El otro día publiqué aquí la reseña del disco de The Lost Chords find Paolo Fresu, pero lo que quería realmente era publicar la reseña del concierto que este mismo grupo ofreció en Bilbao en abril de 2010.
La reseña fue publicada originalmente en Tomajazz.
CARLA BLEY – THE LOST CHORDS FIND PAOLO FRESU - Ciclo 365 Jazz Bilbao (2010)
Dentro de la errática programación de 365 Jazz Bilbao aparecen de vez en cuando conciertos de primera categoría, como el de Carla Bley y su proyecto The Lost Chords. Mediante la coletilla “find Paolo Fresu”, el grupo se convirtió en quinteto en su última encarnación y así es como pudimos disfrutarlo en el recién reabierto Teatro Campos Elíseos. Según aclaró la propia Carla, era la primera vez que el grupo actuaba en casi dos años, algo que nadie hubiese percibido de no haber sido anunciado.
La química entre el grupo original, con Bley, el fiel Steve Swallow, Andy Sheppard y Billy Drummond, es algo muy serio, y la unión con Fresu no hace más que enriquecer el conjunto. Todos son solistas (incluso Carla tuvo un momento de despegue) y cada uno tiene su rol perfecto y definido. Un grupo muy difícil de cuestionar.
Abrieron el concierto con la larga suite “The Banana Quintet”, un conjunto de composiciones impresionante. Tanto, que en directo ocurre algo muy parecido a lo que uno encuentra en el último disco del grupo: “The Banana Quintet” es una obra tan perfecta, compacta y redonda que todo lo que viene después suena a extra, a bis largo.
Paolo Fresu y Andy Sheppard protagonizaron varias partes solistas pero, como suele ocurrir cuando está Steve Swallow por medio, el bajista ofreció los momentos más interesantes del concierto. El técnico de sonido no supo acompañarle pero, las líneas de Swallow, melódicas y misteriosas, volvieron a elevarse sobre un auditorio que le ovacionó calurosamente al final del concierto.
Entre los temas interpretados después de “The Banana Quintet” hay que destacar una habanera del maestro Manuel Iradier con la que Bley conquistó al público bilbaíno, y la versión de “Ad Infinitum” con la que se cerró el recital, un tema que se grabó originalmente para el maravilloso Dinner Music y que Bley recuperó para este grupo en su último disco.
Carla Bley, sea con la formación que sea, siempre es una apuesta segura, al igual que Charlie Haden, otro protagonista de esta temporada de 365 Jazz Bilbao. En el futuro, sería fantástico poder verlos juntos, con toda la Liberation Music Orchestra arropándolos. Por pedir que no quede.
Yahvé M. de la Cavada, 2010
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lunes, 9 de enero de 2012
viernes, 29 de enero de 2010
Carla Bley / Steve Swallow / The Partyka Brass Quintet - Carla’s Christmas Carols (2009)
Extraído de mi reseña para Cuadernos de Jazz:
"Admitámoslo: siempre que un músico que nos gusta decide grabar un disco navideño nos echamos a temblar, y motivos no nos faltan. Muy pocos de entre los que se han enfrentado a esa situación han salido de ella con dignidad y, por el contrario, muchos han caído en el más absoluto de los ridículos."
"Sin ninguna duda, el mejor disco de villancicos con el que me he topado en toda mi vida. De hecho, no se parece a ninguno que haya escuchado."
Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ.

"Admitámoslo: siempre que un músico que nos gusta decide grabar un disco navideño nos echamos a temblar, y motivos no nos faltan. Muy pocos de entre los que se han enfrentado a esa situación han salido de ella con dignidad y, por el contrario, muchos han caído en el más absoluto de los ridículos."
"Sin ninguna duda, el mejor disco de villancicos con el que me he topado en toda mi vida. De hecho, no se parece a ninguno que haya escuchado."
Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ.

jueves, 30 de julio de 2009
George Russell - Ezz-thetics (1961)
Según me enteré de la muerte de George Russell, me puse rápidamente a reescuchar Ezz-thetics. Fue una especie de impulso, unas ganas irrefrenables de recuperar un disco que considero importantísimo.

Ésta es una de las obras capitales de Russell y fue grabada por, presumiblemente, la mejor formación que tuvo su sexteto. Steve Swallow debutó en esta sesión, y además de Dave Baker, Don Ellis y Eric Dolphy son dos solistas impresionantes. Podemos considerar sus aportaciones al disco como algunos de los mejores solos grabados en la primera mitad de los 60.
Un disco mítico de escucha obligada. Música de primerísima calidad y de una modernidad escalofriante, que uno puede llevarse a los oídos una y otra vez sin cansarse.
Nota: Pinchando en la portada puedes, y debes, escuchar el disco en Spotify.

Ésta es una de las obras capitales de Russell y fue grabada por, presumiblemente, la mejor formación que tuvo su sexteto. Steve Swallow debutó en esta sesión, y además de Dave Baker, Don Ellis y Eric Dolphy son dos solistas impresionantes. Podemos considerar sus aportaciones al disco como algunos de los mejores solos grabados en la primera mitad de los 60.
Un disco mítico de escucha obligada. Música de primerísima calidad y de una modernidad escalofriante, que uno puede llevarse a los oídos una y otra vez sin cansarse.
Nota: Pinchando en la portada puedes, y debes, escuchar el disco en Spotify.
sábado, 25 de julio de 2009
44 Heineken Jazzaldia - Día 3/Day 3 (Hank Jones Trio, Joe Lovano UsFive, Roy Haynes Trio, Carla Bley Big Band) - ESPAÑOL/ENGLISH
El tercer día de Jazzaldia ha resultado uno de los más intensos.
Cuando se trata de escuchar a alguien como Hank Jones, entramos en un terreno completamente diferente. Hablamos de ver a alguien que ha inventado parte de los recursos que miles de pianistas utilizan desde entonces; una especie de vuelta al primer capítulo, al lugar donde se sentaron algunas de las bases del jazz.
Jones dio un concierto sofisticado y relajado junto al gran George Mraz –a quien presentó como “el mejor contrabajista del mundo”- y a Willie Jones III. Su forma de marcar el tiempo, tan tenue como sólida, es el preludio perfecto a esa inigualable forma de tocar, acariciando suavemente las teclas como si la música, simplemente, brotase de sus dedos. Una lección de sabiduría, en definitiva, servida junto a un puñado de standards, cuatro generosos bises y mucho, muchísimo swing.

Más tarde, en la Plaza de la Trinidad, el programa doble era uno de los más atrayentes del festival. En primer lugar, la nueva banda de Joe Lovano, con James Weidman, Esperanza Spalding, Otis Brown III y Francisco Mela. El nivel de Lovano siempre es alto pero en este caso su grupo resulta un tanto desigual.
En muchos momentos es difícil encontrar el sentido a las dos baterías y a Spalding le queda un gran camino por recorrer antes de ser verdaderamente competente en algunos contextos. Weidman es estupendo e hizo algunos solos remarcables, pero da la sensación de que esta banda sólo funciona cuando la guía Lovano.

Y volviendo a los veteranos, Roy Haynes fue el siguiente en subir al escenario. Con David Kikoski sustituyendo a Danilo Perez, y John Patitucci al contrabajo, Haynes ofreció el concierto irrefutable que uno espera de una leyenda. Analizándolo fríamente, la música no tenía nada de especial, excepto porque la empujaba Haynes. Kikoski es un pianista excelente al que, en mi opinión, no se valora en su justa medida, pero el protagonista de la noche era el bueno de Roy. El batería se mostró dinámico e insultantemente juvenil, en un concierto más que disfrutable.

La noche se cerró con la Big Band de Carla Bley, en una actuación presentada por Cuadernos de Jazz. Intenso, complejo y atemporal, el proyecto de Bley puede llevarte de los años 20 al siglo XXI en unos minutos -pasando por varias décadas- sin dejar de ser personal en ningún momento. Entre la pluma de la líder, el impresionante bajo de Steve Swallow y solistas como Gary Valente, Andy Sheppard, Wolfgang Puschnig o Lew Soloff, es difícil encontrarle fallos a este concierto, uno de los mejores del festival sin ninguna duda.
Un día agotador, en el mejor de los sentidos, que precede a otra de las jornadas más interesantes de este Jazzaldia. Pero de eso hablaremos mañana.
The third day at the Jazzaldia turned out to be one of the most intense ones.
When it comes to listen to someone as Hank Jones, we are in a different field. It implies watching someone who invented some of the resources repeated since then by thousands of piano players; a kind of coming back to the first chapter, to the place where some of the jazz foundations were laid. Jones performed a relaxed and sophisticated concert with George Mraz –introduced by Jones as “the best double bass player of the world”- and Willie Jones III. His way of setting the tempo, so faint and solid at the same time, was the perfect prelude to that unequalable way of playing, lightly touching the keys, as if music were simply coming out of his fingers. A lesson of wisdom, in short, served with a handful of standards, four generous encores and a lot of swing.
Later, at the Trinidad Square, the double programme was one of the most appealing of the festival. Firstly, the new band of Joe Lovano, with James Weidman, Esperanza Spalding, Otis Brown III and Francisco Mela. Lovano’s level is always high, but his band seemed quite unequal to me. Two drums don’t make any sense sometimes and Spalding still has a long way to go before being competent in some contexts. Weidman is wonderful and he performed very remarkable solos, but the band only worked when leaded by Lovano.
Talking about veterans again, Roy Haynes was the next one on stage. With David Kikoski substituting Danilo Perez and John Patitucci on the double bass, Haynes offered the undeniable concert expected from a legend. Thinking objectively, the music doesn’t have anything special, apart from being pushed by Haynes. In my view, Kikoski is a superb pianist not fairly valued, but the night’s major figure was the good Roy. The drum player was dynamic and he seemed incredibly young, in a more than enjoyable concert.
The night ended with Carla Bley Big Band’s performance, presented by Cuadernos de Jazz. Intense, complex and timeless, Bley’s project can take you back from the 20’s to the XXI century in a few minutes –going through various decades- being personal from first to last. Not only because of the frontwoman’s quill but also because of the impressive bass of Steve Swallow and soloists as Gary Valente, Andy Sheppard, Wolfgang Puschnig or Lew Soloff is difficult to find fault with this concert, one of the best of the festival beyond the shadow of a doubt.
An exhausting day, in the nicest sense of the word, which precedes one of the most interesting days of this Jazzaldia. Anyhow, I´ll speak about that tomorrow.
Cuando se trata de escuchar a alguien como Hank Jones, entramos en un terreno completamente diferente. Hablamos de ver a alguien que ha inventado parte de los recursos que miles de pianistas utilizan desde entonces; una especie de vuelta al primer capítulo, al lugar donde se sentaron algunas de las bases del jazz.
Jones dio un concierto sofisticado y relajado junto al gran George Mraz –a quien presentó como “el mejor contrabajista del mundo”- y a Willie Jones III. Su forma de marcar el tiempo, tan tenue como sólida, es el preludio perfecto a esa inigualable forma de tocar, acariciando suavemente las teclas como si la música, simplemente, brotase de sus dedos. Una lección de sabiduría, en definitiva, servida junto a un puñado de standards, cuatro generosos bises y mucho, muchísimo swing.
Más tarde, en la Plaza de la Trinidad, el programa doble era uno de los más atrayentes del festival. En primer lugar, la nueva banda de Joe Lovano, con James Weidman, Esperanza Spalding, Otis Brown III y Francisco Mela. El nivel de Lovano siempre es alto pero en este caso su grupo resulta un tanto desigual.
En muchos momentos es difícil encontrar el sentido a las dos baterías y a Spalding le queda un gran camino por recorrer antes de ser verdaderamente competente en algunos contextos. Weidman es estupendo e hizo algunos solos remarcables, pero da la sensación de que esta banda sólo funciona cuando la guía Lovano.
Y volviendo a los veteranos, Roy Haynes fue el siguiente en subir al escenario. Con David Kikoski sustituyendo a Danilo Perez, y John Patitucci al contrabajo, Haynes ofreció el concierto irrefutable que uno espera de una leyenda. Analizándolo fríamente, la música no tenía nada de especial, excepto porque la empujaba Haynes. Kikoski es un pianista excelente al que, en mi opinión, no se valora en su justa medida, pero el protagonista de la noche era el bueno de Roy. El batería se mostró dinámico e insultantemente juvenil, en un concierto más que disfrutable.
La noche se cerró con la Big Band de Carla Bley, en una actuación presentada por Cuadernos de Jazz. Intenso, complejo y atemporal, el proyecto de Bley puede llevarte de los años 20 al siglo XXI en unos minutos -pasando por varias décadas- sin dejar de ser personal en ningún momento. Entre la pluma de la líder, el impresionante bajo de Steve Swallow y solistas como Gary Valente, Andy Sheppard, Wolfgang Puschnig o Lew Soloff, es difícil encontrarle fallos a este concierto, uno de los mejores del festival sin ninguna duda.
Un día agotador, en el mejor de los sentidos, que precede a otra de las jornadas más interesantes de este Jazzaldia. Pero de eso hablaremos mañana.
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The third day at the Jazzaldia turned out to be one of the most intense ones.
When it comes to listen to someone as Hank Jones, we are in a different field. It implies watching someone who invented some of the resources repeated since then by thousands of piano players; a kind of coming back to the first chapter, to the place where some of the jazz foundations were laid. Jones performed a relaxed and sophisticated concert with George Mraz –introduced by Jones as “the best double bass player of the world”- and Willie Jones III. His way of setting the tempo, so faint and solid at the same time, was the perfect prelude to that unequalable way of playing, lightly touching the keys, as if music were simply coming out of his fingers. A lesson of wisdom, in short, served with a handful of standards, four generous encores and a lot of swing.
Later, at the Trinidad Square, the double programme was one of the most appealing of the festival. Firstly, the new band of Joe Lovano, with James Weidman, Esperanza Spalding, Otis Brown III and Francisco Mela. Lovano’s level is always high, but his band seemed quite unequal to me. Two drums don’t make any sense sometimes and Spalding still has a long way to go before being competent in some contexts. Weidman is wonderful and he performed very remarkable solos, but the band only worked when leaded by Lovano.
Talking about veterans again, Roy Haynes was the next one on stage. With David Kikoski substituting Danilo Perez and John Patitucci on the double bass, Haynes offered the undeniable concert expected from a legend. Thinking objectively, the music doesn’t have anything special, apart from being pushed by Haynes. In my view, Kikoski is a superb pianist not fairly valued, but the night’s major figure was the good Roy. The drum player was dynamic and he seemed incredibly young, in a more than enjoyable concert.
The night ended with Carla Bley Big Band’s performance, presented by Cuadernos de Jazz. Intense, complex and timeless, Bley’s project can take you back from the 20’s to the XXI century in a few minutes –going through various decades- being personal from first to last. Not only because of the frontwoman’s quill but also because of the impressive bass of Steve Swallow and soloists as Gary Valente, Andy Sheppard, Wolfgang Puschnig or Lew Soloff is difficult to find fault with this concert, one of the best of the festival beyond the shadow of a doubt.
An exhausting day, in the nicest sense of the word, which precedes one of the most interesting days of this Jazzaldia. Anyhow, I´ll speak about that tomorrow.
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sábado, 13 de junio de 2009
Carla Bley - The Lost Chords find Paolo Fresu (2007)
La revista Cuadernos de Jazz presenta a Carla Bley en el Heineken Jazzaldia. El próximo 24 de julio, la Big Band de la pianista y compositora, actuará en el festival donostiarra en la que promete ser una de las mejores actuaciones de éste.
Con esta noticia en la cabeza, he decidido reescuchar un disco al que otorgué cinco estrellas en su momento. Pasados casi dos años desde que escribí aquella reseña, debo decir que hoy el disco me ha vuelto a parecer precioso y, sobre todo, muy especial.
Dejo aquí la reseña original publicada en Cuadernos de Jazz:

LA MAGIA DE LOS ACORDES ENCONTRADOS
Qué poco le falta a este disco para ser perfecto. El grado de cohesión que alcanza el grupo en la práctica totalidad de la grabación es escalofriante. Lejos de desequilibrar, la entrada de Paolo Fresu convierte un cuarteto interesante en un quinteto fantástico.
Prueba de ello es que el CD que nos ocupa, habiendo sido grabado en estudio, suena mucho mas redondo e inspirado que la anterior entrega discográfica del cuarteto, titulado simplemente The Lost Chords y grabado en directo a lo largo de una gira europea.
Algo tienen que ver las composiciones, puesto que la suite The Banana Quintet, que ocupa dos tercios de la grabación, es excepcional de principio a fin, poniendo de manifiesto tanto la empatía extrema entre Bley y Swallow, como las excelencias improvisatorias complementarias de Fresu y Sheppard. Tras la suite, tres temas que, sin llegar al nivel establecido en ésta, siguen siendo muy interesantes y mantienen la estética adecuada hasta el final, porque la estética es realmente clave en este disco.
Bley, que prácticamente no improvisa, dirige una base que va unida en ritmo, intensidad, color, y que matiza constantemente cada acento, dotando al trío de un carácter orgánico, casi sobrenatural. Tanto que, en muchos momentos, da la sensación de que los solistas son meros accesorios; que la base, por si misma, convertiría cualquier línea en un gran solo.
Este triunfo del conjunto, esa sensación de grupo perfecto, es la que da el aire verdaderamente especial a The Lost Chords Find Paolo Fresu. El encuentro con el italiano, que en la carpetilla aparece como una broma o, simplemente, como una muestra más del sentido del humor de la pareja Bley-Swallow, resulta ser la clave de todo.
Efectivamente, el sonido redondo y liquido del trompetista, contrapuesto al tono hueco y seco de Sheppard forman una pareja acústica estupenda que, arropada por el trío, hacen de este quinteto uno de los mejores grupos, en el sentido estricto de la palabra, que un servidor haya escuchado en mucho tiempo.
Yahvé M. de la Cavada
Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify.
Con esta noticia en la cabeza, he decidido reescuchar un disco al que otorgué cinco estrellas en su momento. Pasados casi dos años desde que escribí aquella reseña, debo decir que hoy el disco me ha vuelto a parecer precioso y, sobre todo, muy especial.
Dejo aquí la reseña original publicada en Cuadernos de Jazz:

LA MAGIA DE LOS ACORDES ENCONTRADOS
Qué poco le falta a este disco para ser perfecto. El grado de cohesión que alcanza el grupo en la práctica totalidad de la grabación es escalofriante. Lejos de desequilibrar, la entrada de Paolo Fresu convierte un cuarteto interesante en un quinteto fantástico.
Prueba de ello es que el CD que nos ocupa, habiendo sido grabado en estudio, suena mucho mas redondo e inspirado que la anterior entrega discográfica del cuarteto, titulado simplemente The Lost Chords y grabado en directo a lo largo de una gira europea.
Algo tienen que ver las composiciones, puesto que la suite The Banana Quintet, que ocupa dos tercios de la grabación, es excepcional de principio a fin, poniendo de manifiesto tanto la empatía extrema entre Bley y Swallow, como las excelencias improvisatorias complementarias de Fresu y Sheppard. Tras la suite, tres temas que, sin llegar al nivel establecido en ésta, siguen siendo muy interesantes y mantienen la estética adecuada hasta el final, porque la estética es realmente clave en este disco.
Bley, que prácticamente no improvisa, dirige una base que va unida en ritmo, intensidad, color, y que matiza constantemente cada acento, dotando al trío de un carácter orgánico, casi sobrenatural. Tanto que, en muchos momentos, da la sensación de que los solistas son meros accesorios; que la base, por si misma, convertiría cualquier línea en un gran solo.
Este triunfo del conjunto, esa sensación de grupo perfecto, es la que da el aire verdaderamente especial a The Lost Chords Find Paolo Fresu. El encuentro con el italiano, que en la carpetilla aparece como una broma o, simplemente, como una muestra más del sentido del humor de la pareja Bley-Swallow, resulta ser la clave de todo.
Efectivamente, el sonido redondo y liquido del trompetista, contrapuesto al tono hueco y seco de Sheppard forman una pareja acústica estupenda que, arropada por el trío, hacen de este quinteto uno de los mejores grupos, en el sentido estricto de la palabra, que un servidor haya escuchado en mucho tiempo.
Yahvé M. de la Cavada
Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify.
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