viernes, 17 de febrero de 2017

V/A - "Alexander, Where's That Band?", Paramount Recordings, Chicago, 1926-28


Este disco llegó a mí por pura casualidad. Pero el cómo es lo de menos. La cuestión es que, una vez en mis manos, escruté atentamente el tracklist y me dije "madre mía, no conozco una sola banda".

El disco llegó a mí por casualidad, sí, pero el motivo no fue fortuito: la clave es que es una edición de Frog Records, que es lo que me interesó desde el primer momento. Yo andaba a la caza de unas grabaciones que quería de mi amado Johnny Dodds, publicadas por Frog, y me encontré con esto en las manos.

El pequeño sello británico es decano en la arqueología jazzística, y en su reducido catálogo hay auténticas joyas de los primeros tiempos del jazz. Este disco no es menos. Compila 26 pistas grabadas para Paramount en Chicago entre 1926 y 1928, exquisitamente remasterizadas por el gurú John R.T. Davies.

Según escribo esto suena la deliciosa corneta de Andrew "Big Babe" Webb en dos pistas grabadas por los Wilson's T.O.B.A Band. Ni idea de quién es ninguno de ellos, pero juro que es una puñetera maravilla. Los albores discográficos del jazz están llenos de nombres legendarios, lo que no quita que hubiera decenas de músicos interesantes, menos registrados y, por lo tanto, menos conocidos.

Suena ahora un solo de saxo bajo (¡!) de John Williams, que lidera un combo llamado Synco Jazzers, a principios de 1927. Y la excelencia no decrece.

26 temas. 10 bandas. Sin desperdicio. Y esa fantástica sensación de que, por mucho que uno haya escuchado, siempre quedan cosas por descubrir.

viernes, 10 de febrero de 2017

David Murray Black Saint Quartet (23 de julio de 2008, Heineken Jazzaldia-Festival de Jazz de San Sebastián)

Texto publicado originalmente en tomajazz.com en julio de 2008

Era ya la tercera vez que David Murray visitaba España con su Black Saint Quartet, pero eso no impidió que hubiera un pequeño revuelo en la sala de cámara del Kursaal. Murray, uno de los grandes tenores vivos y un referente para entender el jazz de las últimas décadas, había tocado hace unos años en San Sebastian con su proyecto latino, y nada más comenzar el concierto tuvo un recuerdo para la ciudad y para aquella actuación.

El Black Saint Quartet es una evolución del Power Quartet que formaban, junto a Murray, John Hicks, Ray Drummond y Andrew Cyrille. Tras la muerte del pianista, Lafayette Gilchrist (que ya llevaba un tiempo trabajando con Murray) le sustituyó y el cuarteto grabó el esplendido Sacred Ground, tomando una dirección que se alejaba ligeramente de la música producida con Hicks. Sin embargo, el cuarteto volvió a evolucionar tomando una entidad propia y separada del original Power Quartet, recurriendo para girar a los miembros de otro cuarteto de Murray: el que grabara en 2002 Waltz Again.

Todo esto, que parece un desaguisado, no es más que la confirmación de que hay dos constantes en la carrera de Murray. La primera, que sea la circunstancia que sea, se rodea de músicos excepcionales, y la segunda, que no importa de quién se rodee, con Murray al frente la alta calidad musical está garantizada. Esto, que puede parecer una contradicción, quedó más que demostrado en su recital donostiarra, en el que Murray estuvo pletórico y su cuarteto a la altura de las circunstancias.

Pero es que, señores, ¡qué cuarteto! Lafayette Gilchrist, por derecho propio uno de los grandes pianistas aparecidos en la ultima década; Jaribu Shahid, como anuncia habitualmente Murray al presentarle, es el hombre que sustituye a Malachi Favors en el Art Ensemble Of Chicago, y desde luego ese no es ni de lejos su crédito principal; y por ultimo Hamid Drake, que podría ser el mejor batería y percusionista sobre la tierra.

En su repertorio de directo con este grupo Murray suele recurrir, aparte de a Sacred Ground, al propio Waltz Again y al último disco grabado con el Power Quartet: Like A Kiss That Never Ends. Del primero se tocó el tema que da nombre al disco y del segundo su omnipresente versión al clarinete bajo de “Let's Cool One”.

Murray tocaba relajado, con una mezcla perfecta entre intensidad y belleza, con ese descontrol perfectamente controlado que le hace a uno querer levantarse de la silla, eufórico. Gilchrist estuvo fantástico, como es habitual, aunque no tan bien como se le ha podido ver con esta banda. Esto podía deberse al deficiente sonido del piano, cosa inexplicable en un auditorio como la sala de cámara del Kursaal, aunque en su concierto de Santander meses atrás la cosa fue aún peor. No obstante, la música prevalecía y cualquier cuestión era superada fácilmente por el conjunto de la fantástica actuación.

A pesar de lo afirmado en algunos medios no especializados, no se tocó el tema “Sacred Ground”, aunque sí pudimos disfrutar de “Banished”, “Pierce City”, un guiño a los viejos tiempos con “Murray’s Steps” (“allá en los ochenta, nos cansamos de tocar siempre Giant Steps, así que escribí este tema” dijo Murray en San Sebastián) y un divertido tema dedicado a Barack Obama, “el próximo presidente de los Estados Unidos”, según el saxofonista.

El precioso bis, “Believe In Love”, fue el broche final a un concierto inolvidable, cosa completamente normal en un grupo de esta categoría. Esperemos que no haya que esperar mucho para volver a ver al saxofonista en España; es una experiencia que ningún aficionado debería perderse.

viernes, 20 de enero de 2017

Sumrrá - 5 journeys (2015)


(Reseña publicada originalmente en el suplemento Babelia del diario El País en julio de 2016)

No es fácil ser profeta en la propia tierra en España. Tal vez por eso el trío gallego Sumrrá, tras actuar en varios países y continentes a lo largo de los últimos años, celebran sus 15 años de actividad publicando este nuevo álbum con un sello neoyorquino que ha visto en ellos lo mismo que cualquiera que haya podido escucharlos en directo.

Con una aproximación muy dinámica al clásico trío de piano y una estimulante raíz europea —extensión natural de las vías abiertas por el popular Esbjörn Svensson Trio—, Sumrrá tienen la combinación perfecta entre composiciones sugerentes, un alto nivel de interacción y una personalidad musical melódica e intensa que no es simple, ni fácil, pero sí para todos los públicos.

sábado, 14 de enero de 2017

Kasper Tom / Rudi Mahall - One Man's Trash Is Another Man's Treasure (2016)


La primera vez que vi en directo al baterista danés Kasper Tom Christiansen, reparé en su capacidad para mantener un gran equilibrio entre la interpretación y la interacción con el resto de músicos sobre el escenario. Después lo he vuelto a ver muchas veces, con proyectos muy diferentes, y él siempre sostiene, se adapta y sobresale al mismo tiempo.

El pasado julio volví a verlo con varias formaciones, una de ellas junto al legendario Alexander Von Schlippenbach y el clarinetista Rudi Mahall en el Festival de Jazz de Copenhague. A pesar de que la configuración del grupo podría recordar a la del Schlippenbach Trio con Evan Parker y Paul Lovens, el trío con Mahall y Tom se reveló como una unidad en la que los tres músicos se comunicaban de forma muy democrática.

Mahall, viejo amigo y colaborador de Von Schlippenbach, lleva también un tiempo tocando con el baterista en grupos como Fusk o el propio Kasper Tom Quintet, ambas formaciones con cierto recorrido y un par de recomendables discos cada una.

Y por fin, después de años de colaboraciones, baterista y clarinetista grabaron este puñado de temas a dúo en febrero de 2016, todos ellos empapados de una equilibrada sintonía. Ambos improvisan con familiaridad, sabiéndose bien correspondidos por su compañero, y el disco funciona de principio a fin, sin la más mínima fisura en la relación de ambos músicos.

Por cierto, entre sus muchos proyectos, Kasper Tom Christiansen tiene un excelente trío junto a Brice Soniano y el saxofonista barcelonés César Joaniquet.
Se llama Songbook, tienen un disco precioso y en directo son una maravilla.


Puedes comprar este disco, y otros de Kasper Tom, en su web: kaspertom.com

martes, 10 de enero de 2017

Edmond Hall - Petite Fleur (1959)


Después de abandonar los All-Stars de Louis Armstrong en junio de 1958, Edmond Hall se fue de vacaciones. A finales de ese mismo año, grabó este disco, su primer larga duración como líder, para United Artists.

Hall es uno de mis clarinetistas predilectos, intento volver a él cada cierto tiempo. Hoy estaba reescuchando este disco y he visto que fue producido originalmente por Nat Hentoff, en la misma época en la que, tras su despido de Downbeat, acababa de fundar The Jazz Review junto a Martin Williams, y muy poco antes de comenzar a producir y supervisar sesiones de grabación para Candid Records.

Incido en esto porque el domingo pasado falleció Hentoff, una auténtica referencia para cualquiera que escriba sobre jazz. Ese mismo día escribí su obituario para el diario El País, que compartiré también en el blog próximamente.

Volviendo a Petite Fleur, Hall aquí se acompaña de viejos amigos como el gran Vic Dickenson o Ellis Larkins, y otros músicos del nivel de Jimmie Crawford, Emmett Berry o el fabuloso Milt Hinton y su legendario tono. Algunas piezas son en cuarteto y otras en sexteto (con Berry y Dickenson).

Hall y especialmente Larkins, que ya militaba en el grupo de Hall durante los años 40, tienen momentos impresionantes. El pianista está exultante en cada uno de sus solos, todos ellos certeros, preciosos, con un fraseo, un sonido y un swing impresionantes.

Nat Hentoff produciendo a Edmond Hall a finales de los 50, qué maravilla. Y qué gran tipo Hentoff. Descanse en paz.

jueves, 5 de enero de 2017

Los discos del año / música popular (rock, pop, hip-hop, metal, country...) en 2016


Ni quiero ni puedo pensar en sentenciar qué es lo mejor del año. Cuando me toca hacer este tipo de listados o recapitulaciones intento tener en cuenta varios factores, como que los discos destacados contengan música excitante, que tengan ese "algo más" que hace que se queden con más fuerza en mi memoria y, por supuesto, que para mí supongan un digno portador de sonidos contemporáneos. No ha de ser algo novedosísimo ni vanguardístico, pero he de percibirlo como música fresca y actual.

Intento consumir todo tipo de música popular sin prejuicios estéticos, y en mi top del año hay muy diferentes géneros, desde noise a country, con mucha presencia de hip-hop, que es la escena popular en la que considero que se está haciendo avances más interesantes o, al menos, la música menos anclada en nostalgia o sonidos de otras épocas.

Una vez más, no diré que estos son los mejores discos del año, pero escucho mucha más música que la mayor parte de gente que conozco y puedo asegurar que todos ellos son fabulosos. Aquí van:


Los discos del año para 1dm1dm #1 / música popular

  • Frank Ocean Blond + Endless (Boys Don't Cry / Def Jam) 
  • A Tribe Called Quest - We Got It From Here... Thank You 4 Your Service (Epic) 
  • Kate Tempest - Let Them Eat Chaos (Lex / Fiction) 
  • Anderson Paak - Malibu (Steel Wool) 
  • Bon Iver - 22, A Million (Jagjaguwar)  
  • Kanye West - The Life Of Pablo (GOOD Music)  
  • Ryley Walker - Cannots + Golden Sings That Have Been Sung (Dead Oceans) 
  • David Bowie - Blackstar (ISO / Sony) 
  • Robbie Fulks - Upland Stories (Bloodshot) 
  • Whores. - Gold. (eOne) 
  • Drive-By Truckers - American Band (ATO) 
  • Kendrick Lamar - Untitled Unmastered (Top Dawg / Interscope) 
  • Swans - The Glowing Man (Young God) 
  • The Wave Pictures- A Season In Hull (Wymeswold) 


Si gracias a esta lista descubres un disco que no conocías y acaba formando parte de tu vida de algún modo, misión cumplida.

martes, 27 de diciembre de 2016

Los discos del año / Jazz e improvisación en 2016


Ni quiero ni puedo pensar en sentenciar qué es lo mejor del año. Cuando me toca hacer este tipo de listados o recapitulaciones intento tener en cuenta varios factores, como que los discos destacados contengan música excitante, que tengan ese "algo más" que hace que se queden con más fuerza en mi memoria y, por supuesto, que para mí supongan un digno portador de sonidos contemporáneos. No ha de ser algo novedosísimo ni vanguardístico, pero he de percibirlo como música fresca y actual.

Con eso en mente, evito directamente las grabaciones históricas inéditas, que tendrán una selección aparte en los próximos días en este mismo blog, y aquí solo nombro discos grabados (no sólo editados) en los últimos tiempos.

Así que, no diré que son los mejores discos de jazz e improvisación del año, pero escucho mucha más música que la mayor parte de gente que conozco y puedo asegurar que todos ellos son fabulosos. Aquí van:


Los discos del año para 1dm1dm #1 / Jazz e improvisación

  • Tyshawn Sorey - The Inner Spectrum of Variables (Pi Recordings) 
  • Jeff Parker - The New Breed (International Anthem) 
  • Taylor Ho Bynum - Enter The PlusTet (Firehouse 12) 
  • Jason Moran - The Armory Concert (Yes Records) 
  • Rodrigo Amado - Desire & Freedom (Not Two)  
  • Steve Lehman - Sélébéyone (Pi Recordings)  
  • Mary Halvorson Octet - Away With You (Firehouse 12) 
  • Made To Break - N N N (Audiographic Records) 
  • Brad Mehldau Trio - Blues and Ballads (Nonesuch) 
  • Fire! Orchestra: Ritual (Rune Grammofon) 
  • Barry Guy / Marilyn Crispell / Paul Lytton - Deep Memory (Intakt) 
  • Vijay Iyer / Wadada Leo Smith - A Cosmic Rhythm With Each Stroke (ECM) 
  • Angelika Niescier / Florian Weber - NYC FIVE (Intakt) 
  • Michael Formanek Ensemble Kolossus - The Distance (ECM) 


Si gracias a esta lista descubres un disco que no conocías y acaba formando parte de tu vida de algún modo, misión cumplida.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Tomasz Dąbrowski - S-O-L-O "30th birthday/30 concerts/30 cities" (2016)


Escuché por primera vez a Tomasz Dąbrowski en directo con su fantástico Tom Trio, hace unos años en el festival Jazztopad de Wroclaw. Desde entonces le sigo con mucho interés y considero que está entre esos músicos que merecen despuntar con más fuerza a nivel internacional.

Dąbrowski no deja de trabajar y tocar con numerosos proyectos, propios y ajenos, con formaciones muy diferentes también, desde grupos grandes a la versión recogida en este disco, la más pura y expuesta del posiblet: trompeta solo.

Aunque pueda parecer un formato limitado, Dąbrowski sabe contar historias con el instrumento, apoyado tanto en el lenguaje y las notas como en las posibilidades del instrumento, y lo hace sin paroxismo libre de algunos especialistas del instrumento como Peter Evans o Nate Wooley, acercándose más a un enfoque espiritual y reflexivo.

Este disco es una conmemoración del 30 cumpleaños del trompetista, celebrado con una gira que le llevó a 30 ciudades diferentes para dar 30 conciertos en solitario. Después, en junio de 2015, se encerró en un estudio de Copenhague para grabar estas diez miniaturas sin más herramienta que la trompeta y sordinas.

El resultado, un disco precioso, inspirador y lleno de recovecos, que merece estar entre lo mejor que se ha publicado en música improvisada en 2016.


El disco se puede comprar en la web del sello Barefoot Records

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Roscoe Mitchell feat. Hugh Ragin & Tani Tabbal - More Cutouts (1981)


Desde hace ya unos cuantos años, siempre que me topo con un disco en el que toca Hugh Ragin, me lo agencio. Es un trompetista brillante que no ha trascendido, en mi opinión, como se merece, y no recuerdo que me hay decepcionado nunca.

El otro día me encontré este viejo LP en una polvorienta tienda de discos de Polonia. Una maravilla de sesión grabada en Florencia al día siguiente de las registradas en Milan los días 18 y 19 de febrero de 1981 que produjeron el segundo disco del Sound Ensemble de Roscoe Mitchell, 3 X 4 Eye, publicado por Black Saint en 1981 (Nessa ya había editado el menos conocido Snurdy McGurdy and Her Dancin' Shoes el año anterior).

Con un aire muy relajado, la reducida formación compuesta por Mitchell, Ragin y el percusionista y vibrafonista Tani Tabbal grabó un puñado de piezas fabulosas y muy inspiradas para el extinto sello italiano Cecma.

Aunque es Mitchell el líder, hay un gran equilibrio entre los tres improvisadores, y el resultado suena totalmente democrático. De hecho, el álbum incluye una composición de Ragin, "Fanfare for Talib", que tiene toda la pinta de ser el primer original del trompetista publicado discográficamente.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Henryk Górecki - Symphony No. 3 (Dawn Upshaw, David Zinman, London Sinfonietta, 1992)


Anoche llegué a Katowice, en un viaje relámpago para un concierto muy especial. A principios de este año el saxofonista Colin Stetson publicó un disco en el que ofrecía una adaptación muy personal de esta legendaria sinfonía de Henryk Górecki, con músicos tan interesantes como Matt Bauder, Greg Fox o Sarah Neufeld.

Górecki compuso esa obra en Katowice, ciudad en la que vivió, enseñó y murió, y esta tarde Stetson y su grupo interpretarán su particular versión en un concierto que promete ser muy especial, por razones obvias.

No he querido reescuchar el disco de Stetson para mantener mi perspectiva fresca antes del concierto, pero anoche quise volver a escuchar esta versión de la obra, la más conocida, que catapultó internacionalmente a Górecki a primeros de los 90, gracias a unas ventas inesperadas que convirtieron esta obra en un auténtico hito de la música contemporánea.

Tres movimientos lentos, una orquesta volcada en las cuerdas y una obra que, aunque tachada por muchos de simple, sigue sonando original y emocionante cuarenta años después de su composición. El dolor y la pérdida que Górecki pretendía plasmar en la partitura se transmiten a la perfección, y no creo que haga falta más argumento que ese para constatar la grandeza de la obra.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Paul Bley / Evan Parker / Barre Phillips - Time Will Tell (1995)




Escribir sobre "lo mejor del año" siempre tiene algo de tedioso, y algo de emocionante también. Reescuchas discos, garabateas listados, te das cuenta de que se te ha pasado alguna cosa e intentas enumerar los mejores acontecimientos musicales del año. Y los peores, claro.

En el mundo del jazz, tengo clarísimo cual ha sido el peor: la muerte de Paul Bley. Me pilló fuera de España, de improviso y lejos de mis discos, si no creo que le hubiera reescuchado durante toda la noche tras la noticia.

Suyo fue uno de los primeros conciertos de jazz que realmente me cambiaron la vida, en diciembre de 1995. Fue un recital a piano solo inolvidable del que salí realmente anonadado.

Y ahora, escribiendo sobre el jazz en 2016, cómo no me voy a acordar de Bley. Joder, era uno de los grandes, de los verdaderamente grandes, desde el principio de su carrera hasta el final. Sin fisuras. Sin grandes tropiezos. Honesto, original, arriesgado, innovador, influyente y genial. Un gigante.

Ahora mismo estoy reescuchando esta joya que grabó en enero de 1994; una obra maestra que, aunque puede evocar por su configuración instrumental al legendario trío de Jimmy Giuffre con Bley y Steve Swallow, suena única y exclusivamente a sus implicados: Paul Bley + Evan Parker + Barre Phillips. Química y personalidad hasta donde alcanzan tus oídos.

martes, 13 de diciembre de 2016

Peter Brötzmann Trio - For Adolphe Sax (1967)



El principal atractivo de este disco es su valor histórico: grabado en junio de 1967, autoeditado por Peter Brötzmann el mismo año y posteriormente reeditado por FMP en 1972, es una buena representación de parte de los anhelos de la escena de vanguardia en la Europa a finales de los 60 y particularmente de los primeros esbozos del estilo del saxofonista que en años posteriores maduraría hasta alcanzar cotas realmente altas.
Más allá de ese interés documental, y aunque el disco está bien, no es una de las referencias imprescindibles del saxofonista, ni mucho menos.

Brötzmann tiene una discografía extensísima y For Adolphe Sax destaca más por ser su primer disco que por la música que contiene. Es muy interesante el componente de osadía rupturista, ese desafiar los límites para ver hasta dónde pueden llegar, pero esta música se ha hecho mucho mejor que aquí, tanto por el propio Brötzmann como por muchos otros improvisadores. Peter Kowald está estupendo, y el trío, completado por Sven-Ake Johansson, tiene momentos muy buenos, pero en general el disco tiene más fiereza que dirección, y más intención que efectividad.


(La reedición en CD que apareció en la Unheard Music Series del sello Atavistic incluyó un tema inédito grabado en septiembre del 67 con el mismo grupo más el pianista belga Fred Van Hove, que poco después formaría un inolvidable trío junto a Brötzmann y el percusionista Han Bennink) 

Vijay Iyer / Wadada Leo Smith - A Cosmic Rhythm With Each Stroke (2016)




(Reseña publicada originalmente en el suplemento Babelia del diario El País el 28 de mayo de 2016) 

Con permiso de Anthony Davis, tal vez sea Vijay Iyer quien mejor haya ocupado el piano del Golden Quartet de Wadada Leo Smith. Como Davis, Iyer es un pianista intelectual y técnicamente impecable, que afronta la música del trompetista con el equilibrio entre espontaneidad y consciencia que requiere.

Muchos años después de Divine Love, que Smith grabara en 1978, el trompetista regresa al sello de Manfred Eicher con este dúo en el que Iyer, estrella de la casa, ejerce de anfitrión. Musicalmente no hay choque, sino una simbiosis entre la intelectualidad de Iyer y la inspiración pura de Smith, que dicta el rumbo de la música levitando sobre el diálogo con elocuencia extraordinaria.


lunes, 27 de julio de 2015

Ray Davies en Jazzaldia 2014 (23 de julio de 2014)

Texto publicado originalmente en Rolling Stone el 24 de julio de 2014

Ray Davies en Jazzaldia: ¿son suficiente las canciones?

El mítico líder de los Kinks ofrece un repertorio casi perfecto a base de clásicos de la banda, pero enturbiado por flagrantes deficiencias en su voz.

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Hay conciertos que resulta imposible valorar si no es desde varias perspectivas. Cuando la realidad y la leyenda se cruzan en un escenario, depende de nuestra incondicionalidad el adecuar el listón a las circunstancias. ¿Se tragaría alguien, sonriente y sin rechistar, más de tres horas de concierto de Bruce Springsteen si no fuese Bruce Springsteen? ¿Pagaría cualquiera un precio desorbitado y claramente injustificable por un concierto de los Stones si no fuesen los Stones? ¿Le consentiría el público a Bob Dylan que haga en directo lo que le viene en gana con el repertorio y la interpretación, si no fuese Bob Dylan? ¿Se iría uno satisfecho de un concierto de Ray Davies con repertorio íntegro de sus míticos Kinks, si éste desafinase en el 87% de las notas emitidas por su garganta (este cálculo es aproximado y no científico; ante cualquier duda al respecto aconsejo subir el porcentaje sin titubear), sólo porque es Ray Davies?

Reformulo, simplificando: ¿son suficiente las canciones?

Dejaré que escriba el fan, de momento, y que suene la leyenda. Para algunos, Davies es el mejor compositor del pop, lo que quizá es mucho decir, aunque le sobran méritos para, al menos, discutirlo seriamente. Por mucho que se empeñen los connoisseurs y los snobs (personajes antagónicos que muchas veces entrecruzan sus criterios por motivos muy diferentes), los Kinks nunca fueron los Beatles o los Stones, aunque Ray Davies albergaba en un solo cerebro una excelencia compositiva a la altura de Jagger & Richards o Lennon & McCartney. Su problema, quizás, fue que en sus primeros (y más gloriosos) ocho años de carrera, los Kinks fueron eminentemente una banda de singles (sin elepés de estudio como los de Beatles ni un directo como el de los Stones) y, precisamente, de singles fue el concierto de Davies en el Jazzaldia de Donostia.

Los primeros y ralentizados acordes de You really got me sirvieron para despistar antes de abrir con un contundente I need you, seguido de Where have all the good times gone y I’m not like everybody else. La leyenda, 50 años después, atizando esos temas irreprochables. Eso le volaría la cabeza a cualquiera pero, a medida que sonaban temas, había que agarrarse con más fuerza a la barandilla de la nostalgia sin prestar atención a los detalles, concentrándonos en que ahí arriba, Ray Davies nos tocaba Sunny afternoon, Dead End Street o la apoteósica Victoria.

Yendo más allá de las canciones, la realidad imperaba: Davies, cascado y con serios problemas de afinación, ya no está para estos trotes. El tipo lo daba todo, intentando emular una buena forma física que claramente no tiene y cantando (quiero creer que) lo mejor que podía, que no era mucho, la verdad. Tras una intro instrumental para repostar, volvió a la carga con más temazos: Till the end of the day, Long way from home (en la que tuvo un recuerdo para Lucinda Williams, junto a la cual regrabó el tema en 2010) See my friends y un fino Come Dancing, antes de volver sobre un I’m not like everybody else instrumento que dio paso al último y más redondo tramo del concierto.

Del eléctrico All day and all of the night pasamos al precioso Celluloid Heroes para desembocar en un Lola que, afortunadamente, no se alargó hasta el infinito, el fantástico Days y el inevitable cierre con You really got me, que fue precedido de un guiño al blues tradicional que inspiró la composición a Davies hace cinco décadas. El bis rescató el Waterloo Sunset que muchos echábamos de menos, y concluyó con un menos esperado Low Budget, uno de los pocos temas del concierto que no salió del repertorio de la primera década de los Kinks.

Como decíamos al principio, con semejante cantidad de temazos tocados en nuestras narices por el compositor de los mismos, lo demás queda en segundo plano. O no.

Dejando un poco aparte la leyenda, hay que decir que esto no era un bolo de los Kinks, ni muchos menos y que aunque la banda no sonaba muy mecánica ni fría para ser mercenarios (dos miembros de The Temperance Movement en ella, por cierto), las carencias de la voz de Davies eran imposibles de esquivar. No parece la voz de alguien que ha perdido facultades, supliéndolas con carácter o personalidad, sino la voz de alguien incapaz de cantar afinado. Si él mismo se da cuenta, no puedo entenderlo, y si no se la da, tiene un problema de oído considerable. No estoy exagerando, lamentablemente. Y vale, el tipo ha escrito las canciones, pero también está ahí cantándolas. Y el público, escuchando y pasando por alto en mayor o menor medida su baja condición vocal, simplemente, porque es Ray Davies. Si es suficiente o no, es cosa de cada uno.

jueves, 23 de julio de 2015

Elvis Costello en Jazzaldia 2013: un mal día lo tiene cualquiera (25 de julio de 2013)

Texto publicado originalmente en Rolling Stone el 26 de julio de 2013

Elvis Costello en Jazzaldia 2013: un mal día lo tiene cualquiera

Elvis Costello actuó con sus Imposters en el Festival de Jazz de San Sebastian, luchando contra varias circunstancias adversas... Y perdiendo la batalla ante un público muy poco implicado. Por Yahvé M. de la Cavada

Imagen principal de la noticiaEl idilio entre Elvis Costello y el festival de jazz de San Sebastián se remonta unos años. Su paso por el emblemático escenario de la Plaza de la Trinidad (junto al gran Allen Toussaint en 2007 y en un muy recordado concierto con sus Sugarcanes en 2010) es uno de los hitos de la programación no jazzística del festival. Por eso, la posibilidad de ver a Costello en el escenario más grande del festival –el de la playa de la Zurriola–, y de forma completamente gratuita además, es algo a lo que resulta muy difícil resistirse. Y más con lo que, sobre el papel, se avecinaba: un bolo de temazos clásicos junto a sus Imposters, que no son sino los Attractions de toda la vida, con Davey Faragher (ex-Cracker) sustituyendo al bajo a Bruce Thomas. ¿Qué podría salir mal? Pues casi todo.

El bolo empezó puntual y como un tiro, con el I can’t stand up for falling down que grabó en su mítico Get Happy, pero enseguida notamos que algo no iba bien. Costello sonaba cansado, con la voz forzada y fuera de tiempo. Como si la canción fuese más rápido de lo que él podía cantarla. Y no sólo eso: Costello desafinaba y su voz se quebraba antes de llegar a la nota adecuada. Sonaba como un hombre viejo, oxidado, incapaz de sacar adelante sus propias canciones.

A ver, aquí no estamos hablando de Milli Vanilli o de Paulina Rubio. Hablamos del jodido Elvis Costello, un tipo que canta extraordinariamente y con mucho rollo. Un puñetero clásico. Y no porque escribiese un hit hace treinta y cinco años, sino por mantenerse en forma y en primera fila durante décadas. Y su directo, según le consta a quien esto escribe, es tremendo. Entonces, ¿qué pasó en Donostia?

Claramente, la capacidad vocal de Costello estaba mermada. Una gripe, demasiada tralla en los últimos bolos… Es difícil de saber. Después, daba la sensación de que había algún problema de monitorización en el escenario y, por último, y tal vez lo más importante, no había ningún tipo de feedback por parte del público. Tan poco feedback, que en el cuarto tema de la noche, el mítico Everyday I write the book, Costello buscó la complicidad del público una y otra vez sin obtener ningún tipo de respuesta. Por si esto no fuese suficientemente frustrante, justo después cayó Alison, tal vez el tema más emblemático del británico, y la reacción del público fue la misma; o sea, ninguna. Esto es como si en un concierto de U2 tocan With or without you y el público está de charla. Y éste es el peligro de los conciertos gratuitos: que uno no sabe quién la va a ir a ver, ni si quiénes le van a ir a ver han escuchado alguna de sus canciones.

Tampoco es culpa del público, porque Costello debería (y en condiciones óptimas, hubiese podido) haberle conquistado, por circunstancial que este fuese. Casi lo consiguió con el aire reggae de Watching the detectives, pero ni así: estábamos en caída libre, especialmente el propio Costello. La catarsis llegó con una emotiva y muy acertada mención a las víctimas del trágico accidente de tren en Santiago, a quienes dedicó el precioso Shipbuilding. Enlazó con el She de Charles Aznavour (grabada por Costello para la banda sonora de Notting Hill), se fue por el rock’n’roll countrificado de A slow drag with josephine y desembocó en un gran momento, dedicando a su mujer Diana Krall –que actúa en el Jazzaldia dentro de un par de días– el maravilloso Almost blue. Por un instante, la voz resquebrajada y deshilachada de Costello trajo a la memoria aquella emocionante versión del tema que grabó Chet Baker en sus últimos días para la banda sonora del Let’s get lost de Bruce Weber.

En realidad, el concierto seguía siendo un completo desastre, pero tampoco importaba mucho. Costello volvió a sus temazos clásicos de los Attractions con el single más exitoso de la historia del grupo, Oliver’s Army, de su álbum Armed Forces. Pero sin el componente sentimental, el concierto comenzó a caer de nuevo hasta el rockero Stella hurt, en el que Costello se permitió desfasar a lo Hendrix con la guitarra. Ahí entramos en la traca final, ya con la banda y el público (contra todo pronóstico) calientes, mediante una ristra de temas impecable: (I don’t want to go to) Chelsea, Red shoes, Pump it up y (What’s so funny ’bout) Peace, Love and understanding de Nick Lowe, con una divertida parada en mitad para hacerse un trozo del Purple rain de Prince, con letra medio inventada, por supuesto.


Fin de fiesta bien arriba para un concierto absolutamente desastroso. Pero, eh, es Elvis Costello. Respeto. Un mal día lo tiene cualquiera.

otros días, otros discos

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