sábado, 18 de febrero de 2012

Joey Calderazzo - Amanecer (2006)

Reseña publicada en Tomajazz en octubre de 2007


Cuando Joey Calderazzo publicó Haiku, su primera grabación en piano solo, resultó una agradable sorpresa. A esas alturas no tenía nada que demostrar, pero el piano solo es una dura prueba que no todos superan con éxito. A pesar de incluir cuatro temas en los que Claudia Acuña y Romero Lubambo forman dúo o trío con el pianista, Amanecer es, en esencia, un disco en solo. Dicho ésto, es inevitable pensar que estamos ante la continuación de algo empezado o, en todo caso, de paso más dentro de una estética muy concreta.



Lamentablemente, Amanecer resulta un tanto decepcionante. Calderazzo nunca ha sido una voz particularmente personal y, aunque ha ido desligándose poco a poco de sus marcadas influencias (Hancock, Tyner, Kirkland…), su búsqueda le ha jugado una mala pasada. Independientemente de ostentar el dudoso honor de tener una de las portadas mas feas y horteras de los últimos años (digna del peor recopilatorio de Fausto Papetti), el disco va de un paisaje musical a otro en una especie de sinsentido estilístico que desorienta completamente al oyente. Esto no quita que haya pasajes interesantes y momentos brillantes, pero Amanecer suena a cuaderno de bocetos.

“Sea Glass” desarrolla una atmósfera de quietud fantástica, pero se alarga y acaba volviéndose lánguida. “Toonay” derrocha una urgencia insostenible y uno acaba preguntándose si el propio Calderazzo sabe qué esta tocando o si simplemente se ha enzarzado en una absurda competición consigo mismo. “Waltz For Debby” recibe un tratamiento interesante pero, una vez más, uno se queda con la sensación de que se alarga sin necesidad. Curiosamente, es en los temas en los que colaboran Acuña o Lubambo en los que más destaca el pianista. Tanto en el tema que da nombre al disco como en “The Lonely Swan”, las improvisaciones de Calderazzo son excitantes e inteligentes y trazan la verdadera dirección del futuro de su carrera.

Este disco puede vivirse como un alto en el camino o como un bache en la carretera; como una mala noche de fiesta o como una despedida de soltero aburrida y catastrófica. Lo importante es que mañana será otro día, y que tiene bastante buena pinta; o al menos, mejor pinta que hoy.

Yahvé M. de la Cavada, 2007

miércoles, 8 de febrero de 2012

Stan Getz - Voyage (1986)

Este disco fue la primera grabación en la que Stan Getz coincidió con Kenny Barron, que desde entonces fue una especie de alter ego musical del saxofonista hasta su muerte en 1991.

En cierto modo, esta grabación inaugura la última etapa de la carrera de Getz, y una de las más celebradas también. Tras Voyage llegarían discos ya clásicos como Anniversary! y Serenity (ambos grabados el mismo día en directo en Copenhague) y el inolvidable disco a dúo People Time, todos ellos junto a Barron.



El tema que da título al disco es la más memorable de todas las composiciones de Barron. El pianista la había grabado por primera vez para su disco What if?, sólo un mes antes de grabar esta versión con Getz. No es la primera vez que Getz regrababa una nueva pieza de uno de sus músicos tan rápido: cuando grabó "La Fiesta" de Chick Corea para su Captain Marvel, no había pasado ni un mes desde que Corea la hubiese grabado en el debut de Return To Forever (aunque cuatro meses antes, Elvin Jones también le había dado una oportunidad al tema en Merry-Go-Round).

El grupo en Voyage es ejemplar, con George Mraz, Victor Lewis y algunas aportaciones de Babatunde (no especifican más, pero entiendo que es Babatunde Lea), aparte del propio Barron.

A destacar un precioso "Yesterdays" que comienza con Getz y Mraz a dúo durante un buen rato.

lunes, 30 de enero de 2012

Dani Pérez Trío - Bilbaína Jazz Club (Bilbao, 8 de marzo de 2007)

Extraído de mi reseña, publicada originalmente en Tomajazz.com en marzo de 2007:

"Individualmente, Pérez domina el fraseo de manera pasmosa y construye esas improvisaciones tan características en las que el solo discurre con naturalidad entre líneas y constantes inversiones de acordes. Mengual, por su parte, aglutinó durante todo el concierto los numerosos conceptos que desarrollaba el trío; como solista empezó algo frío, aunque en el segundo pase remontó el vuelo y nos obsequió algunos momentos memorables.

Pero, a pesar de las excelencias de sus compañeros, Xirgu resultó el protagonista de la noche, con una pegada imparable y un drive absolutamente contagioso. Desde el primer momento, empujó con fiereza y creatividad al grupo, recordándonos a todos por qué es uno de los mejores baterías que ha dado este país.

Así, entre complicidad y soltura, se fueron desgranando “In Your Own Sweet Way”, renombrada como “Induráin” en honor a Benet Palet, “On Green Dolphin Street” convertida en “Iturribide Kalea”, el original “Hipnosis” con ecos de Frisell, la versión de Pérez del “Plaza Real” de Shorter e incluso un original construido sobre un clip sampleado de Chiquito de la Calzada. Todo con el desparpajo y la tranquilidad de estar entre amigos, con un público entregado y una noche de disfrute, sin más objetivo que tocar y pasarlo bien."

Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ.

miércoles, 25 de enero de 2012

James Newton - Portraits (1982)

Uno de esos discos, publicados por el fantástico sello India Navigation entre finales de los 70 y primeros de los 80, que tanto me gustan. No viene especificada la fecha de grabación (ni siquiera en la web de Newton), pero la edición lo situa en 1982.

La cara B del álbum contiene dos temas llamados "Portrait Of David Murray" y "Portrait Of Pheeroan akLaff". Ninguno de ellos toca en el disco, pero sí lo hicieron mucho con Newton en aquella época.



Junto al flautista, algunos de sus habituales: el chelista Abdul Wadud, el gran Cecil McBee, el batería fundador del Art Ensemble of Chicago Phillip Wilson y, en un tema, el pianista Bob Neloms.

La copia que compré de este disco hace un par de años, lleva una pequeña pegatina manuscrita que dice: "superb flute based contemporary jazz".

Creo que eso lo dice todo.

lunes, 9 de enero de 2012

Carla Bley's The Lost Chords find Paolo Fresu - Ciclo 365 Jazz Bilbao (22 de abril de 2010

El otro día publiqué aquí la reseña del disco de The Lost Chords find Paolo Fresu, pero lo que quería realmente era publicar la reseña del concierto que este mismo grupo ofreció en Bilbao en abril de 2010.

La reseña fue publicada originalmente en Tomajazz.

CARLA BLEY – THE LOST CHORDS FIND PAOLO FRESU - Ciclo 365 Jazz Bilbao (2010)

Dentro de la errática programación de 365 Jazz Bilbao aparecen de vez en cuando conciertos de primera categoría, como el de Carla Bley y su proyecto The Lost Chords. Mediante la coletilla “find Paolo Fresu”, el grupo se convirtió en quinteto en su última encarnación y así es como pudimos disfrutarlo en el recién reabierto Teatro Campos Elíseos. Según aclaró la propia Carla, era la primera vez que el grupo actuaba en casi dos años, algo que nadie hubiese percibido de no haber sido anunciado.

La química entre el grupo original, con Bley, el fiel Steve Swallow, Andy Sheppard y Billy Drummond, es algo muy serio, y la unión con Fresu no hace más que enriquecer el conjunto. Todos son solistas (incluso Carla tuvo un momento de despegue) y cada uno tiene su rol perfecto y definido. Un grupo muy difícil de cuestionar.

Abrieron el concierto con la larga suite “The Banana Quintet”, un conjunto de composiciones impresionante. Tanto, que en directo ocurre algo muy parecido a lo que uno encuentra en el último disco del grupo: “The Banana Quintet” es una obra tan perfecta, compacta y redonda que todo lo que viene después suena a extra, a bis largo.

Paolo Fresu y Andy Sheppard protagonizaron varias partes solistas pero, como suele ocurrir cuando está Steve Swallow por medio, el bajista ofreció los momentos más interesantes del concierto. El técnico de sonido no supo acompañarle pero, las líneas de Swallow, melódicas y misteriosas, volvieron a elevarse sobre un auditorio que le ovacionó calurosamente al final del concierto.

Entre los temas interpretados después de “The Banana Quintet” hay que destacar una habanera del maestro Manuel Iradier con la que Bley conquistó al público bilbaíno, y la versión de “Ad Infinitum” con la que se cerró el recital, un tema que se grabó originalmente para el maravilloso Dinner Music y que Bley recuperó para este grupo en su último disco.

Carla Bley, sea con la formación que sea, siempre es una apuesta segura, al igual que Charlie Haden, otro protagonista de esta temporada de 365 Jazz Bilbao. En el futuro, sería fantástico poder verlos juntos, con toda la Liberation Music Orchestra arropándolos. Por pedir que no quede.

Yahvé M. de la Cavada, 2010

martes, 27 de diciembre de 2011

Cassandra Wilson - 32 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz (17 de julio de 2008)

El otro día me preguntaron de qué conocía al pianista Jonathan Batiste, y por qué me esforzaba tanto en repetir una y otra vez lo bueno que era. Entonces recordé la crítica que escribí para Tomajazz sobre un concierto de Cassandra Wilson en 2008, que es cuando descubrí a Batiste, y decidí recuperarla para el blog.




Cassandra Wilson - 32 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz

“Mujeres en el jazz”. Esa innecesaria manía del festival de jazz de Vitoria de unificar (muchas veces de cualquier manera) los programas dobles puede volverse muy desagradable. Epígrafes como “la noche electrónica”, “50 años de bossa-nova” o el justificadamente comercial “noche Verve” dan un aire de parque temático al festival cuyo beneficio es difícil de demostrar. Aun así, el hecho de subtitular un cartel compuesto por dos mujeres liderando sus grupos como “mujeres en el jazz” es de un reduccionismo lamentable, sin contar con la perniciosa imagen de la mujer en el jazz que proyecta. No me cabe duda que no hay ninguna intencionalidad maliciosa por parte del festival, pero el hecho es que a estas alturas no es necesario plantear esta etiqueta; que un par de mujeres se dediquen al jazz e incluso lideren sus propios grupos no es un acontecimiento, sino algo completamente habitual, y así debe ser tratado.

(.........)


La veterana Cassandra Wilson fue la encargada de cerrar la noche, decisión tomada, probablemente, en base a la inseguridad comercial que transmitia Maria Schneider. En cualquier caso, Wilson se enfrentaba a una tarea dura ya que, a pesar de la entrega del público vitoriano, la cantante ha dejado un ligero halo de aburrimiento tras de sí en más de un concierto.

Su último disco, Loverly, es una de las mejores grabaciones de una carrera a caballo entre lo ecléctico y lo errático, marcada por la búsqueda de algo no muy definido entre la realización artística y el éxito comercial. Por si fuera poco, el pianista que la acompaña en Loverly es ni más ni menos que Jason Moran, figura que devora el interés del oyente por momentos y que parece irremplazable a la hora de enfrentarse al directo.

Así que, con una actitud, carácter y planteamiento musical muy diferente al de su última actuación en el festival (en 2005), Cassandra Wilson subió al escenario arropada por una banda aparentemente menos consistente que entonces. A pesar de la presencia de Reginald Veal y Herlin Riley, rítmica sólida donde las haya, la falta de una figura de tanto peso como Brandon Ross y la imposible sustitución de Moran auguraban un concierto fallido.

El recurrente “Caravan” dio el pistoletazo de salida y la cosa parecía funcionar más o menos. Marvin Sewell, director musical del grupo de Wilson desde hace años, se veía perjudicado por un sonido rasposo y un tanto descontrolado, y la voz de Cassandra estaba tan bien como siempre. Y ahí estaba el problema: como siempre. Ni mejor ni peor.

Pero de entre aquella música, entretenida pero intrascendente, emergían unas notas chispeantes que animaban el oído. Tras un “St. James Infirmary” y un “Black Orpheus” muy interesantes, la sospecha se confirmó. El pianista, que llevaba la cruz de cubrir el puesto de Moran, hizo una intro antes de “Sweet Lorraine” que quitaba el sentido. ¿Quién demonios es ese tipo? ¡Pero si es un crío!

Aquel joven de Nueva Orleans se llama Jonathan Baptiste, y toca con una facilidad y un gusto insultantes. Como muchos de los pianistas de su ciudad, viene de la tradición clásica americana y puede evocar a Teddy Wilson y a Erroll Garner en una sola frase, pasando por la técnica y la modernidad neoclásica de un (para él clásico, en cierto modo) Marcus Roberts.

A partir de ese momento, casi no escuchamos nada más. Solo un buen concierto de Cassandra Wilson con un gran pianista que dará mucho que hablar. Todo lo demás bien, buen repertorio, bien interpretado, afrontado con gracia y aderezado por la maravillosa voz de la líder. Pero fantástico, lo que es fantástico: Jonathan Baptiste. Tomen nota.

Yahvé M. de la Cavada, 2008


La crítica era sobre un programa doble de Wilson junto a Maria Schneider. Puedes leer el texto completo en la web de Tomajazz.


Nota: Sí, en todo momento escribo Baptiste, con "p". Y es sin ella.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Jon Lord - Before I Forget (1982)

El rock está plagado de ellos. Músicos de categoría cuya historia queda ligada para siempre a bandas más grandes que ellos. Jon Lord siempre estará a la sombra de Deep Purple o Whitesnake, grupos a los que contribuyó enormemente.



Pero también tuvo carrera en solitario. En 1981 grabó este disco junto a varios colegas de diferentes bandas: Neil Murray, Bernie Marsden, Mick Ralphs, Ian Paice, Simon Kirke, Cozy Powell o Simon Phillips, entre otros.

Mi copia en LP es la original española (1982), con el título convenientemente traducido en la portada (que, por cierto, mola). No es un ninguna obra maestra, pero sí un buen disco. Lord va de un estilo a otro y a lo largo del disco toca hammond, piano, moog y varios teclados.

Jon Lord falleció el 16 de julio de 2012. Nunca le vi en directo, y me joroba bastante. D.E.P.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Anthony Braxton - Performance (Quartet) 1979


Reseña publicada en el número 104 de la revista Cuadernos de Jazz
(enero-febrero 2008)


UN INSTANTE EN EL TIEMPO

Echando un vistazo a los componentes del cuarteto que interpreta este Performance, aumentan las ganas de escucharlo. Quizá con la sola excepción de Thurman Baker, las carreras de Ray Anderson, John Lindberg y, sobre todo, Anthony Braxton han sido eclécticas, originales, inquietas y casi siempre, sorprendentes.




A finales de los años setenta, muchos músicos, Anderson y Lindberg incluidos, se dejaron arropar por el intenso e inspirador manto de varios proyectos de Braxton, que era en cierto modo, el padre de una generación perdida del jazz. Cuando parecía que ya estaba todo hecho, que se había tocado el techo de la improvisación, Braxton se negó a encasillarse reinventándose continuamente a través de la composición, la independencia interpretativa de sus músicos y mediante estructuras, siempre coherentes, pero habitualmente complejas.

En este disco, grabado en directo en Willisau, Braxton comienza a esbozar una serie de esquemas que poco después definiría más claramente en otras formaciones. Las siete composiciones que contienen las dos partes, están unidas permanentemente por improvisaciones de uno u otro de los miembros del cuarteto, haciendo que la libertad total sea la que encauce la entrada del siguiente tema de manera natural. Ese afán de unir piezas, de juntar las partes en un todo, da un carácter muy especial a la música, provocando que toda ella sea esencial, y cada uno de los músicos, imprescindible.


La química que hay entre los cuatro es tremenda, y no deja de sorprender que ésta formación concreta no se prodigase mas. Anderson, tan virtuoso como su amigo y predecesor en las filas de Braxton, George Lewis, resulta un contrapunto interesante, extrovertido y menos intelectual que el líder. Pero todos ellos, con mención especial al saxofonista, mantienen a lo largo del disco un nivel difícilmente superable.


La reedición de éste grupo histórico, a pesar de su aparente poca trascendencia, es tan necesaria como muchas otras de Braxton. De hecho, más que muchas.


Yahvé M. de la Cavada

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Steve Turre - TNT (2000)

El planteamiento es sencillo: Steve Turre con tres quintetos diferentes y tres saxos tenores respectivos como invitados especiales.

El primero, y el que más cortes protagoniza, es junto a James Carter, que está relativamente contenido y en muy buena forma. La rítmica también está particularmente bien, con Mulgrew Miller, Buster Williams y Victor Lewis.



El quinteto con David Sánchez cuenta con un sexto miembro, el percusionista Giovanni Hidalgo, pero en el tercero está la joya de la corona, el enorme Dewey Redman. La rítmica es la misma que en el de Sánchez, con Stephen Scott, Peter Washington y un finísimo Lewis Nash.

Escuchar a Redman siempre es un placer, y más en un tema tan coltrainiano como "Dewey's Dance". Atención, también, a Scott.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Keith Jarrett / Gary Peacock / Jack DeJohnette - My Foolish Heart. Live At Montreux (2001; ed. 2007)


Reseña publicada en el número 104 de la revista Cuadernos de Jazz
(enero-febrero 2008)

Lo agotado o reiterativo de formulas tan explotadas como el trío de Keith Jarrett es siempre un motivo de discusión entre aficionados. A pesar de que, al menos discográficamente, puede que ya hayan dicho todo lo que tenían que decir, su nivel medio es tan alto que es difícil no disfrutar de una nueva entrega del grupo.



Lejos de la excelencia de obras mayores de los últimos años como Up For It o The Out-Of-Towners, My Foolish Heart ha sido editado como parte de la conmemoración del 25 aniversario del grupo y sirve mas como compendio o catalogo de sus diferentes doctrinas interpretativas y su capacidad de interacción constante que como obra redonda o trascendente.

Entre el stride de "Ain’t Misbehavin’" y la libertad de "Straight No Chaser" hay un abismo estilístico, pero el grupo cohesiona con facilidad todo lo que toca con carácter y personalidad propios, haciendo que una obra menor sea realmente interesante.

Yahvé M. de la Cavada, 2008

jueves, 3 de noviembre de 2011

Wovenhand: la llamada de la tierra (2 de diciembre de 2010)



Artículo publicado originalmente en Muro de Sonido, blog musical de ELPAIS.com, el 2 de diciembre de 2010

Quienes vieron a Wovenhand (también escrito Woven Hand) en alguna pequeña sala durante su gira de presentación del álbum Ten Stones (2008), hablan de una experiencia única, de un concierto imposible de describir. Dos años después, con su flamante nuevo disco bajo el brazo, Wovenhand regresan a los escenarios españoles para mantener esa leyenda, y lo harán en cuatro fechas repartidas a primeros de diciembre: sábado 4 en Bilbao (Kafe Antzokia), miercoles 8 en Valladolid (Asklepios), jueves 9 en Madrid(Caracol) y viernes 10 en Barcelona (La [2] de Apolo).
The Threshing Floor, aparecido hace unos meses, bien podría ser el mejor disco de Wovenhand. En él se conjugan todas las constantes de la música de su líder y frontman David Eugene Edwards, auténtico motor de la banda y ex cantante de otra que merece la pena reescuchar: 16 Horsepower.
No es extraño, por tanto, que haya un poderoso nexo estilístico entre Wovenhand y 16 Horsepower, ya que los primeros nacieron en 2001 a raíz de una pausa en la actividad de los segundos. Cuando los Horsepower se disolvieron en 2005, Wovenhand quedó como único receptor de las creaciones de Edwards y, poco después, lo que era un proyecto personal se convirtió en el heredero de 16 Horsepower, con la entrada en Wovenhand de uno de sus miembros fundadores, Pascal Humbert.

Wovenhand
 suenan diferente a casi todo. La suya es una música indomésticable, primaria, terriblemente oscura y difícilmente asociable a un momento o un lugar. Parece surgida de las montañas de Colorado, su lugar de origen, nacida entre la inhospita aridezdel suelo rocoso, como una hierba mil veces extinguida y mil veces renacida. Sobre uno o dos acordes tocados de forma obsesiva construyen miles de detalles, una maraña de sonidos que envuelve la chamánica voz de Edwards en un alarde de intensidad contenidae hipnótica.
Es música muy personal que se resiste a la clasificación, creada a partir de la unión del country alternativo, el post punk, el folk o los cantos tradicionales nativos americanos. Se le pueden sacar referentes, aunque ninguno determinante. En el lado más evidente estaría el aspecto más rural de Mark Lanegan o el más tenebroso de Nick Cave, pero también se perciben retazos de la Velvet Underground, las bandas británicas más oscuras de los 80 y una especie de neofolk industrial (por llamarlo de alguna forma delirante) que parece maldecir a todos las bandas adscritas a la absurda etiqueta de “americana”.
The Threshing Floor es un disco en el que sumergirse, dejándose arrastrar por su espiritualidad y por los arrebatos casi hímnicos de Edwards y los suyos. Debido a su condición independiente, que no Indie (lo publica el sello Sounds Familyre), no es muy probable que lo veamos en muchas listas de lo mejor del año, aunque virtudes no le faltan.
Por otro lado, esta es una de esas bandas que pierden fuerza en grandes escenarios o festivales, con lo que merece la pena verles en situaciones reducidas, al calor de una pequeña sala que les permita alcanzar esa conexión mística con el público. Si en estudio le dejan a uno sin aliento, imagináoslo en directo.

lunes, 31 de octubre de 2011

Andrzej Olejniczak & Apertus String Quartet - Different Choice (2011)

Mucho ojo a este cedé del fantástico saxofonista Andrzej Olejniczak, uno de los mejores discos "con cuerdas" que he escuchado en tiempo.

Recupero aquí mi reseña sobre el mismo, publicada en el número de junio de la revista MondoSonoro:



"El saxofonista Andrzej Olejniczak, afincado en Bilbao desde hace dos décadas, es también uno de los principales especialistas de su instrumento en España y, si me apuran, en Europa.
Y es que, grabar acompañándose exclusivamente de un cuarteto de cuerdas, sin perder un ápice de convicción, no es algo que pueda hacer cualquiera.
Different Choice
está a medio camino entre la música de cámara y el jazz pero, como todo gran disco, se define por sí mismo."



Puedes leer la publicación original pinchando AQUÍ.

jueves, 27 de octubre de 2011

Marianne Faithfull - Sala BBK (Bilbao, 5 de abril de 2011)

Reseña publicada originalmente en la edición física de la revista Mondo Sonoro:

"Un pequeño fallo de organización provocó que el de Bilbao fuese el único concierto de Marianne Faithfull en el estado. Este hecho convirtió el evento en algo más especial, si cabe. La flor y nata del rock bilbaíno –más flor y nata que nunca– abarrotaba la sala BBK, esperando presenciar algo especial, y lo fue, sí, pero también hubo una larga lista de “peros” que emergieron durante el concierto.
Ya el principio fue un tanto desastroso: el sonido era estridente y muy agresivo para un recinto de esas características y un desafortunado ventilador situado frente a Faithfull le provocó molestias durante un buen rato, hasta que pidió que lo apagasen.

Los primeros temas sirvieron para presentar el nuevo disco de la cantante, Horses and High Heels. Tras un desconcentrado “Why Did We Have To Part” nos temimos lo peor, ya que en “Back In Baby’s Arms” Faithfull llegó a olvidar la letra por un instante, pero en “The Stations” (el tema de los Gutter Twins que abre Saturnalia) la cosa empezó a coger pulso. A partir de ahí todo fue según lo esperado.

“Sister Morphine”, “Broken English”, “As Tear Goes By” y “Working Class Hero” hicieron estallar al público, que acabo el concierto con ovación y recibió a cambio un glorioso “Strange Weather” íntimo y acústico.

Aparte de algunos momentos del guitarrista Doug Pettibone, la atención recayó exclusivamente sobre Faithfull y su voz arrastrada y quebradiza. La cantante tiene esas cosas tan especiales y tan raras de ver llamadas personalidad y carácter, así que, al final, los “peros” son lo de menos."



Puedes leer la publicación original pinchando AQUÍ.

lunes, 24 de octubre de 2011

Jochen Rueckert - Somewhere Meeting Nobody (2011)

Extraído de mi reseña para Cuadernos de Jazz:

"Han pasado más de diez años de la publicación del primero, y hasta ahora único, disco de Jochen Rueckert como líder, Introduction (Jazzline, 1998). Aquel resultó tan sorprendentemente bueno que su nuevo álbum parece un pelín soso a su lado. Y no es que esté mal, ni mucho menos. La formación es excelente y está bien ensamblada, con un Mark Turner más personal y reconocible que en otras ocasiones y la solidez del fabuloso Brad Shepik, guitarrista nunca bien ponderado en el mundo del jazz."



"La excelente producción revela perfectamente el acompañamiento de Matt Penman, muy inspirado a lo largo de toda la grabación, y los sutiles matices y acentos del líder, que denotan su atención e implicación. El problema es que al conjunto del disco le falta algo de dinámica, o un punto más de tensión para que la cosa se venga arriba de cuando en cuando.Digamos que todo está entre bien y muy bien, pero no hay picos, ni hacia arriba, ni hacia abajo. Buenos músicos, buenas improvisaciones y un papel estelar del líder, que acompaña como pocos. Ni más, ni menos."

Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ.

martes, 18 de octubre de 2011

Brian Blade & The Fellowship Band - Season Of Changes (2008)

Otro disco fabuloso, e importante para mí, por motivos personales. Brian Blade es un outsider a su manera. Productor brillante y uno de los bateristas más importantes del mundo, Blade tiene en The Fellowship Band uno de sus proyectos más personales.

Season Of Changes, su última grabación con esta banda, es una muestra perfecta de su particular caleidoscopio musical, que parte del jazz para dejarse infectar por mucho otros sonidos.



Kurt Rosenwinkel y Myron Walden están extraordinarios, aunque los menos conocidos Melvin Butler y Jon Cowherd no se quedan atrás. Completan la banda Chris Thomas, viejo conocido de Blade, y éste último.

En este momento particular de mi vida -que podría definir con el título del álbum- he vuelto sobre este disco para redescubrir que me encanta. Y no sólo por motivos personales.

otros días, otros discos

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