lunes, 26 de julio de 2010

¿Discriminación o control de calidad? (3 de mayo de 2010)


Extraído de mi columna de opinión para Cuadernos de Jazz:

"Me gusta el jazz. Me gusta escucharlo y verlo en directo. Me gusta consumirlo y conocerlo, ya sea bueno, regular o malo; el bueno lo disfruto y el malo alimenta mi perspectiva. El jazz en directo es la mejor forma de relacionarse con esta música, ya sea en los festivales más grandilocuentes o en los clubes más marginales; cada escenario tiene su encanto, con sus apuestas y su diferente manera de hacer las cosas. Sin embargo, me da la sensación de que los clubes están adquiriendo algunos de los peores hábitos de los festivales."


"La semana pasada me llegó un correo de un músico español que me transmitía cierta sensación de desamparo; adjuntaba la misiva que el principal responsable de un conocido club de jazz de su ciudad le había remitido.(...) La cuestión es que, ante la petición del músico -uno de los más importantes y activos de su región- para encontrar un hueco para actuar en el único club de jazz de su ciudad, la respuesta fue digna del director de un opulento festival de jazz: hay pocas fechas, mucha demanda y un listón muy alto. Tanto, que los músicos locales no pueden alcanzarlo."


"(...) un servidor ha visto unas cuantas actuaciones en dicho club y debe confesar que, si bien muchas han sido buenas, incluso excelentes, muchas otras han sido regulares, malas, muy malas e incluso vergonzantes. Es cierto que casi todas tenían nombres conocidos o, en su defecto, de buena sonoridad (extranjeros, quiero decir), pero da la sensación de que el criterio de programación no es sólo la calidad sino un banal y acomplejado sentido de “el nivel”."


"Claro que un club de jazz (si no tiene ninguna subvención) no tiene la más mínima obligación de programar a músicos locales pero los de calidad, y no me refiero sólo al que he mencionado previamente, deberían poder aspirar a tocar en los escenarios de su lugar de origen. Sin regalos y sin favores: si tocas, tocas, y si no tocas, a tu casa a ensayar, ya seas de aquí o de donde sea. Pero si desde la escena más pura y auténtica -la del club- caemos en el triste tópico de que un “Smith” pesa más que un “López”, estamos apañados."


Puedes leer la columna completa pinchando AQUÍ.


Imagen: portada de la edición de papel del número 118 de Cuadernos de Jazz (mayo-junio 2010)

1 comentario:

Moonlight dijo...

Estamos, mi grupo de amistades, mi compañero y yo, más que entusiasmados con tu artículo del 119-120 del Cuadernos de Jazz. Gracias, entendemos y compartimos tu indignación.

otros días, otros discos

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