lunes, 26 de enero de 2015

Cracker - From Berkeley to Bakersfield (2014)




Primer discazo de rock del año (su fecha de salida es de diciembre de 2014, pero a Europa no ha llegado hasta la semana pasada). 

Cracker lo han vuelto a hacer, publicando un disco que respira honestidad y buenas canciones de principio a fin. Dividido en dos CDs, con cierta personalidad estilística cada uno de ellos: el primero, con sonidos más crudos envolviendo sus fabulosas melodías de pop californiano y la formación original de la banda recuperada; el segundo, un homenaje a sus raíces country que va mucho más allá del country, que cierra ese mágico círculo entre Berkeley y Bakersfield. 

En total, un disco mayúsculo que a quien esto escribe le ha entrado a la primera y de la mejor manera posible. Y eso no me pasa tan a menudo. 



Comprado en Power Records (Bilbao)

martes, 20 de enero de 2015

Otomo Yoshihide’s New Jazz Quintet - Live In Lisbon (2004)


Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2008: 
A veces es complicado acertar cuando queremos conocer a un músico. En esto que llamamos jazz una sola grabación (e incluso varias), no sirve para formarse un retrato de la personalidad musical completa del músico. 
Otomo Yoshihide es uno de esos músicos con una personalidad compleja, llena de recovecos y de instantes musicales muchas veces inesperados, pero casi siempre interesantes. 
Para un oyente casual, ajeno a los universos de Yoshihide, no seria lo mismo conocerle mediante la catártica (y a veces dolorosa) intensidad de Cathode (tzadik, 1999) o Anode (tzadik, 2001) que con su fascinante reinvención de Dolphy en Out To Lunch (doubtmusic, 2005), por citar algunos de sus discos mas conocidos. Puede que ahí radique el principal valor de Live In Lisbon, en su accesibilidad. 
Presentando su New Jazz Quintet, Yoshihide desarrolla una música más basada que nunca en el free jazz tradicional, sin perder su personalidad ni la característica tensión que impregna habitualmente su obra. Tampoco debemos quitar merito a sus acompañantes, entre los que destaca, por familiar, el nombre de Mats Gustafsson, colaborador habitual del japonés. Pero la música que hace el quinteto bebe y es absoluta esclava de la participación de cada uno de sus miembros. Un jazz libre, colectivo y absolutamente palpitante, desde el hímnico comienzo del disco con "Song For Che" hasta los ecos de Ayler en "Eureka" y la realimentación eléctrica que invade Flutter. 
Que nadie me malinterprete, este no solo es un gran disco de Yoshihide, sino un gran disco de jazz. Mayúsculo, autentico y de los que se escuchan una y otra vez.

martes, 13 de enero de 2015

Charles Gayle - Consider The Lilies… (2005)




Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2008:
Charles Gayle es un superviviente. Mas allá del halo de malditismo que rodea su figura (cualidad nunca bien ponderada tratándose de un jazzman), de sus años de “homeless”, de sus periodos de misteriosa desaparición y de su profunda devoción religiosa, Gayle parece importado a nuestros días de un pasado, no tan lejano, en el que el free jazz era más que un estilo vagamente definido por los críticos. 

Músico personal y despiadadamente honesto, es dueño de la herencia de Albert Ayler mas legítimamente que otros así proclamados, profeta del sonido y de la plenitud espiritual a través de la improvisación. Sus discos, instantáneas de su compromiso con la música y con su dios, nunca dejan indiferentes, practicando habitualmente una violencia acústica que no es tal, sino que deviene en cánticos, aullidos y desesperados intentos de transmitir los latidos del universo a través de su saxofón. 

A pesar de poderse considerar un abanderado del tenor, Gayle es también un excelente pianista, como acostumbra a demostrar en casi todos sus recitales, y en no pocos de sus discos (de hecho, tiene dos discos a piano solo), y ha tocado en alguna ocasión la viola y la batería, entre otros instrumentos. 

Consider The Lilies… es una de sus últimas grabaciones, y le captura en directo con su trío en el Vision Festival de 2005. Desde el 2004 aproximadamente, Gayle parece haber adoptado el saxo alto como instrumento principal y, no se bien si por ese cambio, su música parece haber perdido en radicalidad y ganado en expresividad. 

A lo largo de los cortes del CD el trío despliega algo mas de cuarenta minutos magníficos que, por encima de todo, se hacen muy cortos. El sonido de Gayle se vuelve tremendamente heredero de Ornette Coleman por momentos, pero su pulso, su fraseo y su lenguaje permanecen intactos. Gracias al buen hacer de Hilliard Greene y sobre todo al excelente acompañamiento de Jay Rosen, Consider The Lilies… se convierte en una de las mejores grabaciones recientes del saxofonista, que también toca el piano (llegando incluso a tocar piano y saxo simultáneamente). 

Aquí va un pedazo de Charles Gayle, un clásico vivo, un músico oscuro por elección, aunque también involuntariamente porque, por suerte para nosotros, es su música quien le guía.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Chris Potter - Song For Anyone / Follow The Red Line – Live at the Village Vanguard (2006/2007)

 

Reseña publicada originalmente en Tomajazz en enero de 2008: 


Chris Potter es un caso extraño. Es sin duda uno de los saxofonistas más importantes de su generación, dueño de una técnica asombrosa y de un discurso construido cuidadosamente con el que desarrolla habitualmente improvisaciones inteligentes, creativas y muy elocuentes. Sin embargo, es en su larga trayectoria como sideman en la que ha perfilado sus mejores momentos. Sus aportaciones a la música de Dave Holland, Scott Colley, Edward Simon, Kenny Werner, Paul Motian, Dave Douglas, Billy Hart, Steve Swallow o Alex Spiagin entre otros, han colmado nuestros oídos de gozo en incontables ocasiones. 

Siempre versátil, casi siempre interesante y en ocasiones verdaderamente brillante, su carrera como líder ha sido, paradójicamente, una descorazonadora sucesión de discos bienintencionados pero, por lo general, de muy inferior calidad a su trabajo como sideman. Por supuesto que tiene discos interesantes como Introducing Chris Potter (criss cross, 1994) Moving In (concord, 1996) o Unspoken (concord, 1997), pero no llegan al nivel de muchas de sus colaboraciones. Asimismo, grabaciones mas recientes como Traveling Mercies (universal, 2002) o Lift: Live at the Village Vanguard (sunnyside, 2004), son lamentables tropiezos en una discografía que debería, por fuerza, haber sido mucho mas sólida. 
Cuando apareció Underground (sunnyside, 2006), resultó una gran alegría. El saxofonista parecía querer ir en una nueva dirección y, sin ser un disco extraordinario, reúne una serie de ideas muy interesantes y marca el rumbo que le hará desembocar en los discos que nos ocupan. Dos discos que han traído a Potter la gloria merecida y tanto tiempo reclamada. Dos grabaciones muy diferentes en su concepción que comparten un vínculo además de su titular: la altísima calidad de ambas. 

Song For Anyone, producido por Dave Holland y con Potter liderando un tenteto de ensueño, contiene diez originales tratados de manera muy inteligente. Los arreglos, obra del propio Potter, son siempre interesantes y más que apoyar, dan color y profundidad a las intervenciones del líder, que es también el principal solista. Esto no quiere decir que no haya grandes solos de otros miembros del grupo, de los que destacaremos el clarinete de Greg Tardy, el violín de Mark Feldman y el fagot de Michael Rabinowitz. 

Follow The Red Line sirve como contrapartida a Song For Anyone, por ser una grabación en directo con su cuarteto eléctrico Underground, y esto ya son palabras mayores. El grupo es perfecto, con una complicidad impresionante entre Nate Smith, Adam Rogers y uno de los más grandes teclistas de los últimos años: Craig Taborn. Desde el primer minuto del CD hasta el último, se respiran intensidad, pasión, contundencia y creatividad en uno de los mejores discos que he oído en muchísimo tiempo. No hay una sola nota que no sea la que tiene que ser y, aunque todos improvisan magníficamente, Potter construye algunos de los mejores solos de su carrera. 

En estado de absoluto éxtasis por las repetidas escuchas de Follow The Red Line, fui a ver a Underground en directo durante el pasado Festival de Jazz de Madrid. Mis expectativas no solo se vieron cubiertas, sino que fueron superadas por una banda en estado de gracia que es, sin ninguna duda, una de las mejores del momento. Además, a excepción del tema "Viva Las Vilnius", tocaron un repertorio completamente diferente al CD (versión del "It Ain’t Me Babe de Bob Dylan" incluida) que promete una futura entrega discográfica. Yo, desde luego, no creo que pueda esperar.

lunes, 15 de diciembre de 2014

11 JAZZTOPAD FESTIVAL (Wroclaw, Polonia, 13 a 23 de noviembre de 2014)


"Tal vez si yo fuese tan maniático del control como él sería igual de prolífico". Lo dice entre risas Pheroan akLaff de camino al Wroclaw Philarmonic Hall, donde en una hora Wadada Leo Smith presentará su composición Solidarity para el afortunado público del festival Jazztopad. La premiere no tiene lugar en esta preciosa ciudad de Polonia por casualidad: es el festival y su director artístico, Piotr Turkiewicz, quien encargó al trompetista una gran pieza con la lucha por los derechos de los trabajadores a lo largo de la historia y el planeta. La asociación se vuelve natural desde la primera nota. Bien pensado, el carácter comprometido y solidario de Wadada y su obra siempre fue más allá de las reivindicaciones raciales y sociales expuestas en Ten Freedom Summers, con lo que la apuesta resulta ir mucho más allá de lo musical. Tras una selección de la mencionada Ten Freedom Summers, Solidarity levanta el vuelo en Polonia y sólo muestra la punta del iceberg de lo que podría ser. El encargo se ha convertido en la semilla del próximo proyecto a gran escala de Smith. Ni él mismo sabe a dónde le va a llevar.

El auditorio se mantiene en suspenso a lo largo de toda la pieza, dejándose invadir sensorialmente por la orquesta sinfónica NFM, el Golden Quartet del trompetista –con unos siempre exultantes Anthony Davis, John Lindberg y Pheroan akLaff– y el toque mágico de Jesse Gilbert, hombre en la sombra que tiene más que ver con el trabajo reciente de Wadada de lo que podría parecer. Gilbert, que casualmente tiene antepasados polacos, desgrana imágenes de la lucha obrera sacadas de multitud de épocas y países (ninguna de España; ¿casualidad?... Dejémoslo), completando la experiencia de Solidarity.

Experiencia es la palabra. Wadada dice que ya tiene casi una decena de piezas escritas para la gran obra que germina a partir de Solidarity, y que esta será más grande y majestuosa que su predecesora, lo que convierte al estreno en Wroclaw en algo mucho más grande que una comisión. Un concierto para la historia recién inaugurado el Jazztopad de este año, nada menos.

Aunque el del día siguiente no se quedaba atrás, con otro encargo del festival, esta vez a un músico tan brillante como poco reivindicado: el fascinante chelista Erik Friedlander. Quienes se atreven a asomarse más allá de lo que ha aportado a los múltiples universos de John Zorn, saben que la música de Friedlander es rica, variada y compleja. Su carrera abarca desde la improvisación libre a los arreglos de cuerda de bandas de rock como The Mountain Goats, y en ella ha alcanzado la excelencia como intérprete, compositor, arreglista e improvisador. A pesar de ello, Friedlander no es fácil de ver como líder en Europa, y menos aún en las circunstancias de su presencia en Jazztopad. Tras la proyección y posterior charla-presentación del documental "Nothing On Earth", cuya banda sonora está firmada por el chelista, un programa doble extraordinario nos brindó otro de los conciertos del festival. La primera parte del mismo recuperaba uno de los proyectos más fascinantes de Friedlander, Block Ice and Propane, escrito a partir de los recuerdos de sus veranos de infancia y adolescencia viajando en caravana con sus padres y hermana por Estados Unidos. El padre del chelista es el famoso fotógrafo Lee Friedlander, que utilizaba estas largas travesías para fotografiar diferentes aspectos de la sociedad norteamericana, mientras el joven Erik iba generando recuerdos para, muchos años después, escribir un puñado de composiciones fascinantes. En ellas, la música tradicional americana se filtra en el instrumento de Friedlander generando un caleidoscopio de influencias expresadas emotivamente por el chelista en solitario, acompañado tan sólo de fotografías familiares que se sucedían en una gran pantalla sobre el escenario. Un concierto verdaderamente memorable, por íntimo, personal y musicalmente sofisticado.

A este le sucedió una nueva comisión del festival: un concierto para chelo y orquesta que mostró una faceta diferente, aunque igualmente fascinante, del compositor. En ella se fundían elementos de música clásica e improvisación, con ese inevitable tinte del downtown neoyorquino del que Friedlander es máximo exponente. La obra contenía giros y pasajes enrevesados y muy ingeniosos, y la comunión entre el chelo solista y la Orquesta Sinfónica NFM fue ejemplar en todo momento. Un perfecto e irrepetible final para un día protagonizado por un músico que merece mucha más atención.
Al día siguiente, la cita era con una figura mítica de la música. Ni siquiera diremos jazz, porque él diría Ethio-Jazz, esa especie de subgénero desarrollado y popularizado por otro de los cabezas de cartel del Jazztopad de este año: Mulatu Astatke. No se lo podemos negar; Astatke representa, no sólo la vigencia de un estilo con ciertos lugares comunes que le dan su personalidad, sino la capacidad para mantenerse en forma, con credibilidad y sustancia, medio siglo después de "inventar" el Ethio-Jazz. Su concierto en Wroclaw era uno de los más esperados y no defraudó un ápice. Acompañado por una sólida banda de músicos británicos, el africano tocó y dejo tocar, se lució y dejó que su banda fuese mucho más que una comparsa para la estrella. El vibráfono de Astatke fue el protagonista, a base de buen gusto e improvisaciones infalibles, y luminarias de la improvisación británica como John Edwards y Byron Wallen también nos brindaron momentos de gran nivel en un concierto que dio todo lo que prometía. Y prometía mucho.

Pasado el fin de semana, las propuestas de Jazztopad bajaban el listón en aforo y popularidad, pero no en riesgo, compromiso ni calidad. Así lo sentenciaba el arrollador concierto de Cortex el lunes por la noche en Mleczarnia, el club en el que cada noche se celebraban las inefables jam sessions del festival. Así, abrigados por las paredes de piedra de la planta subterránea del club, el cuarteto noruego disparó un concierto certero e intenso, de los que le dejan a uno clavado a la silla. La banda recoge el testigo de lo mejor del free-bop reinterpretado vía europea, recordándonos los inicios más efervescentes de formaciones como Atomic, aunque desde una perspectiva más clásica o, mejor dicho, ortodoxa. Esto no quita que Cortex tenga mucho y muy interesante que decir, con especial mención al saxofonista Kristoffer Alberts, que en Wroclaw estuvo particularmente brillante.

A partir de aquí es cuando el festival se reinventa dentro de la propia edición, dejando que sus propuestas se ramifiquen hacia un perfil más especializado, haciendo hincapié en lo que todo festival debería hacer: potenciar la oferta y la presencia de músicos nacionales, diseñando un retrato de la propia escena con la misma intensidad con la que se programa a los cabezas de cartel. Así, durante dos días el festival ofreció 9 conciertos de otros tantos grupos polacos, todos ellos remarcables,  aunque algunos muy destacables, como los de Maciej Obara, Adam Baldych, Piotr Orzechowski, Flesh Machine o Piotr Damasiewicz,  y otros extraordinarios, como los de Waclaw Zimpel y el Tom Trio. El conjunto reveló una escena tan desconocida como rica y llena de talento. Solistas, compositores, líderes… El potencial visto en Jazztopad es envidiable para cualquier país, y continúa una larga tradición que, aunque relativamente oculta, lleva curtiéndose durante generaciones.

Pasado el capítulo del producto patrio, llegó el del intercambio cultural, otra de las señas de identidad del festival, con una excepcional representación proveniente de Turquía y Corea de mano del festival de jazz de Akbank. De vuelta en el Wroclaw Philarmonic Hall, un exótico programa doble nos llevó por sonidos interculturales en la penúltima noche del festival. Abría el prodigioso maestro de la darbuka Misirli Ahmet, en un recital en solitario que dejó claro por qué está considerado como uno de los grandes percusionistas de nuestro tiempo. Lo que podría haber sido un recital tedioso –por limitado instrumentalmente– fue una auténtica maravilla de compases imposibles y del acercamiento a la percusión más visceral y orgánico, en forma de pura interpretación y locuacidad. Un perfecto aperitivo para el caleidoscopio musical de MosaiKorea, una formación en la que confluyen el jazz, la música tradicional coreana y toda la fusión que pueda generarse entre ambas. En un subyugante recital, con un gran sentido del clímax sonoro y de la tensión instrumental, la formación dirigida por Yoon Jeong Heo derribó barreras musicales, geográficas y generacionales, integrando con firmeza elementos muy dispares para producir una música única que evita cualquier catalogación genérica. Rica en colores y matices, la propuesta de MosaiKorea apuntaló de nuevo la vieja idea de que el jazz tiene de todo, menos límites.

Excepto los logísticos; aunque más que de límites deberíamos hablar de obstáculos. Así se desarrolló el concierto de clausura del festival, que originalmente iba a ser un encuentro único entre Pharoah Sanders, Joachim Kühn y Trilok Gurtu, después se transformó en un concierto del cuarteto de Sanders y, en el último momento, tuvo que reinventarse con una auténtica pirueta organizativa: ante la repentina falta del pianista de Sanders, William Henderson, el célebre guitarrista Kurt Rosenwinkel acudió en el último momento desde Berlín, donde reside, para ocupar su lugar. Así, lo que se planeó originalmente como un encuentro histórico, se convirtió en otro muy diferente, aunque también histórico. Claro está que, sobre el papel, la idea original del festival era mucho más estimulante, pero el improvisado tándem Sanders-Rosenwinkel supo caer de pie y facturar un concierto muy competente. A pesar de las dificultades de cambiar un pianista de gran raíz negra por un guitarrista cocinado al fuego de Berklee, Sanders sigue siendo, a su edad, un gigante. La furia y la búsqueda han podido quedar atrás, pero queda el saber hacer y, sobre todo, el sonido. Ese sonido. Rosenwinkel –un poco errático pero muy sólido en sus acompañamientos– y el resto de su cuarteto le flanquearon bien, sin asumir grandes riesgos, y Sanders lo aprovechó para no dejarse nada en el saxo. Lo entregó todo, como sólo los grandes veteranos pueden hacer, y Wroclaw se rindió a sus pies.
Un gran final para un gran festival,  que no se entendería sin la sección que complementó su clausura en esos últimos días. El grupo Konstrukt, autoerigidos embajadores del free jazz turco, extendieron su invitación al festival mucho más allá de su –por otro lado muy decepcionante– concierto del viernes. Los turcos se dejaron deconstruir (permítanme el juego de palabras) a lo largo de las horas de sol del sábado y domingo, haciendo elogio del jazz en su más pura esencia: encuentro, comunicación e ideas compartidas.

En una de las iniciativas más fascinantes que quien esto escribe ha visto en un festival jamás, Jazztopad espolvoreó esas últimas jornadas con una sección itinerante llamada “concerts in living rooms” (conciertos en salas de estar) que, desde su extremada espontaneidad e intimidad, brindó algunos de los momentos más emocionantes del festival. Con aforos por fuerza muy reducidos y una laberíntica localización que abarcaba varios puntos de la ciudad, pudimos ver a músicos turcos, polacos y coreanos interactuando en muy diferentes formatos y con una sola cosa en común: la espontaneidad más descarnada y el salto sin red definitivo que es improvisar junto a otros músicos sin tener idea de qué va a pasar. Evidentemente hubo de todo, pero solistas como Maciec Obara, Mateusz Rybicki, Korhan Futaci, Piotr Damasiewicz o el jovencísimo Jakub Kurek brillaron con luz propia, con especial mención a los coreanos Yongha Kim y Aram Lee, que nos dejaron sin habla en una pequeña salita de un viejo edificio construido en la época alemana de la ciudad.

Después de 10 días de música variada y excelsa, con lo que nos quedamos es precisamente con ese afán por la pureza y por la lealtad hacia los principios más básicos de la música improvisada. La intimidad y compromiso de esos pequeños conciertos, en sitios tan mundanos como un salón de una casa particular o un lujoso apartamento en un rascacielos, dan el mejor reflejo de un festival que hace de ese compromiso y esa pureza su buque insignia. Ahora que lo conocemos, resulta difícil imaginarse la escena jazzística europea sin el jazz que suena en Polonia y, más concretamente, en Jazztopad.


sábado, 9 de noviembre de 2013

Alias - Some Kind Of Lullaby (2013)

Ayer estaba en Power Records y Joni me dice "escucha las primeras notas a ver si pillas el tema". Y suena un piano y digo "¡Ol' 55 de Tom Waits!.... Pero, ¿qué versión es esta?". Y me dice Joni que es de un disco solitario del cantante de Maggot Brain, bajo el alias Alias, valga la redundancia. Y lo miro por detrás mientras Joni pincha el "I Heard It Through The Gravepine" y me digo "coño, menuda selección de canciones". 

No es que sean mejores o peores, más emblemáticas o más rebuscadas, sino que algunas de ellas son auténticas piedras angulares en mi propia vida. Canciones que, por el motivo que sea, son particularmente especiales para mí, como las ya mencionadas, "Wild Horses" de los Stones, "Thunder Road" de Springsteen o "Thrasher" de Neil Young. 

Así que me lo compré, claro. Y por la noche lo escuché enterito. Tranquilamente, tras un largo día. La mejor forma de escuchar un disco que acabas de comprar. La mejor, sí. 


(Hoy Power Records cumple 23 años, y para celebrarlo han sorteado una copia de este disco, cedida por su autor. Bonito detalle.) 

jueves, 7 de noviembre de 2013

The Count Basie Trio - For The First Time (1974)


Count Basie tiene swing hasta cuando se aturulla. Esta sesión en trío con Ray Brown y Louie Bellson (nada menos), grabada en los albores del sello Pablo, no es ninguna obra maestra, pero es un placer escuchar la economía de notas de Basie a pecho descubierto, y Brown siempre es algo muy serio.

Mi copia es en vinilo y suena un poco opaca, con la batería de Bellson muy atrás en la mezcla, pero puede ser por circunstancias de la grabación, dado que Norman Granz aún estaba levantando el sello en aquel momento. Un año después, el mismo trío grabó For The Second Time.


(Comprado en una feria del disco en Bilbao)



martes, 13 de agosto de 2013

J.J. Cale - Naturally (1972)

Voy tarde con todo, incluso con los homenajes personales a grandes nombres que se nos van. La muerte de J.J. Cale me cogió en un festival, escribiendo a salto de mata, lejos de mis discos y del tiempo necesario para honrar la memoria de los caídos reescuchando algunos de sus álbumes.

Ahora, por fin, he sacado algunos viejos LPs del gran Cale para descubrir de nuevo lo sofisticado, auténtico y personal de su música. Ese ritmo somnoliento que enseguida se atribuyó a Tulsa, en general, y a Cale, en particular.

Suena Really mientras escribo estas líneas, pero es Naturally el disco que abrió mi día, el que volvió a conectarme con el maestro de nuevo, con ese fascinante bajo de Carl Radle (o Tim Drummond), y el infeccioso sonido de temas como "Call The Doctor", "Crazy Mama", "Call Me The Breeze" o, cómo no, "After Midnight".

Creo que seguiré escuchándole a lo largo de hoy, pinchando sucesivamente Troubadour, Okie, Shades, Grasshopper, Travel Log y los numéricos 5, 8 y Number 10.

lunes, 20 de mayo de 2013

Gorka Benítez - Bilbao (2006)

Reseña publicada en tomajazz.com en mayo de 2007:


El cuarteto responsable de este disco nos ha brindado unas cuantas joyitas. Solo hay que dar una escucha parcial a “Indolents” o “Ugrix”, a nombre de David Xirgu, para constatar las excelencias de este grupo en busca de un jazz fresco y contemporáneo. En este caso estamos ante un disco planteado desde su concepción de una manera mas intima, casi familiar. Concebido para no salir editado a la venta originalmente, la grabación permaneció algún tiempo olvidada, hasta que hace poco Gorka decidió remezclarla y editarla con un titulo que, más que nunca en su carrera, le lleva a sus más profundos orígenes: Bilbao.

Al mismo tiempo, el CD supone una muestra perfecta de la transición musical que sufre Benítez. Éste, cada vez mas interesado en melodías de corte pop, utiliza un cuarteto con el que tradicionalmente había grabado discos de jazz ortodoxo, para introducirse poco a poco en composiciones mas cercanas a ritmos y armonías sencillas. Esta tendencia, de la que ya alardeó en su anterior disco, el magnifico Solo La Verdad Es Sexy, le puede granjear unas cuantas críticas entre los aficionados mas dogmáticos, pero nadie puede ni podrá decir que Benítez sigue alguna directriz comercial.

Todo el mundo sabe que es ridículo pensar que se puede hacer jazz comercial en España (en realidad hay una vía, pero esta copada y sobreexplotada, rozando la vulgaridad), con lo que no hay que confundir, y menos aun con Benítez, el afán comercial con la búsqueda de la propia voz. Bilbao es un dechado de honestidad por los cuatro costados, un disco compuesto por placer y tocado entre amigos, transmitiendo un ambiente de distensión absoluta al oyente.

Temas como “Because of You” o “Y Dale!” desarrollan esa vena pop que mencionábamos y, lejos de caer en el acartonamiento de acercamientos a este estilo por parte de otros músicos, suenan abiertos, puros y creíbles. En el extremo contrario, “Cantan Los Charcos el Lamento de las Gabarras” o “Plaza Gris”, son muestras mas ortodoxas (pero no menos brillantes) de ese jazz etéreo, de sonidos pálidos y alientos contenidos que Benítez lleva facturando, con este y otros grupos, desde hace mucho tiempo.

Hablar de la química del grupo es innecesario, porque estos cuatro señores tocan juntos con una afinidad pasmosa, haciendo que lo difícil parezca fácil. Pérez parece muy cómodo con las composiciones y despliega detalles envolventes que aportan mucha calidez al conjunto, mientras que el tandem Ferrer-Xirgu demuestra una vez más por que es uno de los más memorables de la historia del jazz en España.

En cualquier caso, la valentía con la que Gorka Benítez afronta su carrera discográfica es encomiable, demostrando con este Bilbao que esta dispuesto a tocar lo que le apetezca con solidez y sin renunciar a su personalidad como músico de jazz, ni a la calidad a la que nos tiene acostumbrados. Benítez pasa de etiquetas, de acotaciones estilísticas y de ortodoxias obsoletas y, con toda la naturalidad del mundo, ha vuelto a hacer lo que le pide el cuerpo en este CD. Con dos cojones. De Bilbao tenía que ser.


Yahvé M. de la Cavada, 2007

domingo, 28 de abril de 2013

Slugfield - Slime Zone (2010; ed. 2012)

Hay algo hermoso en intentar ir hacia adelante. Si funciona o no, es lo de menos. La creación tiene cada vez menos espacio libre para innovar, las fronteras son flexibles y se han traspasado decenas de veces.

Anoche, tras el concierto de Atomic en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, el baterista Paal Nilssen-Love me dio algunos discos que me faltaban de su sello PNL Records. Entre ellos, este Slime Zone, una grabación en directo de un grupo llamado Slugfield y formado por Lasse Marhaug, Maja S.K. Ratkje y el propio Paal.

Electrónica, giradiscos, voz y percusión en una orgía sonora que suena desafiante, fresca y sugestiva. Improvisación libre, densa y catártica, que supone un nuevo atentado contra esas aburridas fronteras que encasillan el proceso creativo.
A mí me tiene fascinado.


Pinchando aquí puedes escucharlo en Spotify (según país de residencia).

domingo, 21 de abril de 2013

Jessica Williams - Update (1982)

Escuchando este disco, el quinto de la carrera de la prolífica Jessica Williams, es evidente que a primeros de los 80 ya tenía grandes cualidades. Su estilo aún no estaba completamente desarrollado, pero ya hay ideas que en el futuro se volverían recurrentes y personales marcas de la casa.

Grabado en 1982 para el sello Clean Cuts, cuenta con el contrabajista John Wiitala, el baterista Dave Tucker y todo un invitado: el saxofonista Eddie Harris en seis de los nueve temas del álbum, incluyendo el original "Ready For Eddie" y una bonita versión de "Ruby My Dear".

No es su disco más representativo, ni mucho menos, pero es un buen documento de los primeros años de la pianista. Hasta donde yo sé nunca se ha reeditado en CD, al igual que sus grabaciones anteriores a esta (dos títulos más en Clean Cuts y otros dos en Adelphi).


(Comprado en Harold Moore's Records, Londres)

martes, 16 de abril de 2013

Anthony Braxton - Six Compositions: Quartet (1981)

Pocos pianistas parecen tan adecuados para la música de Anthony Braxton como Anthony Davis. Ambos comparten algunos puntos de vista respecto a ciertos aspectos de la improvisación y de la música afroamericana, aunque sus universos también muestran divergencias.

Lamentablemente, este es el único disco que documenta la presencia de Davis en el grupo de Braxton, una colaboración que podría haber sido algo realmente grande.

El disco –editado por Antilles/Island en 1982– no es tan fabuloso como cabría esperar (dados los implicados), pero tampoco es una menudencia. El grupo y las composiciones son excepcionales, Braxton y Davis están estupendos y, por supuesto, escuchar a Mark Helias y al gran Ed Blackwell es un auténtico placer.


miércoles, 20 de febrero de 2013

Querido Raúl


Texto publicado originalmente en la web de Cuadernos de Jazz, en memoria de Raúl A. Mao, editor, compañero y amigo. 

Querido Raúl, 

Empecé a escribir esto hace meses. Lo he escrito decenas de veces en mi cabeza, incapaz de sentarme frente a la frialdad del teclado, intentando pensar qué decir cuando no queda nada por decir. Se me hace tan raro saber que éste será el primer texto que no envíe a tu correo, que no estás esperándolo, fumando pausadamente en aquel, tu escritorio, siempre coronado por algunos ejemplares de Cuadernos de Jazz.

La última vez que nos vimos estuvimos, una vez más, sentados a los flancos de ese escritorio, ¿recuerdas? Hablamos del mágico concierto del Aurora Trío el día anterior, de cómo te hubiese gustado ir y de cómo la puta enfermedad no te dejó. Nos abrazamos al despedirnos, lo recuerdo bien, y me dije que esa no sería la última vez que nos veíamos, que aún teníamos tiempo. Así nos despedimos también en nuestra última charla telefónica, "nos vemos el mes que viene en casa", con tu voz, siempre animada, envuelta en las notas del contrabajo de Mingus que sonaban en mi coche. Qué fortaleza la tuya. Siempre entero, siempre sacando fuerzas de donde fuese para todo. Los lectores de Cuadernos de Jazz lo saben bien, y quienes trabajamos contigo, lo sabemos mejor. Todavía puedo escucharte, al otro lado del teléfono, "no te olvides de mandarme la opinión". Hasta tu último aliento.

El otro día estuve viendo a Enrico Rava, quería contártelo. Mientras tocaba estuve recordando aquel concierto suyo, el verano pasado en el festival de San Sebastián, en que después fuimos a comer con gente del Jazzaldia y compañeros de la prensa. Nos sentamos juntos y estuvimos hablando de música, de política, de este mundo que se va a la mierda... De nuestras cosas. Nos reímos y contamos historias, lo pasamos muy bien, ¿verdad? Siempre lo pasamos bien en San Sebastián. Recuerdo especialmente un mágico concierto de Hank Jones que compartimos, charlando después sobre Erroll Garner y Teddy Wilson, o aquel concierto de Wadada Leo Smith por el aniversario de Cuadernos de Jazz, con la revista en papel ya en su recta final... Tantos conciertos, querido amigo, tanta música. Y el otro día, mientras te marchabas, ahí estaba yo, escuchando a Enrico Rava y sintiendo tu compañía, recordando todos esos conciertos que vivirán para siempre en mi memoria, contigo en ellos. 

Te voy a echar de menos. Voy a echar de menos nuestras largas conversaciones, que hablemos de Renoir, de Mankiewicz, de Godard, de tus años en Buenos Aires, de aquel viaje a Italia con tus amigos en el que algunas noches dormías en el coche para gastar el dinero de la habitación en discos... A primeros de noviembre pasamos toda una tarde juntos, ¿recuerdas?, charlando de estas cosas, de cuando compraste en Niza los discos de Ornette Coleman en el Golden Circle, A Love Supreme y el primero de Tristano, de cómo en aquellos años, según pisabas una nueva ciudad ibas a una tienda de discos y, según llegabas a tu estudio en Madrid, incluso tarde de madrugada, te ponías a escuchar cada nuevo tesoro encontrado. Eran otros tiempos, me dijiste, y vaya si lo eran. "Yo creo, Yahvé, que el siglo XXI va a ser muy jodido", me dijiste. Aquel día hablamos de los inicios de Cuadernos de Jazz, de aquel concierto de Joachim Kühn en el Festival de Jazz de Getxo en el que, sin conocernos, coincidimos hace tantos años, de la Vienna Art Orchestra, del violento temporal que envolvió un concierto de Clark Terry en San Sebastián en el que también estaban Carlos Sampayo, Vicente Ménsua y Fernando Ortiz de Urbina, de qué habría sido de Christopher Hollyday, de aquellos discos de importación que llegaban a Buenos Aires durante la dictadura, de esa noche en que estuviste en Bradley's con Don Hillegas, escuchando a un joven Nicholas Payton, con Art Blakey, Tommy Flanagan y otras leyendas entre el público... 

Aprendí mucho contigo. Siempre escuché atento tus comentarios, atesorando cada vez que me felicitaste por un texto. Yo sabía que tú no regalabas cumplidos, por eso me resultaban aún más valiosos. En cada una de nuestras conversaciones intenté que no hubiese atisbos de nuestra relación maestro-pupilo, porque tú tampoco lo hubieses consentido. Pero había mucho que aprender de ti. Aunque ya llevaba unos años escribiendo cuando nos encontramos, si no te hubiese conocido sé que yo sería un crítico diferente. Peor. El mejor maestro no sólo enseña, también inspira.

Te nos fuiste al final, amigo, pero nadie podrá decir que no diste hasta tu último segundo. Fue un honor servir a tus órdenes. Fue un honor servir a tu lado. Ahora tenemos que seguir sin ti, pero también, de alguna manera, contigo. Intentaremos estar a la altura.  

Buen viaje, querido, y gracias por todo.  

Yahvé 


miércoles, 31 de octubre de 2012

Gabriel Puentes - Simple (2008; ed. 2010)

Ayer por la noche, viendo en directo al grupo de Esperanza Spalding, volví a fijarme en el fantástico pianista argentino Leo Genovese. Le sigo desde hace años, con los grupos de Phil Grenadier y aquel disco que sacó como líder llamado Haikus II, pero la verdad es que le tenía un poco olvidado. Y el tío es muy bueno.

Por eso hoy he estado reescuchando este Simple, en el que el batería chileno Gabriel Puentes se acompaña por Genovese y otro tipo que me gusta, el contrabajista Chris Lightcap. Hay buenos temas, algunas versiones interesantes ("Ask Me Now", "Nefertiti", "Our Delight", dos tomas de "Blues Connotation"...) y muchas ideas bien tocadas.

El líder es Puentes, pero en este tipo de discos liderados por el batería ya se sabe lo que pasa, y Genovese es mucho Genovese.


(Comprado en Long Play, Bilbao)

lunes, 8 de octubre de 2012

FJF - Blow Horn (1995; ed. 1997)

FJF eran originalmente las siglas de Free Jazz Four, un grupo que, sin saberlo, era un "supergrupo" del free. La colaboración de Ken Vandermark y Mats Gustafsson no era para menos. En 1995 el norteamericano aún estaba despegando, y al grabar este disco inauguró dicha colaboración, que más adelante continuaría mediante el AALY Trio + Ken Vandermark y, más recientemente, con su participación en el excelente Inmediate Sound de The Thing.

Blow Horn es un disco de iniciación; primerizo, en cierta forma. Gustafsson demuestra cierta superioridad, aunque Vandermark desarrolla ideas muy interesantes, y la combinación de ambos instrumentistas es enriquecedora.

Aunque sea desde un punto de vista histórico, merece la pena.


(Comprado directamente en la web del sello Okkadisk)

otros días, otros discos

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