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jueves, 22 de septiembre de 2011

Bruno Chevillon / Tim Berne - Old And Unwise (2010; ed. 2011)

Mira que me harto a decir que Tim Berne no tiene un disco malo. Garantizado, amigos.

Si existe un jazz contemporáneo, en el sentido más radical de la palabra, Berne es uno de sus abanderados. De hecho, lleva siéndolo casi tres décadas y, si hay algo que ha estado presente a lo largo de toda su carrera, es un compromiso con la libertad inédito para muchos otros.



Su dúo con el fabuloso contrabajista Bruno Chevillon trae a la mente discos tan destacables como este: Ornery People (a dúo con Michael Formanek) y el asombroso Cause & Reflect (a dúo con Hank Roberts). No hay mayor coincidencia aparte de la unión del saxo de Berne con las cuatro cuerdas del contrabajo (del chelo en el caso de Roberts) y que tanto el saxofonista como sus partenaires, prometen y entregan un repertorio impecable.

Suena tan crudo, dinámico y real como siempre, o sea, mucho. A no perdérselo.

jueves, 30 de junio de 2011

Jon Lundbom & Big Five Chord - Quavers! Quavers! Quavers! Quavers! (2011)

Como la música es una industria, siempre, hasta en los sectores más pequeños, hay cosas injustas. El jazz, que ya es un sector pequeño en cierto sentido, no se salva.

Una de las mayores injusticias que me han venido a la cabeza recientemente tiene que ver con el grupo del guitarrista Jon Lundbom. Ya he hablado de él por aquí más de una vez, y ahora tengo que volver a hacerlo.

Los Big Five Chord tienen nuevo disco y, como con casi todo lo aparecido en la factoría Hot Cup, es monstruosamente bueno. Sé que cuando algo me gusta tiendo a la hipérbole, pero os aseguro que no exagero.



La banda del guitarrista vuelve a beneficiarse de la presencia de Jon Irabagon, Bryan Murray, Moppa Elliott y Danny Fischer, pero la música que producen juntos no se puede atribuir principalmente a ninguno de ellos. Suenan tanto a grupo, a masa compacta, que sólo puede ser entendidos como unidad.

Como en toda gran banda, su nuevo disco parece mejor que los anteriores. Con el tiempo, la perspectiva pondrá a unos y a otros en su sitio, pero ahora mismo, Quavers! Quavers! Quavers! Quavers! parece insuperable. Hay evolución, hay temas y hay solos extraordinarios.

Lundbom toca más que en otros discos suyos y el disco se pasa en una exhalación, dejándo siempre con ganas de más, aunque sólo sea por la forma de cortar cada uno de los temas.

Creédme, si el mundo (¿la industria?) del jazz fuese justo, este grupo sería mucho más conocido.

otros días, otros discos

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