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domingo, 30 de septiembre de 2012

Jesse Stacken - That That (2006)

Reseña publicada originalmente en Tomajazz en abril de 2008:

Jesse Stacken fue una grata sorpresa cuando le escuché como pianista del Peter Van Huffel Quintet, banda en la que comparte atril con otro joven valor, el guitarrista Scott Dubois, y con el propio líder, que también apunta maneras muy interesantes. Ahora Stacken levanta el vuelo con este disco, que sirve como carta de presentación y como declaración de intenciones.

Acompañado por una rítmica nada despreciable, formada por el noruego Eivind Opsvik y el norteamericano Jeff Davis, este trío es una buena muestra de la música que están desarrollando algunos jóvenes en Brooklyn. Fresh Sound lleva años editando discos que intentan definir una denominación de origen para ese gran barrio neoyorquino. A veces con resultados mas afortunados que otros y últimamente con un criterio un tanto vago, pero ahí quedan esas instantáneas para la posteridad, que nos recordarán lo que se cocía al principio del milenio entre los jóvenes jazzmen de Brooklyn.

Centrándonos en Stacken, tras escuchar atentamente este That That, descubrimos a un pianista completo, formado, con una gran capacidad y muchos sitios a los que le apetece ir. Esa falta de enfoque es normal en músicos jóvenes y no debe ser un obstáculo a la hora de valorar a Stacken en su justa medida. Su pianismo emerge a borbotones y lleno de vida, llevándonos de un sitio a otro sin llegar a explotar, pero manteniendo cierto interés indemne a lo largo del CD.
Stacken suena por momentos a Andrew Hill, Paul Bley, Jarrett, Mehldau e incluso Craig Taborn, sin acabar de definirse, pero demuestra una técnica sólida y un planteamiento fresco y arriesgado.


That That es un debut muy interesante en el que Jesse Stacken, con la inocencia que acarrean las circunstancias, muestra una calidad muy superior a muchos pianistas supuestamente consagrados. La materia prima ya la tiene, la madurez ya le llegará. Ahora le toca ir hacia adelante y enseñarnos qué quiere hacer.
Puedes ver la publicación original pinchando AQUÍ.

domingo, 28 de agosto de 2011

Una de cal, dos de arena (David Binney + Kyle Eastwood + Nigel Kennedy, 35 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz, 13 de julio de 2011)

Recupero otro texto publicado con motivo del pasado festival de jazz de Vitoria-Gasteiz, aparecido originalmente en el periódico Gara:


Una de cal, dos de arena
David Binney + Kyle Eastwood + Nigel Kennedy
35 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz
13 de julio de 2011

La sección que tiene lugar cada tarde en el Teatro Principal de Gasteiz se llama «Jazz del siglo XXI», un nombre un tanto osado para venir de un festival que reconoce abiertamente su conservadurismo. Aún así, cada año podemos encontrar un par de actuaciones programadas al abrigo de esta sección que merecen ese lema presidiendo la marquesina.

En la edición de 2011, tal vez nadie pueda lucir esa insignia con más orgullo que el saxofonista David Binney, figura imprescindible de la escena neoyorquina que, debido a su escasa popularidad en nuestro país, aún tiene que vérselas con el sambenito de «joven valor». El propio programa del festival le presenta como «uno de los jóvenes músicos de jazz más prolíficos de hoy en día», para después destacar como elementos significativos en su carrera un par de colaboraciones que poco tienen que ver con la trayectoria del saxofonista. Vamos, como si yo les hablo de Bob Dylan y lo único que menciono es que una vez tocó para el Papa.

Ya que uno no se puede fiar de los folletos promocionales, digamos, sin entrar en más detalles, que el «joven valor» (de 50 años de edad) es uno de los saxofonistas norteamericanos más importantes y avanzados de su generación. Su carrera siempre ha sido honesta y coherente, cimentada sobre sellos independientes, autoedición y el reconocimiento y admiración de músicos y crítica. Llegar al público mayoritario desde las trincheras del jazz es más complicado, aunque David Binney tiene la virtud de que, cuando uno le escucha por primera vez, enseguida toma nota de su nombre.

La música que interpretó en directo fue espontánea y con un alto nivel de exploración, basándose en ritmos y armonías mu
y complejas o muy sencillas, dependiendo del tema. Su mayor apoyo fue el fabuloso baterista Dan Weiss, aunque el auditorio también ovacionó generosamente al jovencísimo pianista John Escreet. En total, noventa minutos de jazz puro y moderno que satisfizo a los seguidores del saxofonista y que, muy probablemente, grabó su nombre en los cerebros de cada espectador no familiarizado con él.

Tras semejante muestra de jazz de élite, el doble programa que nos encontramos en Mendizorroza fue como conducir un coche por Australia: kilómetros y kilómetros de carretera en línea recta, sin giros, si
n cambios en el paisaje y con el peligro acechante de dormirse al volante en cualquier momento. Los reclamos eran el nombre (más bien el apellido) de Kyle Eastwood y el excéntrico violinista clásico reciclado al jazz Nigel Kennedy, pero ninguno de los dos pudo impedir que el pabellón se quedase a poco más de la mitad de aforo.



Eastwood es un bajista y contrabajista muy competente que practica un jazz amable e inofensivo que podríamos calificar de light. Tanto él como su banda se defienden y, no sé, tocan bien, pero resultan tan tibios que no hay manera de engancharse a su música. Por mucho que algunos sectores de la prensa se esfuercen en mostrarle como algo independiente de su progenitor, si el chaval no se apellidase Eastwood su carrera nunca hubiese ido más allá del mero acompañamiento a músicos con algo más interesante que ofrecer.


Nigel Kennedy vivió un momento muy dulce en el mundo de la música clásica hace unos cuantos años, pero recientemente ha dado un giro hacia el jazz inexplicable desde el punto de vista económico (todo el mundo sabe que el jazz es una ruina) y en pos, con toda seguridad, de una afición personal. Muchos asocian el virtuosismo al jazz (como si fuese algo inherente al estilo, y nada más lejos), lo que no quiere decir que porque uno sea un virtuoso será un gran intérprete de jazz. Kennedy es un gran virtuoso, de eso no hay duda, pero en su concierto planteó una música que se apoyaba en ese hecho, sin contar con que ni sus intervenciones, ni su banda -plana y funcionarial-, tuvieron demasiada sustancia. Buenas intenciones, pero poco alma.


El alma se había quedado en el concierto de David Binney.


Yahvé M. de la Cavada, 2011


Nota: Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes ver la publicación original del texto en la web del periódico. Al final de la misma hay un texto promocional con lo que se podía ver el mismo día de la publicación, y que no está escrito por mí, por supuesto.

lunes, 6 de septiembre de 2010

David Binney - Aliso (2009)

David Binney es uno de mis saxofonistas favoritos de los últimos años, de largo. Me gusta casi todo lo que hace, y Aliso no es excepción.

Aquí dejo un extracto y un enlace de mi reseña para Cuadernos de Jazz:

"Con todo lo activo y buen saxofonista que es David Binney, no acabo de entender por qué no tiene más nombre. Pocos saxofonistas actuales tocan con su nervio y personalidad, y pocos músicos han aportado tantos discos sobresalientes como él en los últimos años, ya sea como líder o como productor."

Puedes leer la reseña completa pinchando AQUÍ.

otros días, otros discos

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