.com el 27 de enero de 2011)

Casi todas las viejas glorias de los 60 y 70 acaban haciendo un disco de blues. Parece una especie de trámite de madurez, un soplo de categoría en carreras que, en ocasiones, han quedado estancadas. Ese tipo de proyecto resulta más natural en músicos como Gregg Allman, alguien que ha nutrido su carrera de ramificaciones del blues y de un southern rock infestado de pentatónicas, estructuras sencillas y guitarristas particularmente hábiles en ese campo.

Con 63 años a la espalda y todavía liderando una de las mejores versiones de la Allman Brothers Band, el hermano que siempre estuvo a la sombra del mítico Duane Allman ha hecho su mejor jugada en décadas: contratar a T-Bone Burnett para sacarse un gran disco de la manga en la que, a estas alturas, no parecía que le quedase nada.

En las primeras escuchas, Low Country Blues se revela como un disco que suena bien, muy bien. Tiene carácter, ritmo y suficientes virtudes para destacar entre las novedades de blues y rock; suena tradicional y actual a partes iguales, y la mano de T-Bone Burnett se nota mucho. Tanto, que llega un momento en el que uno casi se olvida de Gregg Allman.

Ahí radica el mayor “pero” del álbum: es un buen disco de blues, pero podría ser de cualquiera. Allman canta realmente bien, versioneando a Skip James, Otis Rush, Muddy Waters o Sleepy John Estes con mucha solvencia y tirando de registros diferentes. Pero, al final, lo que más llama la atención es la atmósfera creada por la dirección de Burnett y algunos de los músicos implicados en el proyecto.

Entre estos destaca Mac Rebennack –más conocido como Dr. John–, haciendo brillar su piano de Nueva Orleans en la mayor parte de los temas, y el guitarrista Doyle Bramhall II que, como buen acólito de Eric Clapton, suena muy parecido a este último en muchos momentos.

La sección rítmica también es incuestionable, con el sólido contrabajo de Dennis Crouch y el gran Jay Bellerose, batería de técnica tan extraña como personal, reconocible al instante y una de las claves del éxito de las producciones de Burnett o de Joe Henry (otro gran revitalizador de leyendas). Con él de por medio, es normal desviar la atención hacia la percusión más que con cualquier otro batería de su estilo, por inimitable y por original.

Todos ellos están al servicio de Burnett, eterno productor de moda entre quienes buscan ahondar en las raíces de la música norteamericana. Desde sus inicios como guitarrista de la Rolling Thunder Revue de Bob Dylan, Burnett ha sido un tipo de gusto refinado que ha dedicado más tiempo a construir una intachable carrera como productor que a su pequeña, pero selecta, discografía como líder. Low Country Blues le debe tanto a él como al propio Allman, por no decir más.

Sea por el motivo que sea, lo último de Gregg Allman podría ser lo mejor que ha hecho desde aquel Laid Back que grabó el mismo año en que salió el primer disco de la Allman Brothers Band sin su hermano Duane. Gregg nunca tendrá el talento o el carisma de éste, ni llegará a desarrollar una gran personalidad, pero hay algo que no se le puede negar: tiene la autenticidad de quienes han estado ahí durante décadas, presenciando en primera fila el crecimiento y evolución del rock americano. No será genial, pero es historia.

domingo, 13 de febrero de 2011

Jeff Lang - Chimeradour (2009)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"El australiano Jeff Lang es uno de esos tipos que impresionan cuando les ves en directo. Irradia una fuerza e intensidad tremendas, tanto con banda como en solitario. “Chimeradour”, su último álbum, es un compendio de todas las facetas de Lang, desde la más acústica, como songwriter de categoría, a la más eléctrica, como guitarrista espectacular.




En esto último destaca particularmente, ya que sus habilidades están muy por encima de la media. Su técnica principal es el slide (aunque domina todos los aspectos del instrumento) y lo utiliza con la misma destreza para acariciar al público o para lanzarle poderosas ráfagas de rock’n’roll. En esto coincide con el también australiano John Butler, un guitarrista influenciado por Lang que también vale la pena descubrir.


Hace pocos meses, Jeff Lang estuvo de gira por nuestro país, dejando tras de sí unos cuantos públicos boquiabiertos. “Chimeradour” es una buena forma de conocer la obra de este guitarrista y cantante que representa a la perfección el papel del músico que merece mucho más reconocimiento del que tiene. Y, por cierto: cuando vuelva de gira por aquí, estad atentos."



Pinchando AQUÍ puedes leer el artículo completo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Jimi Hendrix - Electric Ladyland (1968)

Hoy hace cuarenta años de la muerte de Jimi Hendrix. No voy a hablar de su contribución a la música porque es innecesario. Prefiero hablar (un poco) de la contribución de su música a mi vida.

Hendrix es, para mi, un verdadero padre musical. El primer disco suyo que escuché fue Are You Experienced?, en una vieja cassette grabada que se instaló en mi walkman durante bastante tiempo cuando era un adolescente. Desde entonces, todos sus discos han sido mi favorito (tal vez Axis no, pero no estoy seguro) en un momento u otro de mi vida, pero ahora mismo elegiría sin dudar Electric Ladyland.



Desde que empecé a tocar la guitarra, Hendrix ha sido un referente tremendo para mi, aunque hasta hace poco nunca le habría tenido como mi principal influencia. Resulta que hace unos meses, cuando terminamos de grabar y mezclar el disco de Electric Solo (de próxima aparición) yo llevaba mucho tiempo (años, tal vez) alejado de la música del guitarrista. Un día, a raíz de la aparición de su disco inédito Valleys of Neptune, volví a reescucharle y fui consciente de algo: Hendrix es, sin niguna duda, mi principal y mayor influencia como guitarrista. No debería sorprenderme, pero el tamaño de su huella en mi forma de tocar es enorme (tanto como la irreductible distancia entre su talento y mis humildes improvisaciones).

Sé que todo esto no es más que una elucubración personal, pero quería acercarme a la figura de este genio así, de manera personal.

Volviendo al disco, aparte de los obvios "Voodoo Child (Slight Return)", "All Along The Watchtower" o "Crosstown Traffic", mis temas favoritos son "Voodoo Chile" y, sobre todo, "1983... (A Merman I Should Turn To Be)", un tema que redescubrí hace poco gracias a Taylor Ho Bynum (creo que fue por él por lo que reescuché Electric Ladyland por primera vez en años).



"1983... (A Merman I Should Turn To Be)" es un tema que conjuga la música que queremos hacer con el proyecto Electric Solo en este momento y es una escucha recurrente antes de afrontar una actuación.

Por todas estas cosas, y por algunas más, hoy me siento como si fuera el cumpleaños de mi padre. Y tras reescuchar de nuevo Electric Ladyland sigo pensando que es una obra maestra. Esencial, básico, de isla desierta, como queráis llamarlo.

Deberían ponerlo en los colegios y en todas las cámaras, congresos, senados y templos religiosos de este corrupto mundo. Tal vez así las cosas irían mejor.


Nota: Ni Spotify ni leches, si no tienes Electric Ladyland, sal inmediatamente a la calle y hazte con una copia.

Entretanto, dejo aquí un asombroso video de una actuación de Jimi Hendrix Experience en 1969. Vedlo completo.
Después de un fabuloso "Voodoo Child", el grupo hace una desmelenada intro a "Hey Joe" (un tema del que Hendrix estaba hasta el gorro y que seguía tocando por compromiso), entran en el tema con la guitarra de Jimi terriblemente desafinada y, después de un par de estrofas, Jimi corta en seco y dice que van a dejar de tocar "esa mierda" para homenajear a los recién separados Cream con "Sunshine Of Your Love", algo completamente fuera de lo programado por la BBC.
Todo lo que toca en este video, hasta el rato que está con media guitarra desafinada, es Hendrix en estado puro.
Es perfecto. Es lo que le hace tan grande.

jueves, 11 de marzo de 2010

Johnny Copeland - Copeland Special (1981)

Johnny Copeland fue uno de los más grandes bluesmen tejanos de la segunda mitad del siglo XX. Nacido en 1937, no grabó su primer disco hasta 1981, con el sello Rounder Records.

Copeland Special es una impresionante descarga de blues auténtico y sin concesiones. La guitarra y la voz de Copeland son impresionantes y están arropadas por una big band de élite que le da ese inconfundible carácter tejano.



Entre los miembros (y solistas) de dicha banda están George Adams, Arthur Blythe y Byard Lancaster, nada menos. Sólo por eso ya merecería la pena el disco, pero Copeland Special tiene mucho más y es, sin ninguna duda, uno de los grandes discos de blues de los años 80.


Nota: La única forma que he encontrado de poner audio ha sido a través de youtube (mi copia es en vinilo, sorry). Pincha en la portada para escuchar un temazo de este disco.

jueves, 18 de febrero de 2010

Radio Moscow - Radio Moscow (2007)

El pasado martes estuve viendo en directo a Radio Moscow, una banda eléctrica y potente que acaba de sacar su segundo disco. Hace dos años debutaron con este disco homónimo, una descarga de blues rock setentero que suena realmente bien.

Radio Moscow son herederos directos de Cream, Jimi Hendrix Experience, los primeros Allman Brothers e incluso de Rory Gallagher en ciertos momentos; es decir, un demoledor power trio protagonizado por la excitante guitarra de Parker Griggs.



En el disco es el propio Griggs quien graba la batería (?!) y hace las labores de vocalista, pero es con la guitarra con lo que realmente se luce. La otra mitad de Radio Moscow, Luke McDuff, también es un bajista excepcional y tiene un sonido tremendo.

Es difícil reflejar en disco el poderoso directo del trío de Iowa, pero Radio Moscow es un gran debut que se queda muy corto, con sus menos de cuarenta minutos de duración.


Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify.

jueves, 28 de enero de 2010

Lightnin' Hopkins - Blues In My Bottle (1961)

Si por un casual no conocías la música de Lightnin' Hopkins y lo estás haciendo a través de este blog, me debes una; y gorda.

Si ya conoces a este imprescindible bluesman tejano, no puedo decirte nada que ya no sepas después de escucharle.



En cualquier caso, Hopkins es como el cine de John Ford: cada cierto tiempo hay que volver a él.
Y nunca defrauda.


Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify.

martes, 4 de agosto de 2009

Elliott Sharp’s Terraplane - Do the Don’t (2004)

"La idea de un free-blues generosamente electrificado y salpicado de jazz no es nueva, pero el desparpajo de Sharp se hace querer. (...) Además del impagable Furnace, invitados como el gran Hubert Sumlin, Dean Bowman o Anthony Coleman sitúan al mejor disco de Terraplane como la puerta perfecta para acceder al universo musical de Elliott Sharp". (Extraido de mi reseña para Cuadernos de Jazz)

Pinchando aquí, la reseña completa.




Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify.

lunes, 16 de marzo de 2009

Luther Allison - Hand Me Down My Moonshine



A veces parece que algunos bluesmen no han cogido una guitarra acústica en su vida.
Luther Allison es uno de ellos, recordado principalmente por sus vibrantes discos eléctricos y por sus intensos conciertos.

Hand Me Down My Moonshine es una sesión completamente acústica que revela una faceta más de este fantástico músico.

Aquí hay raíces, montones de ellas y, aunque Allison no es Son House, Lightnin' Hopkins o Bukka White (ni lo que hace tiene que ver con ellos), no se puede negar que es auténtico.

sábado, 7 de marzo de 2009

Elliott Sharp’s Terraplane - Forgery

Elliott Sharp (a.k.a. E#), guitarrista, multiinstrumentista, compositor y productor, montó hace unos años el proyecto Terraplane para tocar un poco de blues. Hasta ahí todo normal porque ¿qué guitarrista no acaba grabando un disco de blues?

Pero Sharp no es un guitarrista normal. Su personalidad explosiva y transgresora se deja ver también en Terraplane, produciendo un blues muy particular (bueno, no tan particular, ya que bebe mucho de la obra de James "Blood" Ulmer).



Forgery es su último disco con este proyecto y en él cuenta con los potentes vientos de Curtis Fowlkes y Alex Harding, además de su rítmica habitual y la voz de Eric Mingus (si, el hijo de Charles) .

Todo lo que graba Terraplane es una buena dosis de blues denso, deslenguado, intenso y salvaje. Inclasificable pero muy interesante.

otros días, otros discos

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