domingo, 8 de febrero de 2015

Romano – Sclavis – Texier (Santander, 7-II-2013)


Reseña del concierto publicada originalmente en Tomajazz: 

Para algunos, hacerlo bien no es una opción. No es cuestión de pertenecer a una estirpe de “elegidos”, sino a la confluencia de varios factores que resultan, casi sin excepción, en lo que podríamos denominar excelencia. No es fácil imaginar una noche en la que Coltrane tocara rematadamente mal, como no es fácil encontrarse ante una actuación floja de Keith Jarrett, Joachim Kühn, Donny McCaslin o Jason Moran, por ejemplo. Al trío de Aldo Romano, Louis Sclavis y Henri Texier le ocurre algo similar, con la particularidad de que esa excelencia es aplicable tanto al grupo como a sus miembros por separado. Con todo lo largas y variadas que son las carreras de los tres músicos, no parece probable localizar en ellas patinazos o episodios de mediocridad transitoria.Debido a esa excelencia, cualquier aficionado prevenido sabe lo que se avecina ante un concierto de este cuarteto atípico. Cuarteto menos uno, en este caso, o trío mutilado; la concepción original del grupo hace que se resienta ligeramente ante la ausencia de su “cuarto hombre”, el fotógrafo Guy LeQuerreq. La proyección de las majestuosas fotografías de LeQuerreq durante un concierto del grupo convierte el recital en una experiencia sensorial completa y extraordinaria. Afortunadamente, la enorme solidez del trío provoca que, una vez empieza la música, todo lo demás pase a un segundo plano.Su cancionero se presta: es variado y magnético, una perfecta estampa del caleidoscopio de personalidades que es el trío. Como unidad, tocan con convicción y con un altísimo grado de empatía y compromiso. Al mismo tiempo, cada uno de ellos tiene una personalidad muy marcada a la que no renuncian. Así se diseñó el proyecto y así lo transmiten en directo. Romano-Sclavis-Texier, en riguroso orden alfabético, son un alarde de triple personalidad unitaria.Para ser justos, en su actuación de Santander hubo algunos “peros”. El primero es que Romano estaba bastante desmejorado; se movía con dificultad y le costó entra en calor. Una vez despegó no hubo flaqueza, pero su aspecto y movilidad resultaron preocupantes. Por otro lado, aunque Sclavis tuvo momentos muy brillantes, también le costó entrar en canción (en el precioso “Bereber”, firmado por Texier, parecía no encarrilar el tempo durante las exposiciones del tema) y se echó en falta que le dedicase algo más de tiempo al clarinete.
Texier, por su parte, estuvo perfecto. Con su característico sonido (a veces pasado por un chorus y un octavador) ejerciendo de pasta niveladora, no hubo un solo momento en el concierto en el que no resultase infalible, y su pieza “Surreal Politik” –una especie de homenaje al “Fables Of Faubus” de Mingus– fue uno de los momentos álgidos de la noche.
Como todos los sectores de la cultura en nuestro país, el Aula de Música de la Universidad de Cantabria ha sufrido grandes recortes en su presupuesto. No sabemos si éste dará para programar más conciertos este año, pero está claro que bajar la calidad de su programación no es una opción para ellos. Dicen que si sólo puedes disparar una vez, es mejor que te asegures de dar en el blanco. Pero ya lo he dicho antes: para algunos, hacerlo bien no es una opción, sino un estado natural.

Esta humilde reseña está dedicada a la memoria de Raúl Mao, editor y buen amigo, que nos dejó 24 horas después del concierto aquí reseñado y que, casualmente, publicó mi primer texto sobre este magnífico grupo. Descanse en paz.


viernes, 6 de febrero de 2015

Paulo Curado - The Bird, The Breeze and Mr. Filiano (2006) + Jorge Lima Barreto - Zul Zelub (2005)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en septiembre de 2008: 
Portugal se mueve, eso está claro. No solo por la incesante demostración de coherencia (y excelencia) discográfica de Clean Feed, que cada poco tiempo nos sorprende con nuevas y magnificas grabaciones, sino por la cantera de músicos portugueses interesantes. En realidad, más que por los músicos, por la gran cantidad de ideas desarrolladas en el país vecino, afrontadas con sapiencia, libertad y un fuerte sentido del riesgo. 

Dos nuevas referencias del catalogo Clean Feed documentan esa inquietud; dos propuestas completamente diferentes, que ponen de manifiesto la variedad de la escena portuguesa. 

Por un lado tenemos a Paulo Curado, un saxofonista sobresaliente al que hemos podido escuchar en multitud de proyectos, que en esta ocasión forma trío con su compatriota Bruno Pedroso y con un invitado especial: Ken Filiano. 

The Bird, The Breeze and Mr. Filiano es un disco que me ha sorprendido desde el primer momento. Viendo la formación y que todas las piezas son aparentemente improvisaciones colectivas, uno espera encontrarse ante una blowing session libre y poderosa. Sin embargo, resulta difícil creer que muchos de los temas del disco (muy buenos, por otro lado), sean completamente improvisados, tanto por su forma como por la pulcra ejecución del trío. Por otra parte, la libertad esta ahí, evidentísima, así que más bien da la sensación de que, antes de la grabación, los músicos pudieron tomarse un tiempo diseñando escenarios y acordando lugares comunes. Sea como sea, tanto en los temas colectivos como en los solos y dúos que los aderezan, hay una forma específica y dúctil, que permite a los miembros del grupo expresarse con naturalidad sin deformarla. 

Curado se manifiesta como un solista interesantísimo, con un sonido clásico que a veces recuerda a Ornette, pero con una carga espiritual más fuerte. Sus fraseos, quebrados y urgentes, están empapados de un fuerte sentido melódico. Su trabajo con la flauta deja con ganas de más, gracias a su estupendo sonido y a la mencionada espiritualidad que rezuma. 

Filiano es uno de los mejores contrabajistas de la escena y aquí su papel le permite mostrar todas sus cualidades. Apoyado por un sonido sublime (cosa no tan habitual en los contrabajistas), improvisa con swing y un lirismo que no siempre aflora en sus grabaciones. Pedroso es un batería sólido, capaz de tocar en múltiples situaciones de forma convincente. Aquí se muestra implicado y comunicativo, atento a lo que sucede para obrar en consecuencia. 

En definitiva, podemos decir que este trabajo sobrepasa las expectativas y se sitúa entre lo mas interesante producido en la escena portuguesa de los últimos años. ¿Por qué? Pues simple y llanamente porque suena grande y trascendente, transmitiendo la sensación de que dentro de unos años va a sonar tan fresco como hoy. 

Jorge Lima Barreto es una figura capital en la música creativa portuguesa desde hace más de 25 años, tanto con el dúo Telectu como en solitario con su música, obras y escritos. Muy cercano a la música contemporánea y la electrónica, mezcla ambas tendencias con el espectro jazzístico en Zul Zelub, formado por dos largas piezas que no queda claro si buscan contraponerse o complementarse. En cualquier caso, esta es una obra experimental que tiene mucho de concepto y algo de solidez, aunque no la suficiente. 

La idea es desarrollar composiciones e improvisar sobre dos medios diferentes: en “Zul”, sobre ondas de radio aleatorias producidas en directo y en “Zelub”, sobre cuatro CDs pregrabados con elementos de sonido natural. La cuestión es que la idea es interesante y durante muchos momentos resulta inspiradora, pero la larga duración de ambas piezas hace que sea imposible no perder el interés con facilidad. 

Incluso afrontando Zul Zelub como un recital de piano solo, Barreto no consigue sobrevivir a las dimensiones de su propio proyecto. Tampoco hay que obviar que Barreto es un cuidado estilista del teclado, capaz de conjugar un lirismo delicioso con los pasajes más beligerantes, y que referentes clásicos como el ineludible Cecil Taylor, aportan el punto de tradición a la música. En cualquier, caso, un esfuerzo que resulta muy interesante y arriesgado, pero difícil de sostener durante los mas de 75 minutos de duración del disco.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Conference Call - Poetry In Motion (2006)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en septiembre de 2008: 
Poetry In Motion podría ser el mejor disco del grupo Conference Call. O puede que no, pero la cuestión es que tras una primera escucha, esa es la sensación que queda. 

Con la formación aparentemente estable desde hace unos años (George Schuller es el batería oficial, aunque le precedieron Matt Wilson y Han Bennink y Gerry Hemingway le ha sustituido en alguna ocasión), el grupo parece cómodo y relajado, comunicándose a un nivel espectacular. Esa parece la base de la banda y de la música que toca: la extraordinaria comunicación entre ellos. Todos los temas parecen tremendamente abstractos y sin embargo están muy definidos. Pero lo que es más importante, los músicos alcanzan ese estado de gracia en el que parece que todos tocan completamente a su aire y sin embargo, escarbando en los sonidos, uno puede percibir la sintonía que les hace imprescindibles a todos ellos. 

Gebhard Ullmann, nombre básico del jazz y la vanguardia europea, posee un sonido pleno pero flexible al tenor y etéreo pero contundente al clarinete bajo. Así, consigue el difícil objetivo de sonar diferente según la pieza, no sonando a nadie en concreto. Michael Jefry Stevens tiene desde hace años un grupo con Joe Fonda, con lo que es natural que se entiendan a la perfección, y su estilo abierto y lírico es necesario para la música. Concentrándose en la parte media y aguda del teclado, recurre en ocasiones a armonías enriquecedoras y patrones percusivos que se repiten obsesivamente. Su papel es quizá el más impresionante puesto que, seguramente sin pretenderlo, desvía la atención del oyente hacia su piano en todo momento. 

Pero Poetry In Motion es una obra coral, porque todos tocan en todo momento para todos y al final, es imposible disfrutar exclusivamente de lo que hace uno de ellos. Por ejemplo, George Schuller parece tener un papel secundario por lo aéreo y sofisticado de su toque, pero poco a poco se revela como una de las claves de la banda. Y no nos olvidemos de Fonda, con esas líneas poderosas e inspiradas que zigzaguean envolviendo a sus compañeros. 

Además, las composiciones tienen la misma cualidad que los músicos: la de lograr una unidad ilusoria, teniendo en cuenta lo variado de la propuesta. Hay cientos de matices entre ellas y caracteres muy diversos pero, curiosamente, Poetry In Motion suena compacto, indeleble, capaz de soportar el juicio de los oídos más exigentes. 

Quizá es por el resultado, orgánico y atemporal, o porque simplemente, lo firman cuatro nombres de un talento extraordinario. En definitiva, es una música inclasificable que navega entre la libertad más pura y el sentido más definitivo. 

Poetry In Motion. Ahora que lo pienso, visto así, es mucho más que el nombre de un tema o el título del CD. Es toda una definición. 

lunes, 2 de febrero de 2015

Mark Dresser / Ed Harkins / Steven Schick - House Of Mirrors (2006)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en septiembre de 2008: 
Mark Dresser es un músico profundo, experimentador e inteligente. Desde hace décadas se ha dedicado a pasear por los paisajes del jazz en busca de cosas nuevas que decir, tanto en su faceta de contrabajista, como en la de líder y compositor. Muchos palos ha tocado en este tiempo y nunca ha resultado decepcionante; sus aventuras le han llevado a formar parte de algunos de los grupos mas emocionantes de los últimos años y a participar e incluso liderar decenas de discos memorables. 

El sello portugués Clean Feed es uno de los que más (y mejor) ha documentado su trabajo reciente, desde su solo de contrabajo Unveil al fantástico dúo con Roswell Rudd, Airwalkers. Ahora salen de golpe dos grabaciones más protagonizadas por Dresser pero, como suele ser habitual en él, tratadas de una forma colectiva.

Mauger es un super-trío, un all-stars, un dream-team o como se le quiera llamar. El hecho está formado por Rudresh Mahanthappa, Mark Dresser y Gerry Hemingway, tres músicos que con su sola presencia avivan el interés por una grabación, con lo que verles juntos hace salivar el oído rápidamente. 

Teniendo en cuenta la versatilidad de cada uno de ellos, de buenas a primeras es difícil saber con qué nos vamos a encontrar, al menos en cuanto a enfoque (la calidad está más asegurada). Afortunadamente ninguna personalidad solapa a otra, y los tres se ven completamente representados, tanto a nivel instrumental como compositivo. En The Beautiful Enabler hay lugar para composiciones de todos ellos e incluso para una creación colectiva. 

Lo mágico del disco es que transmite una sensación de flexibilidad que hace que, reconociendo claramente el carácter particular de cada músico, todo fluya como un “todo” poli-estilístico, como si los tres instrumentos se abrazasen con fuerza hasta amoldarse milimétricamente uno a otro. Esta unidad confiere naturalidad al proyecto y, aunque Hemingway suena algo más contenido en ocasiones o Mahanthappa algo más clásico, la música respira y se expande por el aire, imbatible. 

The Beautiful Enabler es una de las grabaciones ineludibles del año, y Mauger, uno de los grupos que más prometen de los aparecidos en los últimos años.

Con House Of Mirrors, el otro disco que nos ocupa, aflora la faceta más cercana a la música contemporánea de Dresser. Otro trío en este caso, muy diferente al anterior. Dresser decidió escribir todas estas composiciones inspirado en el libro pedagógico de ritmos de Edwin Harkins, una figura capital de la New Music y un virtuoso de la trompeta (en este disco toca hasta 6 modelos diferentes, todos poco habituales en el ámbito jazzístico). Dresser y Harkins, mano a mano, escribieron y desarrollaron el proyecto como dúo, ensayando ocasionalmente y llegando a actuar en una ocasión. Tiempo después Dresser se unió a la Universidad de California-San Diego, donde Harkins imparte clases desde hace años. Allí el proyecto tomó forma con la incorporación de Steven Schick, profesor de percusión de la UCSD y un nombre muy conocido en los círculos de la música contemporánea. 

House Of Mirrors es un esfuerzo experimental, pero tremendamente asequible, en el que es difícil separar lo que es composición de lo que es improvisación. Afortunadamente, todo el disco posee una indudable libertad que le sitúa adecuadamente entre la música contemporánea y el jazz. Lejos de encorsetarse en caminos limitados o expuestos a demasiadas premisas iniciales, la variedad y desenfado de la grabación resulta refrescante. 

El papel de Dresser, tan importante como el de Harkins, no es tan deliberadamente protagonista en una escucha parcial. Pero incluso Schick, que parece supeditado a un segundo plano, ve resurgir su papel a medida que se suceden las escuchas. House Of Mirrors es un proyecto completamente colectivo, imposible de llevar a cabo sin alguno de sus miembros pero, además, debe entenderse como un conjunto en todos sus aspectos. A pesar de la solidez independiente de la mayor parte de las piezas, es en una exposición completa en la que podemos percibir el carácter de la obra y los centenares de matices que contiene. 

Ambos discos muestran dos caras de un mismo Mark Dresser, acompañado por personalidades tan interesantes como él. Un mismo Mark Dresser para músicas muy diferentes. Eso si, todas buenas. 

viernes, 30 de enero de 2015

Bryan Estepa - Heart vs Mind (2013)


El pasado miércoles vi a Bryan Estepa en directo en el colegio de abogados de Bilbao, uno de los sitios más peculiares en los que uno puede ver un gran concierto en esta ciudad, pero que siempre tiene una programación exquisita, diseñada con mimo y mucho saber hacer. 
Por eso, porque los responsables de dicha programación saben muy bien lo que hacen, uno puede ir a uno de sus conciertos sin saber mucho más que la hora de comienzo, y salir de él con una gran sonrisa. 
Yo no conocía la música del cantautor australiano hasta el pasado miércoles pero su concierto fue delicioso, y el disco que me llevé bajo el brazo tras él lleva en mi tocadiscos desde entonces.

Once buenas canciones de pop de primera, tocado y cantado con gusto, con serias reminiscencias a los Jayhawks y a lo mejor del power pop y rock americano, con buenas melodías, una gran voz y una producción muy cuidada. Un disco estupendo. 

miércoles, 28 de enero de 2015

Luis Lopes - Humanization 4tet (2007)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en julio de 2008: 
Dicen que unos buenos acompañantes no tienen precio y, en este caso, eso se ajusta completamente a la realidad. Luis Lopes debuta con un disco muy interesante y lo hace de la mano de un grupo que le hace quitarse a uno el sombrero. Aparte de los siempre interesantes hermanos González (hijos del gran trompetista Dennis González y sección rítmica en varios de sus proyectos), el fantástico saxofonista Rodrigo Amado llena de elocuencia los temas de Lopes, dando un plus de calidad a un disco muy a tener en cuenta. 

Lopes, guitarrista de técnica correcta, ideas claras y salubre falta de complejos, deja la mayor parte del espacio solista al saxofonista portugués, que serpentea confiado sobre las vías que construyen los González. El guitarrista llega incluso a quitarse de en medio en muchos momentos, decisión personal y nunca justificada por un posible entorpecimiento que no llega a darse. Su guitarra trabaja en todo momento con líneas, frases y texturas creadas con mucho saber hacer y no demasiados efectos pero, curiosamente, Lopes no llega a acompañar o a expresarse mediante acordes durante la práctica totalidad de la grabación. 

Uno podría pensar en él como un guitarrista de pacotilla, que toca poco y que parece no querer protagonizar su propio disco (sin ir mas lejos, recuerdo un par de discos del proyecto de un guitarrista español terriblemente mediocre, que se rodeaba de algún buen solista y una rítmica sólida para ocultar su propia incapacidad), pero la realidad se impone mediante seis excelentes composiciones que se revelan como la finalidad última de este disco. 

Lopes sabe exactamente lo que debe y lo que no debe aportar a cada tema, manifestándose como un líder cabal, un compositor destacable, un solista misterioso y, en definitiva, una nueva voz a tener en cuenta en el futuro. 

lunes, 26 de enero de 2015

Cracker - From Berkeley to Bakersfield (2014)




Primer discazo de rock del año (su fecha de salida es de diciembre de 2014, pero a Europa no ha llegado hasta la semana pasada). 

Cracker lo han vuelto a hacer, publicando un disco que respira honestidad y buenas canciones de principio a fin. Dividido en dos CDs, con cierta personalidad estilística cada uno de ellos: el primero, con sonidos más crudos envolviendo sus fabulosas melodías de pop californiano y la formación original de la banda recuperada; el segundo, un homenaje a sus raíces country que va mucho más allá del country, que cierra ese mágico círculo entre Berkeley y Bakersfield. 

En total, un disco mayúsculo que a quien esto escribe le ha entrado a la primera y de la mejor manera posible. Y eso no me pasa tan a menudo. 



Comprado en Power Records (Bilbao)

martes, 20 de enero de 2015

Otomo Yoshihide’s New Jazz Quintet - Live In Lisbon (2004)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2008: 
A veces es complicado acertar cuando queremos conocer a un músico. En esto que llamamos jazz una sola grabación (e incluso varias), no sirve para formarse un retrato de la personalidad musical completa del músico. 
Otomo Yoshihide es uno de esos músicos con una personalidad compleja, llena de recovecos y de instantes musicales muchas veces inesperados, pero casi siempre interesantes. 
Para un oyente casual, ajeno a los universos de Yoshihide, no seria lo mismo conocerle mediante la catártica (y a veces dolorosa) intensidad de Cathode (tzadik, 1999) o Anode (tzadik, 2001) que con su fascinante reinvención de Dolphy en Out To Lunch (doubtmusic, 2005), por citar algunos de sus discos mas conocidos. Puede que ahí radique el principal valor de Live In Lisbon, en su accesibilidad. 
Presentando su New Jazz Quintet, Yoshihide desarrolla una música más basada que nunca en el free jazz tradicional, sin perder su personalidad ni la característica tensión que impregna habitualmente su obra. Tampoco debemos quitar merito a sus acompañantes, entre los que destaca, por familiar, el nombre de Mats Gustafsson, colaborador habitual del japonés. Pero la música que hace el quinteto bebe y es absoluta esclava de la participación de cada uno de sus miembros. Un jazz libre, colectivo y absolutamente palpitante, desde el hímnico comienzo del disco con "Song For Che" hasta los ecos de Ayler en "Eureka" y la realimentación eléctrica que invade Flutter. 
Que nadie me malinterprete, este no solo es un gran disco de Yoshihide, sino un gran disco de jazz. Mayúsculo, autentico y de los que se escuchan una y otra vez.

martes, 13 de enero de 2015

Charles Gayle - Consider The Lilies… (2005)




Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2008:
Charles Gayle es un superviviente. Mas allá del halo de malditismo que rodea su figura (cualidad nunca bien ponderada tratándose de un jazzman), de sus años de “homeless”, de sus periodos de misteriosa desaparición y de su profunda devoción religiosa, Gayle parece importado a nuestros días de un pasado, no tan lejano, en el que el free jazz era más que un estilo vagamente definido por los críticos. 

Músico personal y despiadadamente honesto, es dueño de la herencia de Albert Ayler mas legítimamente que otros así proclamados, profeta del sonido y de la plenitud espiritual a través de la improvisación. Sus discos, instantáneas de su compromiso con la música y con su dios, nunca dejan indiferentes, practicando habitualmente una violencia acústica que no es tal, sino que deviene en cánticos, aullidos y desesperados intentos de transmitir los latidos del universo a través de su saxofón. 

A pesar de poderse considerar un abanderado del tenor, Gayle es también un excelente pianista, como acostumbra a demostrar en casi todos sus recitales, y en no pocos de sus discos (de hecho, tiene dos discos a piano solo), y ha tocado en alguna ocasión la viola y la batería, entre otros instrumentos. 

Consider The Lilies… es una de sus últimas grabaciones, y le captura en directo con su trío en el Vision Festival de 2005. Desde el 2004 aproximadamente, Gayle parece haber adoptado el saxo alto como instrumento principal y, no se bien si por ese cambio, su música parece haber perdido en radicalidad y ganado en expresividad. 

A lo largo de los cortes del CD el trío despliega algo mas de cuarenta minutos magníficos que, por encima de todo, se hacen muy cortos. El sonido de Gayle se vuelve tremendamente heredero de Ornette Coleman por momentos, pero su pulso, su fraseo y su lenguaje permanecen intactos. Gracias al buen hacer de Hilliard Greene y sobre todo al excelente acompañamiento de Jay Rosen, Consider The Lilies… se convierte en una de las mejores grabaciones recientes del saxofonista, que también toca el piano (llegando incluso a tocar piano y saxo simultáneamente). 

Aquí va un pedazo de Charles Gayle, un clásico vivo, un músico oscuro por elección, aunque también involuntariamente porque, por suerte para nosotros, es su música quien le guía.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Chris Potter - Song For Anyone / Follow The Red Line – Live at the Village Vanguard (2006/2007)

 

Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2008: 


Chris Potter es un caso extraño. Es sin duda uno de los saxofonistas más importantes de su generación, dueño de una técnica asombrosa y de un discurso construido cuidadosamente con el que desarrolla habitualmente improvisaciones inteligentes, creativas y muy elocuentes. Sin embargo, es en su larga trayectoria como sideman en la que ha perfilado sus mejores momentos. Sus aportaciones a la música de Dave Holland, Scott Colley, Edward Simon, Kenny Werner, Paul Motian, Dave Douglas, Billy Hart, Steve Swallow o Alex Spiagin entre otros, han colmado nuestros oídos de gozo en incontables ocasiones. 

Siempre versátil, casi siempre interesante y en ocasiones verdaderamente brillante, su carrera como líder ha sido, paradójicamente, una descorazonadora sucesión de discos bienintencionados pero, por lo general, de muy inferior calidad a su trabajo como sideman. Por supuesto que tiene discos interesantes como Introducing Chris Potter (criss cross, 1994) Moving In (concord, 1996) o Unspoken (concord, 1997), pero no llegan al nivel de muchas de sus colaboraciones. Asimismo, grabaciones mas recientes como Traveling Mercies (universal, 2002) o Lift: Live at the Village Vanguard (sunnyside, 2004), son lamentables tropiezos en una discografía que debería, por fuerza, haber sido mucho mas sólida. 
Cuando apareció Underground (sunnyside, 2006), resultó una gran alegría. El saxofonista parecía querer ir en una nueva dirección y, sin ser un disco extraordinario, reúne una serie de ideas muy interesantes y marca el rumbo que le hará desembocar en los discos que nos ocupan. Dos discos que han traído a Potter la gloria merecida y tanto tiempo reclamada. Dos grabaciones muy diferentes en su concepción que comparten un vínculo además de su titular: la altísima calidad de ambas. 

Song For Anyone, producido por Dave Holland y con Potter liderando un tenteto de ensueño, contiene diez originales tratados de manera muy inteligente. Los arreglos, obra del propio Potter, son siempre interesantes y más que apoyar, dan color y profundidad a las intervenciones del líder, que es también el principal solista. Esto no quiere decir que no haya grandes solos de otros miembros del grupo, de los que destacaremos el clarinete de Greg Tardy, el violín de Mark Feldman y el fagot de Michael Rabinowitz. 

Follow The Red Line sirve como contrapartida a Song For Anyone, por ser una grabación en directo con su cuarteto eléctrico Underground, y esto ya son palabras mayores. El grupo es perfecto, con una complicidad impresionante entre Nate Smith, Adam Rogers y uno de los más grandes teclistas de los últimos años: Craig Taborn. Desde el primer minuto del CD hasta el último, se respiran intensidad, pasión, contundencia y creatividad en uno de los mejores discos que he oído en muchísimo tiempo. No hay una sola nota que no sea la que tiene que ser y, aunque todos improvisan magníficamente, Potter construye algunos de los mejores solos de su carrera. 

En estado de absoluto éxtasis por las repetidas escuchas de Follow The Red Line, fui a ver a Underground en directo durante el pasado Festival de Jazz de Madrid. Mis expectativas no solo se vieron cubiertas, sino que fueron superadas por una banda en estado de gracia que es, sin ninguna duda, una de las mejores del momento. Además, a excepción del tema "Viva Las Vilnius", tocaron un repertorio completamente diferente al CD (versión del "It Ain’t Me Babe de Bob Dylan" incluida) que promete una futura entrega discográfica. Yo, desde luego, no creo que pueda esperar.

lunes, 15 de diciembre de 2014

11 JAZZTOPAD FESTIVAL (Wroclaw, Polonia, 13 a 23 de noviembre de 2014)


"Tal vez si yo fuese tan maniático del control como él sería igual de prolífico". Lo dice entre risas Pheroan akLaff de camino al Wroclaw Philarmonic Hall, donde en una hora Wadada Leo Smith presentará su composición Solidarity para el afortunado público del festival Jazztopad. La premiere no tiene lugar en esta preciosa ciudad de Polonia por casualidad: es el festival y su director artístico, Piotr Turkiewicz, quien encargó al trompetista una gran pieza con la lucha por los derechos de los trabajadores a lo largo de la historia y el planeta. La asociación se vuelve natural desde la primera nota. Bien pensado, el carácter comprometido y solidario de Wadada y su obra siempre fue más allá de las reivindicaciones raciales y sociales expuestas en Ten Freedom Summers, con lo que la apuesta resulta ir mucho más allá de lo musical. Tras una selección de la mencionada Ten Freedom Summers, Solidarity levanta el vuelo en Polonia y sólo muestra la punta del iceberg de lo que podría ser. El encargo se ha convertido en la semilla del próximo proyecto a gran escala de Smith. Ni él mismo sabe a dónde le va a llevar.

El auditorio se mantiene en suspenso a lo largo de toda la pieza, dejándose invadir sensorialmente por la orquesta sinfónica NFM, el Golden Quartet del trompetista –con unos siempre exultantes Anthony Davis, John Lindberg y Pheroan akLaff– y el toque mágico de Jesse Gilbert, hombre en la sombra que tiene más que ver con el trabajo reciente de Wadada de lo que podría parecer. Gilbert, que casualmente tiene antepasados polacos, desgrana imágenes de la lucha obrera sacadas de multitud de épocas y países (ninguna de España; ¿casualidad?... Dejémoslo), completando la experiencia de Solidarity.

Experiencia es la palabra. Wadada dice que ya tiene casi una decena de piezas escritas para la gran obra que germina a partir de Solidarity, y que esta será más grande y majestuosa que su predecesora, lo que convierte al estreno en Wroclaw en algo mucho más grande que una comisión. Un concierto para la historia recién inaugurado el Jazztopad de este año, nada menos.

Aunque el del día siguiente no se quedaba atrás, con otro encargo del festival, esta vez a un músico tan brillante como poco reivindicado: el fascinante chelista Erik Friedlander. Quienes se atreven a asomarse más allá de lo que ha aportado a los múltiples universos de John Zorn, saben que la música de Friedlander es rica, variada y compleja. Su carrera abarca desde la improvisación libre a los arreglos de cuerda de bandas de rock como The Mountain Goats, y en ella ha alcanzado la excelencia como intérprete, compositor, arreglista e improvisador. A pesar de ello, Friedlander no es fácil de ver como líder en Europa, y menos aún en las circunstancias de su presencia en Jazztopad. Tras la proyección y posterior charla-presentación del documental "Nothing On Earth", cuya banda sonora está firmada por el chelista, un programa doble extraordinario nos brindó otro de los conciertos del festival. La primera parte del mismo recuperaba uno de los proyectos más fascinantes de Friedlander, Block Ice and Propane, escrito a partir de los recuerdos de sus veranos de infancia y adolescencia viajando en caravana con sus padres y hermana por Estados Unidos. El padre del chelista es el famoso fotógrafo Lee Friedlander, que utilizaba estas largas travesías para fotografiar diferentes aspectos de la sociedad norteamericana, mientras el joven Erik iba generando recuerdos para, muchos años después, escribir un puñado de composiciones fascinantes. En ellas, la música tradicional americana se filtra en el instrumento de Friedlander generando un caleidoscopio de influencias expresadas emotivamente por el chelista en solitario, acompañado tan sólo de fotografías familiares que se sucedían en una gran pantalla sobre el escenario. Un concierto verdaderamente memorable, por íntimo, personal y musicalmente sofisticado.

A este le sucedió una nueva comisión del festival: un concierto para chelo y orquesta que mostró una faceta diferente, aunque igualmente fascinante, del compositor. En ella se fundían elementos de música clásica e improvisación, con ese inevitable tinte del downtown neoyorquino del que Friedlander es máximo exponente. La obra contenía giros y pasajes enrevesados y muy ingeniosos, y la comunión entre el chelo solista y la Orquesta Sinfónica NFM fue ejemplar en todo momento. Un perfecto e irrepetible final para un día protagonizado por un músico que merece mucha más atención.
Al día siguiente, la cita era con una figura mítica de la música. Ni siquiera diremos jazz, porque él diría Ethio-Jazz, esa especie de subgénero desarrollado y popularizado por otro de los cabezas de cartel del Jazztopad de este año: Mulatu Astatke. No se lo podemos negar; Astatke representa, no sólo la vigencia de un estilo con ciertos lugares comunes que le dan su personalidad, sino la capacidad para mantenerse en forma, con credibilidad y sustancia, medio siglo después de "inventar" el Ethio-Jazz. Su concierto en Wroclaw era uno de los más esperados y no defraudó un ápice. Acompañado por una sólida banda de músicos británicos, el africano tocó y dejo tocar, se lució y dejó que su banda fuese mucho más que una comparsa para la estrella. El vibráfono de Astatke fue el protagonista, a base de buen gusto e improvisaciones infalibles, y luminarias de la improvisación británica como John Edwards y Byron Wallen también nos brindaron momentos de gran nivel en un concierto que dio todo lo que prometía. Y prometía mucho.

Pasado el fin de semana, las propuestas de Jazztopad bajaban el listón en aforo y popularidad, pero no en riesgo, compromiso ni calidad. Así lo sentenciaba el arrollador concierto de Cortex el lunes por la noche en Mleczarnia, el club en el que cada noche se celebraban las inefables jam sessions del festival. Así, abrigados por las paredes de piedra de la planta subterránea del club, el cuarteto noruego disparó un concierto certero e intenso, de los que le dejan a uno clavado a la silla. La banda recoge el testigo de lo mejor del free-bop reinterpretado vía europea, recordándonos los inicios más efervescentes de formaciones como Atomic, aunque desde una perspectiva más clásica o, mejor dicho, ortodoxa. Esto no quita que Cortex tenga mucho y muy interesante que decir, con especial mención al saxofonista Kristoffer Alberts, que en Wroclaw estuvo particularmente brillante.

A partir de aquí es cuando el festival se reinventa dentro de la propia edición, dejando que sus propuestas se ramifiquen hacia un perfil más especializado, haciendo hincapié en lo que todo festival debería hacer: potenciar la oferta y la presencia de músicos nacionales, diseñando un retrato de la propia escena con la misma intensidad con la que se programa a los cabezas de cartel. Así, durante dos días el festival ofreció 9 conciertos de otros tantos grupos polacos, todos ellos remarcables,  aunque algunos muy destacables, como los de Maciej Obara, Adam Baldych, Piotr Orzechowski, Flesh Machine o Piotr Damasiewicz,  y otros extraordinarios, como los de Waclaw Zimpel y el Tom Trio. El conjunto reveló una escena tan desconocida como rica y llena de talento. Solistas, compositores, líderes… El potencial visto en Jazztopad es envidiable para cualquier país, y continúa una larga tradición que, aunque relativamente oculta, lleva curtiéndose durante generaciones.

Pasado el capítulo del producto patrio, llegó el del intercambio cultural, otra de las señas de identidad del festival, con una excepcional representación proveniente de Turquía y Corea de mano del festival de jazz de Akbank. De vuelta en el Wroclaw Philarmonic Hall, un exótico programa doble nos llevó por sonidos interculturales en la penúltima noche del festival. Abría el prodigioso maestro de la darbuka Misirli Ahmet, en un recital en solitario que dejó claro por qué está considerado como uno de los grandes percusionistas de nuestro tiempo. Lo que podría haber sido un recital tedioso –por limitado instrumentalmente– fue una auténtica maravilla de compases imposibles y del acercamiento a la percusión más visceral y orgánico, en forma de pura interpretación y locuacidad. Un perfecto aperitivo para el caleidoscopio musical de MosaiKorea, una formación en la que confluyen el jazz, la música tradicional coreana y toda la fusión que pueda generarse entre ambas. En un subyugante recital, con un gran sentido del clímax sonoro y de la tensión instrumental, la formación dirigida por Yoon Jeong Heo derribó barreras musicales, geográficas y generacionales, integrando con firmeza elementos muy dispares para producir una música única que evita cualquier catalogación genérica. Rica en colores y matices, la propuesta de MosaiKorea apuntaló de nuevo la vieja idea de que el jazz tiene de todo, menos límites.

Excepto los logísticos; aunque más que de límites deberíamos hablar de obstáculos. Así se desarrolló el concierto de clausura del festival, que originalmente iba a ser un encuentro único entre Pharoah Sanders, Joachim Kühn y Trilok Gurtu, después se transformó en un concierto del cuarteto de Sanders y, en el último momento, tuvo que reinventarse con una auténtica pirueta organizativa: ante la repentina falta del pianista de Sanders, William Henderson, el célebre guitarrista Kurt Rosenwinkel acudió en el último momento desde Berlín, donde reside, para ocupar su lugar. Así, lo que se planeó originalmente como un encuentro histórico, se convirtió en otro muy diferente, aunque también histórico. Claro está que, sobre el papel, la idea original del festival era mucho más estimulante, pero el improvisado tándem Sanders-Rosenwinkel supo caer de pie y facturar un concierto muy competente. A pesar de las dificultades de cambiar un pianista de gran raíz negra por un guitarrista cocinado al fuego de Berklee, Sanders sigue siendo, a su edad, un gigante. La furia y la búsqueda han podido quedar atrás, pero queda el saber hacer y, sobre todo, el sonido. Ese sonido. Rosenwinkel –un poco errático pero muy sólido en sus acompañamientos– y el resto de su cuarteto le flanquearon bien, sin asumir grandes riesgos, y Sanders lo aprovechó para no dejarse nada en el saxo. Lo entregó todo, como sólo los grandes veteranos pueden hacer, y Wroclaw se rindió a sus pies.
Un gran final para un gran festival,  que no se entendería sin la sección que complementó su clausura en esos últimos días. El grupo Konstrukt, autoerigidos embajadores del free jazz turco, extendieron su invitación al festival mucho más allá de su –por otro lado muy decepcionante– concierto del viernes. Los turcos se dejaron deconstruir (permítanme el juego de palabras) a lo largo de las horas de sol del sábado y domingo, haciendo elogio del jazz en su más pura esencia: encuentro, comunicación e ideas compartidas.

En una de las iniciativas más fascinantes que quien esto escribe ha visto en un festival jamás, Jazztopad espolvoreó esas últimas jornadas con una sección itinerante llamada “concerts in living rooms” (conciertos en salas de estar) que, desde su extremada espontaneidad e intimidad, brindó algunos de los momentos más emocionantes del festival. Con aforos por fuerza muy reducidos y una laberíntica localización que abarcaba varios puntos de la ciudad, pudimos ver a músicos turcos, polacos y coreanos interactuando en muy diferentes formatos y con una sola cosa en común: la espontaneidad más descarnada y el salto sin red definitivo que es improvisar junto a otros músicos sin tener idea de qué va a pasar. Evidentemente hubo de todo, pero solistas como Maciec Obara, Mateusz Rybicki, Korhan Futaci, Piotr Damasiewicz o el jovencísimo Jakub Kurek brillaron con luz propia, con especial mención a los coreanos Yongha Kim y Aram Lee, que nos dejaron sin habla en una pequeña salita de un viejo edificio construido en la época alemana de la ciudad.

Después de 10 días de música variada y excelsa, con lo que nos quedamos es precisamente con ese afán por la pureza y por la lealtad hacia los principios más básicos de la música improvisada. La intimidad y compromiso de esos pequeños conciertos, en sitios tan mundanos como un salón de una casa particular o un lujoso apartamento en un rascacielos, dan el mejor reflejo de un festival que hace de ese compromiso y esa pureza su buque insignia. Ahora que lo conocemos, resulta difícil imaginarse la escena jazzística europea sin el jazz que suena en Polonia y, más concretamente, en Jazztopad.


sábado, 9 de noviembre de 2013

Alias - Some Kind Of Lullaby (2013)

Ayer estaba en Power Records y Joni me dice "escucha las primeras notas a ver si pillas el tema". Y suena un piano y digo "¡Ol' 55 de Tom Waits!.... Pero, ¿qué versión es esta?". Y me dice Joni que es de un disco solitario del cantante de Maggot Brain, bajo el alias Alias, valga la redundancia. Y lo miro por detrás mientras Joni pincha el "I Heard It Through The Gravepine" y me digo "coño, menuda selección de canciones". 

No es que sean mejores o peores, más emblemáticas o más rebuscadas, sino que algunas de ellas son auténticas piedras angulares en mi propia vida. Canciones que, por el motivo que sea, son particularmente especiales para mí, como las ya mencionadas, "Wild Horses" de los Stones, "Thunder Road" de Springsteen o "Thrasher" de Neil Young. 

Así que me lo compré, claro. Y por la noche lo escuché enterito. Tranquilamente, tras un largo día. La mejor forma de escuchar un disco que acabas de comprar. La mejor, sí. 


(Hoy Power Records cumple 23 años, y para celebrarlo han sorteado una copia de este disco, cedida por su autor. Bonito detalle.) 

jueves, 7 de noviembre de 2013

The Count Basie Trio - For The First Time (1974)


Count Basie tiene swing hasta cuando se aturulla. Esta sesión en trío con Ray Brown y Louie Bellson (nada menos), grabada en los albores del sello Pablo, no es ninguna obra maestra, pero es un placer escuchar la economía de notas de Basie a pecho descubierto, y Brown siempre es algo muy serio.

Mi copia es en vinilo y suena un poco opaca, con la batería de Bellson muy atrás en la mezcla, pero puede ser por circunstancias de la grabación, dado que Norman Granz aún estaba levantando el sello en aquel momento. Un año después, el mismo trío grabó For The Second Time.


(Comprado en una feria del disco en Bilbao)



martes, 13 de agosto de 2013

J.J. Cale - Naturally (1972)

Voy tarde con todo, incluso con los homenajes personales a grandes nombres que se nos van. La muerte de J.J. Cale me cogió en un festival, escribiendo a salto de mata, lejos de mis discos y del tiempo necesario para honrar la memoria de los caídos reescuchando algunos de sus álbumes.

Ahora, por fin, he sacado algunos viejos LPs del gran Cale para descubrir de nuevo lo sofisticado, auténtico y personal de su música. Ese ritmo somnoliento que enseguida se atribuyó a Tulsa, en general, y a Cale, en particular.

Suena Really mientras escribo estas líneas, pero es Naturally el disco que abrió mi día, el que volvió a conectarme con el maestro de nuevo, con ese fascinante bajo de Carl Radle (o Tim Drummond), y el infeccioso sonido de temas como "Call The Doctor", "Crazy Mama", "Call Me The Breeze" o, cómo no, "After Midnight".

Creo que seguiré escuchándole a lo largo de hoy, pinchando sucesivamente Troubadour, Okie, Shades, Grasshopper, Travel Log y los numéricos 5, 8 y Number 10.

lunes, 20 de mayo de 2013

Gorka Benítez - Bilbao (2006)

Reseña publicada en tomajazz.com en mayo de 2007:


El cuarteto responsable de este disco nos ha brindado unas cuantas joyitas. Solo hay que dar una escucha parcial a “Indolents” o “Ugrix”, a nombre de David Xirgu, para constatar las excelencias de este grupo en busca de un jazz fresco y contemporáneo. En este caso estamos ante un disco planteado desde su concepción de una manera mas intima, casi familiar. Concebido para no salir editado a la venta originalmente, la grabación permaneció algún tiempo olvidada, hasta que hace poco Gorka decidió remezclarla y editarla con un titulo que, más que nunca en su carrera, le lleva a sus más profundos orígenes: Bilbao.

Al mismo tiempo, el CD supone una muestra perfecta de la transición musical que sufre Benítez. Éste, cada vez mas interesado en melodías de corte pop, utiliza un cuarteto con el que tradicionalmente había grabado discos de jazz ortodoxo, para introducirse poco a poco en composiciones mas cercanas a ritmos y armonías sencillas. Esta tendencia, de la que ya alardeó en su anterior disco, el magnifico Solo La Verdad Es Sexy, le puede granjear unas cuantas críticas entre los aficionados mas dogmáticos, pero nadie puede ni podrá decir que Benítez sigue alguna directriz comercial.

Todo el mundo sabe que es ridículo pensar que se puede hacer jazz comercial en España (en realidad hay una vía, pero esta copada y sobreexplotada, rozando la vulgaridad), con lo que no hay que confundir, y menos aun con Benítez, el afán comercial con la búsqueda de la propia voz. Bilbao es un dechado de honestidad por los cuatro costados, un disco compuesto por placer y tocado entre amigos, transmitiendo un ambiente de distensión absoluta al oyente.

Temas como “Because of You” o “Y Dale!” desarrollan esa vena pop que mencionábamos y, lejos de caer en el acartonamiento de acercamientos a este estilo por parte de otros músicos, suenan abiertos, puros y creíbles. En el extremo contrario, “Cantan Los Charcos el Lamento de las Gabarras” o “Plaza Gris”, son muestras mas ortodoxas (pero no menos brillantes) de ese jazz etéreo, de sonidos pálidos y alientos contenidos que Benítez lleva facturando, con este y otros grupos, desde hace mucho tiempo.

Hablar de la química del grupo es innecesario, porque estos cuatro señores tocan juntos con una afinidad pasmosa, haciendo que lo difícil parezca fácil. Pérez parece muy cómodo con las composiciones y despliega detalles envolventes que aportan mucha calidez al conjunto, mientras que el tandem Ferrer-Xirgu demuestra una vez más por que es uno de los más memorables de la historia del jazz en España.

En cualquier caso, la valentía con la que Gorka Benítez afronta su carrera discográfica es encomiable, demostrando con este Bilbao que esta dispuesto a tocar lo que le apetezca con solidez y sin renunciar a su personalidad como músico de jazz, ni a la calidad a la que nos tiene acostumbrados. Benítez pasa de etiquetas, de acotaciones estilísticas y de ortodoxias obsoletas y, con toda la naturalidad del mundo, ha vuelto a hacer lo que le pide el cuerpo en este CD. Con dos cojones. De Bilbao tenía que ser.


Yahvé M. de la Cavada, 2007

otros días, otros discos

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