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martes, 26 de septiembre de 2017

Tigran, una nueva estrella del piano (2011)


Artículo publicado originalmente en Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com, el 26 de septiembre de 2011, a raiz de la publicación de su entonces último disco "A Fable"




Tigran tiene madera de superestrella, aunque eso sea bastante raro de ver en el mundo de la música improvisada. A su favor tiene un indiscutible talento, estética contemporánea, irreverencia juvenil y cierta flema europea de ascendencia folclórica. No es un superpianista vacuo y pirotécnico a la manera de Hiromi ni un pedante gélido de la escuela clásica europea, aunque presente rasgos de ambas tendencias. Su carrera aún está en ese punto en el que puede despegar y alcanzar la estratosfera o estrellarse y hundirse en unos pocos años, pero parece más seguro apostar por lo primero.
Tigran es Tigran Hamasyan, un joven pianista armenio que, con sólo 19 años, ganó la prestigiosa Thelonious Monk Piano Competition de 2006 (quedando por delante de Aaron Parks y Gerald Clayton, segundo y tercer puesto respectivamente) y obtuvo el segundo puesto en la Martial Solal Jazz Piano Competition de ese mismo año (un detalle: Hamasyan ya se había presentado a este concurso en 2002, con 15 años, quedando en tercer puesto, por detrás de Luis Perdomo y del ganador, Baptiste Trotignon).
Ahora, cinco años después de ser catapultado a la primera línea del jazz, Tigran Hamasyan se descuelga con un arriesgado álbum a piano solo, presidido por una portada más propia de un artista de rock y acortando su nombre a un escueto e inconfundible “Tigran”. Normal, porque no hay tantos.

Lo de Hamasyan es pura fuerza. La mayoría le conocimos con New Era (Nocturne, 2008), un disco que mostraba dos cosas de forma inconfundible: que la capacidad de Hamasyan es extraordinaria, y que la contención no es una de sus virtudes. En su siguiente álbum, Red Hail (Plus Loin, 2009), el pianista ahondó en sus raíces musicales mediante un repertorio inspirado en música tradicional europea que, aunque un tanto embrollado, no resultó nada mal.
A Fable mantiene esa osadía (y cierta falta de contención) y se presenta como un disco difícil de catalogar, probablemente por deseo expreso de su autor. Concebido como una obra conceptual, los diferentes enfoques de una pieza u otra se ven apoyados por leves pinceladas de overdubbing, partes vocales e incluso algún efecto de sonido. Eso implica que la producción juegue un papel importante en el resultado definitivo, algo no tan habitual en el mundo del jazz.
El pianismo de Tigran sigue conteniendo los obsesivos ostinatos y la vertiginosidad que le ha caracterizado hasta ahora, aunque A Fable ofrece un plus de madurez y puede ser su mejor registro hasta la fecha. El pianista aún es muy joven, y eso puede jugar en su contra, pero la dirección en la que se mueve no parece ser fruto de la casualidad o de la ausencia de reflexión.
El disco es excesivo, extravagante e irregular –dicho esto como característica más que como crítica– y es innegable que contiene piezas fabulosas, como "A Fable", "Kakavik" o su excelente versión de "Someday My Prince Will Come". Tema a tema, Tigran no renuncia a la música de su tierra ni al jazz, y va diseñando una personalidad a medio camino entre ambas músicas, sonando cada vez más original.
El pasado mes de agosto, el armenio fue portada de la revista francesa Jazz Magazine-Jazzman, a cuenta de un artículo atinadamente titulado “Café, metal, folk y piano” en el que se sometía a un test de escucha a ciegas. En él muestra su pasión por pianistas imprescindibles de ayer y hoy como Thelonious Monk, Duke EllingtonChick Corea y Jason Moran al mismo tiempo que alaba a bandas tan dispares como los clásicos Black Sabbath o Meshuggah, una de las mejores formaciones de metal extremo del mundo.
Una prueba más de que el jazz del siglo XXI, afortunadamente, no se escribe con el jazz como único referente.

miércoles, 28 de junio de 2017

Christian Scott y la conexión Treme (2012)

Artículo publicado originalmente en Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com en octubre de 2012
Si ustedes han tenido oportunidad de ver la serie Treme (si no, se lo recomiendo encarecidamente), sabrán que es un colorido mosaico de personalidades, muchas de ellas con un gran componente musical, que confluyen en el Nueva Orleans post-Katrina. Considerada la cuna de varios estilos y una de las capitales musicales del mundo, Nueva Orleans es un escenario ideal para dejar cristalizar fusiones y crossovers, un entorno que, si no realmente mágico (obviemos todo esoterismo), sí tiene ciertos tintes mitológicos en cuanto al desarrollo de la música negra.
En Nueva Orleans, además, se cultiva la estirpe como credencial musical, poniendo un foco virtual sobre quienes portan determinados apellidos. Tal vez no sea tanto una cuestión sanguínea como de pura tradición, macerada y traspasada generación tras generación. La genética confirma que el talento no es hereditario y que la sangre o el origen no predisponen a generar aptitudes musicales de ningún tipo pero, el entorno es, sin embargo, un condicionamiento enorme. La mejor forma de que una persona desarrolle su potencial respecto a la música es hacer que se críe entre ella, rodeado de músicos en un ambiente creativo.
Eso es lo tuvo el joven Christian Scott, un entorno privilegiado. Como uno de los protagonistas de Treme, el trompetista Delmond Lambreaux (Rob Brown), se crió en ese Nueva Orleans que sigue siendo considerada la cuna del jazz. Scott, sin embargo, representa la nueva generación de una ciudad cuyos mayores exponentes jazzísticos siguen siendo conservadores neoclasicistas (capitaneados por los omnipresentes hermanos Marsalis). Con su último disco, “Christian aTunde Adjuah”, el trompetista cierra un círculo familiar que tiene en Treme cierta representación: empezó hace 20 años en Nueva York y culmina hoy, con algunos personajes de la serie y el paso adelante de un joven músico que, con todo el respeto por la tradición de la ciudad que le vio nacer, pretende seguir avanzando hacia el futuro. ¿Y qué tiene que ver el último disco de Scott con Treme? Aquí van las claves.
Delmond & Donald Harrison







En la segunda temporada de la serie (intentaré no destripar nada demasiado importante) el ya mencionado Delmond Lambreaux tiene una epifanía que le lleva a intentar desarrollar un experimento: juntar la tradición musical de los jefes indios del Mardi Gras con el jazz contemporáneo que practica con su grupo. Obsesionado con esa idea, convence a su padre, Albert Lambreaux (Clarke Peters), de que aporte las partes vocales de la tradición festiva, formando para la ocasión un grupo estelar en el que figuran Donald Harrison (otro hijo predilecto de la ciudad), Ron CarterCarl Allen y el famoso Dr. John, buque insignia, a su vez, de la música de la ciudad. A lo largo de la temporada se les ve grabar en repetidas ocasiones el tradicional “Hu-Ta-Nay” con un arreglo jazzístico y un infeccioso ritmo característico de Nueva Orleans.
Feels-like-rain-04-1024







En la serie plantean la idea como algo novedoso, una especie de fusión inexplorada, pero nada más lejos. Hace más de 20 años, en mayo de 1991, se grabó esa misma versión de “Hu-Ta-Nay” en los BMG Studios de Nueva York, con el histórico ingeniero Malcolm Addey a los mandos. El líder de la sesión y promotor original de la idea (en quien se basa el personaje de Delmond) no era otro que el propio Donald Harrison, que se interpreta a sí mismo en Treme, haciendo de cómplice del proyecto del joven Delmond (en una escena cargada de ironía, Delmond le dice a Harrison “no entiendo cómo no se le había ocurrido a nadie antes”). Como los personajes de la serie, Harrison permaneció en la ciudad tras la tragedia, y nadie mejor que él representa la determinación de una ciudadanía desmantelada que, sin embargo, no está dispuesta a rendirse. Pero el guiño no acaba ahí: el batería de la sesión original, Carl Allen, es el mismo que aparece en la serie y quien cantaba el tema era precisamente Dr. John, que en la serie participa como pianista. Junto a Dr. John, la voz principal en el disco original era, como en Treme, la del padre del líder: Big Chief” Donald Harrison Sr. Así, el paralelismo se completa: el disco que graban Albert Delmond Lambreaux en la serie fue grabado por Donald Harrison padre e hijo veinte años antes; y se llamó “Indian Blues”.
Donald-harrison-1992












Publicado originalmente por el sello Candid, en su portada aparecía el saxofonista ataviado con uno de los aparatosos trajes que lucen los jefes indios en el Mardi Gras, y llevaba el subtítulo “Mardi Gras Indians – The Guardians Of The Flame”. El disco, aunque interesante, no supuso la revolución que pretenden los personajes de Treme, pero rendía homenaje a la tradición y conciliaba esa distancia generacional que tan bien se explota en la relación entre padre e hijo en la serie.
¿Y qué tienen que ver Christian Scott y su nuevo disco con todo esto? Para empezar, Scott es sobrino de Donald Harrison Jr. y este fue, a su vez, su padrino musical, ofreciéndole la oportunidad de grabar a su lado cuando el trompetista sólo tenía 16 años. Primero en “Paradise Found” y después en el bizarro “Kind Of New”, reinterpretación del histórico “Kind Of Blue” en el que el joven trompetista se puso, sin titubear, en los zapatos del bueno de Miles Davis. Desde entonces, Scott ha desarrollado una activa carrera a base de ensayo y error, apostando por una estética moderna e influenciada por elementos ajenos al jazz que, cuando parecía que ya no daba más de sí, siguió afianzándose hasta instaurarse como un estilo muy personal.
Tras sus primeros pasos como líder, el pretencioso y fallido “Anthem” dio paso a la reivindicación de su proyecto en directo (“Live At Newport”) el boceto de madurez en “Yesterday You Said Tomorrow” y la culminación de todo su trabajo previo con “Christian aTunde Adjuah”, un mastodóntico doble CD que sitúa a Scott como una de las figuras del jazz de principios de siglo.
Scott sólo pretende ser fiel a sí mismo y al camino que ha elegido para expresarse. Asimila la tradición como una gran construcción sobre la que los músicos jóvenes deben seguir construyendo. Afirma que lo que hace es inherentemente jazzístico, pero no exclusivamente jazzístico. Habla de descripción y no de definición, puesto que esta última acota el objeto de estudio mientras que el anterior enfoque parte de la observación y admite su evolución. Así se presenta la música contenida en “Christian aTunde Adjuah”, como un compendio evolucionado de los planteamientos de su música hasta el momento, una recapitulación coronada por el inconfundible estilo del trompetista, entre el susurro de su tono y la intensidad casi dolorosa con la que afronta sus solos. 
Cuando Donald Harrison grabó su “Indian Blues” pretendía fusionar dos conceptos tradicionales para crear algo novedoso. Scott, por su parte, asimila lo que le rodea para entregar una música que se genera en su totalidad a partir de su propia persona. Jazz de autor en su máximo esplendor. Es difícil saber cómo tratara el paso de los años a sus planteamientos, pero nadie ha hecho historia en la música siendo precavido o jugando sobre seguro.
C. scott












Christian Scott cierra el círculo con un doble homenaje. En la portada de su último disco, como en el “Indian Blues” de su tío Donald, el trompetista luce orgulloso un traje indio del Mardi Gras mientras que la dedicatoria del álbum sentencia el relevo: “A la memoria de Clyde Kerr Jr. y Big Chief Donald Harrison Sr., familia, mentores y amigos. Me ayudasteis y enseñasteis a ser el heroe de mi propia experiencia, y por eso siempre estaré en deuda con vosotros”. En el jazz, la determinación del individuo es quien empuja la evolución.
Y mientras el viejo jefe indio se sumerge en la noche, entonando viejos cánticos tribales, la nueva música emerge, luminosa e incontenible. 

jueves, 30 de abril de 2015

La palmadita en la espalda del jazz (30 de abril de 2012)

Hace tres años tuvo lugar el primer "día internacional del jazz", denominado así por y amparado por la UNESCO. Yo me encontraba esos días en Paris con las fechas de un artículo pendiente pisándome los talones y, como las tomaduras de pelo me alteran, escribí esto al respecto, que fue publicado en ELPAIS.com el día de marras.

Tres años después pienso lo mismo. O más.


La palmadita en la espalda del jazz

Por: Yahvé M. de la Cavada | 30 de abril de 2012



Tenía que llegar este momento: por fin el jazz tiene su “día internacional”; y de mano de la UNESCO, además. Qué fuerte. Yo aún no me lo creo. Como jazzófilo esto debería significar muchísimo ¿no? Debería ser una merecida ración de reconocimiento, una enorme cucharada sopera de autoafirmación. ¡Escucha, mundo, el jazz está aquí! ¿Qué te creías? Entre músicos y aficionados, el rumor ha corrido como la pólvora. Ahora todo será diferente. Los grandes festivales (de jazz) programarán (solamente) jazz en sus escenarios importantes, Charlie Parker sonará en Pachá y en la universidad se darán cursillos sobre la figura de John Coltrane. Se dice que en la tele van a poner un programa con actuaciones en directo presentado por Frank Blanco, y que TVE repondrá “Jazz Entre Amigos” en prime time, y en la primera cadena; toma ya. Incluso he oído que todas las emisoras de radio dedicarán, a partir de ahora, varias horas a la semana a esta música, en largos programas didácticos y especializados. Tal es el impacto, que la mayor parte de ayuntamientos han prometido echar de las aceras a cualquier músico ambulante que no acredite convenientemente que está tocando puro y estricto jazz o, en su defecto, otra música reconocida por la UNESCO, faltaría más.

El jazz, ya saben, esa música histórica que cuenta con mucho menos apoyo institucional que la clásica; esa música en constante evolución y renovación que cuenta con mucho menos apoyo privado que el rock; esa música, en definitiva, de fusión amistosa con casi cualquier otro estilo, que no cuenta con el (re)conocimiento y/o apoyo de la mayoría del público. Pero tiene un “día internacional”. Joder, qué alivio. Estamos salvados.

La cosa la propuso Herbie Hancock, tal vez a raíz de una reflexión entre el hoyo 17 y el 18, para alegría y alborozo de todos aquellos a los que el jazz les suena molón, culto y superguay para fardar delante de amigos y vecinos, como quien pronuncia bien Truffaut y cita a Proust con la indolencia del erudito. Hancock, otrora jazzista excepcional y figura tan importante como insustituible en la historia de esta música, lleva unos años arrastrando impúdicamente su cadáver musical, mientras público casual y crítica de lengua curtida en mil nalgas le jalean. Ahora, vaya usted a saber por qué (añadan a su opinión, sea cual sea, una parte de ego y dos de promoción personal), sale con esto, aunque para llenar los zapatos de inmortales precedentes en la embajada del jazz, como Louis Armstrong o Dizzy Gillespie, le sobra fachada y le falta categoría.

Pero el bueno de Herbie nos ha conseguido un día del jazz. Será un gran evento y nos pondremos una etiqueta con nuestro nombre en la chaqueta, como en cualquier reunión conmemorativa intrascendente: “hola, soy”, impreso, y nuestro nombre escrito de manera indecisa con rotulador negro. Y todos podremos sentirnos partícipes del día del jazz. Comentaremos que la cerveza está caliente y los canapés un poco secos pero, sin embargo, el vino es estupendo. Aplaudiremos el recurrente discurso de “ha sido un largo camino para llegar hasta aquí, pero ha merecido la pena” y podremos decir que, después de esto, si el jazz no se viene arriba es porque no quiere.



Entiendo que, a estas alturas, esta sociedad ya no funciona sin paripés de este tipo pero, ¿por qué el jazz? Partiendo de que designar un “día de” es, de por sí, reduccionista y condescendiente, y que la mayor parte de veces sólo busca calmar ciertos flecos de conciencia social, hay que reconocer que el jazz es una nimiedad en comparación con muchas otras cosas que merecen atención antes que una doctrina musical, por fabulosa que sea. Por otro lado, desde el punto de vista cultural, el jazz es una corriente muy importante como para concederle un evento de pretendida repercusión internacional que, en realidad, parece un premio de consolación marginal, bienquedista y verbenero. Leyendo los objetivos se queda uno perplejo:
  • Celebrar el estilo musical único que representa el jazz.
  • Concienciar a la comunidad internacional sobre cuán necesario es el diálogo intercultural y la comprensión mutua.
  • Movilizar a la comunidad intelectual, los dirigentes políticos, artistas y gente de la cultura, así como instituciones culturales y educativas y a los medios de comunicación, para promover los valores relacionados con el jazz, eje del mandato de la UNESCO, y su papel de pioneros y su misión intelectual.
  • Reforzar la cooperación y comunicación internacional en el ámbito de la música jazz.

Pero, tras la lectura de esta retahíla de palabras vacuas, enseguida queda claro que “el día del jazz” se reduce, básicamente, a tres conciertos de superestrellas con mucha repercusión mediática, unos saraos en la sede de la UNESCO de Paris y algunas iniciativas domésticas creadas con buenas intenciones e inevitable oportunismo (como si no hubiese propuestas para apoyar al jazz a diario, casi siempre creadas desde la clandestinidad, por pura vocación y con cierta heroicidad).

La mayor parte de eventos a nivel mundial están cogidos por los pelos, aprovechando que la fecha cae en el día en el que ya había programado algo (en cuantos organismos se habrá dicho “oye, que es el día del jazz, ¿qué tenemos por ahí que cuadre ligeramente con el asunto?”). Ni siquiera desde EE.UU., raíz de la convocatoria y cuna del jazz: nada de seminarios, ni becas para estudiantes, ni proyectos para llevar el jazz fuera de sus propias fronteras, ni fundaciones para promoverlo, ni nada. A nadie, ni siquiera a Hancock, se le ha ocurrido promover la creación de un museo nacional del jazz (hay proyectos desde hace años, pero no presupuesto), la promoción de artistas noveles, de campamentos musicales para niños o yo qué sé. Algo útil, que sirva realmente para promover el jazz. Esto es más viejo que el ragtime: si la gente no va al jazz, hay que llevar el jazz a la gente. Pero, ¿tres conciertos con aires “VIP” y 30 segundos en los noticiarios?

La cuenta en Twitter del International Jazz Day, que tiene la friolera de 770 seguidores, pretende que el día del jazz sea trending topic –que es algo como superchuli– y en Malasia habrá un concierto de Kenny G. Y se supone que esto tiene que significar algo para un sector musical apaleado, ignorado por las corrientes principales debido a su supuesta intelectualidad y ninguneado por las altas esferas culturales por no tener suficiente entidad cultural.

Sé lo que dirán muchos, y es razonable: cualquier promoción del jazz es positiva. Pero claro, esto tiene muchos matices. Estoy seguro de que, a pesar de la promoción que hace el crimen organizado de Ciudad Júarez, muchos de sus habitantes no lo verán como algo tan positivo, al igual que, por muy acostumbrados que estén, los habitantes de Lepe preferirían ser conocidos por algo diferente a lo habitual.

Los músicos de jazz, los de verdad, lo tienen muy jodido como para que vengan cuatro estrellonas a hacerse una fiesta de colegas en su cara, y a su costa. Hay crisis para todos, sí, pero el jazz lleva en crisis mucho tiempo; ahora sólo es un poco más dura que ayer (pero menos que mañana). Los que saben de qué va la cosa, saben también que esto es lo que hay, y que no habrá mucho más, lo que no quiere decir que estén para aguantar chorradas. Si se va a gastar dinero en frivolidades (¿o es que Hancock y los suyos hacen todo esto gratis?) por lo menos que se hagan a costa de un sector que no necesite realmente el empuje institucional y educativo.

Por eso, si Herbie Hancock y la UNESCO quieren celebrar la importancia del jazz, tal vez sea mejor que empiecen por los colegios e institutos; que le den, desde la base, la pátina de importancia que merece en el origen y trascurso de toda la música popular del siglo XX. Estoy convencido de que se lo pueden permitir. Hasta entonces, no habrá día del jazz que valga. Sólo les resultará útil a quienes están con el cazo puesto y a quienes gustan de salir en la foto. A la gente que hace jazz, que vive de, por y para él, este circo le trae bastante sin cuidado.

© Yahvé M. de la Cavada, 2012 

martes, 11 de octubre de 2011

Pero, ¿todavía quedan tiendas de discos? (16 de abril de 2011)

Un artículo especial, que escribí en un momento especial y que recupero en un día especial. Se publicó originalmente el día internacional de las tiendas de discos independientes de 2011, en la web del diario El País. Y hoy me ha parecido el mejor día para publicarlo en este humilde blog.

Pero, ¿todavía quedan tiendas de discos?

Por: Yahvé M. de la Cavada

RecordStoreDay

Nunca me han gustado los eventos del tipo “el día de”. Siempre acaban pareciéndome reduccionistas y condescendientes, como si estuviesen diseñados para saldar una supuesta deuda social con la minoría o colectivo que toque en cada momento. Celebrar “el día” de algo provoca automáticamente la sensación de tachar una tarea del cuaderno de deberes hasta el año que viene. La intención original, muy probablemente, no es esa, sino agitar a la ciudadanía en busca de compromiso, colaboración o, en última instancia, comprensión. Sobre el papel, fantástico.

Pero esas fechas dejan en evidencia a una sociedad que presume de moderna y avanzada, para después señalar en el calendario un día (¡uno!) con obviedades como que la mujer trabaja y debería hacerlo bajo las mismas condiciones que el hombre, que los homosexuales tienen (o deberían tener) los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano o que el hambre en el tercer mundo es una vergüenza para el primero. Esos días, que atraen sus sujetos a la prensa durante unas horas, son una pátina de compromiso para el viandante que sólo quiere trabajar, consumir, ver la tele y que le dejen en paz. El día de “X”, pegatina en la solapa, un enlace en Facebook, unos minutos de charla durante el café, y a otra cosa.

Todo esto viene a algo mucho menos trascendente que lo mencionado anteriormente, así que, perdonen el atisbo de comparación, porque no pretendía ser tal. La cuestión es que hoy se celebra por primera vez en España el Record Store Day, un evento mundial promovido por tiendas de discos independientes de todo el mundo, en general, y de Europa y EE.UU. en particular. Esta celebración no es más que una pequeña mano agitándose entre la multitud en busca de atención, frente a un mundo que, cada día más, se pregunta: “pero, ¿todavía hay tiendas de discos?”.

RecordStoreDayProclamation

Las hay, cada vez menos, pero las hay. Ahora son pequeños oasis para aficionados muy concretos y muy poco numerosos: los que compran música. Para ser exactos, hay que decir que, tal y como ocurre con los libros, cómics y películas (DVDs, Blu-Ray, etc), donde realmente se venden es en almacenes y grandes superficies. La sociedad española está copiando lo peor de los hábitos de consumo americanos y evitando lo mejor, esto es, el respeto y apoyo a los negocios independientes. La figura de la librería ha desaparecido en prácticamente todas las ciudades de nuestro país, dejándonos a merced de grandes cadenas y supermercados del ocio. La librería especializada sobrevive a duras penas porque su producto, y su cliente, son mucho más específicos que el de la literatura general o el cine. Pero la tienda de discos es otra cosa.

Es el comercio tradicional más afectado por la piratería (al fin y al cabo, nunca hubo muchas tiendas centradas exclusivamente en la venta de películas) y el elemento de la industria más ninguneado. El defensor férreo de la música libre en Internet tiende a olvidar la tienda porque, aparentemente, es un organismo obsoleto en la comercialización musical del siglo XXI. Su función está directamente relacionada con la vigencia de los formatos físicos, y todos sabemos cómo está ese asunto. Así que, si nadie (la nueva forma de decir “muy poca gente”) compra discos físicos, y las tiendas parecen pertenecer al siglo pasado, ¿qué sentido tiene hacer un día de la tienda de discos? ¿No viene a ser como celebrar el día del radiocasete?

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Lo que intentan los implicados en el Record Store Day es captar un poco de atención sobre su maltratado y diezmado sector, ahora reducido a coleccionistas, modernos, frikis (en el mejor sentido de la palabra) y un tipo de cliente romántico que se aferra al formato físico como parte de su identidad musical. El lema de la iniciativa, ampliado mediante decenas de declaraciones de músicos y personalidades de la industria, colgados en la web oficial del evento, se puede resumir en estas palabras: “apoya a tu tienda de discos; comprar discos, viéndolos, tocándolos, es un acto que da otra dimensión a la música; es orgánico, es real y, además, está (casi) de moda”. Pero estos argumentos no tienen pinta de ir a convencer nadie más que a los ya convencidos, que serán quienes celebren, a la postre, el Record Store Day.

Lo más significativo del evento es la aparición de multitud de ediciones limitadas en vinilo (7’’, EPs, LPs) a cargo de tiendas y adheridos que las venderán exclusivamente en tienda física, con el compromiso de evitar que se especule con ellas en Internet u otras plataformas. Dichas ediciones tienen el objetivo de atraer público a las tiendas en busca de un producto especial y exclusivo. Sin embargo, hoy en día, ¿no podríamos considerar especial y exclusivo la propia existencia del disco físico? En una semana en la que muchos usuarios se lamentan de que Spotify limite su oferta gratuita (rasgándose las vestiduras ante la posibilidad de desembolsar diez euros mensuales por su versión Premium) es difícil creer que la gente empezará a transitar las tiendas de discos otra vez. Por eso el Record Store Day y sus ediciones limitadas ahondan, seguramente sin pretenderlo, en ese malditismo al que se ha visto abocado el sector en los últimos tiempos. Hecho por unos pocos y dirigido a unos pocos. Exclusivos y marginales, las dos caras de una misma moneda.

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El balance no sólo no es positivo, sino completamente descorazonador. Aún siendo empresas con fines comerciales, las tiendas son a la música lo que las salas al cine. Han sido –son– los lugares, los puntos de encuentro, las fuentes originales de la creatividad musical envasada. Y se merecen, como poco, un poco de respeto y una oportunidad. El Record Store Day tiene su punto, de eso no hay duda, y es positivo que por fin se haga en España. Pero lo importante es que no llegue el día en el que la gente se pregunte “¿te acuerdas de cuando había cines y tiendas de discos?”.

Así que, comete una locura. Vete a una tienda independiente y compra un disco. Una vez al año no hace daño, dicen.

Yahvé M. de la Cavada, 2011


Puedes leer la publicación original pinchando AQUÍ.

lunes, 25 de julio de 2011

Los primeros serán los primeros (27 de junio de 2011)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com, sobre los conciertos de Blue Rodeo y Band Of Horses en el Azkena Rock Festival:


"Casi siempre pasa algo parecido en los festivales, que los conciertos más asombrosos acaban estando fuera del prime time. No es un alarde de esnobismo (los snobs no escuchan música en los festivales, sólo lucen palmito y afiliación a la tribu estético-musical de turno), sino una realidad tan simple como que, a veces, uno puede comer mejor en un restaurante sencillo, de menú, que en otro de renombre, a la carta.



En el Azkena Rock Festival de este año, ha resultado que algunos de los mejores conciertos han sido a primera hora, bajo el sol abrasador y con la losa del público vespertino, tan fiel como poco numeroso. Hace un par de días hablábamos del valiente concierto de Eels, pero más sorprendente aún que aquel, fue la impresionante actuación de Blue Rodeo programada a las 17:45 del pasado viernes.

A pesar de contar con casi 30 años de carrera a sus espaldas, Blue Rodeo siguen siendo relativamente desconocidos. Pertenecen a esa gloriosa generación que recibió las siglas NRA (nuevo rock americano) gracias a bandas irrepetibles como Green On Red, Long Ryders, Blasters, Beat Farmers, Dream Syndicate, Jason & The Scorchers, Del Fuegos y unas cuantas más, pero Blue Rodeo tiene un pequeño hándicap para ser considerados como una de aquellas bandas: que son canadienses."



Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.

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viernes, 22 de julio de 2011

Queens Of The Stone Age reescriben la leyenda (26 de junio de 2011)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Muchos recuerdan la actuación de Queens Of The Stone Age en 2005 como una de las mejores de la historia del Azkena Rock Festival, si no la mejor. Así lo han votado también los usuarios de la web del festival, y así ha quedado la leyenda. Quien esto escribe, que también estuvo en aquel concierto, afirma sin dudar que fue un evento histórico; uno de esos pocos, poquísimos conciertos que se instalan en la memoria como perfectos e insuperables.



La presencia de
Queens Of The Stone Age en el cartel del décimo aniversario del festival quedaba plenamente justificada a cuenta de ese sentimiento generalizado, tal vez más que la de ningún otro grupo. Pero, si un concierto de hace seis años es recordado con tanta intensidad, resulta virtualmente imposible estar a la altura. Porque no basta con hacerlo igual de bien, sino que hay que enfrentarse a la perfección de entonces, engordada por la siempre distorsionadora memoria, que probablemente ha redondeado algo que ya era, de por sí, bastante redondo. La decepción parecía ineludible.

El pasado viernes, tras ochenta minutos de música ininterrumpida, la leyenda quedó reescrita. El concierto del 2005 fue apoteósico, sí. El de 2011 sonó tan perfecto como entonces, ni más ni menos. No hubo competencia entre el recuerdo y el momento vivido, porque ambos se fijaron instantáneamente en el olimpo de las experiencias musicales de un público en estado de shock."


Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.

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martes, 19 de julio de 2011

EELS: el placer de desconcertar (24 de junio de 2011)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"O más bien, el arte de desconcertar. Una práctica que fue ingrediente imprescindible del rock durante décadas y que ha quedado relegada a un segundo plano, porque, en el mundo de la masificación y globalización musical, hasta lo desconcertante está teledirigido e institucionalizado.

En realidad, hace ya mucho tiempo que desconcertar al público puede implicar un suicidio comercial y, en este mundillo, como en casi todos, lo que manda es la pasta. Así, entre músicos, discográficas, promotores y prensa musical hay una consigna callada pero ineludible: mantener las cosas en su cauce, sin sobresaltos y sin mosquear a la audiencia, que no está la cosa para arriesgar.



El concierto de EELS ayer en el Azkena Rock Festival fue un canto a ese desconcierto y al riesgo. Todo estaba en contra de la banda de Mark Oliver Everett: actuaban a primera hora de la tarde ante un público que, o no había llegado, o no les conocía. Pero jugaron fuerte y jugaron duro. Y ganaron."


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jueves, 16 de junio de 2011

Kristonfest: colega, ¿dónde está mi púa? (13 de junio de 2011)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Juntos, pero no revueltos. Juntos y revueltos. Revueltos, y no demasiado juntos. Todo eso es precisamente lo que ocurre con tres bandas que este sábado prometen aplastar Bilbao. Down, Corrosion Of Conformity y Eyehategod son tres formaciones íntimamente ligadas, no porque hagan la misma música, ni mucho menos, sino porque comparten algunos miembros y varios fragmentos de su historia. Pepper Keenan, guitarrista de Down, fue durante muchos años guitarrista y vocalista de Corrosion Of Conformity, pero estos últimos se han reunido con una formación antigua, y no parece que haya el mejor rollo entre ellos. Afortunadamente, sí lo hay entre Down y Eyehategod, que comparten a Jimmy Bower, batería con los primeros y guitarrista con los segundos, además de haber hecho varias giras a la batería con Corrosion Of Conformity. Casi nada.



Todos ellos coinciden en el Kristonfest, un festival indoor creado por la promotora Noise On Tour y centrado en diferentes vertientes del metal, desde el sludge al stoner, thrash o hardcore. Originalmente planeado para dos días, la caída de cartel de Buckcherry (que actúan mañana, pasado y el sábado en Barcelona, Madrid y Pamplona, respectivamente) hizo que la organización concentrase a cuatro bandas en un solo día, programando uno de los mejores carteles de metal que ha tenido una sala de nuestro país en mucho tiempo."


Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.

jueves, 9 de junio de 2011

Paul Collins, el rey sin corona (13 de diciembre de 2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Autodenominarse rey de un estilo puede ser, como mínimo, un tanto osado. Lo normal con esos “títulos” es ser nombrado por terceros, ya sea por la crítica, los medios o, mejor aún, los fans. Por otro lado, tratándose de Paul Collins resulta completamente natural la etiqueta de “King of Power Pop”, que también sirve de título a su último y fabuloso disco. Trece canciones de un nivel asombroso que rozan la perfección y que conforman uno de los mejores discos de 2010.

¿Es para tanto? La verdad es que sí. Más de 30 años después de aquel glorioso primer álbum de The Beat, Paul Collins regre
sa con más fuerza que nunca con un disco que juega en la misma liga que aquella pequeña obra maestra. Ha pasado el tiempo pero el nervio y el talento para escribir temas memorables siguen intactos. Sin embargo, a pesar de toda esa excelencia y de escribir algunas de las mejores canciones pop de las últimas décadas, Collins permanece en el underground más inexplicable. Un tipo sin suerte, dirían algunos. Una de esas injusticias de la historia del rock y de quienes, directa o indirectamente, la escriben."



"King of Power Pop es una especie de compendio de toda la carrera de Collins. Él mismo comenta en la carpeta del álbum que éste traza la línea entre sus diferentes bandas: los míticos Nerves, los Breakaways, The Beat y todo lo que vino después. Suena a retrospectiva (que no a recopilatorio) y escuchándolo es difícil creer que está grabado por alguien de 54 años. La energía que desprende en esos disparos en forma de canción de poco más de dos minutos es tremenda, con melodías vocales perfectas y guitarras tan pulidas como dinámicas.

Ya en su gira del año pasado junto al gran John Wicks (otro grande del power pop, líder de la banda The Records) y a Eric Blakely (guitarra solista, a su vez, de King of Power Pop!) se anticipaba ese renacimiento de Collins. Aparte del nombre de la gira (Power Pop Kings), la recuperación del maravilloso tema "Many Roads To Follow" (nunca grabado en estudio y cuya demo casera aparecía en la imprescindible colección de The Nerves, One Way Ticket) significaba esa vuelta a los orígenes sin dejar de mirar al futuro. Dicho tema ha sido grabado apropiadamente en King of Power Pop! y, de alguna manera, abre y cierra el círculo que se inició a mediados de los 70 y que nos lleva hasta hoy en día. Paul Collins suena más maduro que nunca, pero no ha perdido un ápice de frescura y de garra."



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lunes, 23 de mayo de 2011

El anochecer de los Kings Of Leon (21 de octubre de 2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Hace un par de años salió Only By The Night, el cuarto disco de Kings Of Leon; un completo éxito que sonaba realmente bien y que alcanzaba ese equilibrio, aparentemente imposible, entre la banda americana que eran y la banda británica que parecían querer ser. Miraban a U2 y a otros referentes de conquista comercial, pero se mantenían relativamente cerca de quienes fueron.

Consiguieron su primer número uno en Inglaterra con el tema “Sex On Fire” y, de paso, un Grammy en 2009. Un año des
pués, el segundo single del disco, “Use Somebody”, les dio otros tres. Todo parecía ir bien para ellos, hasta que hace unos días salió a la venta Come Around Sundown, un disco plomizo y decepcionante que muestra a la banda de los hermanos Followill en sus horas más bajas."



"Por eso la flojera de Come Around Sundown es aún más exasperante, porque Kings Of Leon podrían encarnar una rara avis en el mundo del rock: la del grupo que puede gustar a casi todos sin ser un producto eminentemente comercial. Encontrar esa formula, la de escribir canciones que no traicionen el propio espíritu y que, al mismo tiempo, sirvan para copar las listas de ventas, es algo destinado a muy pocos."

"Pero el gran fallo de este último disco (y lo que lo distancia tanto de su predecesor) es precisamente ese: las canciones. Come Around Sundown no tiene chispa, no engancha. Los temas parecen estar escritos en piloto automático, con una fórmula concreta (y muy simple) en la cabeza. Se van sucediendo los cortes y a mitad de disco uno se pregunta cuánto tiempo ha pasado y, peor aún, cuánto falta para que termine."

"Es innegable que suena muy bien, y la producción de Angelo Petraglia y Jacquire King sigue siendo impecable, pero da la sensación de que existe la intención de sustituir las buenas canciones por un exagerado mimetismo con los aspectos más banales del sonido de U2 y sus aspirantes más directos (Coldplay, etc)."


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miércoles, 23 de marzo de 2011

El blues de Gregg Allman


(Publicado originalmente en ELPAIS.com el 27 de enero de 2011)

Casi todas las viejas glorias de los 60 y 70 acaban haciendo un disco de blues. Parece una especie de trámite de madurez, un soplo de categoría en carreras que, en ocasiones, han quedado estancadas. Ese tipo de proyecto resulta más natural en músicos como Gregg Allman, alguien que ha nutrido su carrera de ramificaciones del blues y de un southern rock infestado de pentatónicas, estructuras sencillas y guitarristas particularmente hábiles en ese campo.

Con 63 años a la espalda y todavía liderando una de las mejores versiones de la Allman Brothers Band, el hermano que siempre estuvo a la sombra del mítico Duane Allman ha hecho su mejor jugada en décadas: contratar a T-Bone Burnett para sacarse un gran disco de la manga en la que, a estas alturas, no parecía que le quedase nada.

En las primeras escuchas, Low Country Blues se revela como un disco que suena bien, muy bien. Tiene carácter, ritmo y suficientes virtudes para destacar entre las novedades de blues y rock; suena tradicional y actual a partes iguales, y la mano de T-Bone Burnett se nota mucho. Tanto, que llega un momento en el que uno casi se olvida de Gregg Allman.

Ahí radica el mayor “pero” del álbum: es un buen disco de blues, pero podría ser de cualquiera. Allman canta realmente bien, versioneando a Skip James, Otis Rush, Muddy Waters o Sleepy John Estes con mucha solvencia y tirando de registros diferentes. Pero, al final, lo que más llama la atención es la atmósfera creada por la dirección de Burnett y algunos de los músicos implicados en el proyecto.

Entre estos destaca Mac Rebennack –más conocido como Dr. John–, haciendo brillar su piano de Nueva Orleans en la mayor parte de los temas, y el guitarrista Doyle Bramhall II que, como buen acólito de Eric Clapton, suena muy parecido a este último en muchos momentos.

La sección rítmica también es incuestionable, con el sólido contrabajo de Dennis Crouch y el gran Jay Bellerose, batería de técnica tan extraña como personal, reconocible al instante y una de las claves del éxito de las producciones de Burnett o de Joe Henry (otro gran revitalizador de leyendas). Con él de por medio, es normal desviar la atención hacia la percusión más que con cualquier otro batería de su estilo, por inimitable y por original.

Todos ellos están al servicio de Burnett, eterno productor de moda entre quienes buscan ahondar en las raíces de la música norteamericana. Desde sus inicios como guitarrista de la Rolling Thunder Revue de Bob Dylan, Burnett ha sido un tipo de gusto refinado que ha dedicado más tiempo a construir una intachable carrera como productor que a su pequeña, pero selecta, discografía como líder. Low Country Blues le debe tanto a él como al propio Allman, por no decir más.

Sea por el motivo que sea, lo último de Gregg Allman podría ser lo mejor que ha hecho desde aquel Laid Back que grabó el mismo año en que salió el primer disco de la Allman Brothers Band sin su hermano Duane. Gregg nunca tendrá el talento o el carisma de éste, ni llegará a desarrollar una gran personalidad, pero hay algo que no se le puede negar: tiene la autenticidad de quienes han estado ahí durante décadas, presenciando en primera fila el crecimiento y evolución del rock americano. No será genial, pero es historia.

sábado, 12 de marzo de 2011

Robyn Hitchcock - Propellor Time (2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"Discos como Propellor Time son un auténtico soplo de aire fresco. En cierta forma, sirve para devolvernos la fe en las canciones y en la música que suena sencilla, aunque tenga cosas complicadas en su interior.

Robyn Hitchcock
ha publicado en 2010 uno de sus mejores trabajos y, de paso, una de las joyas discográficas del año.



Los invitados estelares (Johnny Marr, John Paul Jones, Chris Ballew, Nick Lowe…) son sólo un complemento a sus fieles Venus 3.

Estos, a su vez, son una especie de escisión de
R.E.M. o incluso una escisión de una escisión, ya que tanto Peter Buck como Scott McCaughey (Young Fresh Fellows) y Bill Rieflin (ex-Ministry) también coinciden en The Minus 5, otro proyecto paralelo a la mítica banda.

Esa
familiaridad se transmite completamente al oyente, que tiene la sensación de estar ante un disco grabado, sobre todo, entre amigos. Por eso es tan natural y suena tan relajado. Y además, no contiene un solo tema que no merezca la pena."


Pinchando AQUÍ puedes leer el artículo completo.


Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).

domingo, 27 de febrero de 2011

The Wave Pictures - Susan Rode The Cyclone (2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"The Wave Pictures son tan buenos que hay que impedir cuanto antes que nos los roben los trendys y los modernos (y ya están en ello). Porque suenan crudos y auténticos, porque hacen una música sin complejos y porque tienen canciones realmente buenas.

Susan Rode The Cyclone no es tan bueno como el impresionante Instant Coffee Baby, pero sí bastante mejor que su anterior álbum, If You Leave It Alone.



Después de más de diez años entre el do it yourself y el ascenso underground paso a paso, la banda suena estimulante y diferente, con destellos de influencias tan diferentes como los Smiths, Jonathan Richman, los primeros Violent Femmes, Dire Straits o Townes Van Zandt.

Que lo que leáis por ahí no os
confunda: estos tíos son de verdad. Y David Tattersall, por cierto, es uno de los mejores y más originales guitarristas que han aparecido en tiempo."


Pinchando AQUÍ puedes leer el artículo completo.

sábado, 19 de febrero de 2011

Method Man, Ghostface Killah & Raekwon - Wu-Massacre (2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"El mejor disco de hip-hop de 2010 es, con toda probabilidad, How I Got Over de los Roots (con My Beautiful Dark Twisted Fantasy de Kanye West y Sir Lucious Left Foot de Big Boi pisándole los talones).

Dicho esto, debo destacar uno de esos discos que pasa desapercibido para muchos aficionados a pesar de ser realmente bueno.
Wu-Massacre, con su portada freak ilustrada por Chris Bachalo y su aire gangsta, es uno de los mejores discos que ha dado el colectivo Wu-Tang Clan en bastante tiempo.



Aunque Method Man, Ghostface Killah y Raekwon tienen sus respetivas carreras en solitario desde hace años, esta colaboración les convierte en una especie de grupo-apéndice del Clan. Suenan perfectamente ensamblados, como es natural, y hay viejos conocidos en la producción (RZA, Mathematics, Scram Jones...) que sacan de los tres raperos lo mejor de aquellos primeros años noventa en los que el Wu-Tang Clan brilló como nunca.

Siguen siendo una de las mejores bandas de hip-hop del mundo, vayan todos juntos o de tres en tres.
"


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lunes, 14 de febrero de 2011

Cuadernos de Jazz versión 2.1 (2 de febrero de 2010)

Este humilde blog está a punto de cumplir las 100.000 visitas, algo que es importante para mí. Sólo para mí, en realidad. Pero, para quienes escribimos sobre música, es agradable sentir el apoyo y el hecho de que le lean a uno.

100.000 visitas después, mi único interés sigue siendo (intentar) dar a conocer música, compartirla y comentarla. A ver cómo voy dentro de otras 100.000.

Creo que el texto más adecuado para que corone esta pequeña celebración es éste. Lo escribí a colación del cierre de la edición en papel de Cuadernos de Jazz y se publicó en el blog de ELPAIS.com Muro de Sonido.

Gracias a todos por seguir ahí.


CUADERNOS DE JAZZ VERSIÓN 2.1 (extractos)


"Uno nunca sabe si el jazz está de moda o de capa caída. Su presencia en los medios siempre es engañosa y resulta difícil discern
ir si convive con las últimas tendencias o si permanece en una madriguera cultural apartada de la abarrotada autopista del ocio popular.

La prensa y una cierta animosidad por parte del público hacen que se le tenga el respeto que se tiene a un profesor: se reconoce su valía, se le tiene como a una eminencia, pero no es alguien con quien te irías de fin de semana. Mirando las agendas culturales no cabe duda de que se programa mucho jazz por todo el país, es decir, que se invierte dinero público en él. Un vistazo más profundo a esas agendas revelan que, aunque hay jazz en direct
o en cantidades generosas, se programa sin rumbo, dirigido por responsables que no saben lo que hacen más allá de imitar al vecino de enfrente o acercarse de forma becerril a lo que, supuestamente, garantice un cierto éxito comercial y una buena cobertura mediática.

El aficionado al jazz (que existe, no os quepa duda) es una minoría en nuestro país mucho más que en otros. En España nunca hemos tenido una gran tradición jazzística y estamos varias décadas por detrás de la mayor parte de países europeos en casi todo lo relativo a esta música. Lo único de lo que podemos alardear es de dos o tres festivales importantes (más históricos que trascendentes a nivel musical), de algunos músicos internacio
nales y de la revista Cuadernos de Jazz, una publicación especializada con más de veinte años a su espalda que hace unas semana anunció el cierre de su edición en papel."




"Es lo normal dados los tiempos que corren, y tampoco es cuestión de rasgarse las vestiduras, pero el hecho es que esto nos deja sin la edición física del buque insignia de la crítica de jazz en España. Cuadernos de Jazz redefinió la crítica en nuestro país, diseñó e impulsó una nueva forma de entender el jazz desde la especialización, siendo didáctica y erudita a partes iguales. Hubo épocas en que su nómina de colaboradores era imbatible, llegando a ser comparable en calidad de contenidos a publicaciones extranjeras de referencia como Downbeat (USA), Jazz Magazine (Francia) o Jazzwise (UK)."


***************

"La cuestión es que esto no se puede detener. Las publicaciones seguirán refugiándose día a día en Internet, confiando en poder navegar con solvencia en un mar tan grande y tan revuelto. Seguirá habiendo desapariciones y nacimientos, forcejeos para no perder lo conquistado durante décadas y para construir nuevos modelos más adecuados para el nuevo mundo. Discusiones sobre lo que es cultura y lo que es industria; sobre lo que merece ser subvencionado y lo que queremos consumir realmente.


Y, mientras, seguimos en transición. Con un pasado y mil futuros posibles. Veremos."



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domingo, 13 de febrero de 2011

Jeff Lang - Chimeradour (2009)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"El australiano Jeff Lang es uno de esos tipos que impresionan cuando les ves en directo. Irradia una fuerza e intensidad tremendas, tanto con banda como en solitario. “Chimeradour”, su último álbum, es un compendio de todas las facetas de Lang, desde la más acústica, como songwriter de categoría, a la más eléctrica, como guitarrista espectacular.




En esto último destaca particularmente, ya que sus habilidades están muy por encima de la media. Su técnica principal es el slide (aunque domina todos los aspectos del instrumento) y lo utiliza con la misma destreza para acariciar al público o para lanzarle poderosas ráfagas de rock’n’roll. En esto coincide con el también australiano John Butler, un guitarrista influenciado por Lang que también vale la pena descubrir.


Hace pocos meses, Jeff Lang estuvo de gira por nuestro país, dejando tras de sí unos cuantos públicos boquiabiertos. “Chimeradour” es una buena forma de conocer la obra de este guitarrista y cantante que representa a la perfección el papel del músico que merece mucho más reconocimiento del que tiene. Y, por cierto: cuando vuelva de gira por aquí, estad atentos."



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sábado, 22 de enero de 2011

Black Dub – Black Dub (2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"
Entre la producción de "No Line In The Horizon" de U2 y de "Le Noise" de Neil Young, Daniel Lanois encontró tiempo para montar un nuevo proyecto, capitaneado por él mismo y completado por Brian Blade, Trixie Whitley (hija del malogrado Chris Whitley) y Daryl Johnson.

Tras recuperarse el guitarrista y productor de un aparatoso
accidente a mediados de este año, salió por fin a la calle "Black Dub", el primer disco homónimo del grupo. Uno de esos discos raros que, a pesar de hacer aguas en algunos momentos, tiene algo hechizante.



Es increíble la cantidad de
géneros con los que tontea la música de Lanois sin meterse de lleno en ninguno de ellos. "Black Dub" contiene pasajes que rozan la incongruencia y, tanto la elección vocal, como algunos arreglos, pueden llegar a resultar desajustados y un tanto anacrónicos, pero es innegable que el conjunto tiene algo.

Puede ser el aspecto
instrumental, algo que no es de extrañar con Brian Blade –sin duda, uno de los mejores baterías del mundo– a las baquetas: su forma de groovear con Johnson y el punto tan orgánico que ambos alcanzan junto a las guitarras de Lanois es realmente especial."


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Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).

miércoles, 19 de enero de 2011

Talib Kweli + Hi-Tek are Reflection Eternal – Revolutions Per Minute (2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"
Diez años después de su aclamado “Train of Thought”, el rapero Talib Kweli y el productor Hi-Tek vuelven a unir sus fuerzas bajo el nombre de Reflection Eternal para grabar uno de los mejores discos de hip-hop del año.

Revolutions Per Minute” tiene toques de soul, R&B e incluso dub pero, en la coctelera de Hi-Tek todo adquiere un carácter muy personal, y las frases de Kweli se adaptan perfectamente a su producción.



Y es que este es un álbum marcado por la
comunión de ambos músicos, sin egos ni protagonismos. Las colaboraciones de Mos Def (antiguo compañero de Kweli en Black Star), Bilal o Bun B funcionan perfectamenten, mientras que la de Estelle y algún que otro tema le restan consistencia al tracklist. Pero, en general, este es un gran disco."


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sábado, 15 de enero de 2011

Spoon – Transference (2010)

Extraído de mi artículo para Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com:

"
Este podría ser el disco pop del año: porque Britt Daniel escribe buenas canciones, porque los arreglos y el grupo suenan exquisitos o porque es difícil escapar a los infecciosos ritmos de Jim Eno.

La cosa es que por estos lares no les hace
caso mucha gente, aunque en EE.UU. no se pueden quejar, y menos aún para ser una banda teóricamente “independiente”.



Transference”, es un disco que toma una dirección diferente con respecto a su anterior álbum, el también fabuloso “Ga Ga Ga Ga Ga”, aunque en ningún momento dejan de sonar a ellos mismos.

Algunos modernos estarán encantados de tener una
buena banda con la que tirarse el rollo, para variar, pero Spoon se merecen llegar al mayor público posible. Porque, aunque no tienen nada que ver, los de Austin triunfan donde Kings Of Leon están fracasando."


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Nota: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).

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