viernes, 20 de enero de 2017

Sumrrá - 5 journeys (2015)


(Reseña publicada originalmente en el suplemento Babelia del diario El País en julio de 2016)

No es fácil ser profeta en la propia tierra en España. Tal vez por eso el trío gallego Sumrrá, tras actuar en varios países y continentes a lo largo de los últimos años, celebran sus 15 años de actividad publicando este nuevo álbum con un sello neoyorquino que ha visto en ellos lo mismo que cualquiera que haya podido escucharlos en directo.

Con una aproximación muy dinámica al clásico trío de piano y una estimulante raíz europea —extensión natural de las vías abiertas por el popular Esbjörn Svensson Trio—, Sumrrá tienen la combinación perfecta entre composiciones sugerentes, un alto nivel de interacción y una personalidad musical melódica e intensa que no es simple, ni fácil, pero sí para todos los públicos.

sábado, 14 de enero de 2017

Kasper Tom / Rudi Mahall - One Man's Trash Is Another Man's Treasure (2016)


La primera vez que vi en directo al baterista danés Kasper Tom Christiansen, reparé en su capacidad para mantener un gran equilibrio entre la interpretación y la interacción con el resto de músicos sobre el escenario. Después lo he vuelto a ver muchas veces, con proyectos muy diferentes, y él siempre sostiene, se adapta y sobresale al mismo tiempo.

El pasado julio volví a verlo con varias formaciones, una de ellas junto al legendario Alexander Von Schlippenbach y el clarinetista Rudi Mahall en el Festival de Jazz de Copenhague. A pesar de que la configuración del grupo podría recordar a la del Schlippenbach Trio con Evan Parker y Paul Lovens, el trío con Mahall y Tom se reveló como una unidad en la que los tres músicos se comunicaban de forma muy democrática.

Mahall, viejo amigo y colaborador de Von Schlippenbach, lleva también un tiempo tocando con el baterista en grupos como Fusk o el propio Kasper Tom Quintet, ambas formaciones con cierto recorrido y un par de recomendables discos cada una.

Y por fin, después de años de colaboraciones, baterista y clarinetista grabaron este puñado de temas a dúo en febrero de 2016, todos ellos empapados de una equilibrada sintonía. Ambos improvisan con familiaridad, sabiéndose bien correspondidos por su compañero, y el disco funciona de principio a fin, sin la más mínima fisura en la relación de ambos músicos.

Por cierto, entre sus muchos proyectos, Kasper Tom Christiansen tiene un excelente trío junto a Brice Soniano y el saxofonista barcelonés César Joaniquet.
Se llama Songbook, tienen un disco precioso y en directo son una maravilla.


Puedes comprar este disco, y otros de Kasper Tom, en su web: kaspertom.com

martes, 10 de enero de 2017

Edmond Hall - Petite Fleur (1959)


Después de abandonar los All-Stars de Louis Armstrong en junio de 1958, Edmond Hall se fue de vacaciones. A finales de ese mismo año, grabó este disco, su primer larga duración como líder, para United Artists.

Hall es uno de mis clarinetistas predilectos, intento volver a él cada cierto tiempo. Hoy estaba reescuchando este disco y he visto que fue producido originalmente por Nat Hentoff, en la misma época en la que, tras su despido de Downbeat, acababa de fundar The Jazz Review junto a Martin Williams, y muy poco antes de comenzar a producir y supervisar sesiones de grabación para Candid Records.

Incido en esto porque el domingo pasado falleció Hentoff, una auténtica referencia para cualquiera que escriba sobre jazz. Ese mismo día escribí su obituario para el diario El País, que compartiré también en el blog próximamente.

Volviendo a Petite Fleur, Hall aquí se acompaña de viejos amigos como el gran Vic Dickenson o Ellis Larkins, y otros músicos del nivel de Jimmie Crawford, Emmett Berry o el fabuloso Milt Hinton y su legendario tono. Algunas piezas son en cuarteto y otras en sexteto (con Berry y Dickenson).

Hall y especialmente Larkins, que ya militaba en el grupo de Hall durante los años 40, tienen momentos impresionantes. El pianista está exultante en cada uno de sus solos, todos ellos certeros, preciosos, con un fraseo, un sonido y un swing impresionantes.

Nat Hentoff produciendo a Edmond Hall a finales de los 50, qué maravilla. Y qué gran tipo Hentoff. Descanse en paz.

jueves, 5 de enero de 2017

Los discos del año / música popular (rock, pop, hip-hop, metal, country...) en 2016


Ni quiero ni puedo pensar en sentenciar qué es lo mejor del año. Cuando me toca hacer este tipo de listados o recapitulaciones intento tener en cuenta varios factores, como que los discos destacados contengan música excitante, que tengan ese "algo más" que hace que se queden con más fuerza en mi memoria y, por supuesto, que para mí supongan un digno portador de sonidos contemporáneos. No ha de ser algo novedosísimo ni vanguardístico, pero he de percibirlo como música fresca y actual.

Intento consumir todo tipo de música popular sin prejuicios estéticos, y en mi top del año hay muy diferentes géneros, desde noise a country, con mucha presencia de hip-hop, que es la escena popular en la que considero que se está haciendo avances más interesantes o, al menos, la música menos anclada en nostalgia o sonidos de otras épocas.

Una vez más, no diré que estos son los mejores discos del año, pero escucho mucha más música que la mayor parte de gente que conozco y puedo asegurar que todos ellos son fabulosos. Aquí van:


Los discos del año para 1dm1dm #1 / música popular

  • Frank Ocean Blond + Endless (Boys Don't Cry / Def Jam) 
  • A Tribe Called Quest - We Got It From Here... Thank You 4 Your Service (Epic) 
  • Kate Tempest - Let Them Eat Chaos (Lex / Fiction) 
  • Anderson Paak - Malibu (Steel Wool) 
  • Bon Iver - 22, A Million (Jagjaguwar)  
  • Kanye West - The Life Of Pablo (GOOD Music)  
  • Ryley Walker - Cannots + Golden Sings That Have Been Sung (Dead Oceans) 
  • David Bowie - Blackstar (ISO / Sony) 
  • Robbie Fulks - Upland Stories (Bloodshot) 
  • Whores. - Gold. (eOne) 
  • Drive-By Truckers - American Band (ATO) 
  • Kendrick Lamar - Untitled Unmastered (Top Dawg / Interscope) 
  • Swans - The Glowing Man (Young God) 
  • The Wave Pictures- A Season In Hull (Wymeswold) 


Si gracias a esta lista descubres un disco que no conocías y acaba formando parte de tu vida de algún modo, misión cumplida.

martes, 27 de diciembre de 2016

Los discos del año / Jazz e improvisación en 2016


Ni quiero ni puedo pensar en sentenciar qué es lo mejor del año. Cuando me toca hacer este tipo de listados o recapitulaciones intento tener en cuenta varios factores, como que los discos destacados contengan música excitante, que tengan ese "algo más" que hace que se queden con más fuerza en mi memoria y, por supuesto, que para mí supongan un digno portador de sonidos contemporáneos. No ha de ser algo novedosísimo ni vanguardístico, pero he de percibirlo como música fresca y actual.

Con eso en mente, evito directamente las grabaciones históricas inéditas, que tendrán una selección aparte en los próximos días en este mismo blog, y aquí solo nombro discos grabados (no sólo editados) en los últimos tiempos.

Así que, no diré que son los mejores discos de jazz e improvisación del año, pero escucho mucha más música que la mayor parte de gente que conozco y puedo asegurar que todos ellos son fabulosos. Aquí van:


Los discos del año para 1dm1dm #1 / Jazz e improvisación

  • Tyshawn Sorey - The Inner Spectrum of Variables (Pi Recordings) 
  • Jeff Parker - The New Breed (International Anthem) 
  • Taylor Ho Bynum - Enter The PlusTet (Firehouse 12) 
  • Jason Moran - The Armory Concert (Yes Records) 
  • Rodrigo Amado - Desire & Freedom (Not Two)  
  • Steve Lehman - Sélébéyone (Pi Recordings)  
  • Mary Halvorson Octet - Away With You (Firehouse 12) 
  • Made To Break - N N N (Audiographic Records) 
  • Brad Mehldau Trio - Blues and Ballads (Nonesuch) 
  • Fire! Orchestra: Ritual (Rune Grammofon) 
  • Barry Guy / Marilyn Crispell / Paul Lytton - Deep Memory (Intakt) 
  • Vijay Iyer / Wadada Leo Smith - A Cosmic Rhythm With Each Stroke (ECM) 
  • Angelika Niescier / Florian Weber - NYC FIVE (Intakt) 
  • Michael Formanek Ensemble Kolossus - The Distance (ECM) 


Si gracias a esta lista descubres un disco que no conocías y acaba formando parte de tu vida de algún modo, misión cumplida.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Tomasz Dąbrowski - S-O-L-O "30th birthday/30 concerts/30 cities" (2016)


Escuché por primera vez a Tomasz Dąbrowski en directo con su fantástico Tom Trio, hace unos años en el festival Jazztopad de Wroclaw. Desde entonces le sigo con mucho interés y considero que está entre esos músicos que merecen despuntar con más fuerza a nivel internacional.

Dąbrowski no deja de trabajar y tocar con numerosos proyectos, propios y ajenos, con formaciones muy diferentes también, desde grupos grandes a la versión recogida en este disco, la más pura y expuesta del posiblet: trompeta solo.

Aunque pueda parecer un formato limitado, Dąbrowski sabe contar historias con el instrumento, apoyado tanto en el lenguaje y las notas como en las posibilidades del instrumento, y lo hace sin paroxismo libre de algunos especialistas del instrumento como Peter Evans o Nate Wooley, acercándose más a un enfoque espiritual y reflexivo.

Este disco es una conmemoración del 30 cumpleaños del trompetista, celebrado con una gira que le llevó a 30 ciudades diferentes para dar 30 conciertos en solitario. Después, en junio de 2015, se encerró en un estudio de Copenhague para grabar estas diez miniaturas sin más herramienta que la trompeta y sordinas.

El resultado, un disco precioso, inspirador y lleno de recovecos, que merece estar entre lo mejor que se ha publicado en música improvisada en 2016.


El disco se puede comprar en la web del sello Barefoot Records

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Roscoe Mitchell feat. Hugh Ragin & Tani Tabbal - More Cutouts (1981)


Desde hace ya unos cuantos años, siempre que me topo con un disco en el que toca Hugh Ragin, me lo agencio. Es un trompetista brillante que no ha trascendido, en mi opinión, como se merece, y no recuerdo que me hay decepcionado nunca.

El otro día me encontré este viejo LP en una polvorienta tienda de discos de Polonia. Una maravilla de sesión grabada en Florencia al día siguiente de las registradas en Milan los días 18 y 19 de febrero de 1981 que produjeron el segundo disco del Sound Ensemble de Roscoe Mitchell, 3 X 4 Eye, publicado por Black Saint en 1981 (Nessa ya había editado el menos conocido Snurdy McGurdy and Her Dancin' Shoes el año anterior).

Con un aire muy relajado, la reducida formación compuesta por Mitchell, Ragin y el percusionista y vibrafonista Tani Tabbal grabó un puñado de piezas fabulosas y muy inspiradas para el extinto sello italiano Cecma.

Aunque es Mitchell el líder, hay un gran equilibrio entre los tres improvisadores, y el resultado suena totalmente democrático. De hecho, el álbum incluye una composición de Ragin, "Fanfare for Talib", que tiene toda la pinta de ser el primer original del trompetista publicado discográficamente.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Henryk Górecki - Symphony No. 3 (Dawn Upshaw, David Zinman, London Sinfonietta, 1992)


Anoche llegué a Katowice, en un viaje relámpago para un concierto muy especial. A principios de este año el saxofonista Colin Stetson publicó un disco en el que ofrecía una adaptación muy personal de esta legendaria sinfonía de Henryk Górecki, con músicos tan interesantes como Matt Bauder, Greg Fox o Sarah Neufeld.

Górecki compuso esa obra en Katowice, ciudad en la que vivió, enseñó y murió, y esta tarde Stetson y su grupo interpretarán su particular versión en un concierto que promete ser muy especial, por razones obvias.

No he querido reescuchar el disco de Stetson para mantener mi perspectiva fresca antes del concierto, pero anoche quise volver a escuchar esta versión de la obra, la más conocida, que catapultó internacionalmente a Górecki a primeros de los 90, gracias a unas ventas inesperadas que convirtieron esta obra en un auténtico hito de la música contemporánea.

Tres movimientos lentos, una orquesta volcada en las cuerdas y una obra que, aunque tachada por muchos de simple, sigue sonando original y emocionante cuarenta años después de su composición. El dolor y la pérdida que Górecki pretendía plasmar en la partitura se transmiten a la perfección, y no creo que haga falta más argumento que ese para constatar la grandeza de la obra.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Paul Bley / Evan Parker / Barre Phillips - Time Will Tell (1995)




Escribir sobre "lo mejor del año" siempre tiene algo de tedioso, y algo de emocionante también. Reescuchas discos, garabateas listados, te das cuenta de que se te ha pasado alguna cosa e intentas enumerar los mejores acontecimientos musicales del año. Y los peores, claro.

En el mundo del jazz, tengo clarísimo cual ha sido el peor: la muerte de Paul Bley. Me pilló fuera de España, de improviso y lejos de mis discos, si no creo que le hubiera reescuchado durante toda la noche tras la noticia.

Suyo fue uno de los primeros conciertos de jazz que realmente me cambiaron la vida, en diciembre de 1995. Fue un recital a piano solo inolvidable del que salí realmente anonadado.

Y ahora, escribiendo sobre el jazz en 2016, cómo no me voy a acordar de Bley. Joder, era uno de los grandes, de los verdaderamente grandes, desde el principio de su carrera hasta el final. Sin fisuras. Sin grandes tropiezos. Honesto, original, arriesgado, innovador, influyente y genial. Un gigante.

Ahora mismo estoy reescuchando esta joya que grabó en enero de 1994; una obra maestra que, aunque puede evocar por su configuración instrumental al legendario trío de Jimmy Giuffre con Bley y Steve Swallow, suena única y exclusivamente a sus implicados: Paul Bley + Evan Parker + Barre Phillips. Química y personalidad hasta donde alcanzan tus oídos.

martes, 13 de diciembre de 2016

Peter Brötzmann Trio - For Adolphe Sax (1967)



El principal atractivo de este disco es su valor histórico: grabado en junio de 1967, autoeditado por Peter Brötzmann el mismo año y posteriormente reeditado por FMP en 1972, es una buena representación de parte de los anhelos de la escena de vanguardia en la Europa a finales de los 60 y particularmente de los primeros esbozos del estilo del saxofonista que en años posteriores maduraría hasta alcanzar cotas realmente altas.
Más allá de ese interés documental, y aunque el disco está bien, no es una de las referencias imprescindibles del saxofonista, ni mucho menos.

Brötzmann tiene una discografía extensísima y For Adolphe Sax destaca más por ser su primer disco que por la música que contiene. Es muy interesante el componente de osadía rupturista, ese desafiar los límites para ver hasta dónde pueden llegar, pero esta música se ha hecho mucho mejor que aquí, tanto por el propio Brötzmann como por muchos otros improvisadores. Peter Kowald está estupendo, y el trío, completado por Sven-Ake Johansson, tiene momentos muy buenos, pero en general el disco tiene más fiereza que dirección, y más intención que efectividad.


(La reedición en CD que apareció en la Unheard Music Series del sello Atavistic incluyó un tema inédito grabado en septiembre del 67 con el mismo grupo más el pianista belga Fred Van Hove, que poco después formaría un inolvidable trío junto a Brötzmann y el percusionista Han Bennink) 

Vijay Iyer / Wadada Leo Smith - A Cosmic Rhythm With Each Stroke (2016)




(Reseña publicada originalmente en el suplemento Babelia del diario El País el 28 de mayo de 2016) 

Con permiso de Anthony Davis, tal vez sea Vijay Iyer quien mejor haya ocupado el piano del Golden Quartet de Wadada Leo Smith. Como Davis, Iyer es un pianista intelectual y técnicamente impecable, que afronta la música del trompetista con el equilibrio entre espontaneidad y consciencia que requiere.

Muchos años después de Divine Love, que Smith grabara en 1978, el trompetista regresa al sello de Manfred Eicher con este dúo en el que Iyer, estrella de la casa, ejerce de anfitrión. Musicalmente no hay choque, sino una simbiosis entre la intelectualidad de Iyer y la inspiración pura de Smith, que dicta el rumbo de la música levitando sobre el diálogo con elocuencia extraordinaria.


lunes, 27 de julio de 2015

Ray Davies en Jazzaldia 2014 (23 de julio de 2014)

Texto publicado originalmente en Rolling Stone el 24 de julio de 2014

Ray Davies en Jazzaldia: ¿son suficiente las canciones?

El mítico líder de los Kinks ofrece un repertorio casi perfecto a base de clásicos de la banda, pero enturbiado por flagrantes deficiencias en su voz.

Imagen principal de la noticia
Hay conciertos que resulta imposible valorar si no es desde varias perspectivas. Cuando la realidad y la leyenda se cruzan en un escenario, depende de nuestra incondicionalidad el adecuar el listón a las circunstancias. ¿Se tragaría alguien, sonriente y sin rechistar, más de tres horas de concierto de Bruce Springsteen si no fuese Bruce Springsteen? ¿Pagaría cualquiera un precio desorbitado y claramente injustificable por un concierto de los Stones si no fuesen los Stones? ¿Le consentiría el público a Bob Dylan que haga en directo lo que le viene en gana con el repertorio y la interpretación, si no fuese Bob Dylan? ¿Se iría uno satisfecho de un concierto de Ray Davies con repertorio íntegro de sus míticos Kinks, si éste desafinase en el 87% de las notas emitidas por su garganta (este cálculo es aproximado y no científico; ante cualquier duda al respecto aconsejo subir el porcentaje sin titubear), sólo porque es Ray Davies?

Reformulo, simplificando: ¿son suficiente las canciones?

Dejaré que escriba el fan, de momento, y que suene la leyenda. Para algunos, Davies es el mejor compositor del pop, lo que quizá es mucho decir, aunque le sobran méritos para, al menos, discutirlo seriamente. Por mucho que se empeñen los connoisseurs y los snobs (personajes antagónicos que muchas veces entrecruzan sus criterios por motivos muy diferentes), los Kinks nunca fueron los Beatles o los Stones, aunque Ray Davies albergaba en un solo cerebro una excelencia compositiva a la altura de Jagger & Richards o Lennon & McCartney. Su problema, quizás, fue que en sus primeros (y más gloriosos) ocho años de carrera, los Kinks fueron eminentemente una banda de singles (sin elepés de estudio como los de Beatles ni un directo como el de los Stones) y, precisamente, de singles fue el concierto de Davies en el Jazzaldia de Donostia.

Los primeros y ralentizados acordes de You really got me sirvieron para despistar antes de abrir con un contundente I need you, seguido de Where have all the good times gone y I’m not like everybody else. La leyenda, 50 años después, atizando esos temas irreprochables. Eso le volaría la cabeza a cualquiera pero, a medida que sonaban temas, había que agarrarse con más fuerza a la barandilla de la nostalgia sin prestar atención a los detalles, concentrándonos en que ahí arriba, Ray Davies nos tocaba Sunny afternoon, Dead End Street o la apoteósica Victoria.

Yendo más allá de las canciones, la realidad imperaba: Davies, cascado y con serios problemas de afinación, ya no está para estos trotes. El tipo lo daba todo, intentando emular una buena forma física que claramente no tiene y cantando (quiero creer que) lo mejor que podía, que no era mucho, la verdad. Tras una intro instrumental para repostar, volvió a la carga con más temazos: Till the end of the day, Long way from home (en la que tuvo un recuerdo para Lucinda Williams, junto a la cual regrabó el tema en 2010) See my friends y un fino Come Dancing, antes de volver sobre un I’m not like everybody else instrumento que dio paso al último y más redondo tramo del concierto.

Del eléctrico All day and all of the night pasamos al precioso Celluloid Heroes para desembocar en un Lola que, afortunadamente, no se alargó hasta el infinito, el fantástico Days y el inevitable cierre con You really got me, que fue precedido de un guiño al blues tradicional que inspiró la composición a Davies hace cinco décadas. El bis rescató el Waterloo Sunset que muchos echábamos de menos, y concluyó con un menos esperado Low Budget, uno de los pocos temas del concierto que no salió del repertorio de la primera década de los Kinks.

Como decíamos al principio, con semejante cantidad de temazos tocados en nuestras narices por el compositor de los mismos, lo demás queda en segundo plano. O no.

Dejando un poco aparte la leyenda, hay que decir que esto no era un bolo de los Kinks, ni muchos menos y que aunque la banda no sonaba muy mecánica ni fría para ser mercenarios (dos miembros de The Temperance Movement en ella, por cierto), las carencias de la voz de Davies eran imposibles de esquivar. No parece la voz de alguien que ha perdido facultades, supliéndolas con carácter o personalidad, sino la voz de alguien incapaz de cantar afinado. Si él mismo se da cuenta, no puedo entenderlo, y si no se la da, tiene un problema de oído considerable. No estoy exagerando, lamentablemente. Y vale, el tipo ha escrito las canciones, pero también está ahí cantándolas. Y el público, escuchando y pasando por alto en mayor o menor medida su baja condición vocal, simplemente, porque es Ray Davies. Si es suficiente o no, es cosa de cada uno.

jueves, 23 de julio de 2015

Elvis Costello en Jazzaldia 2013: un mal día lo tiene cualquiera (25 de julio de 2013)

Texto publicado originalmente en Rolling Stone el 26 de julio de 2013

Elvis Costello en Jazzaldia 2013: un mal día lo tiene cualquiera

Elvis Costello actuó con sus Imposters en el Festival de Jazz de San Sebastian, luchando contra varias circunstancias adversas... Y perdiendo la batalla ante un público muy poco implicado. Por Yahvé M. de la Cavada

Imagen principal de la noticiaEl idilio entre Elvis Costello y el festival de jazz de San Sebastián se remonta unos años. Su paso por el emblemático escenario de la Plaza de la Trinidad (junto al gran Allen Toussaint en 2007 y en un muy recordado concierto con sus Sugarcanes en 2010) es uno de los hitos de la programación no jazzística del festival. Por eso, la posibilidad de ver a Costello en el escenario más grande del festival –el de la playa de la Zurriola–, y de forma completamente gratuita además, es algo a lo que resulta muy difícil resistirse. Y más con lo que, sobre el papel, se avecinaba: un bolo de temazos clásicos junto a sus Imposters, que no son sino los Attractions de toda la vida, con Davey Faragher (ex-Cracker) sustituyendo al bajo a Bruce Thomas. ¿Qué podría salir mal? Pues casi todo.

El bolo empezó puntual y como un tiro, con el I can’t stand up for falling down que grabó en su mítico Get Happy, pero enseguida notamos que algo no iba bien. Costello sonaba cansado, con la voz forzada y fuera de tiempo. Como si la canción fuese más rápido de lo que él podía cantarla. Y no sólo eso: Costello desafinaba y su voz se quebraba antes de llegar a la nota adecuada. Sonaba como un hombre viejo, oxidado, incapaz de sacar adelante sus propias canciones.

A ver, aquí no estamos hablando de Milli Vanilli o de Paulina Rubio. Hablamos del jodido Elvis Costello, un tipo que canta extraordinariamente y con mucho rollo. Un puñetero clásico. Y no porque escribiese un hit hace treinta y cinco años, sino por mantenerse en forma y en primera fila durante décadas. Y su directo, según le consta a quien esto escribe, es tremendo. Entonces, ¿qué pasó en Donostia?

Claramente, la capacidad vocal de Costello estaba mermada. Una gripe, demasiada tralla en los últimos bolos… Es difícil de saber. Después, daba la sensación de que había algún problema de monitorización en el escenario y, por último, y tal vez lo más importante, no había ningún tipo de feedback por parte del público. Tan poco feedback, que en el cuarto tema de la noche, el mítico Everyday I write the book, Costello buscó la complicidad del público una y otra vez sin obtener ningún tipo de respuesta. Por si esto no fuese suficientemente frustrante, justo después cayó Alison, tal vez el tema más emblemático del británico, y la reacción del público fue la misma; o sea, ninguna. Esto es como si en un concierto de U2 tocan With or without you y el público está de charla. Y éste es el peligro de los conciertos gratuitos: que uno no sabe quién la va a ir a ver, ni si quiénes le van a ir a ver han escuchado alguna de sus canciones.

Tampoco es culpa del público, porque Costello debería (y en condiciones óptimas, hubiese podido) haberle conquistado, por circunstancial que este fuese. Casi lo consiguió con el aire reggae de Watching the detectives, pero ni así: estábamos en caída libre, especialmente el propio Costello. La catarsis llegó con una emotiva y muy acertada mención a las víctimas del trágico accidente de tren en Santiago, a quienes dedicó el precioso Shipbuilding. Enlazó con el She de Charles Aznavour (grabada por Costello para la banda sonora de Notting Hill), se fue por el rock’n’roll countrificado de A slow drag with josephine y desembocó en un gran momento, dedicando a su mujer Diana Krall –que actúa en el Jazzaldia dentro de un par de días– el maravilloso Almost blue. Por un instante, la voz resquebrajada y deshilachada de Costello trajo a la memoria aquella emocionante versión del tema que grabó Chet Baker en sus últimos días para la banda sonora del Let’s get lost de Bruce Weber.

En realidad, el concierto seguía siendo un completo desastre, pero tampoco importaba mucho. Costello volvió a sus temazos clásicos de los Attractions con el single más exitoso de la historia del grupo, Oliver’s Army, de su álbum Armed Forces. Pero sin el componente sentimental, el concierto comenzó a caer de nuevo hasta el rockero Stella hurt, en el que Costello se permitió desfasar a lo Hendrix con la guitarra. Ahí entramos en la traca final, ya con la banda y el público (contra todo pronóstico) calientes, mediante una ristra de temas impecable: (I don’t want to go to) Chelsea, Red shoes, Pump it up y (What’s so funny ’bout) Peace, Love and understanding de Nick Lowe, con una divertida parada en mitad para hacerse un trozo del Purple rain de Prince, con letra medio inventada, por supuesto.


Fin de fiesta bien arriba para un concierto absolutamente desastroso. Pero, eh, es Elvis Costello. Respeto. Un mal día lo tiene cualquiera.

lunes, 20 de julio de 2015

Kutxa Kultur 2012: Delorentos, Los Campesinos!, Love Of Lesbian, The Horrors... (8 de septiembre de 2012)

Texto publicado originalmente en Rolling Stone el 9 de septiembre de 2012

The Horrors y Love Of Lesbian encienden San Sebastián

El Kutxa Kultur Festibala se clausura con el éxito arrollador de Love Of Lesbian y un corto pero intenso concierto de The Horrors. Los Campesinos! aburrieron hasta a las piedras y Delorentos volvieron a confirmar que son una apuesta segura. Por Yahvé M. de la Cavada.

Imagen principal de la noticiaEl Kutxa Kultur Festibala es un festival diferente por muchos motivos, aunque los principales son difíciles de explicar. Hay que visitarlo para entenderlo porque el emplazamiento del recinto es más que idílico. Con muchas de las cosas buenas de los grandes macrofestivales y pocas de las malas, el Kutxa Kultur convive con un parque de atracciones, tiene servicio de guarderia y aspira a ser un evento abierto a familias enteras, si fuese necesario. Así, uno puede estar viendo un concierto mientras el niño está con su abuelo en los autos de choque, meterse en “la casa del terror” entre bolo y bolo o disfrutar del paisaje donostiarra al atardecer mientras escucha música en directo.  Con un precio por entrada difícil de igualar, la edición de 2012 ha tenido un cartel coherente e inteligentemente diseñado, centrándose la escena indie, pero seleccionando bandas interesantes y de calidad.

Por ejemplo, Delorentos, que se han convertido en pocos años en una de las bandas irlandesas más importantes de los últimos tiempos. Los de Dublín empezaron su octavo concierto en España en lo que va de año ante un público desperdigado y escaso, aunque no por mucho tiempo, ya que tema a tema el frontal del escenario se iba llenando de gente dispuesta a dejarse infectar por el pop luminoso de la banda. Rónán Yourell estaba como vocal y figura central, pero no se mostró como un líder propiamente dicho, compartiendo las voces principales con Kieran McGuiness.

Alardearon de un atractivo aire de chicos buenos, de irlandeses bonachones y catholic boys que se cenan todo lo que les pone tu madre sin rechistar y que después friegan los platos, sin romper ninguno, claro. Sus melodías enganchan con facilidad, y suenan perfectas en directo, cantadas a dos, tres e incluso cuatro voces, y la banda es potente y compacta. A mitad de bolo llegó Sanctuary y los temazos no pararon hasta el final, con todo el público botando en S.E.C.R.E.T. y la vuelta a su último disco con el incontestable Did We Ever Really Try y el tema que le da título, Little Sparks.

Con Los Campesinos! ocurrió lo contrario, y no por falta de ganas, tanto del público como de la banda. El septeto británico es bastante efectivo en estudio, pero en directo resultan un poco brasas, por no decir un completo coñazo. Hubo oasis de subidón, claro, porque tienen algún tema muy potentes, pero Death To Los Campesinos! sonó demasiado pronto y, cuando llevábamos media hora el bolo ya se nos estaba haciendo eterno. Gareth David y su exuberante hermana Kim forman una frontline efectiva; él lo da todo y ella le da un punto de equilibrio a la pareja, pero sin canciones con gancho, como si se ponen a hacer malabares.

Aunque los fans de la banda estaban encantados, había demasiadas cabezas moviéndose mecánicamente con la mirada perdida, como si estuviesen frente a una hormigonera dando vueltas. Hacia el final hubo otro momento muy bueno, cuando volvieron de nuevo sobre su primer disco, Hold On Now, Youngster, con un infeccioso You! Me! Dancing! que fue el último de esos pequeños y escasos oasis.

Quienes sí arrastraron fans, y en cantidad, fueron Love Of Lesbian. Su poder de convocatoria les convirtió en cabeza de cartel de facto, y el monte Igueldo se hizo uno para corear a la banda desde el majestuoso La Noche Eterna con el que abrieron. Santi Balmes y los suyos lo tienen todo: suenan como un tiro (y eso que en San Sebastián tocaron sin prueba de sonido previa), tienen una puesta en escena elegante, letras inteligentes, una conexión con el público envidiable y un montón de canciones tremendas. ¿Se puede pedir más?

La primera mitad del repertorio se compuso básicamente de temas de su último disco (mención especial a Los Seres Únicos y Belice) y después entraron a saco en 1999 con una preciosa versión de Allí Donde Solíamos Gritar y Club de Fans de John Boy. Balmes se quitó la camiseta en Me Amo, hizo cantar a todos con Incendios de Nieve y tuvo que recortar un tema del repertorio por cuestión de horario, cerrando con Algunas Plantas un concierto impecable de una formación madura e irreprochable que está en su mejor momento. No sé si hay alguna banda de pop en nuestro país mejor que Love Of Lesbian, pero a mí no se me ocurre ninguna. Y su directo lo corrobora de pe a pa. Para redondearlo aún más, al despedirse y saludar al público pincharon Holdin’ On To Black Metal de My Morning Jacket. Supera eso.

El plato fuerte de la noche –y en parte, del festival– eran The Horrors, en su única actuación del año en España aparte de su paso por el FIB. Empezaron atronadores, tirando de esa onda post-punk revitalizada que les caracteriza, con sonidos distorsionados y movimientos espasmódicos por parte de Joshua Hayward y el andrógino Rhys Webb frente a un Faris Badwan casi inmóvil, como un Joey Ramone poseído por Mark Lanegan.

Pronto se metieron con temas más sicodélicos, desplegando un directo fascinante que fagocitó retales de Bowie, Echo and The Bunnymen, Spacemen 3, Primal Scream, Birthday Party e incluso unos Simple Minds de primera época. Los Horrors no inventan nada, es verdad, pero hacen una interesante puesta a punto de esos sonidos de finales de los 70 y la primera mitad de los 80 con un toque de Madchester y un enfoque contemporáneo.


Despertaron alguna que otra pasión irrefrenable (dos chicas asaltaron el escenario en mitad de Endless Blue, siendo reducidas por la seguridad ante el desconcierto de la banda) y fueron creciendo hasta llegar a Sea Within A Sea y rematar con el monolítico Still Life y un catártico Moving Further Away que marcó el final del concierto. Final inesperado a todas luces porque tocaron una hora escasa, veinte minutos menos de lo estipulado en el programa. Una pena, porque seguro que Love Of Lesbian hubiesen sabido aprovechar esos veinte minutos extra.  

jueves, 16 de julio de 2015

Kutxa Kultur 2012: Russian Red, The Whip, The Raveonettes, Maxïmo Park... (7 de septiembre de 2012)

Texto publicado originalmente en Rolling Stone el 8 de septiembre de 2012

El descalabro de Maxïmo Park y la infalibilidad de The Raveonettes

The Raveonettes y The Whip no defraudan frente unos decepcionantes Maxïmo Park que se dejaron tumbar por los problemas técnicos y el show funcionarial de Lourdes Hernández. Por Yahvé M. de la Cavada.

Imagen principal de la noticiaLa segunda edición del Kutxa Kultur Festibala se estrenó con fuerza, reafirmándose como una apuesta inmejorable para cerrar el verano festivalero en el norte. En el inigualable emplazamiento del monte Igueldo, flanqueado por un viejo parque de atracciones al que se llega en un funicular que este año cumple un siglo, y con una panorámica que va desde los montes de alrededor a la bahía de La Concha, la experiencia del Kutxa Kultur Festibala va más allá de lo musical.

Abría la tarde la omnipresente Russian Red, musa del indie pijo nacional. Hay que reconocer que, cada vez que la vemos tocar lo hace mejor que la anterior. La alta actividad a la que se somete está jugando a su favor en forma de tablas, pero sigue teniendo el mismo problema de siempre: la base de su música es muy endeble, no resulta creíble. Le salvan algunos temas que se han metido en la memoria de la gente (que no es poco) pero da la sensación de que está construyendo sobre su propio personaje, no sobre la artista que, tal vez, podría llegar a ser (o no). Su forma de cantar cada vez resulta menos natural; lo que antes podía ser ingenuidad y encanto indie, ahora parece exceso e impostura.

La gracia de su concierto en Donostia estaba en que venía acompañada por Stevie Jackson y Bobby Kildea de The Belle And Sebastian, que es como cuando Mikel Erentxun se llevaba a los Attractions de Elvis Costello para grabar. Así da gusto, claro; Jackson es uno de esos guitarristas que, sin tocar particularmente bien, lo hace con un gustazo tremendo. Su aportación fue de lo mejor del bolo, mientras Kildea hacía lo suyo, sentado en una esquinita. Tras el Loving Strangers que Hernández compuso para Julio Medem, salió al escenario Brian Hunt y la cosa empezó a irse de madre hasta el final del concierto, con Kildea y Hernández aporreando timbales y todos haciendo mucho ruido, en plan “también metemos caña, ¿sabéis?”. 

Y llegó la hora del bailoteo. Programar a una banda como The Whip a las siete de la tarde es arriesgado, como poco. Si, además, lo haces en un festival que se beneficia de un acogedor ambiente, muy propenso a dejarse bañar por el solete donostiarra y las preciosas vistas del monte Igeldo, te la juegas aún más. ¿Quién va a darlo todo bailando en semejante contexto? A pesar de esto, los de Manchester salieron al escenario muy dignos, dispuestos a petarlo incluso durante el atardecer.

Tocaron una hora, cosa que les benefició, y se lo hicieron muy bien, calentando al público tema a tema, pillando mucha carrerilla a mitad de bolo con su colosal Movement y no perdiendo el pulso hasta el final. Es curioso como esta banda consigue enganchar tirando prácticamente siempre (lo que se dice siempre) de una base rítmica inmutable. Su directo es extrañamente catártico, con temas directos, contundencia sin tregua y una puesta en escena sencilla pero efectiva (una chica tocando la batería siempre es algo positivo. Si Moe Tucker molaba, imaginaos lo que mola Fiona “Lil Fee” Daniel).

Tras Secret Weapon, trallazos de su último disco “Wired Together”, llegó el final con el glorioso Trash, que nos dejó con ganas de más. Fue una pena que en ese momento de clímax subiese al escenario quien parecía un colega de la banda, para grabarles con el móvil con aires domingueros. Hacerlo desde el público ya resulta un poco chungo, pero hacerlo dentro del puñetero escenario es completamente uncool. Una pena. Aún así, un gran bolo. Si llegan a tocar los últimos, se hubiese liado una buena.

No falta ni una semana para que salga el nuevo disco de los Raveonettes, “Observator”, así que era de esperar que su concierto en el festival estuviese plagado de nuevos temas (y pinta muy bien la cosa, por cierto). No importa cuantas veces nos visiten los daneses, porque siempre es un placer verles. Su carrera es tremendamente sólida: puede que no hayan subido de nivel desde aquel mágico “Chain Gang of Love”, pero tampoco han bajado. Hasta “Raven In The Grave” han seguido deslumbrando con su retro-pop espacial y sus onírico garage plagado de sonidos industriales. En San Sebastián empezaron fuerte, con su característico aire a los 50 y la guitarra de Sune Rose Wagner, siempre saturada y reverberada hasta la extenuación, cobrando mucho protagonismo. A mitad de bolo Sharin Foo anunció que iban a volver sobre viejos temas y, paradójicamente, el concierto se desinfló un poco. Pero fue cosa de un par de temas, y hacia el final volvíamos a estar bien arriba.

Nunca fallan, no. Y no sólo por la personalidad que rezuman (no es que les falten influencias, precisamente) ni por su particular forma de doblar las voces, como unos Everly Brothers empapados en vodka y heroína, producidos por David Lynch. El secreto de los Raveonettes son su canciones, densas, movedizas, capaces de abducirte a su universo y dejarte en trance durante su actuación. Así se fueron, entre acoples, estridencias arrancadas a las guitarras y mucho humo artificial. Y también se nos quedó corto.

Maximo Park venían a presentar su último álbum, “The National Health”, aparecido hace tan solo tres meses. Lo tenían todo para da un conciertazo, menos algo muy importante: la suerte de su lado. Todo lo contrario. Desde el principio todo sonaba muy raro y, llegados al segundo tema, Paul Smith anunció que iban a tocar una canción sin teclado, el auténtico foco del problema. Smith es un buen frontman, cercano como para ganarse la simpatía del público y extravagante como para provocar reacciones en él, sean cómplices o de rechazo. Sobre él recayó el marrón de tirar del concierto en condiciones muy adversas, con la mayoría de canciones cojeando por la ausencia del teclado, ya que el “problema” persistió hasta el final. Entre tema y tema los técnicos iban y venían, Lukas Wooller intentaba hacer que sonase y Paul Smith se deshacía en agradecimientos, elogios y presentaciones del tipo de “vamos a tocar esto, a ver cómo sale”. Un desastre.

Algunos temas mantuvieron la fuerza, como The National Health, Write This Down o The Undercurrents, mientras que otros, menos afortunados, se hundían bajo el peso de una formación mutilada que tampoco sonaba demasiado allá y que en los momentos más críticos rozaba peligrosamente lo amateur. Está claro que los de Newcastle no son la típica banda que se vienen arriba ante la falta repentina de un instrumento, reinventándose a sí mismos en cada canción. Por si esto fuera poco, la voz de Smith estaba demasiado alta, lo que provocaba cierta sensación de karaoke, y al cantante se le fue la mano (¿cómo culparle por ello?) con el peloteo a la audiencia. Ésta, por cierto, parecía ajena al nerviosismo y malestar del grupo. Incluso, por momentos, parecía ajena al concierto en sí.


Ante la certeza de que no había quién levantase aquello, Smith y los suyos soltaron unas cuantas píldoras de “A Certain Trigger” y “Our Earthly Pleasures” y se rindieron. Smith se despidió con un desconcertante “muchas gracias y buenas noches. Yo no estoy bien, el teclado no está bien…”. Pues vale. Pero un teclado extra para la próxima gira sería un puntazo. 

otros días, otros discos

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...