jueves, 23 de julio de 2015

Elvis Costello en Jazzaldia 2013: un mal día lo tiene cualquiera (25 de julio de 2013)

Texto publicado originalmente en Rolling Stone el 26 de julio de 2013

Elvis Costello en Jazzaldia 2013: un mal día lo tiene cualquiera

Elvis Costello actuó con sus Imposters en el Festival de Jazz de San Sebastian, luchando contra varias circunstancias adversas... Y perdiendo la batalla ante un público muy poco implicado. Por Yahvé M. de la Cavada

Imagen principal de la noticiaEl idilio entre Elvis Costello y el festival de jazz de San Sebastián se remonta unos años. Su paso por el emblemático escenario de la Plaza de la Trinidad (junto al gran Allen Toussaint en 2007 y en un muy recordado concierto con sus Sugarcanes en 2010) es uno de los hitos de la programación no jazzística del festival. Por eso, la posibilidad de ver a Costello en el escenario más grande del festival –el de la playa de la Zurriola–, y de forma completamente gratuita además, es algo a lo que resulta muy difícil resistirse. Y más con lo que, sobre el papel, se avecinaba: un bolo de temazos clásicos junto a sus Imposters, que no son sino los Attractions de toda la vida, con Davey Faragher (ex-Cracker) sustituyendo al bajo a Bruce Thomas. ¿Qué podría salir mal? Pues casi todo.

El bolo empezó puntual y como un tiro, con el I can’t stand up for falling down que grabó en su mítico Get Happy, pero enseguida notamos que algo no iba bien. Costello sonaba cansado, con la voz forzada y fuera de tiempo. Como si la canción fuese más rápido de lo que él podía cantarla. Y no sólo eso: Costello desafinaba y su voz se quebraba antes de llegar a la nota adecuada. Sonaba como un hombre viejo, oxidado, incapaz de sacar adelante sus propias canciones.

A ver, aquí no estamos hablando de Milli Vanilli o de Paulina Rubio. Hablamos del jodido Elvis Costello, un tipo que canta extraordinariamente y con mucho rollo. Un puñetero clásico. Y no porque escribiese un hit hace treinta y cinco años, sino por mantenerse en forma y en primera fila durante décadas. Y su directo, según le consta a quien esto escribe, es tremendo. Entonces, ¿qué pasó en Donostia?

Claramente, la capacidad vocal de Costello estaba mermada. Una gripe, demasiada tralla en los últimos bolos… Es difícil de saber. Después, daba la sensación de que había algún problema de monitorización en el escenario y, por último, y tal vez lo más importante, no había ningún tipo de feedback por parte del público. Tan poco feedback, que en el cuarto tema de la noche, el mítico Everyday I write the book, Costello buscó la complicidad del público una y otra vez sin obtener ningún tipo de respuesta. Por si esto no fuese suficientemente frustrante, justo después cayó Alison, tal vez el tema más emblemático del británico, y la reacción del público fue la misma; o sea, ninguna. Esto es como si en un concierto de U2 tocan With or without you y el público está de charla. Y éste es el peligro de los conciertos gratuitos: que uno no sabe quién la va a ir a ver, ni si quiénes le van a ir a ver han escuchado alguna de sus canciones.

Tampoco es culpa del público, porque Costello debería (y en condiciones óptimas, hubiese podido) haberle conquistado, por circunstancial que este fuese. Casi lo consiguió con el aire reggae de Watching the detectives, pero ni así: estábamos en caída libre, especialmente el propio Costello. La catarsis llegó con una emotiva y muy acertada mención a las víctimas del trágico accidente de tren en Santiago, a quienes dedicó el precioso Shipbuilding. Enlazó con el She de Charles Aznavour (grabada por Costello para la banda sonora de Notting Hill), se fue por el rock’n’roll countrificado de A slow drag with josephine y desembocó en un gran momento, dedicando a su mujer Diana Krall –que actúa en el Jazzaldia dentro de un par de días– el maravilloso Almost blue. Por un instante, la voz resquebrajada y deshilachada de Costello trajo a la memoria aquella emocionante versión del tema que grabó Chet Baker en sus últimos días para la banda sonora del Let’s get lost de Bruce Weber.

En realidad, el concierto seguía siendo un completo desastre, pero tampoco importaba mucho. Costello volvió a sus temazos clásicos de los Attractions con el single más exitoso de la historia del grupo, Oliver’s Army, de su álbum Armed Forces. Pero sin el componente sentimental, el concierto comenzó a caer de nuevo hasta el rockero Stella hurt, en el que Costello se permitió desfasar a lo Hendrix con la guitarra. Ahí entramos en la traca final, ya con la banda y el público (contra todo pronóstico) calientes, mediante una ristra de temas impecable: (I don’t want to go to) Chelsea, Red shoes, Pump it up y (What’s so funny ’bout) Peace, Love and understanding de Nick Lowe, con una divertida parada en mitad para hacerse un trozo del Purple rain de Prince, con letra medio inventada, por supuesto.


Fin de fiesta bien arriba para un concierto absolutamente desastroso. Pero, eh, es Elvis Costello. Respeto. Un mal día lo tiene cualquiera.

otros días, otros discos

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